Lo monstruoso. Arte y pedagogía

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Lo monstruoso. Arte y pedagogía
Lic. Felicitas Graciela Merkier

Dos títulos de periódicos de los últimos meses llaman mi atención. Uno de ellos, una nota del Prof. José Pablo Feinman  El lado oscuro de la calle – refiriéndose al caso de la violación de una joven en un subterráneo de la ciudad de Buenos Aires  –  y el otro, un título en tapa : El lado oscuro –  refiriéndose al impacto que produce la revelación del desempeño de un integrante del gobierno actual, en la SIDE de la época de la dictadura.
Si bien son situaciones distintas cito estos ejemplos para disparar la idea de que lo que aparece en ambas es, por supuesto, la complejidad del ser humano. Habría, según palabras del Profesor Feinman, una conducta de violencia que se traduce muchas veces en tortura, donde se juega el poder y la impunidad. El horror y su posibilidad, dice, están en uno y en todos, y agrega que lo maravilloso de este paisaje de brumas es que, sabiéndolo, se puede caminar todavía por el lado soleado de la calle.

¿Cómo podemos desde la actividad pedagógica caminar por el lado soleado de la calle? ¿cómo hacemos para develar  el lado oscuro de los hechos humanos?, ¿cómo hacemos para sacar a la luz los monstruos que albergamos y al mismo tiempo tornar bello aquello que rechazamos? ¿cómo hacemos para que aquellos sentimientos que nos provocan repulsión, puedan ser expulsados fuera de nosotros?
Creo que le cabe al arte una intervención importante.

El lado oscuro de los hechos humanos genera en cada uno de nosotros sensaciones de rechazo, horror, asombro, extrañeza, incomodidad, fascinación. Si conversamos  con personas que concurren a muestras como Los monstruos de Antonio Berni, a través de preguntas y observación de la conducta de niños y adultos, percibimos que se sienten atraídos por los monstruos. Estudiamos entonces a partir de la dualidad atracción/rechazo. En la imagen Lucila, vemos cómo esta niña de 12 años se representa su propio monstruo integrando aspectos de  los distintos monstruos observados en la muestra.

Caben entonces algunas preguntas, desde lo estético: ¿qué es lo monstruoso hoy para nosotros?, ¿a qué llamamos monstruo?, ¿bajo qué condiciones lo monstruoso puede tornarse bello?,  ¿cómo se  percibe lo monstruoso, tiene que ver con las concepciones de cada época?, ¿por qué el artista  elige lo monstruoso para expresarse?

Si indagamos el concepto desde el punto de vista etimológico encontramos que:
Monstrum, del latín, deriva de : monere (advertir) y monstrare (mostrar), hay entonces una doble etimología (origen) y un doble significado simultáneo pues el monstruo es algo que se muestra o que se ve dada su forma excepcional (porque está en contra de la naturaleza) y al mismo tiempo es advertencia, señal de algo nefasto que está por suceder.

Si hacemos un recorrido histórico, el monstruo para antiguos y medievales se relaciona con la norma, con lo que llamamos normal,  por lo tanto lo monstruoso es todo aquello que se desvía de la norma, del orden natural. Aparece en distintas épocas relacionado con lo desvíado del orden natural como también con: lo extraño, lo imperfecto, lo grotesco, lo raro y otras veces, con el prodigio, el milagro, la maravilla, lo portentoso, lo fantástico.
El término es explicado en ciertos diccionarios como contrario al orden de la naturaleza, excesivamente grande o extraordinario en cualquier línea. Muy feo. Enormemente vituperable o execrable.  

En la investigación bibliográfica realizada impacta la presencia de lo  bello y lo monstruoso.  Hay un aparente antagonismo entre ambos, como entre razón y locura, entre vicio y virtud, pareciera que son dos conceptos lejanos y diferentes y sin embargo, a medida que se avanza en la lectura de los distintos trabajos sobre el tema, lo bello y lo monstruoso  comienzan a acercarse de tal modo que se podría pensar que  se necesitan.

Al explorar la relación entre arte y locura, observamos que el mundo de la locura es un misterio que despierta asombro y curiosidad.  La razón en tanto aquello que es aceptado, conocido, reflexionado en función a normas establecidas, es aparentemente lo contrario a la locura. En el arte no hay tal distancia entre razón y locura. Un ejemplo es el de Goya que llama a una de sus obras Los sueños de la razón producen monstruos. Cuando la razón sueña,  cuando no está despierta, cuando se abandona a la irracionalidad que no puede  controlar, entonces se echa a volar y, llevada por la fantasía, crea  monstruos.

En la Antigüedad Grecorromana  el arte está representado en muchas ocasiones por un mundo de dioses y de belleza y por otro lado un mundo de seres fantásticos. Las virtudes y los vicios  están encarnados en los mismos dioses, aparece otra dualidad:  vicio/virtud. Un ejemplo es el   Vaso bifronte de finales del siglo VI, comienzos del siglo V a. C , donde se representa por un lado la belleza ideal y la perfección en contraste con lo diferente , lo raro y exótico. Esta idea de lo bifronte que nos remite a la dualidad,  ha preocupado al hombre a lo largo de la historia. La encontramos en las imágenes que se acompañan: por ejemplo, en la imagen 1 Bifronte  5A9  vaso de cerámica, se ve un hombre con la cabeza bifronte que representa al dios Argo con una cara barbuda y otra cara imberbe. En la imagen 2 Bifronte  5 A11 Dios Prusiano del Viento, de Germania,  se observa una cara  alegre y otra triste y en la  imagen 3 Bifronte del ángel  5 A12,  una cabeza que representa la cara de  una mujer y la de un  hombre.

En el primer milenio a.C, en Grecia, se concibe la belleza como un ideal, como una verdad absoluta. Para Platón la verdad reside en las ideas, Para Aristóteles la verdad está en la experiencia de los sentidos, en las emociones y le da importancia a la catarsis, como el  modo  de desahogarse y expresarse.
Este  equilibrio armonioso del ideal universal de belleza va sufriendo un proceso de transformación y va dando lugar a  una mayor observación de la vida en acción, incorporando  temas mitológicos,  rostros cada vez más expresivos y  elementos del mundo animal y vegetal, que conducen al encuentro con lo monstruoso.

La Edad Media conserva las dos facetas de la belleza ideal y lo diferente y lo exótico. En  épocas de inestabilidad se libera la fantasía y se crean  monstruos de naturalezas heterogéneas como en los ejemplos de la glípticay  en  las gryllas grabadas sobre  piedras preciosas que presentan cabezas y caras múltiples, como se observa en las imágenes Gryllas  
Plino el Viejo aseguraba que Anfitos de Egipto denominó gryllos (lechón) a una imagen que realizó para satirizar a un hombre. Así se llamaron después las figuras glípticas que consisten en un repertorio de anomalías orgánicas: cabeza de las que surgen piernas; brazos o pies empotrados en la cintura de un cuerpo rematado por una cabeza de animal. La Edad Media atribuyó poderes mágicos a estas piedras con fantásticas combinaciones de cuerpos humanos y animales. Hubo una gran avidez por  coleccionarlas. 
En el Renacimiento, se vuelve a la belleza ideal y a la  verdad del cuerpo proporcionado, pero al mismo tiempo, por ejemplo Leonardo Da Vinci, inserta alas de murciélago en la máquina volante tomando la visión de las figuras aladas  de la Edad Media fantástica y en algunos croquis de las figuras de Leonardo se muestran como espíritus rebeldes.  Leonardo se presenta simplemente fascinado por lo exótico.
Lo maravilloso/terrorífico en la obra de El Bosco (Siglo XV y Siglo XVI)  y Brueguel (Siglo XVI) son combinaciones de objetos con seres vivos. Estos artistas presentan el mundo de placeres en forma atractiva pero al mismo tiempo lo condenan, como en  “El jardín de las Delicias” y  en “Las tentaciones de San Antonio” (donde aparece San Antonio atormentado por los demonios).

A fin del siglo XVIII y principios del siglo XIX, Goya un genio innovador, incorpora la noche y juega con la belleza/fealdad, muestra a sus personajes jerárquicos, feos y bestiales y a los súbditos,  hermosos y sensuales. En su Serie de Los Caprichos (1799) – 80 estampas en aguafuerte y aguatinta – recurre a la exageración, a lo grotesco, a la fantasía con personajes ricos y pobres, frailes, prostitutas, brujas, demonios.

Desde la Antigüedad Grecorromana hasta la Modernidad se revela  una percepción de lo monstruoso que tiene que ver más con la deformidad física y con  la combinación de elementos humanos con no – humanos y  con Goya se centra en aspectos oníricos, inconscientes y  emotivos.

Los distintos criterios de monstruosidad  hacen referencia a  una doble visión  de belleza/  fealdad en la que siempre hay una cierta representación del cuerpo.
En esta representación  del cuerpo ha  predominado la idealización de la belleza pero  a veces este equilibrio entre realidad y belleza ideal corre paralelo a la representación de lo feo, lo monstruoso. En el siglo XX aparece el tema del cuerpo como preocupación y  las diferentes formas de poder y manipulación del individuo.

El arte contemporáneo se resiste a esta manipulación del hombre y sus representaciones transgreden el ideal colectivo de belleza. Lo vemos en artistas como Francis Bacon (1909 – 1992) y Cindy Sherman (1954) que cuestionan las formas de poder, el consumismo y la manipulación con imágenes  violentas, irónicas y  escabrosas. En Bacon la distorsión, la fractura espacial para permitir distintas lecturas posibles de un rostro, el círculo, las figuras como una orgía de carne herida , las cajas espaciales,  las escenas macabras.
Cindy Sherman busca el choque frontal, visiones de la mujer  golpeada. Se ven cuerpos destrozados en sus muñecos inanimados. En su obra revela que hay una parte oscura que la sociedad niega y que sólo quiere mostrar la cara bella de la vida.  Aparece aquí que lo monstruoso hace visible  lo oculto, el horror y lo escabroso.

En la obra de  artistas argentinos contemporáneos como Antonio Berni, Alberto Heredia, Norberto Onofrio, Jorge de la Vega., Carlos Gorriarena, entre otros, que comparten la misma realidad socio-cultural, se combinan la pintura, la escultura, el collage, el grabado, el bricolage, el ensamblaje. Estos artistas usan materiales y formatos no tradicionales.
Antonio Berni (1905-1981) elige las construcciones polimatéricas  realizadas en 1965 y 1971, con materiales de desecho para construir los monstruos como La voracidad (se ve parte del cuerpo de Ramona Montiel), personaje que crea mostrando la mujer humillada, Berni  toca de algún modo las zonas más oscuras del inconsciente pues Ramona sufre pesadillas constantes y sus monstruos son la encarnación de su conciencia culpable. Obras como La sordidezLa hipocresía y  el díptico La pesadilla de los injustos, denuncian la injusticia, la hipocresía, la voracidad, la sordidez y la masacre. En estas obras señala los horrores del mundo exterior y advierte sobre el sacrificio de víctimas inocentes. Lo monstruoso hoy alude a esta deformidad, lo monstruoso con Berni moviliza y al hacer visible lo oculto, nos lleva a la reflexión. 

Alberto Heredia (1924 – 2000) en su Serie de los Monstruos (1967)  refleja la angustia del hombre con fotografías sobre las que aplica otros materiales. Las Cajas de Camembert ( recipientes de materia descompuesta) Las lenguasLos amordazamientos  y  Los sexos, por ejemplo,  hace referencia a la alienación del hombre así como también al dolor y la violencia que caracterizan los años trágicos que le toca vivir. Es pionero en la inserción del objeto (objetista) como hilos, trapos, huesos, prótesis dentales, en el campo artístico y elige para expresarse una forma tortuosa, agresiva que asume lo monstruoso para hacer visible y expulsar fuera de sí lo reprimido, la violencia contenida.

Norberto Onofrio,  nacido en 1927, en Buenos Aires. Participa y expone en este Congreso. Como explica el artista  Luis Felipe Noé, Onofrio, movido por su profundo asco por los monstruos que habitan el mundo del poder, presenta una serie llamada Los honorables. Se trata de tallas de madera en las cuales aparecen los demonios de la codicia, la estupidez, la vanidad, la soberbia, la impudicia que habitaron los tiempos, tanto en siglos posteriores a la Edad Media como en la actualidad. Son radiografías de señores que vemos a diario en los períódicos y en la televisión. Las esculturas de madera y los dibujos que vinieron después no son mera crítica social, son obras fruto de un riguroso tratamiento estético.  Las esculturas, continúa Noé, acechan a los que no quieren ver, con una agresiva belleza. Onofrio se rebela contra el efecto que produjo la invasión de historietas y filmes de terror cuyo objetivo verdadero era prepararnos  para convivir con los  monstruos del poder. Dice Noé: “Onofrio todavía cree en la posibilidad de conjurar a los demonios” . Quizás esto nos acerca a la idea que se menciona al comienzo:  ¿cómo hacer para caminar por el lado soleado de la calle? 

Jorge de la Vega  ( 1930 – 1971) en su serie Los Monstruos (1963 – 1966)  o El Bestiario y Conflictos anamórficos utiliza recursos como la multiplicación de espejos, la reiteración de imágenes iguales y deformantes, la presencia del doble (animales reales o imaginarios) , rostros con sonrisas gigantescas. El artista hace visible lo interno con una mirada con humor.Usa también la anamorfosis para dar una imagen distorsionada de manera que si se refleja en un espejo curvo la distorsión desaparece. Lo monstruoso se torna bello pues convierte la crueldad en ternura.

Este recorrido de distintas obras seleccionadas a lo largo de la historia de ninguna manera agotan el universo de lo monstruoso en el arte. Sin embargo, lo monstruoso como parte de lo bello está de alguna manera siempre presente. Lo monstruoso despierta en el espectador perplejidad, fascinación, asombro, horror y hasta  risa; muchas veces señala, advierte, dice lo que no está dicho, nos muestra que el monstruo también habita en nosotros.

La actividad pedagógica rescata la idea de producir en el alumno algo parecido a lo que trata de producir el artista en el espectador. Los que somos docentes conocemos la importancia del asombro, la fascinación y la perplejidad en el acto de aprender.
Hay juego cuando nos referimos a las distintas acepciones de lo monstruoso, hay  reflexión acerca de los pares antitéticos, donde se requiere una explicación realmente compleja de cómo los dos conceptos no son antagónicos pero tampoco
son complementarios, sino que tienen entre sí una relación de inherencia o necesariedad, es decir que se contienen. Cuando decimos que lo monstruoso es parte de lo bello, la locura es parte de la razón, el vicio es inherente a la virtud.

Como docente universitaria deseo marcar la importancia de experimentar con los alumnos la posibilidad de romper con las tradicionales antinomias del pensamiento que nos llevan a tener que admitir que hay una sola manera de ver las cosas. Estas formas de visión del mundo son formaciones histórico – culturales que muchas veces pretenden ser indiscutibles, acerca de pares aparentemente contrarios como: atracción/rechazo, belleza/fealdad, monstruoso/bello, vicio/virtud, razón/locura, maravilloso/terrorífico y tantos otros. 

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Feinman, José Pablo El lado oscuro de la calle.  Nota de contratapa. Diario Página12, Domingo 25 de junio de 2006.

Título de Tapa. Diario Página12.  Domingo 17 de septiembre de 2006.

El arte de producir camafeos y otros objetos parecidos como entalles se llama glíptica (del griego glypho, grabar) y es una forma especial del arte de la escultura. Las producciones de la glíptica han servido desde los tiempos más remotos de la Historia para realizar sellos, artículos de ornamentación y objetos piadosos o propios de la superstición. Obtenido de «http://es.wikipedia.org/wiki/Entalle«

Autor: Lic. Felicitas Graciela Merkier.
Fuente: Trabajo enviado en colaboración por la autora.



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