El lenguaje de los gestos

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Autor: Flora Davis

Nuestra individualidad queda marcada por los compuestos químicos que dejamos en nuestras huellas en forma tan particular e infalible como los antígenos de membrana detectables en los injertos de tejido homólogos.

El problema de la sensación olfatoria comparte algunas de las incógnitas y confusiones de la inmunología actual, aparte del trabajo de diferenciar el yo del no-yo.

Las teorías para explicar el olfato son tan numerosas y complejas como las de la inmunología. Parece probable que la configuración de la molécula olida sea el factor más importante.

Podría haber olores que exciten los receptores de nuestro epitelio olfatorio sin que nosotros percibamos el aroma, incluyendo señales que se intercambien involuntariamente entre los hombres. Wiener ha propuesto, sobre bases intuitivas, que los defectos y malas interpretaciones de este sistema de comunicaciones pueden ser un territorio virgen para la psiquiatría.

La comunicación de diferentes seres por medio de los receptores olfatorios es crucial para el establecimiento de relaciones simbióticas.

El sistema es evidentemente antiguo, antedatando por mucho la percepción inmunológica de formas de vida iguales o distintas por medio de los  anticuerpos, de la cual dependemos ahora tan fuertemente para mantener nuestra individualidad. Se ha sabido recientemente que los genes que marcan el yo por medio de los antígenos celulares están íntimamente relacionados con aquellos responsables por las respuestas inmunológicas a través de la formación de anticuerpos. Es posible que la invención de los anticuerpos derive de mecanismos anteriores necesarios para la simbiosis y quizá destinados, aunque sea parcialmente, a mantener esta bajo control.

…Si los seres humanos tuvieran el olfato tan sensible como las ratas, estarían permanentemente sujetos  al conjunto de variaciones emocionales de las personas que lo rodean. La identidad de cualquiera que visita una casa y las connotaciones emocionales de todo lo que en ella ocurre, serian conocidas públicamente mientras persistiera el olor. Podríamos oler el disgusto de las otras personas. Los psicópatas terminarían por volvernos locos a todos, y los ansiosos nos harían mas ansiosos aun. Lo menos que podemos decir, es que la vida seria mucho mas intensa y complicada. Tendríamos menos control consciente, puesto que los centros olfativos del cerebro son más antiguos y mas primitivos que los de la vista.

Recientemente, algunos científicos han afirmado que los seres humanos pueden estar, quizás sin saberlo, en la categoría descripta por el profesor Hall. El doctor Harry Wiener, un físico que trabaja en el laboratorio Pfizer en Nueva York, ha enunciado una teoría fascinante y ciertamente asombrosa: los hombres perciben olores mas allá de aquellos olores que tienen conciencia de percibir; es decir, que existiría un sentido olfativo subconsciente.

“Olores” es quizás una palabra que se presta a falsas interpretaciones. Wiener se refiere a ellos como “mensajeros químicos externos” (MQE), que incluyen aminoácidos y hormonas esteroides; y no como sustancias en las que habitualmente detectamos un aroma, al menos en pequeñas cantidades excretadas por el cuerpo humano. Sin embargo, ellas son excretadas y pueden transmitirse por el aire y penetrar en el cuerpo de otras personas a través de la nariz.

Los MQE, llamados feromonas, son muy importantes en los animales. La palabra feromonasse comenzó a utilizar hace aproximadamente diez años para describir los olores que emanan los insectos para atraerse sexualmente; en nuestros días se sabe que casi todos los animales los excretan y que afectan el comportamiento de otros miembros de la misma especie. Son especialmente importantes en todo lo relacionado con el sexo, como lo demostraron experimentos realizados con ratones. Si se confinan treinta ratas, durante el ciclo estrógeno de cada una o el ciclo en que entran en celo, se produce una situación caótica. Si se agrega solamente un ratón macho, todos los ciclos estrógenos vuelven a la normalidad, excepto que ahora funcionan en sincronía. Si se expone a una hembra preñada, tan solo durante un cuarto de hora diario a la compañía de un macho que no sea el que la preñó, cesará su embarazo. La preñez también puede ser detenida si se coloca a la hembra en una jaula vacía que ha sido ocupada anteriormente por un macho, lo que prueba que el aroma que este excreta es crucial. Otra prueba adicional consiste en destruir el lóbulo olfativo del cerebro de una hembra, lo que la inmuniza a este tipo de bloqueo del embarazo.

Por supuesto, es peligroso generalizar entre hombres y animales, pero los científicos han sido sorprendidos por un hecho bastante llamativo descubierto por la doctora Martha McClintock de la Universidad de Harvard, al estudiar los ciclos menstruales de las estudiantes que residían en el campus. Descubrió que los ciclos de las que eran muy amigas estaban sincronizados como entre las ratas. Y de ninguna manera se trataba solo de un poder de sugestión o de hábitos de vida similares, sino que la proximidad física parecía ser la clave de ello. En otras palabras, se producía la misma clase de transmisión química que había sido observada entre los ratones.

Parece suficientemente claro que el hombre emite MQE, pero generalmente se da por sentado que solamente los perros y otros animales de olfato agudo pueden reconocerlos . La mayoría de la gente sabe que los perros son capaces de detectar el temor, el odio o la amistad del hombre y que también pueden seguir el rastro de una persona si se les proporciona el olor de esta mediante una prenda que le pertenezca, lo que indica que cada ser humano posee una especie de firma olfativa.

Un vistazo a la anatomía del hombre nos proporciona una evidencia adicional del sistema de emisión del MQE. Como resume Wiener: “el hecho es que nuestra piel contiene una profusión de glándulas odoríferas que rivalizan con las de otros animales… Cubren nuestro cuerpo de la cabeza a los pies; su estructura es extremadamente compleja y existen tantos tipos individuales que ha sido imposible registrar una clasificación anatómica completa.”…

A pesar de que los MQE se excretan en la orina, las heces, la saliva, las lagrimas y el aliento, Wiener cree que el grueso de ellos esta contenido en la transpiración, ya que esta es notoriamente responsable de la tensión emocional y de esta manera, proporciona un excelente sistema de señales.

Wiener hace hincapié en la hipótesis de que los seres humanos emiten MQE; demostrar que nosotros también los recibimos es mas difícil. Se refiere a experimentos en los cuales ciertos individuos fueron expuestos a determinados productos químicos. A pesar de que el sujeto no percibía el olor, la reacción galvánica de su piel (GSR) descendió en cuestión de segundos y se notaron cambios menores en la presión sanguínea, la respiración y el ritmo cardiaco.

Hasta ahora nos hemos referido a la capacidad olfativa dentro de ciertos limites normales. Sin embargo, durante siglos han existido personas que tienen una habilidad excepcional -verdaderos prodigios- hombres y mujeres que pueden distinguir emociones mediante el olfato, que pueden decir donde ha estado un amigo o con quien, por el olor que lleva en la ropa o en la piel. Wiener sugiere que estas personas eran consideradas extraordinarias porque eran capaces de realizar conscientemente algo que todos hacemos en forma inconsciente.

La teoría de los MQE podría explicar por que en general las emociones, se contagian en las  multitudes. También sugiere una explicación para el hecho de que las mujeres parezcan tener aguzado el sentido del olfato durante la ovulación: mediante esta agudeza extra están mas aptas para captar los mensajes químicos externos (MQE) del hombre. Wiener cree también que los MQE pueden explicar algunos tipos de esquizofrenia. Es muy poco lo que se sabe acerca de las causas de esta enfermedad, pero algunos especialistas han indicado que con frecuencia entraña irregularidades de la percepción, como ser experiencias visuales sobrenaturales y algunas veces, un exagerado sentido del olfato. Es bien sabido que los esquizofrénicos, a no ser que estén completamente alejados de la realidad, tienen una forma precisa y alarmante de percibir las emociones secretas de los que los rodean. También se ha señalado en repetidas oportunidades que los esquizofrénicos poseen un olor especial alrededor de ellos.

La teoría de la esquizofrenia de Wiener es muy compleja para explicarla aquí en detalle,; pero una de sus principales sugerencias es que algunos (no todos) de los pacientes esquizofrénicos no solamente emiten MQE anormales sino que perciben de manera consciente los MQE de otras personas. Wiener cree que si realmente existe una comunicación química entre los seres humanos, los esquizofrénicos son conscientes de su efecto.

…Wiener hace notar que los MQE son simplemente un canal de comunicación y por lo general un canal menor comparado con la vista y el oído. Su teoría, como el mismo dice, es hasta ahora tan solo una teoría, No obstante el “New York State Journal of Medicine” la ha tomado bastante en serio como para publicar tres largos artículos describiéndola. Varias revistas científicas también se han ocupado de ella, comentándola favorablemente y en la actualidad, otros científicos comienzan a interesarse en algunos de los fenómenos similares.

A pesar de que la evidencia del subconsciente olfativo es hasta el presente bastante incompleta, abre una posibilidad fascinante. No hay duda de que la mayoría de nosotros le  restamos importancia al significado del sentido del olfato, tal vez porque en cierto modo le tememos.

Autor: Flora Davis