Una escuela con observatorio propio

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Original experiencia científica en Tres Arroyos: montan un complejo astronómico móvil:
Sus docentes y alumnos estudian los cultivos que crecen en agua con los que experimenta la NASA.
LA PLATA.- Los docentes de una escuela agraria de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, decidieron construir su propio complejo astronómico móvil. Para recibir asesoramiento sobre el uso y la puesta en funcionamiento de los equipos, viajaron a la NASA, y allí descubrieron que en los laboratorios de Cabo Cañaveral, Estados Unidos, se estudian formas de cultivo en el espacio -una técnica denominada hidroponia- que en la escuela practican hace una década.

Tiempo atrás, los profesores de la Escuela Agropecuaria de Tres Arroyos (EATA), dependiente de la Dirección de Educación y Cultura bonaerense, comenzaron a interesarse por el cosmos, siguiendo la afición del jefe del Departamento de Ciencias Naturales, Fernando Desperés, que logró entusiasmar a profesores y alumnos. Primero con el armado de relojes de sol, después con la fabricación casera de telescopios.
Por aquel entonces, nadie sospechaba que la astronomía daría a la escuela un sello distintivo. «Buscábamos algo para interesar a los chicos», reconoce hoy el director de este establecimiento, Luis Patricio Ferrario.

Ideas innovadoras
Lo cierto es que en 1999 esta escuela obtuvo el primer premio del concurso Ideas Innovadoras para la Educación Polimodal, organizado por las fundaciones YPF y Antorchas, por su proyecto para construir un complejo astronómico móvil.
La distinción incluía una recompensa monetaria para financiar el emprendimiento. Así, se adquirió tecnología de punta en Estados Unidos y Japón, mientras que la base del planetario, su cúpula y los accesorios fueron diseñados y construidos por docentes y alumnos en el taller que posee el establecimiento.
El complejo, que demandó un trabajo de ocho meses, consta de un planetario (con un mecanismo donde se representa el sistema solar) con capacidad para 25 personas y un observatorio de última generación para estudiar el cielo y sus cuerpos.
Como si esto fuera poco, el planetario tiene una característica especial e importante: es móvil, lo cual permite su traslado a diferentes puntos de la provincia.
Su armado, según explicaron los propios constructores, demanda ocho horas de trabajo y permite acercar los secretos del espacio a cualquier estudiante bonaerense.
El fin de semana pasado, por ejemplo, fue instalado en el anfiteatro del paseo del Bosque de La Plata, donde puede ser visitado.
En septiembre último el director Ferrario y los docentes Desperés y Sergio Sánchez, jefe del taller, viajaron al Centro Espacial Kennedy de la NASA para recibir asesoramiento sobre el uso de los equipos.

Intercambio
Sus expectativas se vieron desbordadas, ya que, al recorrer los distintos centros de investigación y desarrollo junto al científico Thomas Dreschell, se enteraron de que los científicos norteamericanos estudian la forma de cultivar vegetales en el espacio mediante un proceso llamado hidroponia, que en la escuela se desarrolla desde hace poco más de diez años.
«Nos pareció algo increíble, porque nosotros desarrollamos esa técnica desde hace tiempo y, pese a que llegamos como visitantes, terminamos intercambiando conocimientos como invitados especiales», cuenta Ferrario a La Nación.
El director se emociona cuando recuerda que en los Estados Unidos los técnicos de la NASA los invitaron especialmente a ver el lanzamiento al espacio de una misión del transbordador espacial.

Cultivos espaciales
La hidroponia consiste en el cultivo de semillas en una solución líquida a la que se agregan nutrientes diluidos prescindiendo de la tierra como agente alimenticio y sostenedor de las plantas.
Esta técnica permite una gran concentración de producción en espacios reducidos. Ferrario da un ejemplo: «Nuestro galpón, de 36 metros cuadrados cubiertos, rinde lo mismo que 20 hectáreas de producción normal».
Los docentes, que regresaron con material didáctico para profundizar su proyecto educativo, también trajeron semillas de vegetales que viajaron al espacio exterior en una de las misiones del transbordador Atlantis y fueron sometidas a microgravedades.
Ahora, esas mismas semillas (la mayoría de una variedad de tomates) no sólo serán estudiadas y analizadas por los alumnos de la escuela de Tres Arroyos, sino que también serán multiplicadas.
Pero la EATA no deja de sorprender. Hace unos días, la escuela recibió a un auditor proveniente de Holanda que fiscalizó el cumplimiento de las normas ISO 9001, que califican la alta calidad educativa.
Si el informe del supervisor es favorable, el establecimiento de Tres Arroyos podría transformarse, en breve, en el primero del país que cumple con estos requisitos de excelencia.

Fuente: La Nación