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Salud
Promover
la salud anímica para dar sentido a la vida
La
Nación, por Miguel Espeche
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23.10.2000
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Acostumbrados
como estamos a tratar de no enfermarnos, es
habitual que olvidemos cómo acrecentar y
fortalecer nuestra salud. Puede parecer
paradójico, pero no siempre luchar contra
lo malo significa promover lo bueno que
tenemos y deseamos acrecentar. Los chinos ya
lo sabían: en el I Ching, el Libro de las
Mutaciones, de más de 5000 años de antigüedad,
se dice que "la mejor manera de luchar
contra el mal es un enérgico progreso en el
sentido del bien". No alcanza con
evitar lo malo; es necesario promover lo
bueno para que la vida valga la pena de ser
vivida.
Con
estas ideas y valores, se está extendiendo
el concepto de promoción de la salud, que
involucra varias áreas de labor, entre
ellas, la salud mental. El 14 de este mes se
realizó la Segunda Jornada de Promoción de
la Salud Mental, convocada por la Dirección
de Salud Mental de la Ciudad de Buenos
Aires, en la que se discutió este concepto.
Es notable que cualquier informe sobre la
salud de la población termina casi siempre
siendo un informe sobre la enfermedad,
circunscripto a un listado de amenazas a la
salud y las formas de erradicarlas o
prevenirlas. El abordaje a lo saludable no
profundiza en el significado que tiene para
la población su propia salud, incluso la
mental.
En
este terreno, es el despliegue responsable
de los propios potenciales lo que permite la
vida anímica saludable. Esto significa que
en las situaciones difíciles y dolorosas
también puede existir salud mental.
Imposibles de soslayar, implican un
crecimiento y fortalecimiento para aquellos
que encuentran los recursos internos y
externos para atravesarlas. Son vividas en
salud, más allá de las penas que
signifiquen.
Lista
de intereses
A
la gente le interesa saber cómo vivir sus
afectos, algo que muchas veces se ve
dificultado por los sistemas de vida
automatizados, centrados en la producción
económica. Si de salud se trata, la lista
de intereses - y no de carencias - es
infinita: el encuentro destinado a compartir
con otros situaciones comunes, la procura de
sistemas comunitarios para enfrentar el
miedo y la desesperanza, los avatares
laborales, las circunstancias vocacionales,
la relación con los hijos, la relación con
lo espiritual, los vínculos con los yernos
y nueras que invaden o no el ámbito
familiar, las penas de amor... En los
hechos, podría decirse que lo que más
enferma anímicamente es la abundancia que
no puede compartirse y recrearse en una vida
afectiva significativa.
Es
difícil en estos tiempos de obsesivo
economicismo imaginar un Ministerio de la
Felicidad, con una Subsecretaría de
Generación de Afectos, una Dirección
Nacional de la Silla en la Vereda (que tenga
como fin propiciar la conversación
saludable entre vecinos) o un Departamento
de Estimulación del Humor, además de
subsecretarías que contemplaran la ayuda
ante el dolor y las crisis.
El
delirio tiene sentido si sirve para
encontrar nuevas formas de pensar algunos
temas, que no se agoten en el hecho de
combatir los males y que, en cambio, se
acerquen a la posibilidad de promover el
bien en el terreno de lo anímico.
Dar
y recibir
Para
fortalecer esta idea, cabe recordar que no
pocos estudiosos de teología afirman:
"El mal es ausencia de bien; no tiene
sustancia propia". Como la oscuridad,
que se define por ausencia de luz, la
patología anímica crece cuando no se
encuentra luz y no se acrecienta y
profundiza en las instancias saludables que
habitan en toda población, las que merecen
ser promovidas para mejorar la calidad de
vida.
Vista
de este modo, la promoción de la salud
mental es una manera de organizar y
potenciar aquello que toda población tiene
o ha tenido: la capacidad de desplegar sus
intereses ypotencialidades, y de
compartirlos en un terreno de recíproco
enriquecimiento y sostén, más allá de las
circunstancias.
Para
esto, no es necesario dar a los que no
tienen, ya que no hay quien no tenga nada en
el terreno anímico. Dar y recibir, en ese
contexto, parecen un mismo acto. Cuando
alguien descubre que no está vacío y que
su vida tiene sentido, llega al punto
inicial de su propia salud. Promover esa
posibilidad es una tarea que ofrece más que
lo que pide, y abre nuevas y ricas
posibilidades en el campo de la salud
mental.
El
autor es coordinador general del Programa de
Salud Mental Barrial del hospital Pirovano.
"Gracias
al equipo del Pirovano por su permanente
compromiso con la realidad".
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