El
Premio Nobel de Física recayó este
año sobre un astrofísico japonés
y dos norteamericanos que ayudaron a
descubrir el cosmos.
Riccardo
Giacconi, de 71 años, de Associated
Universities Inc., en Washington,
recibirá la mitad del millón de dólares
por sus "contribuciones
pioneras a la astrofísica, que
permitieron el descubrimiento de las
fuentes de los rayos X cósmicos".
Raymond
Davis, de 87 años y de la
Universidad de Pensilvania,
compartirá la otra mitad con el
científico japonés Masatoshi
Koshiba, de 76, de la Universidad de
Tokio. Davis fue el primero en
detectar los neutrinos, partículas
elusivas procedentes del Sol.
Koshiba
ganó su parte del Nobel por su
trabajo en el detector de neutrinos
Kamiokande, en Japón. Ese
experimento confirmó y extendió la
tarea de Davis, y descubrió además
neutrinos procedentes de explosiones
de supernovas distantes, algunos de
los objetos más brillantes en el
universo.
Giacconi,
italiano de nacimiento, fue
distinguido por construir el primer
telescopio de rayos X que proporcionó
"imágenes completamente nuevas
-y precisas- del universo",
dijo la Academia. Su investigación
cimentó la astronomía de rayos X,
que permitió explorar nuevos fenómenos
de la materia. Los ganadores del
Nobel de este año "abrieron
una nueva ventana al espacio",
afirmó Mats Jonsson, presidente de
la comisión de premios.
Los
físicos suelen afirmar que un neutrino
es la más diminuta cantidad de
realidad que un ser humano pueda
imaginar. Tal vez por eso, o porque
pareció increíblemente elusiva, la
partícula postulada por Wolfgang
Pauli en los años 30 cautivó el
interés de los investigadores.
El
modelo estándar de la materia lo
considera uno de los integrantes del
zoológico subatómico -junto con
los quarks y los leptones -
y le atribuye masa 0. "Los
neutrinos son partículas
elementales -explica el doctor
Rafael Ferraro, investigador del
Instituto de Astronomía y Física
del Espacio (IAFE), un centro del
Conicet que explora temas afines a
los de los premiados-. Determinó
que debía existir una partícula
que se llevara cierta cantidad de
energía en una reacción (el
decaimiento beta) del mundo subatómico."
Lo
que estaba faltando se detectó
finalmente 20 años más tarde: eran
los neutrinos, partículas que se
producen en gran cantidad en las
reacciones nucleares que ocurren en
las entrañas del Sol y las
estrellas.
"La
más importante es la tansformación
del hidrógeno en helio -continúa
Ferraro-: libera energía que se
deposita en una lluvia de neutrinos
que salen del Sol y llegan a la
Tierra. Para hacerse una idea de los
neutrinos, baste decir que cada
segundo atraviesan nuestro cuerpo
por billones sin que se produzca
ningún tipo de interacción. Es más,
por cada billón de neutrinos que
llegan a la Tierra, sólo uno es
detenido por nuestro planeta."
Davis
acometió la empresa de detectar los
neutrinos que, por otra parte,
permitiría obtener una confirmación
"acerca de los mecanismos que
operan en sistemas como nuestro Sol
y las supernovas, la evolución de
las estrellas y la composición de
las galaxias -explica Aníbal
Gattone, gerente de la red Retina-.
Diseñó un detector, esencialmente
600 toneladas de lavandina, que
colocó en la mina de oro de
Homestake, en Dakota del Sur,
EE.UU., a 400 metros de profundidad.
No sólo lo logró, sino que inauguró
un área de investigación que con
el correr de los años se
desarrollaría enormemente, la física
de neutrinos . Encontró que la
cantidad de neutrinos que nos llega
es casi la mitad de lo que la teoría
predecía. El así llamado problema
de los neutrinos solares fue
todo un enigma para la física de
las siguientes tres décadas y
aunque se lo ha circunscripto
bastante permanece actual.
Otro
modo de ver el cielo
"Koshiba
tuvo una participación muy activa,
pero posterior -agrega Ferraro-.
Construyó un detector dentro de una
mina, Kamiokande: un tanque de 3000
toneladas de agua pura. Al pasar por
el agua, los neutrinos producen
pequeños destellos de luz."
Allí,
Koshiba logró detectar los
neutrinos provenientes de la
supernova del 23 de febrero de 1987.
En esa explosión se produjo una
lluvia de neutrinos: por Kamiokande
pasaron 10.000 billones de los que
el detector capturó 12, cuenta
Ferraro.
"Koshiba
no sólo confirmó los resultados de
Davis, sino que abrió la puerta de
una nueva disciplina que se dio en
llamar astronomía de neutrinos ",
explica Gattone
Con
respecto a Giacconi, fue el primero
en detectar una fuente de rayos X
fuera de nuestro sistema solar y
también el primero en mostrar que
existe una radiación de fondo en la
longitud de los rayos X que permea
el universo.
"La
luz visible está dentro de una
banda muy angosta del espectro
-explica el doctor Adrián Rovero,
también del IAFE-. A continuación
está el ultravioleta, y después
los rayos X. Hasta hace años, los
astrónomos sólo podían observar
los rayos visibles Una de las
razones es que los rayos X no pueden
detectar desde la Tierra, porque la
atmósfera los absorbe. Por eso, las
primeras observaciones se hicieron
desde cohetes. Los trabajos de
Giacconi permitieron estudiar energías
más altas, y comprender que en el
universo hay procesos más energéticos
y más catastróficos. Son imágenes
espectaculares. Es otro modo de ver
el cielo. "
Neutrinos
y rayos X
Los
investigadores Raymond Davis,
Masatoshi Koshiba y Riccardo
Giacconi realizaron contribuciones
pioneras en astrofísica. Giacconi,
considerado el padre de la astronomía
de rayos X, conduce el proyecto
Atacama Large Millimetre Array
(ALMA), que instalará 64 antenas en
el desierto chileno, y del que
participan también científicos
argentinos del IAFE.
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