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Olfato
El
amor ciego
por
Luis Carlos H. Delgado y Graciela V. García
-
03.09.2001
-
Le
parfum de la dame en noir
Es
de observación frecuente que al oler se
cierran los ojos o pierde la visión su
sentido. Cuanto más se incorpora el aroma
tanto más se suspende el pensamiento hasta
que la traza
última que se recoge devela su
arcano en el trasfondo de las antiguas
vivencias y recuerdos. Se difunde entonces
uno en el perfume de la ensoñación que se
habita, o se abren los ojos a una realidad
trasfigurada. Ciegos al fin a cualquier otra
existencia que no sea la soñada.
Este
puede ser el modo del amor ciego si lo
develado por el aroma es el misterio de un
ser remotamente amado. Previo a cualquier
otro contacto percibido. Entrañable como la
intuición del uno mismo. Fusión que
amalgama al ser con su pertenencia. Límite
infranqueable del “sólo eso”.
Inhalar
puede ser la aventura del regreso a un mundo
escondido pero asequible.
La
senda de un dulce vértigo, minucioso y
lento, tangible e inevitable.
Viaje
con ojos cerrados en un hálito inacabable.
Y
de pronto estar allí. Con el mal
identificado amor: un otro o el sí mismo.
Porque en el amor ciego no se distinguen los
términos; mas no hay otra forma de vivirlo.
Gaston
Leroux, viejo forjador de folletines policíacos,
fabulosos todos ellos : “La muñeca
sangrienta”, “La máquina de
asesinar”, “El misterio del cuarto
amarillo”, “Los crímenes de la
canaria”, “El fantasma de la Ópera”,
si bien la crítica denigra su
estilo, acertó con otro título
inolvidable: “El
perfume de la dama vestida de negro” Aunque
se ignore la historia, con sólo leer la
frase del epígrafe, una extraña
certidumbre compone el relato.
Rouletabille,
el más joven de los investigadores de ficción,
es su personaje; por supuesto no ha tenido
la trascendencia del príncipe Hamlet,
aunque bien comparta su Edipo. Rouletabille
tiene apenas 18 años cuando resuelve el
caso de la cámara amarilla, cerrada por
dentro y sin posibilidad de escape para un
agresor sin embargo ausente. Rouletabille se
llama en realidad Joseph Josephin y debe su
apodo a su pequeña cabeza redonda. Su
historia es oscura: pupilo abandonado en el
colegio de Eu, ha crecido sin conocer a su
familia y sólo recuerda obsesivamente el
aroma singular de una figura de mujer
enlutada.
Al
decir “obsesivamente” destaco la
persistencia del recuerdo, el énfasis, la
emoción profunda e indefinida que se
concentra ya en la imagen confusa de la
dama, ya en el aroma enclavado en el espíritu.
Otra vez el anhelo es una forma de rastreo
que no
se soporta si
no se conforman las ansias de un
hallazgo que el perfume incita.
Negro
y ciego. El velo o el luto, asimilables al
esfuerzo de
ojos cerrados. Esa forma de amor
doloroso e interminable que no encuentra una
respuesta pero que se da enteramente en la búsqueda.
Hay
una historia para Rouletabille, siempre
pueden componerse historias,
hacen falta para abrir los ojos y
conocer, comprender, crecer. Serán siempre
un justo intento.
Josephin
nació en Estados Unidos del matrimonio
secreto de Matilde Stangerson con el asesino
Bellmeyer. Abandonada regresa a Francia y
confía la educación de su hijo a la
institución bajo un nombre falso. El folletín
enlaza historias. Trabajo detectivesco que
como el analítico muchas veces acierta o
equivoca la trama. Descabellada y penosa
historia la de Rouletabille contada.
Profunda y verdadera en cambio la impresión
del perfume, su intuición de un pasado, de
la imagen de una mujer y del velo que los
envuelve.
Aspira
el adicto el pegamento, sus ojos se cierran
y la vista pierde su sentido.
Ciego
al fin a cualquier otra existencia que no
sea la soñada.
Psique
Psique
es el nombre del alma albergada en un
palacio de placeres y amor en sombras.
Cuenta Apuleyo en las Metamorfosis
que Psique sobrepasaba en belleza a sus dos
hermanas. Tal esplendor de hermosura la
convirtió en un motivo de culto tal, que ni
los hombres que llegaban de lejanas comarcas
a adorarla, se atrevían a pretenderla.
Venus misma, cuyos templos se despoblaban,
ardía de celos. El padre de Psique, un rey,
buscó consejo en el oráculo para
desposarla, pero a través de él la intriga
de la Diosa perpetró un plan cruel: instruyó
que fuera abandonada en la cima de un
roquedo donde la buscaría un monstruo en
forma de horrible serpiente, y a su vez,
encomendó a su hijo Eros, tras seducciones
incestuosas, que con el poder de sus flechas
inspirara en Psique un ciego amor hacia la
criatura abyecta que iría a su encuentro.
Más
el destino torció el plan. Herido Eros
accidentalmente por sus propias saetas, al
ver a Psique se enamora y la salva del
encuentro con la bestia, transportándola al
soplo de Céfiro a un valle de césped
florido. Agotada por tantas emociones Psique
se adormece y al despertar se encuentra
frente al palacio con sus puertas abiertas.
Se introduce en él; le acogen voces y manos
invisibles que la sirven y le acuestan luego
en una cama preparada. Cuando la oscuridad
fue total sintió a su lado una presencia
que no resultó, a pesar de no ver, tan
temible como el oráculo había predicho.
Habrá
una condición: el misterioso amante no debe
ser contemplado, debiendo mantener sus
relaciones en plena oscuridad.
Psique,
el alma, es elemento aéreo. Lo aromático
le es afín. Céfiro la conduce a un valle
florido. De allí a un hermoso jardín.
Estos paisajes están impregnados de
perfumes. Luego, al penetrar al palacio, lo
invisible gratifica el gusto y el olfato. En
el cuarto oscuro se desarrollan las escenas
de amor. A falta de luz, junto al contacto físico,
el olfato será esencial para el
reconocimiento perceptivo. Oralidad,
nasalidad y genitalidad como experiencias.
El
aporte nasal retrotrae al sujeto
adicto a
una etapa de su vida en que, desde la
erogeneidad olfativa estaba organizada. Como
el escape a este período es desde el mundo
externo, sus fijaciones profundas son fácilmente
admitidas y le permiten recrear un mundo
narcótico, inhalante e inhalador que
conectan, según la modalidad fusional, sus
sensaciones internas con una contexto
ilusorio.
Blind,
La
palabra inglesa bien caracterizaría a este
modo de amor. Son interesantes sus
acepciones y derivados: invidente, cegado,
insensible; sin capacidad de razonamiento,
pretexto o subterfugio. Confundir,
deslumbrar con datos de un lenguaje
rimbombante; callejón sin salida, situación
sin solución, encuentro o cita de dos
personas que se desconocen mutuamente. Drunk,
con una melopea, borracho como una cuba.
Jugar a la “Gallina ciega”.
Amor
ciego donde “borrachos como una cuba”,
cegados o haciendo “la vista gorda”, van
al encuentro de otra persona, desconocida...
pero añorada.
Y
al fin “confundidos”, co-fundidos,
fusionados, cegados en su propia burbuja
cerrada, capsular, envolvente, sin salida,
madre e hijo, madre e hija, son
uno solo. Juego de “gallina
ciega” que se instala cuando un otro se
involucra entre ambos con un nuevo olor.
Nirvana
Comparando
al individuo humano con otros animales,
resulta que nace inmaduro y desvalido.
Necesita de un adulto de su misma especie
para cubrir sus necesidades básicas. Ser
social en definitiva, requiere de un
semejante que lo cubra, cobije, proteja,
repare, alimente, contenga, que lo ame y lo
incorpore comunitariamente.
De
su pasado fetal perdura probablemente la
experiencia mutual de un suministro
constante, sustentado por la modalidad de
sobrevivencia a través del cordón
umbilical, un modo de Nirvana o satisfacción
y placer continuo, libre de altibajos o
sobresaltos, que brinda una vivencia de
eternidad basada en el goce permanente y la
completud o perfecta amalgama de ser uno
con aquello que lo provee sin
fracturas. Si estas experiencias no sucumben
en la tensión del parto, lo apuntalarán en
las vicisitudes de la adaptación a nuevas
circunstancias. El bebé “sabe”, al
nacer, que va a ser recibido por alguien
nutricio y continente que procurará su
equilibrio. Así ha acontecido durante
millares de años.
De
la desorganización psicobiológica o estrés
al que lo ha expuesto su nacimiento se
recupera con el reconocimiento sensorial de
un mundo cobijante, confirmándose en el
psiquismo su protosaber. Oxígeno aéreo
para su nueva modalidad respiratoria,
sensaciones, presencias que lo reaseguran,
de las cuales el olor mantiene el lazo
fusional de un Nirvana que ahora juega en el
subibaja de las necesidades y
satisfacciones, omnipresente. Organizador
olfativo que acompaña
y acompasa la regulación libidinal.
La
Etapa Nasal se instala con el nacimiento. Su
contexto son los olores que emanan del
cuerpo de la madre y del suyo propio,
retroalimentan sus posibilidades
innatas y mitigan la angustia de muerte.
Al
ser la madre quien satisface las necesidades
instintivas del niño, tanto alimenticias
como amorosas, polariza la discriminación
olfativa a su olor especial unificando en su
dominio y bajo su impronta las experiencias
cotidianas. A falta del cordón umbilical,
un cordón oloroso tranquiliza y repara
integrando un mínimo de distancia.
La
madre es revestida de catexias libidinales
siendo él también libidinizado por ella a
su contacto, constituyéndose entre ambos un
vínculo de fusión escasamente mediatizado
que aún sostiene las protofantasías de
completud.
Como
la relación es de fusión
sumergida en la experiencia
olfativa, el olfato será la vía regia de
una identificación masiva donde el olor
femenino-materno-vaginal, constituye un núcleo
importantísimo de identidad.
El
templo
El
templo terrestre es una imagen del templo
celeste. En él, el altar de los perfumes:
la acción de gracias. Así como los brazos
de la madre perfuman y reconstruyen el ámbito
uterino, cimientan también la estructura
del Yo.
Busca
el arqueólogo el cimiento del templo
inconstruido.
Antecedentes
bibliográficos publicados en el portal
genaltruista:
1.
Delgado, L.C.H. – García G.V.:
“Constructo de una etapa olfativa del
desarrollo psicolibidinal”.
Lunes 16 de julio 2001
2.
Delgado, L.C.H. – García G.V.:
“Aporte teórico a la drogadicción por
inhalantes”. Lunes 23 de julio de 2001.
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