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Relaciones
y Soledades
Schnitzler
-
25.09.2000
-
"Tal
vez podamos imaginarnos el desarrollo de una
enfermedad infecciosa en el cuerpo humano
como la historia de una especie de
microbios, con su origen, su apogeo y su
decadencia.
Una
historia semejante a la de la especie
humana, en unas proporciones seguramente
diferentes, pero idénticas desde el punto
de vista de la idea. Este tipo de especies
microbianas vive en la sangre, en la linfa,
en los tejidos de un individuo humano. Este
hombre, victima de una enfermedad desde
nuestro punto de vista, es su paisaje, su
mundo. Y para estos minúsculos individuos,
intentar inconsciente e involuntariamente
destruir ese mundo que es el suyo, y muchas
veces destruirlo realmente, es la condición,
la necesidad, el sentido de su existencia.
(Quién sabe si los diferentes individuos de
esta especie microbiana no están, al igual
que los individuos humanos, dotados de
talentos y de voluntades muy diferentes, y
si no existen también entre ellos unos
microbios vulgares y unos genios?)
No
podríamos en tal caso imaginar que la
humanidad sea también una enfermedad para
algún organismo superior que no alcanzamos
entender como un todo y en el que ella
encuentra la condición, la necesidad y el
sentido de su existencia, intentando
destruir ese organismo y obligada a
destruirlo a medida que se desarrolla,
exactamente igual como la especie microbiana
aspira a destruir al individuo humano
'victima de una enfermedad'? Y no podríamos
continuar nuestra reflexión y preguntarnos
si no será tal vez la misión de cualquier
comunidad viva, sea la especie microbiana o
la humanidad, destruir poco a poco el mundo
que la supera, sea un individuo humano o un
universo?
Aunque
esta suposición se acercara a la verdad,
nuestra imaginación no sabría que hacer
con ella, pues nuestra mente solo es capaz
de entender el movimiento descendente, jamás
el movimiento ascendente. Solo poseemos un
saber respecto a lo que es inferior,
mientras que en el caso de lo superior
permanecemos en la fase del presentimiento.
En tal sentido, quizá podamos interpretar
la historia de la humanidad como un eterno
combate contra lo divino, que, a pesar de su
resistencia, poco a poco y por necesidad, es
destruido por lo humano. Y siguiendo este
esquema de pensamiento, tal vez podamos
suponer que el elemento que nos supera y nos
parece divino o es presentido como tal es
superado a su vez por otro que le es
superior, y así sucesivamente hasta el
infinito"
(Sacado
del libro La transparencia del mal de Jean
Baudrillard).
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