No sólo miel da la abeja

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Las abejas de la miel (Apis mellifera) son unos insectos sociales pertenecientes al orden de los himenópteros y que conforman importantes agrupaciones, o colmenas, bien organizadas. En la colmena todos los individuos tienen una función y trabajan por el buen funcionamiento de la comunidad y su supervivencia. Todos los individuos de una misma colmena son capaces de reconocerse entre ellos y diferenciarse de los de otra gracias a las feromonas (‘olores’) que emiten. Es muy importante que el conjunto de la colmena mantenga una correcta temperatura, humedad y estado higiénico en su interior, además de recolectar el néctar y polen de las plantas que consumen, para cuyo fin deben esforzarse sus miembros.

Abeja recolectora

La colmena

El orden jerárquico de la colmena lo comienza la reina, única hembra fértil, gracias a que ha sido alimentada de forma diferente que el resto de hembras. Se alimenta con jalea real en vez de miel y polen.

Una vez que alcanza la madurez sexual, la hembra sale de la colmena y es fecundada por varios zánganos, que son los machos de la colmena. Son llamados así porque no trabajan por el bien de la comunidad y sólo nacen para reproducirse y morir después.

Tras este “vuelo nupcial”, la reina vuelve a la colmena y se asienta en una pequeña galería donde irá produciendo y fecundando huevos hasta su muerte. Viven unos 5 años más o menos y ponen unos 1500 huevos diarios. Los huevos fecundados se depositan en pequeñas celdas donde serán alimentados, en un principio con jalea real y seguidamente con miel y polen.

Las abejas obreras son las encargadas de todos los trabajos relacionados con la colmena e independientes de la reproducción, propiamente dicha. De esta forma, en cuanto surgen de la celda comienzan a realizar los trabajos internos de la colmena, como construir y limpiar el panal, alimentar a las larvas y a la reina, y mantener la temperatura (34ºC aproximadamente) y la humedad, mediante su propio movimiento y batido de alas.

Posteriormente, las obreras salen al exterior y comienzan a recolectar polen y néctar, a explorar nuevos lugares y a defender la colmena de los posibles agresores.

La producción de las abejas

Frascos de miel. Créditos: commons.wikimedia.org.

Frascos de miel. Créditos: commons.wikimedia.org.

Durante toda la vida de la colmena, las obreras van fabricando y acumulando diferentes sustancias de elevado interés para el hombre. El producto que más destaca es la miel. La fabrican gracias al néctar que recolectan en las flores, lo mezclan con su saliva que tiene enzimas sacarasas que rompen la sacarosa de las plantas, dando glucosa y fructosa.

La miel tiene numerosos usos aparte del gastronómico que todos conocemos, tiene cualidades terapeúticas (al presentar compuestos antimicrobianos y antisépticos), cicatrizantes, energéticas y conservantes .

Otro producto obtenido de las abejas es el propóleo que ellas mismas fabrican a partir de secreciones resinosas de las plantas. Lo utilizan para sellar pequeños huecos que pueda haber en la colmena y por dónde puedan entrar organismos ajenos. Si bien su composición pude variar dependiendo de la región, se trata de mezclas que pueden contener hasta 50 constituyentes diferentes siendo principalmente resinas y bálsamos vegetales, también ceras, aceites esenciales y polen. Este compuesto es utilizado como elemento con un enorme potencial medicinal, ya que presenta importantísimas cualidades antisépticas, antimicrobianas, fungicidas, antivirales, anticancerígenas, antioxidantes y antiinflamatorias.

Junto con la miel y el propóleo, de las abejas también se obtiene el polen (potente reconstituyente), ceras (utilizadas para fabricar velas, barnices, pomadas, etc.), su propio veneno (con potenciales usos en medicina) y la jalea real. Ésta última es una sustancia mezcla de secreciones estomacales y de unas glándulas hipofaríngeas de las abejas obreras más jóvenes. Presenta una gran cantidad de nutrientes y vitaminas, razón por la cual es utilizada para alimentar a las larvas durante unos pocos días después de nacer y a la reina toda su vida . Su utilización en alimentación es como complemento alimenticio, por su elevado contenido vitamínico.

Su rol ecológico

De las abejas no sólo podemos obtener un beneficio directo recolectando los productos que fabrican, sino que también juegan un papel fundamental en la polinización de los cultivos agrícolas. Este es un beneficio económico diez veces mayor que el derivado de sus productos.

Recolección de propóleo. Créditos: commons.wikimedia.org.

Recolección de propóleo. Créditos: commons.wikimedia.org.

No debemos olvidar que la polinización cruzada es un proceso totalmente imprescindible para la formación de gran cantidad de frutos. Aunque existen muchos otros insectos silvestres capaces de polinizar los cultivos, las abejas representan un porcentaje muy importante (algunos autores señalan que hasta un 80%). Como cultivos polinizados por abejas destacan almendros, manzanos, cerezos, alfalfa, pepino, berenjena, melón, calabaza o girasoles, como algunos ejemplos.

Por último, es importante destacar la situación de estos insectos a día de hoy y los peligros a los que se enfrentan. Tanto en Europa como en Norteamérica, están muriendo las colonias de abejas explotadas por apicultores. Están mermando sus poblaciones. Este hecho es debido a numerosos factores, como parásitos y enfermedades que se expanden rápidamente, falta de flores de las que alimentarse, pesticidas agrícolas que las envenenan y al cambio climático.

En nuestras manos está preservar este regalo de la naturaleza.

Bibliografía consultada

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