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Sociobiologia
Conexión
entre la vida de las hormigas y los cerebros, ciudades y softwares
Steven
Jonson
-
8.07.2002 -
Introducción
¡Aquí vienen todos!
En agosto del año 2000, un científico japonés
de nombre Toshiyuki Nakagaki anunció que había entrenado
a un organismo ameboide llamado moho del lodo para encontrar el camino
más corto dentro de un laberinto. Nakagaki había colocado
al moho en un pequeño laberinto que presentaba cuatro caminos
posibles y había colocado trozos de alimento en dos de las
salidas. A pesar de que este es un organismo increíblemente
primitivo (un pariente cercano de los hongos comunes) sin un cerebro
centralizado), el moho del lodo logró trazar el camino más
eficiente hacia el alimento, arrastrando su cuerpo a través
del laberinto de manera que se conectó directamente con las
dos fuentes de alimento. Sin recursos cognitivos evidentes, el moho
del lodo había "resuelto" el rompecabezas del laberinto.
Para un organismo tan simple, el moho del lodo tiene un notable pedigree
intelectual. El anuncio de Nakagaki fue solamente el último
de una larga cadena de investigaciones sobre las sutilezas del comportamiento.
Para los científicos que tratan de comprender los sistemas
que utilizan componentes relativamente simples para construir una
inteligencia de nivel superior, el moho del lodo algún día
podría verse como el equivalente de los pinzones y tortugas
que observó Darwin en las Islas Galápagos.
¿De qué manera un organismo tan primario comenzó
a desempeñar un rol científico tan importante? Esa historia
comienza a fines de la década del 60' en la ciudad de Nueva
York, con una científica de nombre Evelyn Fox Keller. Keller,
con un doctorado en física obtenido en Harvard, había
escrito su disertación sobre biología molecular y había
pasado cierto tiempo explorando el campo naciente de la "termodinámica
del no-equilibrio", que años más tarde se habría
asociado con la teoría de la complejidad. Hacia 1968, estaba
trabajando como asociada en Sloan-Kettering en Manhattan, pensando
en la aplicación de las matemáticas a los problemas
biológicos. La matemática había tenido un papel
fundamental en la expansión de la comprensión de la
física, pensaba Keller - de manera que podría también
ser útil para comprender los sistemas vivos.
En la primavera de 1968, Keller visitó a un erudito llamado
Lee Segel, un matemático aplicado que compartía sus
intereses. Fue Segel quien la introdujo por primera vez al comportamiento
curioso del moho del lodo, y juntos comenzaron una serie de investigaciones
que ayudarían a transformar no solamente la comprensión
del desarrollo biológico sino también los mundos dispares
de la ciencia cerebral, diseño de software y estudios urbanos.
Si Ud. está leyendo esto en verano en algún lugar suburbano
o rural del mundo, probablemente cerca de Ud. esté creciendo
un moho del lodo. Camine en un bosque normalmente frío, húmedo
en un día seco y soleado, o examine cuidadosamente el manto
de hojas que cubre la corteza del suelo del jardín, y podrá
encontrar una sustancia grotesca que cubre unas pocas pulgadas de
madera en descomposición. Ante la primera inspección,
la masa color naranja rojiza sugiere que el perro del vecino ha comido
algo desagradable, pero si observa al moho del lodo durante varios
días, o mejor aún, si lo capta con una fotografía
con lapso de tiempo, descubrirá que se mueve, siempre tan lentamente,
por el suelo. Si el tiempo se vuelve más húmedo y frío,
puede volver a la misma mancha y observar que la criatura ha desaparecido.
¿Se ha alejado hacia otra parte del bosque? ¿O en cierta
forma se ha desvanecido en el aire, como un charco de agua evaporándose?
Cuando se va, el moho del lodo (Dictyostelium discoideum) hace algo
mucho más misterioso, un ardid de la biología que ha
confundido a los científicos durante siglos, antes que Keller
y Segel comenzaran su colaboración. La conducta del moho del
lodo efectivamente fue tan extraña, que entenderla requirió
pensar más allá de los límites de las disciplinas
tradicionales - y este puede ser el motivo por el cual el instinto
de un biólogo molecular con un doctorado en física lo
llevó a develar el misterio del moho del lodo. Porque lo que
se produce no es un acto de desaparición en el suelo del jardín.
El moho del lodo pasa la mayor parte de su vida como miles de unidades
de células únicas diferentes, moviéndose cada
una de ellas en forma separada de sus otros camaradas. Bajo las condiciones
correctas, esta miríada de células se unirá nuevamente
en un único organismo más grande, que luego comienza
a deslizarse pausadamente por el suelo del jardín, consumiendo
hojas y madera en descomposición mientras avanza. Cuando el
ambiente es menos hospitalario, el moho del lodo actúa como
un único organismo; cuando el tiempo se vuelve más frío
y el moho dispone de una mayor provisión de alimento, "él"
se transforma en "ellos". El moho del lodo oscila entre
ser una única criatura y una multitud.
Mientras que las células del moho del lodo son relativamente
simples, han atraído un desproporcionado nivel de atención
de una variedad de disciplinas diferentes - embriología, matemáticas,
informática - porque exhiben un ejemplo muy intrigante de conducta
grupal coordinada. Cualquiera que alguna vez haya contemplado el gran
misterio de la fisiología humana encontrará algo resonante
en la multitud que compone el moho del lodo - ¿cómo
hacen las células para trabajar tan bien juntas? -. Si sólo
pudiéramos imaginarnos cómo el Dictyostelium se separa,
probablemente obtendríamos cierta comprensión de nuestra
propia desconcertante unión.
"Estaba en el departamento de biomatemática de Sloan-Kettering
- y era un departamento muy pequeño", dice hoy Keller,
riéndose. Si bien el campo de la biología matemática
era relativamente nuevo en los años 60, hubo un fascinante
aunque enigmático antecedente en un ensayo, muy poco conocido
en ese entonces, escrito por Alan Turing, el brillante intérprete
de claves inglés de la Segunda Guerra Mundial que también
ayudó a inventar la computadora digital. En uno de sus últimos
trabajos publicados, antes de su muerte en 1954, Turing había
estudiado el enigma de la "morfogénesis" - la capacidad
de todas las formas de vida de desarrollar cuerpos cada vez más
barrocos a partir de comienzos increíblemente simples. El trabajo
de Turing se centró más en los patrones numéricos
recurrentes de las flores, pero demostró, usando herramientas
matemáticas, de qué modo un organismo complejo podía
ensamblarse sin ningún planificador maestro que diera la orden.
"Estaba pensando en la agregación del moho del lodo como
modelo para pensar en el desarrollo, y me encontré con el trabajo
de Turing", dice Keller ahora, en su oficina en el MIT. "Y
pensé: ¡aquí está!"
Durante algún tiempo, los investigadores comprendieron que
las células del moho emitían una sustancia llamada acrasina
(también conocida como AMP cíclico), que en cierto sentido
estaba involucrada en el proceso de agregación. Pero hasta
que Keller comenzó sus investigaciones, la creencia convencional
había sido que la multitud del moho del lodo se aglomeraba
ante la orden de células "marcapasos" que ordenaban
a otras células que comenzaran a agregarse. En 1962, Shafer,
B.M. de Harvard demostró de qué modo los marcapasos
podían usar el AMP cíclico como una señal para
reunir las tropas; los generales del moho del lodo liberarían
los componentes en los momentos apropiados, desencadenando ondas de
AMP cíclico que llegarían a la comunidad entera, mientras
cada célula aislada retransmitiría la señal a
sus vecinos. Efectivamente, la agregación del moho del lodo
fue un juego gigante de Telefonía - pero solamente unas pocas
células de la elite establecieron el llamado original.
Pareció una explicación perfectamente razonable. Estamos
naturalmente predispuestos a pensar en términos de marcapasos,
mientras hablamos sobre hongos, sistemas políticos o de nuestros
propios cuerpos. Nuestras acciones parecen estar dirigidas en su mayor
parte por células marcapasos en nuestros cerebros y durante
milenios hemos construido células marcapasos elaboradas en
nuestras organizaciones sociales, ya sea en forma de reyes, dictadores
o consejeros. Gran parte del mundo que nos rodea puede explicarse
en términos de sistemas de ordenes y jerarquías - ¿por
qué debería ser diferente para el moho del lodo?
Pero la teoría de Shafer tenía un pequeño problema:
nadie pudo encontrar los marcapasos. Mientras que todos los observadores
coincidieron en que efectivamente las ondas de AMP cíclico
fluyeron en toda la comunidad del moho antes de la agregación,
todas las células de la comunidad eran efectivamente intercambiables.
Ninguna de ellas poseía una característica diferenciable
que podría elevarla a la condición de marcapasos. La
teoría de Shafer había supuesto la existencia de una
monarquía celular que comandaba a las masas, pero como se observó,
todas las células del moho del lodo fueron creadas iguales.
Durante los veinte años siguientes a la publicación
del ensayo original de Shafer, los micólogos supusieron que
las células del marcapasos que no se habían encontrado
indicaban la obtención insuficiente de datos, o experimentos
mal diseñados: Los generales estaban allí en algún
lugar de la mezcla, suponían los eruditos - simplemente todavía
no sabían como eran sus uniformes. Pero Keller y Segel hicieron
otro acercamiento, más radical. El trabajo de Turing sobre
la morfogénesis había bosquejado un modelo matemático
en el cual simples agentes que seguían reglas simples podían
generar estructuras sorprendentemente complejas; quizás la
agregación de las células del moho del lodo eran un
ejemplo del mundo real sobre ese comportamiento. Turing se había
dedicado fundamentalmente a las interacciones entre células
de un único organismo, pero era perfectamente razonable suponer
que la matemática funcionaría para agregaciones de células
que flotaran libremente. Y así Keller comenzó a pensar:
¿Qué ocurriría si Shafer estaba equivocado? ¿Qué
ocurriría si la comunidad de células del moho del lodo
se organizaba a sí misma? ¿Qué ocurriría
si no hubiera marcapasos?.
La corazonada de Keller y Segel dio resultado dramáticamente.
Mientras que carecían de las herramientas de visualización
avanzadas de las computadoras actuales, los dos garabatearon una serie
de ecuaciones usando papel y lápiz, ecuaciones que demostraron
de qué manera las células del moho podían desencadenar
la agregación sin seguir a un líder, simplemente alterando
la cantidad de AMP que liberaban individualmente, luego siguiendo
las trazas de la feromona que habían encontrado mientras vagaban
en su ambiente. Si las células del moho bombeaban suficiente
AMP cíclico, comenzarían a formarse agrupaciones de
células. Estas comenzarían a seguir la trazas creadas
por otras células, creando un anillo de retroalimentación
positiva que estimularía a más células a reunirse
al grupo. En un trabajo publicado en 1969, Keller y Seguel argumentaron
que si cada célula simplemente liberara AMP cíclico
en base a su propia evaluación local de las condiciones generales,
la gran comunidad de moho del lodo podría muy bien poder agregarse
en base a los cambios generales del ambiente - todo esto sin una célula
marcapasos que les diera una orden.
"La respuesta fue muy interesante," dice Keller ahora. "para
cualquiera que hubiera entendido las matemáticas aplicadas,
o hubiera tenido una experiencia en la dinámica de los fluidos,
esto era algo conocido para ellos. Pero para los biólogos,
no tenía sentido. Hubiera dado seminarios a biólogos
y hubieran dicho, '¿Y bien?¿Adónde está
la célula fundadora? ¿Adónde está el marcapasos?'
No les hubiera producido ninguna satisfacción." Efectivamente,
la hipótesis del marcapasos continuaría como modelo
reinante durante otra década, hasta que una serie de experimentos
demostraran en forma convincente que las células del moho del
lodo se organizaban desde abajo. "Es sorprendente para mí
qué difícil es para la gente pensar en términos
de fenómenos colectivos," dice Keller actualmente.
Treinta años después que los dos investigadores bosquejaron
su teoría en papel, la agregación del moho del lodo
actualmente es reconocida como un caso de estudio clásico en
la conducta de abajo hacia arriba. El colega de Keller en el MIT,
Mitch Resnick ha desarrollado una simulación en computadora
sobre la agregación de las células del moho del lodo,
permitiendo a los estudiantes explorar la mano misteriosa, invisible
de la auto-organización alterando la cantidad de células
en el ambiente, y los niveles de AMP cíclicos distribuidos.
Aquellos que usan por primera vez la simulación de Resnick
invariablemente dicen que las imágenes de la pantalla - agrupaciones
brillantes de células rojas y trazas de feromonas verdes -
les recuerdan los video-juegos, y efectivamente la comparación
revela un linaje secreto. Algunos de los juegos de computadora más
populares actualmente se asemejan a las células del moho del
lodo porque se basan libremente en las ecuaciones que formularon a
mano Keller y Seguel a fines de los 60. Nos gusta hablar sobre la
vida en la tierra como evolución a partir del caldo primordial.
Podríamos igualmente decir que la vida digital más interesante
de las pantallas de nuestras computadoras actuales evolucionan del
moho del lodo.
Fuente: The conected lives of ants, brains, cities and software
Autor: Steven Jonson
Traducción: Liliana Storino (colaboradora)

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