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Comunidad
Una
escuela con observatorio propio
La
Nación (Diciembre 28,
2000)
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01.01.2001
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Original
experiencia científica en Tres Arroyos:
montan un complejo astronómico móvil:
Sus
docentes y alumnos estudian los cultivos que
crecen en agua con los que experimenta la
NASA
LA
PLATA.- Los docentes de una escuela agraria
de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires,
decidieron construir su propio complejo
astronómico móvil. Para recibir
asesoramiento sobre el uso y la puesta en
funcionamiento de los equipos, viajaron a la
NASA, y allí descubrieron que en los
laboratorios de Cabo Cañaveral, Estados
Unidos, se estudian formas de cultivo en el
espacio -una técnica denominada hidroponia-
que en la escuela practican hace una década.
Tiempo
atrás, los profesores de la Escuela
Agropecuaria de Tres Arroyos (EATA),
dependiente de la Dirección de Educación y
Cultura bonaerense, comenzaron a interesarse
por el cosmos, siguiendo la afición del
jefe del Departamento de Ciencias Naturales,
Fernando Desperés, que logró entusiasmar a
profesores y alumnos. Primero con el armado
de relojes de sol, después con la fabricación
casera de telescopios.
Por
aquel entonces, nadie sospechaba que la
astronomía daría a la escuela un sello
distintivo. "Buscábamos algo para
interesar a los chicos", reconoce hoy
el director de este establecimiento, Luis
Patricio Ferrario.
Ideas
innovadoras
Lo
cierto es que en 1999 esta escuela obtuvo el
primer premio del concurso Ideas Innovadoras
para la Educación Polimodal, organizado por
las fundaciones YPF y Antorchas, por su
proyecto para construir un complejo astronómico
móvil.
La
distinción incluía una recompensa
monetaria para financiar el emprendimiento.
Así, se adquirió tecnología de punta en
Estados Unidos y Japón, mientras que la
base del planetario, su cúpula y los
accesorios fueron diseñados y construidos
por docentes y alumnos en el taller que
posee el establecimiento.
El
complejo, que demandó un trabajo de ocho
meses, consta de un planetario (con un
mecanismo donde se representa el sistema
solar) con capacidad para 25 personas y un
observatorio de última generación para
estudiar el cielo y sus cuerpos.
Como
si esto fuera poco, el planetario tiene una
característica especial e importante: es móvil,
lo cual permite su traslado a diferentes
puntos de la provincia.
Su
armado, según explicaron los propios
constructores, demanda ocho horas de trabajo
y permite acercar los secretos del espacio a
cualquier estudiante bonaerense.
El
fin de semana pasado, por ejemplo, fue
instalado en el anfiteatro del paseo del
Bosque de La Plata, donde puede ser
visitado.
En
septiembre último el director Ferrario y
los docentes Desperés y Sergio Sánchez,
jefe del taller, viajaron al Centro Espacial
Kennedy de la NASA para recibir
asesoramiento sobre el uso de los equipos.
Intercambio
Sus
expectativas se vieron desbordadas, ya que,
al recorrer los distintos centros de
investigación y desarrollo junto al científico
Thomas Dreschell, se enteraron de que los
científicos norteamericanos estudian la
forma de cultivar vegetales en el espacio
mediante un proceso llamado hidroponia, que
en la escuela se desarrolla desde hace poco
más de diez años.
"Nos
pareció algo increíble, porque nosotros
desarrollamos esa técnica desde hace tiempo
y, pese a que llegamos como visitantes,
terminamos intercambiando conocimientos como
invitados especiales", cuenta Ferrario
a La Nación.
El
director se emociona cuando recuerda que en
los Estados Unidos los técnicos de la NASA
los invitaron especialmente a ver el
lanzamiento al espacio de una misión del
transbordador espacial.
Cultivos
espaciales
La
hidroponia consiste en el cultivo de
semillas en una solución líquida a la que
se agregan nutrientes diluidos prescindiendo
de la tierra como agente alimenticio y
sostenedor de las plantas.
Esta
técnica permite una gran concentración de
producción en espacios reducidos. Ferrario
da un ejemplo: "Nuestro galpón, de 36
metros cuadrados cubiertos, rinde lo mismo
que 20 hectáreas de producción
normal".
Los
docentes, que regresaron con material didáctico
para profundizar su proyecto educativo,
también trajeron semillas de vegetales que
viajaron al espacio exterior en una de las
misiones del transbordador Atlantis y fueron
sometidas a microgravedades.
Ahora,
esas mismas semillas (la mayoría de una
variedad de tomates) no sólo serán
estudiadas y analizadas por los alumnos de
la escuela de Tres Arroyos, sino que también
serán multiplicadas.
Pero
la EATA no deja de sorprender. Hace unos días,
la escuela recibió a un auditor proveniente
de Holanda que fiscalizó el cumplimiento de
las normas ISO 9001, que califican la alta
calidad educativa.
Si
el informe del supervisor es favorable, el
establecimiento de Tres Arroyos podría
transformarse, en breve, en el primero del
país que cumple con estos requisitos de
excelencia.
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