¿Por qué NVIDIA y un observatorio en Chile decidieron homenajear a esta mujer judía?

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Descubre por qué un observatorio en Chile decidió utilizar el nombre de esta mujer judía y por que NVIDIA, la empresa más grande del mundo, decidió llamar a sus nuevos GPUs de IA «Vera Rubin».

El universo está revelando sus secretos como nunca antes, gracias al recientemente inaugurado Observatorio Vera Rubin en Chile, una ambiciosa iniciativa del Departamento de Energía de Estados Unidos y la Fundación Nacional de Ciencia. Equipado con algunos de los telescopios más poderosos jamás construidos, el observatorio promete recopilar más datos sobre el cosmos que todos los esfuerzos astronómicos previos combinados. “El Observatorio Rubin captará más información sobre nuestro universo que… la reunida en toda la historia”, dijo Brian Stone, director interino de la Fundación Nacional de Ciencia.

En tan solo sus primeras horas de funcionamiento, el observatorio descubrió más de 2.100 asteroides hasta entonces desconocidos, una hazaña asombrosa que anticipa los descubrimientos revolucionarios por venir. Con toda justicia, este monumental esfuerzo científico lleva el nombre de Vera Rubin, la pionera astrónoma judía estadounidense cuyo trabajo revolucionario sobre la materia oscura transformó nuestra comprensión del universo. Aunque sus contribuciones fueron durante mucho tiempo pasadas por alto, el legado de Rubin ahora se eleva junto a las estrellas que alguna vez ella estudió.

Una familia judía que la apoyaba

Vera Rubin nació en Filadelfia en 1928 y ella recordaba con cariño su infancia en el seno de una familia judía cálida y unida. “Mi padre, Pésaj Kobchefski, nació en Vilna, Letonia”, rememoraba. Su abuela materna, proveniente de Besarabia, guardaba estrictamente el kashrut, un detalle que Vera recordaba vivamente.

Desde muy temprana edad, Vera quedó cautivada por los misterios del mundo natural. “Desde muy pequeña, me desconcertaba el curioso funcionamiento del mundo”, dijo. “Cuando regresábamos en auto de la casa de Bobe (Abuela, en ídish) Cooper, los arbustos, árboles e incluso las colinas distantes pasaban detrás de nosotros, pero la luna permanecía quieta afuera de mi ventana. ¿Cómo podía la luna saber que íbamos a casa?”

Midiendo espectros registrados en placas fotográficas en el Departamento de Magnetismo Terrestre de Carnegie en 1972.

Cuando su padre aceptó un puesto en el Departamento de Agricultura, la familia se mudó a Washington, D.C. Allí, Vera compartía la habitación con su hermana. “Desde mi cama, junto a la ventana, tenía una vista clara hacia el cielo del norte”, recordaba. “Pronto resultó más interesante observar las estrellas que dormir. Empecé a leer libros de la biblioteca, pensando que si leía lo suficiente llegaría a ‘entenderlo todo’”.

Sus padres alentaron su creciente pasión por la ciencia. Junto con su padre, construyó un telescopio casero. Mientras tanto, su madre logró convencer a la biblioteca local de permitir que la joven Vera sacara prestados libros de ciencia “para adultos”, alimentando así una búsqueda de por vida por comprender el universo.

Aunque los padres de Vera creían en sus capacidades, Vera encontró un sexismo abierto durante su escolaridad en la década de 1940. Su profesor de física en la escuela secundaria desestimó abiertamente la idea de que las mujeres siguieran una carrera científica, llegando incluso a burlarse de las científicas delante de la clase. Cuando Vera compartió con orgullo que había sido aceptada en Vassar College con una beca, él le dio un consejo escalofriante: “Aléjate de la ciencia.”

En Vassar (entonces un colegio exclusivamente para mujeres) Vera se destacó. Ella fue la única estudiante de su promoción que se especializó en Astronomía. Tras graduarse, comenzó a postularse a programas de posgrado. Princeton, que en aquel tiempo no admitía mujeres, ni siquiera reconoció su solicitud. Sin desanimarse, Vera obtuvo una maestría en Cornell, y luego un doctorado en Georgetown.

En busca del “centro de la creación”

En Cornell, Vera centró su investigación en las velocidades de galaxias distantes—una pieza de evidencia clave que respalda la teoría del Big Bang. Esta idea fundamental sostiene que el universo entero surgió en un solo instante, y que las galaxias aún se expanden a velocidades asombrosas, un eco cósmico de aquel momento de la Creación.

Su tesis fue tan convincente que uno de sus profesores le ofreció presentarla en una próxima conferencia científica, con la condición de quedarse él con todo el crédito. Vera se negó e insistió en presentarla ella misma.

No fue una decisión fácil. Para entonces, Vera ya estaba casada con Bob Rubin, un joven oficial de la Marina que le presentaron sus padres, y ya tenían un bebé en casa. Además, ella aún no sabía conducir. Aun así, logró llegar a la conferencia— sóo para enfrentarse a la hostilidad. Fue abucheada por “muchos hombres que sonaban furiosos”.

Sin embargo, una voz se destacó en medio del escepticismo: el renombrado astrofísico judío alemán Martin Schwarzschild le dijo que su investigación era “muy interesante” y merecía mayor exploración.

Al día siguiente, The Washington Post publicó un impactante titular en primera plana: “Joven madre encuentra el centro de la Creación.” El trabajo de Vera ayudó a inclinar el consenso científico y acercó la teoría del Big Bang a ser un hecho aceptado.

El descubrimiento de la materia oscura

Vera tuvo otros tres hijos mientras continuaba su carrera académica como profesora en la Universidad de Georgetown. En 1965, comenzó a trabajar en el Instituto Carnegie de Washington, donde abrió camino al convertirse en la primera mujer autorizada a realizar investigación científica bajo su propio nombre en el Observatorio del Monte Palomar en San Diego.

Usando un espectrógrafo de tubo de imágenes en un telescopio del Observatorio Nacional de Kitt Peak.

Allí colaboró con el astrónomo Kent Ford y se adentró en el estudio de las galaxias espirales, vastos sistemas rotatorios de estrellas. Juntos hicieron un descubrimiento extraordinario: estas galaxias estaban mucho más cohesionadas estructuralmente de lo que predecía la física tradicional. Vera observó que las estrellas en los bordes de las galaxias espirales giraban tan rápido como las cercanas al centro. Esto desafiaba las expectativas: según la física newtoniana, la atracción gravitatoria en los extremos debía ser demasiado débil para sostener tal alineación. “Lo que ves en una galaxia espiral no es lo que obtienes”, comentó célebremente Vera.

Al enfrentar este enigma, Vera recordó la investigación previa del astrofísico Fritz Zwicky. En 1933, Zwicky había estudiado el cúmulo de galaxias de Coma y notó una fuerza gravitatoria inusualmente alta. Al igual que Rubin, observó que las estrellas en los bordes externos se movían mucho más rápido de lo esperado. Zwicky propuso que debía existir una sustancia misteriosa e invisible—dunkle Materie, o “materia oscura”—que ejercía fuerza gravitatoria aunque permanecía invisible.

¿Acaso la misma fuerza invisible medida por Rubin y Ford podía ser el fenómeno que Zwicky había propuesto décadas antes?

Sus observaciones dieron un poderoso impulso a la hipótesis de la materia oscura. Vera calculó que esta debía ser unas diez veces más abundante que la materia visible en el universo y que ejercía un tirón gravitatorio a través de vastas distancias cósmicas. Durante años, Rubin y Ford fueron considerados fuertes candidatos al Premio Nobel. En 2015, muchos creyeron que al fin serían honrados con el Nobel de Física, pero el premio fue otorgado a investigadores de las oscilaciones de neutrinos. La decisión provocó controversia, con algunos críticos argumentando que el sesgo de género había negado nuevamente a Vera el reconocimiento que claramente merecía.

Una judía comprometida

Vera y su esposo Bob fueron miembros de por vida de una sinagoga en Washington, D.C., y Vera siempre se describió como judía religiosa. En una entrevista en 1996 reflexionó: “Soy judía, y para mí la religión es una especie de código moral y una especie de historia. Trato de hacer mi ciencia de manera moral, y creo que, idealmente, la ciencia debe verse como algo que nos ayuda a entender nuestro papel en el universo”.

Vera creía firmemente que no había contradicción entre ciencia y religión. Para Vera, el descubrimiento científico profundizaba —no disminuía— su sentido de asombro y su comprensión del mundo y de su lugar en él.

Aunque celebrada como pionera de la teoría de la materia oscura, Vera se mantuvo humilde frente a los límites del conocimiento humano. “En una galaxia espiral, la proporción de materia oscura respecto a la materia luminosa es de aproximadamente 10 a 1”, comentó. “Ese probablemente sea un buen número para la proporción entre nuestra ignorancia y nuestro conocimiento”.

Un valor que Vera sostuvo por encima de todo fue nuestra responsabilidad compartida de ser decentes, justos y bondadosos. En una conferencia en Berkeley en 1996, instó a los estudiantes: “Espero que amen su trabajo como yo amo hacer astronomía. Espero que luchen contra la injusticia y la discriminación en todas sus formas. Espero que valoren la diversidad entre sus amigos, entre sus colegas y… entre el cuerpo estudiantil. Espero que, cuando estén a cargo, lo hagan mejor que mi generación”.

Vera Rubin murió en 2016, a los 88 años, dejando tras de sí una carrera que transformó para siempre nuestra comprensión del universo. Hoy, su nombre resuena con una fuerza renovada. El observatorio que lleva su nombre ya está trazando la visión más amplia del cielo nocturno jamás registrada. Y NVIDIA, la empresa tecnológica más valiosa del mundo, eligió honrarla con su chip más sofisticado, siguiendo su tradición de nombrar cada nueva arquitectura de GPU en honor a un científico pionero. La elección no es casual. Vera Rubin fue la astrónoma que, al estudiar las curvas de rotación de las galaxias, aportó las primeras evidencias sólidas de la existencia de la materia oscura, revelando que el universo contiene mucho más de lo que el ojo puede ver. Es precisamente esa idea la que NVIDIA quiso encarnar: así como Rubin hizo visible lo invisible en el cosmos, su nueva plataforma aspira a descubrir patrones ocultos en los datos a través de la inteligencia artificial. Ciencia fundamental y progreso tecnológico, unidos bajo un mismo nombre.

Como Vera, nosotros también podemos mirar las estrellas buscando no sólo conocimiento, sino sentido. Inspirados por su legado, que podamos continuar con su espíritu de investigación y sigamos maravillándonos de las extraordinarias maravillas de la creación.

Fuente: aishLatino.

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