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Grandes
autores
Trance
y Trauma: Los desórdenes nerviosos
funcionales y la mente subconsciente
Robert
H. Wozniak
Traducción
al castellano de la versión
original en inglés:
Miguel Ángel de la Cruz
Vives, Catedrático de Filosofía
I.E.S.
Arquitecto Peridis - Leganés
(Madrid)
-
22.10.2001
-
Franz Anton Mesmer (1734-1815) nació en la
ciudad alemana de Iznang. A la edad de 32 años
había completado su formación médica en
la Universidad de Viena con una disertación
sobre la influencia de los planetas sobre
las enfermedades humanas. En 1773, una
paciente de 27 años, Fräulein Oesterlin,
que padecía una edad de dolencias físicas
periódicas, acudió a Messmer. En
consonancia con su disertación, Mesmer trató
de demostrar la relación de la periodicidad
de los síntomas manifestados en Fräulein
Oesterlin con las fluctuaciones de las
mareas y, en el curso de este intento,
decidió comprobar si podía inducir una
marea artificial en su paciente.
El
28 de julio de 1774, pidió a su paciente
que tomara una solución de hierro que
aportaba magneto a su estómago y piernas.
Los resultados de este tratamiento cambiaron
el curso de la vida de Mesmer. Cuando Fräulein
Oesterlin sintió al misterioso fluido
correr a través de su cuerpo, sus síntomas
comenzaron a desaparecer. Con un tratamiento
continuo, se recuperó por completo y la
fama de Mesmer empezó a extenderse.
Desafortunadamente, sin embargo, la
controversia sobre la efectividad de sus técnicas
también se extendieron; y en 1777, en
dudosas circunstancias, Mesmer dejó Viena y
marchó a París. Allí estableció una
lucrativa práctica de curaciones magnéticas
y completó su Mémoire sur la découverte
du magnétisme animal. Influenciado por
las teorías físicas de la atracción
gravitatoria y por el trabajo de Franklin y
otros sobre la electricidad, Mesmer
desarrolló lo que fue en su época una
razonable explicación de la cura magnética.
Suponiendo
la existencia de un fluido magnético físico
interconectado con cada elemento del
universo, incluidos los cuerpos humanos,
Mesmer afirmó que la enfermedad resultaba
del desequilibrio de este fluido en el
cuerpo. La curación exigía la reconducción
del fluido a través de la intervención del
médico, el cual, sirviéndose de una
especie de conducto por medio del cual el
magnetismo animal pudiera ser canalizado
desde el universo al interior del cuerpo del
paciente por medio de "pases magnéticos"
de las manos del médico. En el curso del
tratamiento, los pacientes experimentaban
una "crisis"magnética,
algo semejante a una sacudida eléctrica, a
partir de la cual comenzaban a recuperarse.
A semejanza de la teoría eléctrica, Mesmer
pensó que el fluido magnético era
polarizado, conductor y capaz de ser
descargado y acumulado. Como el buen hombre
de negocios que fue siempre, desarrolló el baquet,
un dispositivo para concentrar el fluido
magnético semejante a la vasija de Leyden.
El baquet le permitía tratar hasta a
veinte pacientes a la vez, conectando a cada
paciente el fluido a través de una vara de
hierro. La caída de Mesmer fue tan meteórica
como su ascensión. Hacia 1785, después de
varios fracasos terapeúticos espectaculares
y la publicación del Rapport des
Commissaires chargés par le Roy de l'examen
du magnétisme animal (Bailly, 1784), en
donde se llegaba a la conclusión de que no
había ninguna evidencia a favor de la
existencia del fluido mesmérico, Mesmer dejó
París bajo sospecha y vivió el resto de su
vida en relativa oscuridad, muriendo en 1815
cerca de su lugar de nacimiento.
Si
Mesmer el hombre desapareció de la vista
del público, sus ideas no lo hicieron. El más
importante con mucho de los discípulos de
Mesmer fue Armand-Marie-Jacques de Chastenet,
Marquis de Puységur (1751-1825), un rico
aristócrata terrateniente que comenzó,
incluso antes de la caída de Mesmer, a
experimentar con la curación magnética. Si
de alguien se puede decir justificadamente
que fue el fundador de la psicoterapia
moderna, ése es Puységur. Trabajando con
Victor Race, un joven campesino de su
hacienda familiar cerca de Soissons, el
marqués descubrió la "crisis
perfecta", un estado de sueño sonámbulo
en el que los pacientes obedecían los
mandatos del magnetizador sin que al
despertarse conservaran memoria alguna de lo
que habían hecho. Cuando Victor, quien en
condiciones normales nunca se habría
atrevido a confiar sus problemas personales
al señor de la casa, admitió en el
transcurso del sueño magnético que estaba
disgustado por una pelea que había tenido
con su hermana, Puységur le sugirió que
hiciera algo para resolver la querella y,
después de despertar, sin recordar las
palabras de Puységur, Victor obró de
acuerdo con la sugestión del marqués.
A partir de estas experiencias, Puységur
llegó gradualmente a reconocer que los
efectos magnéticos dependen de la fuerza de
la creencia personal del magnetizador en la
eficacia de la curación magnética, del
deseo de curar y de la relación con el
paciente. En 1784, Puységur expresó estas
ideas en sus Mémoires pour servir a
l'histoire et a l'établissement du magnétisme
animal, una obra que puede ser
considerada el punto de partida de la
psicoterapia moderna. No deja de tener interés
que en fecha tan temprana como 1784, desde
el nacimiento del procedimiento psicoterapeútico,
se reconoció que la creencia en la eficacia
de la cura, el deseo de curar y la
naturaleza de la relación entre el paciente
y el terapeuta eran factores fundamentales
del éxito psicoterapeútico.
Con
la técnica desarrollada por Puységur (a
menudo acompañada de la explicación de
Mesmer), el mesmerismo se extendió rápidamente.
Llegó a los Estados Unidos desde Francia
con Charles Poyen de Saint Sauveur y
llegó a ser asociado brevemente con la
frenología y durante más tiempo con el
espiritualismo, produciendo por último el
movimiento del Nuevo Pensamiento que ejerció
un fuerte impacto en William James.
En
Europa, el mesmerismo continuó desarrollándose
en manos de cierto número de importantes
figuras como el abate José Custodio de
Faria, el general François Joseph Noizet,
Étienne Félix, Baron d'Hénin de Cuvillers,
y Alexandre Bertrand. Faria, en su De la
cause du sommeil lucide (1819),
desarrolló la técnica moderna de inducción
al trance ("fijación"), al
acentuar la importancia del deseo del sujeto
más bien que la del magnetizador, y
reconociendo la existencia de diferencias
individuales en la susceptibilidad al sueño
sonámbulo, siendo el primero en establecer
el principio de sugestión, que creía que
era efectivo no sólo en el sueño sonámbulo
sino también en estado de vigilia. En 1820,
Noizet, en Mémoire sur le somnambulisme,
presentada en la Royal Academy de Berlin
pero no publicada hasta 1854, y Hénin de
Cuvillers, en su Le magnétisme éclairé,
presentaron la más extensa relación de los
efectos mesméricos en términos de sugestión
y creencia, mientras el Traité du
somnambulisme (1823), de Bertrand, fue
el primer estudio científico sistemático
de los fenómenos magnéticos.
El
año 1843 supuso un importante avance en el
modo en que los efectos mesméricos fueron
conceptualizados. En este año James Braid (¿1795?-1860)
publicó Neurypnology; or, the Rationale
of Nervous Sleep, Considered in Relation
with Animal Magnetism. Nacido en
Fifeshire hacia 1795 y educado en la
Universidad de Edimburgo, Braid marchó a
Manchester en los comienzos de su carrera
profesional. Allí, como él mismo describe
en Neurypnology, una visita a la
demostración teatral del mesmerista suizo
Charles Lafontaine, le convenció de la
realidad de los fenómenos físicos
inducidos por el mesmerismo. Después de
varios días de experimentos privados, Braid
llegó a la conclusión de que estos efectos
físicos estaban producidos por "una
peculiar condición del sistema nervioso,
inducido por una atención fija y
abstracta..." (p. 94) y no a través
de la mediación de ningún agente especial
que pasara desde el cuerpo del operador al
del paciente. Para distinguir tajantemente
sus puntos de vista de los del mesmerismo,
llamó al estado de sueño nervioso "hipnotismo",
y sustituyó los "pases magnéticos"
de los mesmeristas por la fijación en un
objeto luminoso, una variante de la antigua
técnica de inducción de Faria.
La
conexión efectuada por Braid entre los fenómenos
hipnóticos y la fisiología cerebral, así
como el desarrollo de una técnica de
inducción directa y desprovista de mística
y la introducción de una terminología que
era más aceptable para la institución médica
y científica, ayudó a preparar el camino
para el uso eventual de la hipnosis en la
investigación psicopatológica. Que este
efecto no fue de ninguna manera inmediato no
es sorprendente ante el hecho de que entre
1848 y 1875 la curación magnética estuvo
crecientemente envuelta con el espiritismo
por un lado y las demostraciones teatrales
por el otro. Cuando Braid murió en 1860,
"el magnetismo y el hipnotismo
-como apunta Ellenberger
(1970)- habían caido en tal descrédito
que un médico que utilizase esos métodos
habría comprometido irremisiblemente su
carrera científica y perdido su prestigio
como médico" (p. 85).
Pese
a todo, en este clima de opinión, hubo unos
pocos que continuaron trabajando terapeúticamente
con la hipnosis. Uno de estos fue Auguste
Ambroise Liébeault (1823-1904), médico
rural en Pont-Saint-Vincent, pueblo francés
de la región de Nancy. En 1866, Liébeault
publicó su Du sommeil et des états
analogues considérés surtout au point de
vue de l'action du moral sur le physique.
En el Du sommeil, Liébeault afirmó
que la concentración de la atención en la
idea de sueño induce el estado hipnótico a
través del poder de sugestión y que los
efectos terapeúticos de la hipnosis son, en
efecto, fenómenos sugestivos. Aunque
ninguna de estas ideas eran originales de Liébeault,
quien las derivó de Mémoire sur le
somnambulisme et le magnétisme animal (1854)
de Noizet, fue a través de Liébeault que
llamaron la atención de Hippolyte Bernheim
y llegaron a ser los principios cardinales
de la escuela de terapeútica sugestiva de
Nancy a la que volveremos enseguida.
Sin
embargo, antes de que las técnicas de
inducción hipnótica pudieran llegar a
servir como herramienta para la investigación
de los desordenes funcionales nerviosos
tuvieron que ser rescatados del dominio de
la seudociencia a la que habían sido
confinados. El mérito de tal rescate es
generalmente otorgado a Charles Richet, un
joven fisiólogo francés cuyo "Du
somnambulisme provoqué"(1875)
condujo al resurgimiento del interés en el
uso científico de la hipnosis,
especialmente a través de la obra de Jean-Martin
Charcot (1825-1893).
Charcot
nació y recibió su formación médica en
Paris. Tras obtener el título de doctor en
1853, trabajó como médico privado hasta
1862, cuando fue nombrado doctor residente
en la Salpêtrière. Allí creó lo que llegó
a ser el centro más influyente del mundo
para la investigación neurológica.
Encargado de la custodia de un pabellón de
mujeres que sufrían convulsiones, Charcot
distinguió entre las convulsiones de origen
epiléptico y las de origen histérico
(epilepsia histérica), clarificando la
sintomatología anestésica y la
hiperestesia de la epilépsia histérica y
diferenciando entre la epilépsia histérica
y los casos de histeria no convulsiva.
El primer resumen importante de las
conclusiones que Charcot obtuvo de su obra
fue presentado en el volumen I de sus Leçons
sur les maladies du système nerveux faites
à la Salpêtrière, publicado en partes
entre 1872 y 1873. Siguiendo a Briquet, cuyo
Traité clinique de thérapeutique de
l'hysterie (1859) es considerado como el
primer estudio de la histeria sistemático y
objetivo, Charcot definió la histeria como
una neurosis del cerebro originada típicamente
por traumas psíquicos en individuos
hereditariamente predispuestos. En 1878,
bajo la influencia de Richet, Charcot comenzó
a emplear la hipnosis en el estudio de la
histeria y descubrió que, bajo hipnosis,
podía reproducir no sólo la sintomatología
histérica (amnesia, mutismo, anestesia)
sino incluso fenómenos postraumáticos
tales como las parálisis ocasionadas en
accidentes de ferrocarril. Esto le llevó a
agrupar los fenómenos hipnóticos, histéricos
y postraumáticos, a distinguir estos fenómenos
dinámicos de los síntomas orgánicos que
provienen de lesiones en el sistema nervioso
y a sugerir la existencia de "ideas
fijas" inconscientes en el centro
de ciertas neurosis, una noción que ejerció
una considerable influencia en Janet y Freud.
Manteniéndose
en su orientación generalmente fisicalista,
Charcot también trató de describir los fenómenos
somáticos asociados a la inducción hipnótica.
Este proceso, creía, ocurría en tres fases
sucesivas:
a)
Catalepsia con anestesia y plasticidad
neuromuscular;
b)
letargo con hiperexcitabilidad neuromuscular;
y
c)
sonambulismo.
Además,
en base al trabajo de sus alumnos, llegó a
afirmar que estas manifestaciones somáticas
pueden ser transferidas de un lado del
cuerpo a otro por medio de imanes.
Por
desgracia, pese a sus numerosas e
importantes contribuciones y su papel
esencial, Charcot es a veces recordado por
su errónea descripción de las tres etapas
y de la transferencia magnética. Como el
psicofísico belga Joseph Remi Leopold
Delboeuf (1886) sugirió, en una crítica
dirigida contra la obra de Charcot, que el
efecto de sugestión pasa no solo del
hipnotizador al sujeto sino también del
sujeto al hipnotizador. Un paciente
particularmente espectacular puede crear en
el terapeuta expectativas acerca de las
formas que adquiriran las manifestaciones
hipnóticas. Éstas pueden luego ser
transmitidas involuntariamente como
sugestiones a pacientes futuros que actuarán
así confirmando las expectativas del
terapeuta. Algo semejante parece haber sido
el caso en la Salpêtrière, donde los
pacientes, y más notablemente Blanche
Wittmann, los estudiantes, los colaboradores
y el propio Charcot fueron víctimas de la
fuerza fatal de la expectación mutua.
En
Nancy, un grupo que trabajaba bajo la
dirección de Hippolyte Bernheim
(1840-1919), comprometido con el punto de
vista de que los efectos hipnóticos eran
obtenidos por medio del poder de sugestión,
estaba particularmente bien situado para
reconocer el defecto inherente a la obra de
Charcot. Bernheim nació en Mulhouse,
Francia y recibió su formación médica en
Estrasburgo. Después de obtener la
agregaduría, aceptó una cátedra en la
facultad de Medicina en Nancy. En 1882,
cuando ya estaba bien situado, Bernheim oyó
hablar de un médico rural llamado Liébeault
de quien se rumoreaba que trataba con
efectividad a sus pacientes usando el
sonambulismo artificial.
Habiendo
quedado convencido, después de visitar a Liébeault,
de la efectividad terapeútica de la
hipnosis, Bernheim publicó De la
suggestion dans l'état hypnotique et dans
l'état de veille (1884) en la que volvió
a introducir el punto de vista descuidado
por Liébeault de que los efectos de la
hipnosis reflejan el poder de la sugestión
mental. Allí y en la edición ampliada de
1886, Bernheim definió los fenómenos hipnóticos
como manifestaciones de la sugestibilidad
ideomotora, una capacidad humana universal
de transformar una idea directamente en un
acto. Ciertamente, para Bernheim, la
hipnosis era simplemente un estado de
sugestibilidad elevada, prolongada y
artificialmente inducida.
Tomados
en sí mismos, estos puntos de vista por sí
solos habrían conducido a Bernheim a entrar
en contradicción con Charcot, pero Bernheim
y sus colegas de Nancy fueron mucho más
lejos. Criticando la pretensión de Charcot
de que la hipnosis es una condición
nerviosa patológica ligada a la histeria,
Bernheim rechazó la descripción de Charcot
de las tres fases del hipnotismo y ridiculizó
la idea de que los síntomas pudieran ser
transferidos lateralmente mediante imanes.
Continuando la crítica de Delboeuf,
Bernheim afirmó que los fenómenos
descubiertos por Charcot eran simplemente
producto de la sugestibilidad de sus
pacientes, del ejercicio de un pobre control
experimental por medio de sus alumnos, y,
por implicación, la propia sugestibilidad
de Charcot también. En efecto, estaban tan
convencidos de la naturaleza sugestiva de la
terapia hipnótica que, cuando pasó el
tiempo, los miembros de la escuela de Nancy
abandonaron enteramente la inducción hipnótica
por la sugestión directa en estado de
vigilia, una técnica que denominaron "psicoterapeútica".
Mientras se recrudecía el debate entre
Nancy y la Salpêtrière, Pierre Janet
(1859-1947) estaba trabajando en Le Havre,
recopilando observaciones clínicas en las
que basar su disertación. Nacido en París,
Janet entró en la École Normale Supérieure
en 1879, habiendo ocupado el segundo lugar
en los exámenes extremadamente competitivos
por la agregaduría. Poco después obtuvo
una plaza como profesor de filosofía en el
Liceo de Le Havre donde permaneció hasta la
aceptación de su disertación. Tras recibir
la graduación, se trasladó a París para
estudiar medicina y dedicarse a la
investigación clínica bajo la dirección
de Charcot en la Salpêtrière.
La
disertación de Janet, L'automatisme
psychologique, reunía una rica
información clínica sobre los estados
mentales anormales relacionados con la
histeria y la psicosis. Dividiendo tales
estados en automatismos totales
(involucrando la personalidad completa) y
parciales (una parte de la personalidad se
dividía de la conciencia y seguía su
propia existencia psicológica), Janet
empleaba la escritura automática y la
hipnosis para identificar los orígenes
traumáticos y explorar la naturaleza del
automatismo. Síncope, catalepsia y
sonambulismo artificial con amnesia posthipnótica
y memoria para los estados hipnóticos
anteriores fueron analizados como
automatismos totales. La múltiple
personalidad, que Janet llamaba "existencias
sucesivas", la catalepsia parcial,
la pérdida de la atención, los fenómenos
de escritura automática, la sugestión
posthipnótica, el uso de la varita mágica,
el trance de los mediums, las obsesiones,
las ideas fijas y las experiencias de posesión
eran tratadas como automatismos parciales.
Lo
más importante es que Janet reunió todos
estos fenómenos en un armazón analítico
que enfatizaba las relaciones ideomotoras
entre la conciencia y la acción, que empleó
la metáfora dinámica de fuerza y debilidad
psíquica y acentuó el concepto de "campo
de conciencia" y sus limitaciones
como resultado del agotamiento de la fuerza
psíquica. En el interior de esta
estructura, Janet analizó la fijación
peculiar del paciente sobre el terapeuta en
términos de la distorsión de la percepción
del paciente, y relacionó la sintomatología
histérica al poder autónomo de las "ideas
fijas" escindidas de la
personalidad consciente y sumergidas en el
subconsciente. A pesar del cuidado qu puso
en evitar la discusión directa de las
implicaciones terapeúticas de su obra en
una disertación no médica, Janet puso los
fundamentos para su propia metodología
terapeútica posterior y la de Freud por
medio de su demostración de los orígenes
de la escisión en los traumas psíquicos de
la historia pasada del paciente.
En
realidad había solo un pequeño salto desde
la obra de Charcot, Bernheim y Janet a la de
Josef Breuer (1842-1925) y Sigmund Freud
(1856-1939). En 1893, Breuer y Freud
publicaron una corta comunicación
preliminar, "Ueber den psychischen
Mechanismus hysterische Phänomene"
en el Neurologische Centralblatt. El origen
del artículo de Breuer y Freud se encuentra
en el trabajo de Breuer con la famosa
paciente Anna O.
A
pesar de que los detalles existentes del
caso de Anna O., tal como fueron descritos
por Breuer, quien indudablemente se esforzó
en ocultar la identidad de su paciente, y
varios años después por Jones (1953/1957),
se diferencian considerablemente uno del
otro y probablemente con los hechos reales
del caso, es sabido que el alivio de los íntomas
de Anna O. ocurrió solo cuando la paciente,
bajo hipnosis, proporcionó a Breuer en
orden cronológico inverso un relato de las
circunstancias exactas bajo las cuales cada
síntoma había aparecido. Sólo cuando ella
siguió el rastro hasta el síntoma final
regresando a las circunstancias traumáticas
de su advenimiento, se produjo la curación.
La curación de Anna O. por medio del método
"catártico", que implicaba
traer el trauma a la conciencia y permitir
la descarga a través del afecto, de
palabras y asociaciones guiadas, ha sido
visto frecuentemente, y así lo pensaba
Freud, como el punto de partida del psicoanálisis.
En
la obra fecunda de Janet y en el artículo
crítico de transición de Breuer y Freud,
vemos la culminación de desarrollos que habían
comenzado con la elaboración de Puységur
de las doctrinas de Mesmer. En poco más de
cien años, un formidable cuerpo de
evidencias y teorías neurológicas y psicológicas
relacionadas habían conducido
irremisiblemente a la creencia de que los
fenómenos mentales -estados de trance
mesmerico, entendimiento mutuo, el deseo de
curar del terapeuta, la concentración de la
atención, la sugestión mental, el trauma
psíquico, la disociación de la conciencia
y la catarsis- podían producir alteraciones
radicales en el estado del cuerpo. Ningún
escrito psicológico en la década de 1890
podía permitirse ignorar este rico material
y sus implicaciones para la conceptualización
de la naturaleza de las relaciones entre la
mente y el cuerpo. William James, como
veremos, no fue una excepción.
Fuente:
http://platea.pntic.mec.es/~macruz/mente/descartes/indice.html
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