Piel sintética

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Muchas personas sufren un defecto de cicatrización (generalmente genético) que determina que sus heridas formen cicatrices abultadas y duras, llamadas queloides . Son dolorosas, además de antiestéticas, y suelen infectarse fácilmente por estar muy expuestas a los roces. Ahora, investigadores argentinos han encontrado la forma de eliminarlas.  

«Durante la cicatrización de una herida o quemadura el organismo genera colágeno , una proteína que integra la mayoría de los tejidos. Su formación está regulada por una enzima, la colagenasa . Si la piel que crece es normal, en ella las fibras de colágeno tienen una orientación definida, que varía según la región. Pero si el organismo no provee la cantidad suficiente de colagenasa, hay un exceso local de colágeno y se distribuye en forma desordenada en los nuevos tejidos, formándose un queloide», explica el doctor en física José Raúl Grigera, jefe del proyecto de investigación.  

Grigera agrega que el grupo bajo su dirección desarrolló una membrana estéril de fibras de colágeno orientadas, que se distribuyen de modo similar a las de una piel normal. «Esta lámina -dice- se inserta en la zona afectada (una vez extirpado el queloide o por debajo de éste, según el caso) y sirve de guía para el crecimiento de tejido sano.»  

Una técnica original 

La técnica para fabricar membranas sobre la base de colágeno es conocida, pero ningún laboratorio en el mundo había podido lograr que las fibras se orientaran en una dirección determinada, sin adición de elementos extraños, tal como ocurre en los tejidos cutáneos.  

A los científicos del Instituto de Física de Líquidos y Sistemas Biológicos (Iflysib) de La Plata, que dirige Grigera, les tomó un par de años encontrar el modo de hacerlo. Luego tardaron más de tres en completar los estudios en animales.  

Los primeros ensayos quirúrgicos se hicieron en ratones. Se ha verificado que las membranas no provocan reacciones alérgicas ni tóxicas y que el procedimiento no transmite enfermedades ni a los animales intervenidos ni a su descendencia, con un seguimiento de tres generaciones de ratones. Recientemente finalizaron ensayos similares con conejos.  

Durante todo este período se ha controlado cuidadosamente la sanidad de los bovinos de los que se extrae el colágeno utilizado.  

Los investigadores aguardan ahora la aprobación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) para que el método pueda aplicarse a la larga lista de voluntarios humanos, que desde hace tiempo esperan este momento.  

Puede parecer extraño que este desarrollo se haya producido en un instituto dedicado principalmente a la investigación básica. Sin embargo, es el conocimiento básico el que permite reconocer las raíces de los problemas y buscar su solución: el hallazgo de estos científicos lo demuestra.  

Sus estudios de más de 25 años sobre las características del colágeno en el nivel molecular ya fueron aplicados a la industria del cuero y ahora la medicina les ha abierto sus puertas.  

«Debido a los antecedentes del Iflysib, hace cerca de cinco años la cirujana plástica Silvia Monachessi se acercó a nosotros tratando de resolver el problema de los queloides. Entonces surgió la idea de aplicar el mismo concepto que se usa para fabricar cristales con una orientación determinada: insertar en el lugar de la cicatriz una semilla de fibras de colágeno con una estructura que sirviera de patrón para que a partir de ella creciera correctamente el nuevo tejido», dice Grigera.  

Este nuevo descubrimiento de investigadores ya está patentado localmente. La propiedad intelectual del desarrollo corresponde a quienes participaron en los trabajos del proyecto: Grigera, Monachessi, las doctoras en física Inés Mogilner y Graciela Ruderman, el licenciado en física Eduardo Tolosa y el estudiante de ingeniería electrónica, Rodrigo López.  

Reciben la titularidad de la patente las instituciones que financiaron de diversos modos la investigación: la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC), el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y la Universidad Nacional de La Plata.  

Avances y colaboración 

«La colaboración entre distintas ramas de la ciencia es actualmente imprescindible para lograr avances tecnológicos -afirma el doctor Grigera-. Pero debemos tener en cuenta que éstos sólo pueden alcanzarse con personal bien capacitado en temas de ciencia básica. Un problema complejo, como es esta membrana que hemos desarrollado, no hubiera podido resolverse sin un conocimiento muy profundo del comportamiento del colágeno y de cómo son las interacciones moleculares, tema que venimos investigando desde hace ya varias décadas.»

Fuente: La Nación (Febrero 15, 2002)