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Olfato
Con
la práctica la nariz del perro casi siempre
sabe...
The
New York Times (Mayo 29, 2001)
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13.08.2001
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Los
beagles y otros perros, altamente motivados
por la recompensa de alimento y por su
aspecto no amenazante para los pasajeros aéreos,
son muy demandados para su trabajo olfatorio.
Están siendo utilizados para oler
explosivos, armas, drogas, oro, pérdidas de
gas, termitas, huevos de tortugas de mar,
especies en peligro de extinción, trazas de
compuestos inflamables y larvas de polillas.
El
Dr. Lawrence J. Myers, profesor de medicina
veterinaria de la Universidad de Auburn y
experto en las habilidades olfatorias
remarcables de los perros, está
investigando la posibilidad de que los
perros puedan detectar melanomas y otros
tumores cancerígenos.
Aunque
los sabuesos como los beagles son conocidos
por su sentido del olfato, el Dr. Myers dice
que como regla existe más diferencias
olfativas entre los perros individuales que
entre las distintas razas de perros.
Casi cualquier perro puede ser
entrenado para detectar blancos específicos
usando un sistema de recompensa, siempre y
cuando no haya sufrido una pérdida de su
olfato por enfermedades o daños.
A
pesar de la cantidad de aplicaciones de los
perros para el trabajo de detección, se han
conducido pocas investigaciones acerca de
sus capacidades y procesos olfatorios.
Los
pocos estudios realizados indican que un
perro bien entrenado y un buen entrenador
pueden tener una precisión del 95%,
significativamente mayor que cualquier máquina.
El
Dr. Gary Settles, profesor de ingeniería
mecánica de la Universidad de Pennsylvania,
dice que sus investigaciones sugieren que
cuando un perro inhala, una obstrucción
bulbar justo dentro de sus narinas, se abre
para permitir que entre el flujo de aire
claramente hacia la parte superior de la
nariz pasando por los receptores olfatorios.
Cuando
el aire es exhalado, esta obstrucción se
cierra y así dirige al aire hacia afuera.
El proceso crea una cierta succión
que le permite al perro inhalar mayor
cantidad de aire.
Una
vez dentro de la nariz, los vapores químicos
se disuelven en los receptores olfatorios
cubiertos en moco, que en los perros están
en el orden de220 millones (aproximadamente
40 veces el número en humanos).
Las interacciones químicas son
convertidas en señales eléctricas que
viajan a través del nervio olfatorio hacia
el bulbo olfatorio y luego a casi todas las
partes del cerebro del perro.
Los
perros y otros animales que dependen
fuertemente en su sentido del olfato pueden
identificar olores concentrados en un objeto
tan pequeño como una moneda, obteniendo de
ella todo tipo de información.
Los
receptores del olfato en los insectos
generalmente son sensibles a una feromona en
particular que dispara comportamientos específicos,
dice el Dr. John Kauer, profesor de
neurociencias de la Universidad de Tufts.
Pero
en los perros y muchos otros animales, los
receptores individuales en la nariz pueden
hacerse sensibles a un número de compuestos
químicos diferentes y no relacionados.
Ese sistema crea un patrón de señales
olfatorias que luego son procesadas en el
cerebro para permitir que el animal
identifique un objeto o su estado y responda
de manera adecuada.
Otros
sistemas biológicos están involucrados en
el olfato pero todavía no son bien
comprendidos.
Por ejemplo, los perros tienen un órgano
por encima del techo de la boca.
Por muchos años, muchos han sugerido
que este órgano vomeronasal detecta
feromonas.
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