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Sociedad
Operación
Triunfo... ¿de qué?
Tendencias
científicas
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04.03.2002
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En
casi cualquier punto de nuestro holograma
social podemos encontrar hoy la llave que
abra todas las claves que intervienen
finalmente en nuestra identidad humana, en
nuestras sensaciones individuales y
colectivas. El más grande catalizador de
masas, la televisión, nos ha ofrecido
recientemente esta nueva atalaya
privilegiada desde donde poder mirar
socialmente. “Operación Triunfo”, el
producto televisivo de mayor éxito en la
historia de la televisión española, será
nuestro laboratorio social para la reflexión.
De lleno en la sociedad invisible como
apunta acertadamente Daniel Innerarity, nada
es lo que parece, o nada es tan sencillo
como la imagen que el plano televisivo se
afana en presentar. Sin apartarnos de esta lógica,
“Operación Triunfo” es mucho más que
un programa de televisión que cosecha todos
los éxitos. Veamos la superficie.
La televisión pública española (TVE) ha
emitido durante cuatro meses un programa
musical donde 16 jóvenes, que son
preparados y formados por profesores y
artistas en una Academia, compiten en un
proceso eliminatorio, para finalmente elegir
al vencedor que representará a España en
el Festival de Eurovisión. El proceso de
elección y eliminación se ha desarrollado
en 15 galas televisivas donde el público,
los profesores, el jurado y los propios
concursantes hacían las labores finales de
selección.
Las contundentes cifras hacen honor al título
de este producto televisivo: “Operación
Triunfo” ha batido récords de audiencias,
de venta de discos, de videos, de llamadas
de teléfonos, de mensajes de emails, de
solicitudes de casting, de listas de espera
de público para asistir a las galas, y de
repercusión tanto en medios de comunicación
nacionales e internacionales.
Ya en la superficie aparecen datos que
revelan el por qué de nuestra elección de
laboratorio: de manera gradual e imparable
un programa de televisión se sitúa fuera
del medio establecido y pasa a convertirse
en un hecho social, cargándose de prismas
que vislumbran otras realidades sociales.
Profundicemos un poco más para ganar en
detalles.
La combinación de TVE y Telefónica-Admira,
terminó por ser un binomio tremendamente
eficaz. Idea, producción y emisión se
juntaron con viento a favor. Operación
Triunfo es una producción de gigante holandés
ENDEMOL - participación de Admira, 99,2%-,
que es la mayor productora del mundo de
contenidos para la televisión en abierto,
de pago e internet. Endemol está instalada
en 21 países y produce más de 13.000 horas
anuales de televisión que se exhiben en más
de 30 países de cuatro continentes.
En paralelo, una de las empresas más
grandes de España, El Corte Inglés, de la
mano de Sony Music, abrazaron gustosamente
el éxito sirviendo de canal de distribución
comercial. Desde que comenzó a
cristalizarse el triunfo, éstas y otras
empresas se sumaron (se suman todavía de
cara a la segunda entrega) a esta estela de
ganancias, que no son sólo económicas.
Estas empresas monopolísticas, tanto por la
vía del capital, como por la vía de lo público,
se adueñaron del mercado. Pero la novedad
estriba en las nuevas uniones estratégicas
que se producen para salir a un mercado
–mediático- cada vez más complejo y
diversificado.
Televisión en abierto (TVE), televisión de
pago (Canal Satélite Digital), teléfono
(Telefónica-Movistar), internet (Portalmix),
y una cadena de comercios (El Corte Inglés),
confluyen estratégicamente potenciándose
unos a otros con el fin último de hacer
llegar la oferta-producto a una demanda
creciente. Con Operación Triunfo se ha dado
a luz a un nuevo sujeto social, mitad
audiencia y mitad consumidor. Un sujeto que
podríamos denominar consumidor mediático,
y que necesita un nuevo tratamiento, y
nuevas formas de abordaje comercial.
Cambio Cultural
Pero no todo es tratamiento de mercado o análisis
de cifras. Se ha producido, como se ha señalado
antes con este fenómeno televisivo, un
hecho social, y eso habilita otros campos de
estudio. En ese sentido podemos observar que
el cambio se produce a nivel cultural.
De manera colectiva ahora nos reconocemos en
otros lugares, en otros fenómenos, que han
sido habilitados, creados con nuestra caja
de herramientas cultural en el sentido que
le da Ann Swidler, refiriéndose a la
cultura como un tool kit de hábitos,
habilidades y estilos a partir de los cuales
la gente construye estrategias de acción.
Ese reconocimiento como nación o pueblo,
(uso habitual en la Europa nacionalista de
la segunda mitad del siglo XIX) se produce
en el inicio del siglo XXI con el auge y
cierta imposición de lo visual. Lo visual
termina por concretarse porque viene
precedido, desde hace largos años, y de
forma insaciable, por una enorme necesidad
de expresión.
La expresividad cultural está en auge y
circula a gran velocidad, potenciada por los
canales de la globalización, ofreciendo al
mismo tiempo, como se puede ver en la escena
internacional, una época de incertidumbre
que hace más real que nunca aquel concepto
que habla de las consecuencias no queridas
de la acción. Gran sociedad de la información
conviviendo con la multiplicidad de
identidades en conflicto.
Democracia Comunicacional
Pero volviendo a nuestros valores
colectivos, podemos decir que si la
democracia nació en lo político, hoy se
desarrolla ampliamente en lo comunicacional.
El sociólogo Manuel Castells define nuestra
actual democracia como una forma de
comunicación interactiva. Es entonces
cuando la comunicación con mayúsculas ha
pasado a convertirse en el engranaje que
articula y da sentido a nuestras sociedades.
El programa de televisión Operación
Triunfo, siguiendo la estela progresiva de
otros formatos televisivos que también han
sido grandes catalizadores de masas, está
sirviendo para un desarrollo no previsto de
nuestro complejo e indefinido sistema democrático.
Nuestra sociedad ha encontrado en la
comunicación televisiva varios elementos
claves por donde expresarse con toda su
fuerza: siendo masa, acudiendo como tal
vestida de audiencia.
El hasta ahora “hermano mayor” de este
fenómeno, el fútbol, que está siendo
alcanzado por este otro formato de
entretenimiento, ejemplifica a la perfección
y daría para todo un tratado, para analizar
por donde buscamos los rasgos esenciales de
nuestra identidad, y hasta el sentido último
que podemos dar a nuestra cotidianeidad o
existencia.
La televisión, y en concreto estos
programas, realizan cierta función colchón
o de enfriamiento frente a las muchas
frustraciones sociales o políticas. No
hablamos sólo de una alternativa basada
principalmente en el entretenimiento.
Siguiendo con el ejemplo, en Operación
Triunfo, es fácil encontrar otros aspectos
que se están demandando y que los mass
media ofertan, como: participación, que se
traduce literalmente en sistemas de voz y
voto; una fuerte interacción, donde
individual y colectivamente lo uno no es
posible sin lo otro, creándose un estrecho
lazo entre programa-audiencia; el sentido,
es decir, entretenimiento ligado a las
emociones que procura completar los anhelos
de un individuo urbanita, calificado por A.
Touraine como sujeto vacío.
Mundo afectivo
Emociones, esperanzas... y la televisión,
son las dos caras de la misma moneda. Sin
tener en cuenta el apartado de las
emociones, de los sentimientos, no podemos
comprender el por qué del éxito social del
actual formato televisivo.
La audiencia más o menos activa de Operación
Triunfo, puede constatar esta conexión, que
si se lleva con ambición y buen hacer mediático,
termina por solidificarse a través de una
implicación sentimental que cosecha todos
los éxitos.
Por tanto, la evolución de la televisión,
y por lo tanto también su papel, ha seguido
el camino del impacto visual y emite para
alimentar sensaciones y emociones que se
intentan regular o exprimir con la finalidad
de la implicación antes descrita.
Operación Triunfo cumplió con todos esos
mandatos, como si fueran de carácter
imperativo, y además de una manera compleja
conectó, mejor dicho, cumplió con las
ilusiones de triunfo que toda la masa
anhela, pero que solo los elegidos
consiguen.
También, y esto queda para las teorías más
conspirativas o sistémicas, Operación
Triunfo sirvió para alimentar o reproducir
el sistema, en el sentido de fomentar
socialmente las falsas expectativas de éxito,
mostrando que todos y todas podemos llegar a
él, cuando la extracción de los mejores de
la masa sirve precisamente para mantener sin
cambios esos dos mundos separados.
Una nueva mutación del ya viejo culebrón,
en formatos más actuales, ya sea desde la
convivencia (Gran Hermano) o desde la música
(Operación Triunfo), ha conseguido que
compartamos nuevamente nuestra cotidianeidad
y que nos sintamos representados por seres
humanos más próximos que desbordan sus
emociones ante nosotros.
Las relaciones sociales han cambiado y como
en otros momentos de la historia, los
avances tecnológicos han influido de manera
determinante. Pero en pleno triunfo de la
racionalidad tecnológica, la comunidad se
busca en historias pequeñas, que se hacen
grandes por medio de la llamada todavía
“pequeña pantalla”. Historias
abarcables y comprensibles triunfan en la
inmensidad de lo post-moderno complejo.
Sabemos que la televisión forma parte de
una sociedad hecha a base de cruces y
desarrollos entre distintos procesos de
construcción de identidades culturales,
sean éstas reales, simbólicas, ideales,
etc. Mirar y analizar la televisión, más
allá de los debates acerca de quién
perjudica a quién, si la tv al público o
el público a la tv, es mirarnos a nosotros
mismos en medio de la complejidad y la
perplejidad.
Uno de los grandes genios del siglo XX,
Picasso, dijo que “no hay mejor negocio
que explotar la estupidez humana”. Quizá
esa sea una fuerte tendencia, pero hoy nada
actúa en una sola dirección, y es mejor
seguir activamente el cambio social
ampliando horizontes.
Gerardo Neistat Berman es Sociólogo
especializado en Comunicación y Cultura.

Editora:
Ana Herbsztein
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