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Comunidad
Mujeres
en movimiento
Gabriel
Lerner, La Opinión
-
07.01.2002
-
Al
venir a Estados Unidos muchas personas
observan que han llegado a una sociedad
competitiva, con alto nivel de educación
formal, donde los requerimientos laborales
implican dominar conocimientos que no
siempre poseen. Esto es especialmente cierto
con las mujeres.
Muchas
veces las mujeres se encuentran en
desventaja. Acarrean de sus países
problemas de atraso o una situación
socioeconómica penosa. Comparten con sus
familias vivencias de violencia y problemas
endémicos como el alcoholismo. Deben
conformarse con un esquema familiar
tradicional e ideas sobre la mujer que las
colocan en una situación de desventaja.
Sin
embargo, funcionan hoy varias organizaciones
que, conjuntamente con el apoyo de
fundaciones de ayuda social, municipios,
iglesias y dependencias gubernamentales, se
dedican a ayudar a gente de bajos recursos y
poca educación formal a mejorar mediante el
aprendizaje.
Frecuentemente,
el estudio y la toma de conciencia, así
como el sentido de solidaridad y la
organización que sigue, obran maravillas en
estas personas. Porfiria Guerrero es una
demostración de ello.
Guerrero,
originaria de México, se enteró casi por
casualidad de la existencia de oportunidades
para estudiar inglés y comenzó a tomar
clases en un centro comunitario de la ciudad
de Pasadena. Dos años después, ella misma
imparte clases a otras alumnas que, como
ella, llegaron a este país sin el
conocimiento del idioma local. Porfiria
Guerrero sigue estudiando inglés en una
escuela del distrito.
"Para
enseñar inglés no usamos libros de texto.
Abordamos los temas que interesan a los
alumnos. Se hace una encuesta a principios
del curso para saber qué les gustaría
aprender, y eso depende de los trabajos que
hagan", dice Porfiria.
El
grupo al que pertenece, Mujeres en
Movimiento, no se limita a la enseñanza del
inglés. Atento a las necesidades de muchas
mujeres que han llegado aquí con su bagaje
de problemas, efectúa tareas adicionales de
alfabetización.
Francisca
Escobar, de 70 años, oriunda de El
Salvador, estaba agobiada por los problemas
existenciales y algunas difíciles
experiencias en su vida. "Mi marido
abusó de mí y de mis hijos durante años",
dice con humildad por el dolor de no saber
leer y escribir en español.
En
la "escuelita" de las mujeres,
operada por educadores populares del
Instituto de Educación Popular del Sur de
California (IDEPSCA), Escobar encontró un
lugar para hablar de su vida, para
encontrarse periódicamente con mujeres de
distintas edades que atraviesan por
problemas característicos de la vida de
inmigrantes, de trabajadores. En este lugar
encontró a quienes le enseñaron a leer y a
escribir. "Ahora me la paso leyendo
libros", nos dice, sonriendo,
orgullosa, "libros que me dieron en el
centro".
Además
de clases de inglés y alfabetización, el
grupo Mujeres en Movimiento se reúne por lo
general una vez al mes para hablar de
distintos temas pertinentes a la mujer
latina de hoy. "Hablamos de nuestros
problemas domésticos, abuso, alcoholismo,
educación, trabajo", dice Escobar.
"Hablamos de lo que hemos vivido...
".
Por
lo general, dice Guerrero, se invita a
expertos a participar en las reuniones.
"Por ejemplo, hemos contado con la
ayuda de un representante de la organización
Neuróticos Anónimos; un licenciado nos
asesoró en cuestiones legales; una psicóloga
habló de familia y relaciones; una
enfermera dio clases de primeros auxilios y
nos enseñó a usar el termómetro; una
asesora que tiene el VIH nos dijo cómo
cuidarnos".
El
centro, que opera en Pasadena, está
supervisado por IDEPSCA, una asociación sin
fines de lucro. En su edificio en el área
Pico-Union de Los Angeles su director
ejecutivo y fundador, Raúl Añorve, explica
que la ayuda a mujeres en clases de inglés
y alfabetización, así como las reuniones
de Mujeres en Movimiento, son sólo parte de
la actividad de la institución.
"Tenemos también el programa de
jornaleros, donde operamos cinco
centros".
La
meta es enseñar a las mujeres a ayudarse a
sí mismas. Por eso, dice Añorve, "un
nivel al que pueden llegar es superarse como
seres humanos. Otro es el de ejercer sus
derechos como mujer ante el esposo, la
familia, los hijos. Eso puede ser muy difícil,
puede causar fricciones. Por eso creamos un
programa de alfabetización familiar".
"El
tercer nivel de superación es de comprensión
general, donde la mujer puede llegar a
capacitarse ella misma para llevar ese mismo
diálogo a otras", concluye Añorve.
"Hay
unas 60 personas que están estudiando inglés",
dice Porfiria Guerrero. "A diferencia
de otras escuelas, las clases son bilingües.
Muchas personas cursaron sólo primero o
segundo de primaria, no saben gramática y
se les hace muy difícil entender sólo inglés.
No sólo hay que explicarles el inglés,
también hay que darles la traducción al
español".
"Las
mujeres siempre tienen oportunidad de venir,
aunque tengan niños, porque tenemos una
salita donde alguien los cuida mientras
ellas estudian", agrega.
"La
metodología que usamos nos enseña que el
aprendiz tiene conocimiento", dice Raúl
Añorve. "A partir de la reflexión,
ese conocimiento nos enseña a nosotros cómo
ayudarles".
Con
la ayuda de IDEPSCA, la Coalición de Los
Angeles para los Derechos de los Inmigrantes
(Chirla), la Clínica para las Américas,
iglesias metodistas, el Centro de Recursos
Centroamericanos (Carecen), la ciudad de Los
Angeles, fondos como Liberty Hill, el
American Friends Service Committee, el fondo
Irvine, y otros, pero especialmente gracias
a su propio proceso de aprendizaje y
organización, muchas mujeres en el sur de
California están mejorando sus vidas.
Porfiria
Guerrero dice que a la señora Escobar ahora
"le gusta escribir poesía". Como
prueba de ello muestra un póster con la
foto de la admirable anciana y un
pensamiento suyo: "Leer y escribir es
un alimento para el alma".
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