Construir una cancha de fútbol o una plaza en un barrio, promover una campaña de escritura y lectura en una escuela y armar un programa ambiental, son ejemplos que pueden transformarse en proyectos sociales comunitarios.
Como toda intervención social, llevar adelante este tipo de acciones implica desarrollar cierta mirada e incorporar algunas herramientas.
En esta nota te contamos qué tener en cuenta para una gestión estratégica de proyectos sociales orientados al desarrollo sostenible.
¿Qué son los proyectos sociales comunitarios?
Los proyectos sociales comunitarios son aquellos que surgen para mejorar las condiciones de vida de un grupo de individuos, de la sociedad y de su ambiente.
Esto es consecuencia de una situación problemática que se ubica en el foco de atención de los mismos actores involucrados, otros interesados y/o el Estado.
A diferencia de los proyectos privados, de inversión o de negocios, que persiguen fundamentalmente un beneficio económico, los proyectos sociales buscan el bienestar general, es decir, crear valor social.
¿Qué es un valor social?
Es todo aquello que mejora, perfecciona y completa la condición del ser humano en su sentido más amplio y complejo, buscando la libertad, la felicidad, la justicia, el amor, la paz, el respeto, la cooperación, la transparencia, el conocimiento, la responsabilidad, el trabajo.
Por lo tanto, cuando hablamos de proyectos sociales comunitarios necesitamos comprender que se insertan en procesos de transformación social e implican una intencionalidad política, con consecuencias en el fortalecimiento y la calidad de vida de individuos y de grupos.
Ahora, si esa transformación la abordamos siguiendo los principios del desarrollo sostenible, podremos aportar una mirada más integral y holística a la búsqueda de soluciones.
¿Qué implica pensar proyectos sociales orientados al desarrollo sostenible?
Supone un enfoque que propone abordar desafíos sociales y promover el bienestar de las personas y las comunidades, integrando tres dimensiones clave: la dimensión social, la dimensión económica y la dimensión ambiental. Esta mirada es transversal a todo el proceso, es una mirada que guía el diseño, la ejecución y la evaluación del proyecto.
Supongamos que hay un interés genuino que nos moviliza a hacer algo por los demás o por alguna causa, puede ser desde nuestro espacio laboral, profesional, de militancia política o activismo, que tenemos la decisión de emprender un proyecto social.
¿Qué herramientas necesitamos para llevarlo adelante? ¿Qué implica gestionar un proyecto? ¿Y hacerlo de manera estratégica?
La gestión de proyectos sociales comunitarios
La gestión estratégica de proyectos es el arte de planificar, organizar y coordinar de manera efectiva todas las etapas y recursos necesarios para abordar y resolver, en este caso, problemas sociales.
Una gestión estratégica va más allá de la simple ejecución de tareas, supone tomar decisiones desde la responsabilidad y la constante reflexión ética basadas en una comprensión profunda de las dinámicas sociales, culturales, políticas y ambientales.
Al mismo tiempo, se adapta constantemente para lograr resultados significativos y transformadores en beneficio de las personas y las comunidades involucradas.

Conoce cuáles son los cinco desafíos para gestionar proyectos sociales comunitarios orientados al desarrollo sostenible de una manera estratégica.
1) Comprender el contexto y definir el problema
Para comprender el contexto es necesario un análisis situado, es decir, conocer la realidad social, económica, cultural y política de la comunidad o el entorno en el que se desarrollará el proyecto.
Comprender el contexto es también entender que las comunidades son dinámicas, es decir, que se transforman permanentemente y, por otro lado, que no están exentas de tensiones y conflictos. Poco conocimiento del contexto o preconceptos pueden resultar en una propuesta equivocada.
Con este diagnóstico podremos definir el problema a trabajar. Lo importante es que cuando pensemos una intervención en el territorio, la problematización no parta de la solución, sino que se oriente a identificar y definir cuál es el problema que vamos a abordar.
Una definición clara y precisa del problema sienta una base sólida para desarrollar las estrategias y acciones de nuestro proyecto social.
2) Codiseñar soluciones
¿Cómo conseguir que las cosas sean efectivas y significativas? ¿Cómo adquieren sentido los proyectos?
Si queremos gestionar proyectos sostenibles donde la comunidad se apropie de la solución, necesitamos diseñar con los actores clave de un proyecto para que las personas sean protagonistas.
La participación real requiere la intervención de las personas destinatarias del proyecto para generar ideas, cocrear soluciones y tomar decisiones conjuntas.
3) Construir viabilidad política, económica y organizativa
El análisis de viabilidad es clave realizarlo al inicio del proceso, ya que nos permite identificar cuáles son esos puntos a mejorar o, en caso de que no haya viabilidad de algún tipo, poder construirla.
En este análisis podremos identificar las instituciones, organizaciones y recursos disponibles en la comunidad, esto incluye posibles aliados, socios locales y actores clave que puedan contribuir al proyecto.
¿Hay algún tipo de conflicto? ¿Con qué actores podemos vincularnos y generar alianzas?
Por su parte, construir viabilidad económica supone analizar si se cuenta con las fuentes de recursos necesarias para poner en marcha las acciones.
Y la viabilidad organizativa se pregunta si existe la estructura humana, roles, conocimientos y tecnologías, necesarios para llevar a cabo lo que nos proponemos.
Los proyectos sociales tienen ese gran desafío de aprender a lidiar con la complejidad social.
4) Evaluar y aprender
¿Por qué evaluar? ¿Qué evaluamos? La evaluación también es parte del proceso de todo proyecto social.
A través de diferentes técnicas de recolección, análisis e interpretación de información, podemos aprender del proceso, de los resultados y del impacto a través del tiempo; nos permite ajustar la acción presente y mejorar la acción futura.
Además, es una herramienta que nos sirve para garantizar la rendición de cuentas, la transparencia y la mejora continua.
5) Custodiar la sostenibilidad
Por último, si queremos que los proyectos sociales generen una transformación significativa, tenemos la responsabilidad de velar porque no se pierda el enfoque de desarrollo sostenible en las propuestas de intervención.
Esto supone tener siempre presente la búsqueda del equilibrio entre el impacto social, el económico y el ambiental.
Custodiar la sostenibilidad va permitir empoderar a la comunidad o grupo destinatario, fortalecer las capacidades locales y promover la participación ciudadana para que el acceso a oportunidades y derechos alcanzados a través del proyecto perduren y se amplíen.
Ejemplos de proyectos sociales comunitarios
Estos son 5 ejemplos de proyectos sociales comunitarios:
1. Huertos urbanos comunitarios
Los huertos urbanos comunitarios son proyectos que reúnen a miembros de una comunidad para cultivar alimentos de manera colectiva en áreas urbanas. Estos proyectos no solo promueven la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ambiental, sino que también fomentan el trabajo en equipo, la cohesión social y el intercambio de conocimientos sobre agricultura y nutrición.
2. Programas de alfabetización para adultos
Muchas comunidades enfrentan desafíos relacionados con el analfabetismo y la falta de habilidades básicas de lectura y escritura entre adultos. Los programas de alfabetización para adultos son proyectos sociales que buscan abordar esta problemática ofreciendo clases y recursos educativos gratuitos o a bajo costo.
Estos programas empoderan a los adultos para que puedan participar más plenamente en la sociedad, mejorar sus oportunidades laborales y acceder a una mejor calidad de vida.
3. Bancos de alimentos y comedores sociales
Los bancos de alimentos y comedores sociales son iniciativas que buscan combatir la inseguridad alimentaria proporcionando alimentos nutritivos a personas y familias necesitadas. Estos proyectos dependen en gran medida de donaciones de alimentos y voluntarios para su funcionamiento.
Además de proveer alimentos básicos, algunos bancos de alimentos también ofrecen programas de educación nutricional y apoyo emocional para ayudar a las personas a superar situaciones de crisis alimentaria.
4. Talleres de habilidades para el empleo
En muchas comunidades, el desempleo y la falta de habilidades laborales son desafíos significativos. Los talleres de habilidades para el empleo son proyectos sociales comunitarios que buscan abordar esta problemática ofreciendo capacitación gratuita o asequible en áreas como la búsqueda de empleo, la elaboración de currículums vitae, las habilidades de entrevista y el desarrollo de habilidades profesionales específicas. Estos talleres ayudan a mejorar las perspectivas de empleo de los participantes y a fortalecer la economía local.
5. Programas de reciclaje y gestión de residuos
Los programas de reciclaje y gestión de residuos son proyectos comunitarios que promueven la reducción, reutilización y reciclaje de materiales para minimizar el impacto ambiental y promover la sostenibilidad.
Estos proyectos pueden incluir la instalación de contenedores de reciclaje en áreas públicas, campañas de concienciación sobre la importancia del reciclaje y la organización de eventos de limpieza comunitaria. Al fomentar prácticas más responsables de manejo de residuos, estos programas contribuyen a la preservación del medio ambiente y al bienestar de la comunidad en general.
Estos ejemplos ilustran la diversidad de proyectos sociales comunitarios que pueden tener un impacto positivo en la vida de las personas y en el desarrollo de las comunidades locales. Desde la promoción de la salud y la educación hasta la protección del medio ambiente y la lucha contra la pobreza, estos proyectos demuestran el poder de la colaboración y la acción colectiva para generar cambios significativos a nivel local y más allá.
Ya conoces cuáles son los desafíos que implica la gestión estratégica de proyectos sociales comunitarios.
Fuente: Centro de e-Learning.
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