China ha plantado más de 66.000 millones de árboles desde 1978 para frenar el desierto del Gobi; ahora crecen un 66% más rápido que los bosques naturales

Inicio » Humanidad » China ha plantado más de 66.000 millones de árboles desde 1978 para frenar el desierto del Gobi; ahora crecen un 66% más rápido que los bosques naturales

Un estudio revela que la Gran Muralla Verde de China acelera el crecimiento del follaje un 66%, aunque persisten dudas sobre su capacidad para almacenar carbono.

  • 🌳 66.000 millones de árboles plantados desde 1978
  • 🏜️ Freno al avance de los desiertos de Gobi y Taklamakán
  • 🛰️ Cobertura vegetal triplicada en el norte de China
  • 🍃 Crecimiento foliar un 66% más rápido que en bosques naturales
  • 🌍 Captura de carbono con matices importantes
  • 🌱 Bosques plantados y bosques naturales, funciones diferentes
  • 📊 Nuevos datos para mejorar los modelos climáticos

Durante casi cinco décadas, China ha desarrollado uno de los mayores proyectos de restauración ecológica del planeta. Desde 1978 ha plantado más de 66.000 millones de árboles en el norte del país con un objetivo muy concreto: contener el avance de los desiertos de Gobi y Taklamakán, reducir la erosión del suelo y proteger las zonas agrícolas y urbanas más vulnerables.

Los resultados visibles son difíciles de ignorar. Las imágenes por satélite muestran que la cobertura vegetal en amplias regiones del norte chino ha pasado de aproximadamente un 5% en la década de 1970 a cerca del 13-14% en la actualidad. Ahora, una investigación publicada en 2026 añade un dato llamativo: estos bosques plantados están aumentando su superficie foliar alrededor de un 66% más rápido que los bosques naturales cercanos.

Sin embargo, la interpretación de estos datos requiere cierta prudencia. Más hojas no significan automáticamente más carbono almacenado ni un ecosistema más saludable.

La Gran Muralla Verde de China: mucho más que una campaña de plantación

El programa conocido como Three-North Shelterbelt Program, popularmente llamado Gran Muralla Verde, nació para combatir un problema que amenazaba la seguridad alimentaria y la calidad de vida de millones de personas.

Las tormentas de arena procedentes del Gobi afectaban de forma recurrente a ciudades como Pekín y a extensas zonas agrícolas. La pérdida de vegetación favorecía la erosión, reducía la fertilidad del suelo y aceleraba la desertificación.

Durante décadas se han plantado árboles en millones de hectáreas degradadas, acompañados por actuaciones de conservación del suelo, restauración de pastizales y restricciones al sobrepastoreo en determinadas regiones. El resultado ha sido un paisaje notablemente más verde que hace cincuenta años.

China ha plantado más de 66.000 millones de árboles desde 1978 para frenar el desierto del Gobi; ahora crecen un 66% más rápido que los bosques naturales

¿Por qué estos árboles producen hojas mucho más deprisa?

Los investigadores identifican varios factores que explican este crecimiento acelerado.

En primer lugar, muchos de estos árboles todavía son jóvenes. Entre los 30 y los 40 años alcanzan una etapa especialmente activa de desarrollo, donde el crecimiento de la copa suele ser muy intenso.

A ello se suma la utilización de especies de crecimiento rápido, especialmente álamos, seleccionados para cubrir el terreno con rapidez y reducir la erosión provocada por el viento.

Existe además una gestión forestal constante. Se controlan densidades, se eliminan especies competidoras y se realizan actuaciones destinadas a favorecer el desarrollo de las plantaciones. Incluso después de considerar diferencias de clima, edad y especies, los investigadores comprobaron que los bosques plantados seguían aumentando su superficie foliar aproximadamente un 4,6% más rápido que bosques naturales equivalentes.

Más hojas no equivalen necesariamente a más carbono

Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes del estudio.

El parámetro utilizado por los científicos es el Índice de Área Foliar (LAI), un indicador que mide la cantidad de hojas presentes sobre una determinada superficie. Se trata de una herramienta muy útil para estudiar la actividad fotosintética de un bosque.

Pero el carbono de un ecosistema forestal no permanece únicamente en las hojas.

También se acumula en el tronco, las ramas, las raíces, la madera muerta, el suelo y los microorganismos asociados. Precisamente por ello, otros trabajos recientes publicados en Nature indican que los bosques regenerados de forma natural pueden almacenar mayores cantidades de carbono aéreo durante sus primeras décadas de desarrollo que muchas plantaciones forestales.

Además, el carbono del suelo necesita mucho más tiempo para recuperarse. En determinadas plantaciones pueden pasar más de 60 años antes de aproximarse a los niveles presentes en bosques secundarios naturales.

China ha plantado más de 66.000 millones de árboles desde 1978 para frenar el desierto del Gobi; ahora crecen un 66% más rápido que los bosques naturales

Los modelos climáticos todavía simplifican demasiado los bosques

Uno de los mensajes más relevantes de la investigación afecta directamente a la planificación climática mundial.

Muchos modelos climáticos globales continúan tratando cualquier superficie forestal como si todas fueran iguales. En numerosas simulaciones no existe una diferencia clara entre una plantación intensivamente gestionada y un bosque maduro con siglos de evolución.

Esa simplificación puede introducir errores importantes en las estimaciones sobre captura de carbono, resiliencia frente a incendios, disponibilidad de agua o biodiversidad.

Los autores consideran que incorporar variables relacionadas con la edad del bosque, las especies presentes y el tipo de gestión permitiría realizar predicciones mucho más precisas sobre la evolución del clima y la eficacia real de los programas de reforestación.

La biodiversidad también marca diferencias

Un bosque no es únicamente un conjunto de árboles.

Los bosques naturales albergan una enorme diversidad de plantas, hongos, insectos, aves y mamíferos que interactúan entre sí formando ecosistemas muy complejos. Las plantaciones de una sola especie, aunque resulten eficaces para estabilizar el terreno o producir biomasa rápidamente, suelen presentar una biodiversidad considerablemente menor.

En los últimos años, China ha comenzado a introducir criterios más orientados hacia la restauración ecológica, incorporando especies autóctonas y favoreciendo mezclas forestales en numerosas zonas nuevas de plantación. Este cambio responde al creciente consenso científico de que la diversidad aumenta la resistencia frente a plagas, enfermedades y fenómenos climáticos extremos.

La experiencia internacional deja algunas lecciones

La comunidad científica coincide cada vez más en que las grandes campañas de plantación necesitan analizar cuidadosamente el lugar donde se desarrollan.

La experiencia de países como Chile mostró que expandir plantaciones sobre áreas ocupadas por bosques nativos puede reducir el valor ecológico del territorio, aunque aumente la superficie forestal contabilizada oficialmente.

Por ese motivo, numerosos proyectos actuales impulsados por organismos internacionales priorizan la restauración de tierras degradadas, evitando sustituir ecosistemas naturales ya consolidados.

También iniciativas como el Bonn Challenge o el Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas (2021-2030) insisten en que recuperar la funcionalidad ecológica de los paisajes resulta más importante que plantar el mayor número posible de árboles.

Fuente: EcoInventos.

Leer más artículos similares