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Grandes
autores
El
cerebro caliente y frío
Arthur
Koestler
-
18.09.2000
-
UNA
MÁQUINA PASMOSA
Arthur
Koestler ha asegurado que los pesares del
hombre se deben al enorme desarrollo del
cerebro frío, al exceso de razón, no a su
escasez. Piensa que el neocórtex desarrolla
algo bueno hasta límites absurdos, como los
dinosaurios, y sella nuestro destino. Indica
que los problemas humanos se generan de la búsqueda
de propósitos, intelectualmente impuestos,
a expensas del sentimiento. Estamos
dispuestos a encarcelar, torturar y matar
con tal de implantar nuestras doctrinas e
ideologías. Opina que, si concediéramos más
libertad a nuestros sentimientos, retrocederíamos
aterrados ante esos actos inhumanos. Ruego
que se me permita discrepar
por completo de esta opinión. Creo que
nuestro cerebro caliente, lleno de poder,
esclaviza al frío, que ingenia muy sumiso
proyectos y armas con que alcanzar sus
fines. Koestler
da por sentado que las “emociones del
caliente serian amistosas y cooperativas si
se hallase exento del dominio cortical”. La
solución,
si es que la hay, seria solo modificar las
exigencias del cerebro caliente orientándolas
en dirección mas pacifica y comunitaria .
El hecho de que la destrucción de la glándula
pineal, situada en el cerebro medio, prive a
los animales de la agresividad, da cierto
motivo para suponer que esa modificación
resulta posible. La
agresión tiene base química. Tal
vez se logre la respuesta gracias al mejor
conocimiento de la alquimia cerebral.
He
presentado el cerebro como si poseyera dos
únicos niveles, pero el neurólogo
estadounidense Paul McLean le asigna tres, a
los que da los pintorescos nombres de Imagen
Grabada, Leteo y Gurú: el primero concierne
al pasado, el segundo al presente y el
tercero al futuro. Sin embargo, piensa en términos
evolutivos mas que estructurales. Hay
al principio el cerebro de reptil, que obra
por instinto, de acuerdo con la sabiduría
acumulada de lo pretérito; luego el cerebro
sencillo de mamífero, que reacciona a las
situaciones presentes; y, finalmente, el
cerebro humano, capaz de planear lo
venidero, esta concepción es muy plausible,
pues nuestra corteza se ocupa no sólo del
análisis cuidadoso de lo que acontece, sino
también de las esperanzas y probabilidades.
Ha
llegado el instante de acercarnos más al
“cerebro caliente”, núcleo de
nuestro ser. El investigador J.W.Papez
conquistó puesto eterno en la historia de
la neurología cuando tuvo la aguda
ocurrencia de que las distintas estructuras,
de extraña configuración, existen debajo
del tejido cerebral, forman un conjunto
coordinado al que
lo llamó “sistema límbico”.
Nada se pudo averiguar sobre ellas hasta que
se desarrollaron técnicas de registro eléctrico
y de penetración con agujas finísimas. Y
bien que continúen siendo en buena parte
misteriosas, ciertos rasgos generales de sus
funciones principian a salir de las
tinieblas.
EL
PLACER CIEGA CON LAGRIMAS
ESTADOS
INUSUALES DE CONCIENCIA
Se
ha reconocido, desde que aquel ser humano se
convirtió en especie concreta, la
existencia de estos anormales o inusitados
estados de conciencia. El sueño, la pérdida
de sentido, las fases de confusión y la
demencia se apartan de lo normal, de lo que
todos tenemos cierto conocimiento. El
trance, la posesión y la hipnosis se
reconocen como poco comunes, a pesar de que
muchísimas personas no lo han presenciado
personalmente. Y es bien sabido que las
drogas alteran la conducta y la experiencia
subjetiva de bastantes formas y en grados
variables. La diferencia estriba en que
todos esos estados -salvo, quizás, el sueño-
se han considerando anómalos y, por lo
general, indeseables. Cierto,
el trance de los médiums y la posesión
religiosa son la meta de algunos individuos
que tienen fines especiales, aunque poquísimos
ansían permanecer en ellos durante mucho
tiempo.
MEDITEMOS
TODOS
El
autor anónimo de The Cloud of Unknowing (La
nube de la ignorancia), tratado místico del
siglo XIV, da las instrucciones siguientes
para producir el trance religioso: “olvida
todas las criaturas que Dios hizo y sus
obras, con el fin de que tu pensamiento o tu
deseo no se dirija o extienda a ellas, ni en
general ni en particular.... La primera vez
que lo hagas, no encontrarás más que
oscuridad, como si fuera una ignorancia, de
la que no sabes nada, salvo que sientas en
tu voluntad un propósito desnudo de ir
hacia Dios... . Hiere tú la espesa nube de
la ignorancia con el dardo afilado del
amor.”
En
el lenguaje de la psicología moderna:
sofoca todas las funciones cognoscitivas y
afectivas. Y,
en efecto, los estudios psicológicos
efectuados recientemente sobre el estado de
meditación prueban un decrecimiento de los
sistemas excitante u autónomo. El ritmo del
corazón y la respiración decrecen; la
resistencia de la piel disminuye. La
frecuencia respiratoria se significa por la
sincronización corriente cuando suceden muy
pocas cosas; pero, al cabo de un rato, se
producen estallidos del ritmo theta, cuyo
significado no se comprende bien. Es de
presumir que se trata del instante en que la
oscura nube de la ignorancia se transforma
en experiencia mística.
La
meditación de los místicos orientales
tiene sorprendente parecido con el estado
que acabo de describir, pero carece del
“propósito desnudo de ir a hacia Dios”,
al menos hacia una deidad personalizada y
específica del tipo cristiano.
Suzuki,
maestro del budismo zen, describe “la
experiencia del vacío” de modo no muy
distinto a la “nube de la ignorancia”.
“Todas las cosas tienen carácter de
vaciedad. Carecen de principio y de fin, son
impecables e impuras, ni perfectas ni
imperfectas. Por consiguiente, oh Sanputra,
en esta vaciedad no hay forma, percepción,
nombre, conceptos o conocimiento. No hay
ojo, oído, nariz, lengua, cuerpo o mente.
No hay forma, sonido, olor, sabor, tacto ni
objetos... . No hay conocimiento, ignorancia
o destrucción de la ignorancia... No hay ni
decadencia ni muerte”. Y concluye con una
afirmación tajante: “Cuando
se aniquilan los obstáculos de la
conciencia, queda libre de todo miedo, se
encuentra más allá de la esfera del
cambio, y disfruta del nirvana
definitivo.” Se convierte, en suma, en
un vegetal.
VUELTA
AL PRINCIPIO
ESTADOS
INUSUALES DE CONCIENCIA
evolución
en el sentido de la complejidad. Con
ello hubo una transferencia de las
actividades reflejas e instintivas a las
proyectadas y conscientemente dominadas. El
pájaro construye su nido según el modelo
común a todos los miembros de su especie,
pero el hombre traza el plano de su casa y
la edifica para satisfacer sus caprichos
personales. Hay, no obstante, una teoría
contraria, que vislumbró apenas Hughlings
Jackson en tiempos de Darwin, desarrollaron
Freud y otros, y reformuló con detalle
(como mencioné por encima en el capítulo
3) Paul
McLean en el decenio de 1960, conforme a
la cual el cerebro se desarrolló en cuatro
fases distintas.
Como
McLean
explica, en
la primera, la de los reptiles, no han
aparecido aún las emociones tal como las
conocemos; solo hay impulsos sencillos para
satisfacer las necesidades inmediatas. Desde
el punto de vista del conocimiento, no
existe comprensión del pasado y el futuro;
todo se hace sobre la base del “aquí y
ahora”. La conducta resulta precipitada y
mudable. (Existen otros rasgos de los que no
es preciso tratar en este momento). La fase
segunda, la del cerebro del paleomamífero,
abarca la mayor parte de los sistemas
subcorticales mencionados antes. La cólera
y el miedo emergen como emociones. La
percepción tiene cualidad de ensoñación.
El comportamiento ya no se rige férreamente
por el instinto y las respuestas son menos
automáticas e inmediatas. La fase
tercera, la del cerebro de los neomamíferos,
se funda en la corteza cerebral. El mundo
externo se analiza de modo mucho más
detallado, las acciones son más
complicadas, y las acciones se proyectan de
una manera cada vez más amplia. Por último,
en la cuarta
fase, un hemisferio se especializa en
los símbolos, sobre todo el lenguaje y el
habla. Desde luego, estas cuatro etapas no
se reemplazan una a otra en un pestañeo,
sino que son los períodos en que se produce
el desarrollo. Además, las
estructuras anteriores persisten; pero
hay una transferencia de funciones de las más
antiguas a las nuevas, o, al menos, se
supone de esta manera. Así se advierte con
claridad en el caso de la visión, de la
cual se cuida el tálamo en la fase segunda
y se cede a la corteza visual en la tercera.
Helen,
el mono de Nick Humphrey, probó la
recuperación de la visión talámica cuando
la cortical resultó imposible, y, por
consiguiente, que
las estructuras más primitivas retienen la
capacidad funcional o potencial, aun cuando
hayan sido relegadas. Probablemente
modifican sus funciones al ser superadas y
permanecen en estrecha relación de
funcionamiento con las más nuevas. No
estriba, pues, tanto en una sustitución
como en la adición de refinamientos y una
especialización más pormenorizada de las
subestructuras. Este proceso se inició
cuando
criaturas rudimentarias como el
anfioxo o pez lanceta -animal marino
semejante a un gusano en forma de aguja, con
los dos extremos iguales-, se transformaron
en otras dotadas de cabeza con ganglios
nerviosos.
El constante traslado de las funciones de
control hacia un cabo del cuerpo, o encefalización,
persistió durante la historia evolutiva, y
la diferenciación de las nuevas estructuras
cerebrales representa, sencillamente, su último
capítulo.
Estos
hechos nos preocupan el fondo requerido para
contestar de manera más precisa esta
pregunta: ¿Donde
se localiza la conciencia?. La
respuesta es:
la conciencia no consiste algo
preciso, sino en una gradación, que se
distribuye a través de estructuras
niveladas. Y cuando se anulan sus espacios más
altos, con drogas, lesiones o autoinhibición,
los más bajos continúan siendo
funcionales.
Aquí
precisamente la historia se hace aún más
interesante. En el desarrollo del individuo
(ontogenia) se encuentran los mismos
estadios que en el evolutivo de las especies
(filogenia). Ernst
Haeckel,
biólogo
del siglo XIX, partidario entusiasta de
las ideas de Darwin, declaró
que la filogenia repasa la ontogenia:
que todas las criaturas recapitulan su
historia evolutiva. Esto, que fue una
simplificación exagerada, encierra un núcleo
de verdad. Es algo muy extraño. Implica,
por decirlo así, la existencia de una crónica
racial en (presumiblemente) los genes. Y no
sólo una memoria, sino una necesidad férrea
que, por ejemplo, causa que todos los
hombres tengamos branquias rudimentarias en
un período
de la vida embrionaria, como si en él
esperásemos convertirnos en peces.
Aplicando
esta noción al desarrollo del cerebro, podríamos
suponer que el ser humano en formación
exhibirá por lo menos algunos paralelos con
las etapas primitivas de la aparición de la
conciencia en la fase cuarta. Y así
acontece. El nene carece de noción del
pasado y el futuro, mama y se ase por
instinto, apenas establece distinción entre
él y el medio ambiente, etc.. “La
presentación límbica” refleja la fase
segunda: aunque más perceptiva del yo con
el bebé, apenas proyecta y concede poca
atención al pasado. Y hace pocas
abstracciones, aunque la corteza cerebral le
presente con detalles precisos el mundo
exterior. Muchas personas se acuerdan de que
en su infancia, los colores eran más vivos,
las experiencias más intensas y
emocionantes y la fantasía más rica, no
porque, como a veces se dice, el mundo fuese
entonces nuevo, sino, porque el
futuro de la vida estaba en el sistema límbico
más que en la corteza.
Y
ahora podemos introducir
otra idea germinal: la de la regresión.
Freud y los psicoanalistas que le siguieron
han explotado el principio de regresión a
tipos infantiles de conducta, e incluso a un
estado semejante al uterino, como respuesta
a la tensión. Se ha notado con frecuencia
que los individuos se portan de manera más
primitiva en situaciones críticas. La
multitud espantada corre sin reflexionar
en busca de salvación. O expresa su miedo
y odio en linchamientos, sin medir las
consecuencias. Hoy
en día se ha comprobado que la idea, más
bien imprecisa, de Freud - mera descripción
de la conducta- tiene sólida base
neurofisiológica, incluso puede
demostrarse: este género de comportamiento
primitivo persiste incluso en los contados
casos en que se han eliminado a
un hombre los dos hemisferios
cerebrales. Y muchos aspectos de la conducta
esquizofrénica se explican en estos términos.
En
el experimento de Deikman sobre la
meditación, que se ha descrito unas
cuantas páginas más atrás, vemos cómo la
regresión sucede a la segunda fase; los
colores se abrillantan y un sujeto no logra
analizar lo visto por la ventana, lo que
interpreto como la interrupción de la visión
cortical mediata en favor de la talámica.
Dijo más bien incoherentemente: “ No sé
como explicarlo. Está esparcido ... La
vista no se organizó. No había planos uno
detrás de otro. No había respuesta a
ciertos modelos. Todo actuaba con la misma
intensidad ... como la pintura mala ... No
vi su orden o su estructura o lo que fuere,
y no logré imponerla. Se resistió a mi
esfuerzo por establecer un patrón”.
Terminaré
este capitulo con una pregunta que no sé
contestar. La
experiencia mística que nos proponen todas
las religiosas del Extremo Oriente - el
cristianismo siempre ha sido
ambivalente en este sentido-,
supone un rechazo del gran proceso de
encefalización al que la evolución se ha
consagrado. Exige la regresión al punto de
partida ¿Es, por lo tanto, toda la
evolución de un movimiento que se aleja de
la perfección ? ¿Están equivocada nuestra
ambición de más inteligencia, percepción
más delicada y conocimiento más agudo? ¿O
lo erróneo es la regresión? ¿El estado místico
o nirvana reniega de cuanto ha conseguido la
evolución en dos mil millones de años? ¿O
podemos tener lo mejor de ambos mundos?
CONCLUSION
YO
SOY YO
El
concepto de regresión en esta escala nos
ayuda a comprender la conducta de las
multitudes. La influencia del canto y la
oratoria emocionante suprime la función
cortical, y los individuos
retroceden a un nivel representativo límbico,
en el que los miedos y apetitos descarnados
se transforman en motivos dominantes y las
consecuencias se pierden de vista. Esto
ocurre en un linchamiento o en una de las
reuniones multitudinarias de los nazis.
Asimismo, desde luego, en las
tendencias religiosas del “despertar”, a
pesar de que en ellos los motivos éticos
sean superiores.
Al
nivel límbico, puesto que se debilitan los
límites del ego, se fortalece el
sentimiento de solidaridad del grupo. El
antropólogo Lévy-Bruhl opinaba que muchos
pueblos preliterarios tiene indecisos los límites
del ego y, por ello, se identifican con su
clan con más fuerza que los más cultos. La
gente, entonces - puede presumirse - no ha
avanzado más allá de las fases límbicas
del desarrollo.
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