Los
investigadores han encontrado que los niños
y adolescentes con trastorno mayor depresivo
(MDD) que no tienen una historia familiar de
la enfermedad tienen cerebros más grandes
comparados con los pacientes que tienen
familiares con la enfermedad.
El
estudio dice que la sección de la corteza
prefrontal izquierda (LPFC) era más grande
en los niños y adolescentes con MDD no
familiar comparado con los pacientes que tenían
por lo menos un pariente con la misma
enfermedad.
Sus cerebros también eran más
grandes que los de los sujetos control que
no tenían MDD.
“Parecían
haber diferentes tipos de patrones
cerebrales en los niños con MDD que tienen
una historia familiar de la enfermedad”,
dice la autora principal del estudio, Carla
Nolan.
“Es definitivamente depresión,
pero parece haber dos subgrupos
distintos.”
Aunque
los descubrimientos son preliminarios, podrían
ayudar a mejorar los tratamientos, si de
hecho las causas son diferentes para cada
subgrupo.
Sin
embargo, otro experto encuentra los
resultados intrigantes.
“Creo
que es extraño que los sujetos con MDD no
familiar tengan una LPFC más grande,’dice
Stephen Hanson, de la Rutgers University.
“Si hubiera un componente del
desarrollo atribuible a esta diferencia anatómica,
parecería estar más relacionada a las
influencias genéticas, de nuevo sugiriendo
que los sujetos con MDD familiar deberían
tener una anomalía genética, no los
sujetos con MDD no familiar”.
De
acuerdo con los autores del estudio, cerca
del 15 al 20 por ciento de los niños y
adolescentes desarrollan MDD.
La misma prevalencia ocurre en los
adultos, sugiriendo que, sin intervención,
los niños con MDD crecen para ser adultos
con MDD.
La
corteza prefrontal del cerebro sufre cambios
sustanciales durante la niñez y la
adolescencia.
Debido a que se han notado
anormalidades en la corteza prefrontal en
las personas con MDD, los investigadores han
hipotetizado que podría contribuir a la
aparición de la enfermedad.
Los
investigadores pensaron que la observación
de esta sección en pacientes jóvenes que
no estaban bajo medicación psicotrópica
podría clarificar el rol de esta región
cerebral en el desarrollo de MDD.
Nolan
y sus colegas estudiaron la severidad de los
síntomas y realizaron imágenes de
resonancia magnética de los cerebros de 22
pacientes con MDD entre 9 y 17 años de
edad. Ninguno
había tomado medicación psicotrópica.
De estos, 12 tenían MDD familiar,
mientras que 10 no tenían historia familiar
de la enfermedad.
El grupo control incluía 22
pacientes sin MDD.
Se
observó que el volumen de la corteza
prefrontal izquierda de los participantes
con MDD no familiar era un 17 por ciento más
grande que la de los pacientes con MDD
familiar y un 11 por ciento más grande que
los controles.
Mientras
que el tamaño de la LPFC disminuía en los
niños con MDD en el grupo familiar, la
severidad de los síntomas aumentaban.
No parecía haber una asociación
entre la severidad de los síntomas y el
tamaño de la LPFC en el grupo no familiar.
