Los senderos de los nuevos paradigmas

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Capítulo XX
LOS SENDEROS DE LOS NUEVOS PARADIGMAS*

¿Hacia dónde nos encaminamos en este fin de milenio? Las nuevas formas de pensar, los nuevos paradigmas, son algo más que un útil modelo teórico para la ciencia. Su filosofía tiene una poderosa influencia indirecta en la sociedad.
Enumeraré algunos pocos cambios de los tantos que se han producido en la segunda mitad del siglo:

– Nuevos enfoques en psicología: por ejemplo, la terapia sistémica, que surge como consecuencia de la teoría de la información y la cibernética.
– Nuevos enfoques en medicina: se ha reconocido la unidad mente-cuerpo mediante las investigaciones en una nueva disciplina: la psiconeuroinmunología.
– Pensamiento y acciones holísticas, confiriendo igualdad de jerarquía a ambos hemisferios cerebrales.
– Formas de pensar en redes, pensamientos complejos y contextualizados .
– Surgimiento de la ecología.
– Nuevos enfoques en la resolución de conflictos: mediación en vez de confrontación o litigio.
– Reincorporación de la espiritualidad en la cotidianeidad.
– Incorporación de las mujeres en las áreas de toma de decisiones.
– Sociedades matrilineales en reemplazo a las patriarcales.

Esto es sólo una parte de los efectos de los nuevos paradigmas.
Desde hace algún tiempo de habla de los nuevos paradigmas; sin embargo, no todos están familiarizados con el término. Fue acuñado por Thomas Kuhn en La estructura de las revoluciones científicas (1971), quien los define como «sistemas conceptuales que dominan el pensamiento de comunidades científicas durante un período determinado de la evolución de las ciencias».
Al principio, cada paradigma cumple un papel progresista y positivo. Una vez aceptado, sus premisas filosóficas dejan de ser cuestionadas y los científicos centran sus esfuerzos en su posterior elaboración. Sucesivas investigaciones producirán datos que resultarán incompatibles con el paradigma dominante, ya que la realidad es más compleja que la más sofisticada teoría científica.
También al principio, se descarta toda investigación que ponga en tela de juicio al paradigma dominante, ya que las teorías vigentes son confundidas con una auténtica y exhaustiva descripción de la realidad. Si los nuevos datos son confirmados por otras indagaciones, la disciplina en cuestión entra en crisis, sucediendo lo que Khun llama «período de la ciencia anormal».
Este período se caracteriza por un vaivén de nuevas hipótesis y ajustes conceptuales, que fracasan unos tras otros, hasta que por fin emerge victoriosa una de las alternativas del caos y se constituye un nuevo paradigma. Esta secuencia se repite una y otra vez en la historia de las ciencias. En consecuencia, el antiguo y el nuevo paradigma representan cosmovisiones diferentes e incompatibles. Según Thomas Khun, en el paragima actual la ciencia es tomada como religión: se ha convertido en un sistema de creencias.
Quizá la historia de los paradigmas sea la historia de la organización de los pensamientos. Las sociedades primitivas, tradicionales, transmitían sus ideas en forma holística: verbal, gestual, olfativa; la gente se miraba a los ojos. La voz y la entonación contribuían al sentido de lo transmitido. Las personas vivían en comunidad, eran solidarias entre ellas y con el sistema del que formaban parte.

El pensamiento, según Marshal Mc. Luhan , se organizó linealmente debido al invento de la imprenta: surgió la lectura unidireccional, lo que marcó una forma lineal de pensar. El nacimiento del libro cambió las formas de relación entre los seres humanos en las «civilizaciones avanzadas». Es posible que la cibernética y la teoría de la comunicación organicen la forma de pensar de este nuevo paradigma: es un pensar complejo multidimensional, que incluye la sincronicidad, la unidad en la diversidad, el principio de contradicción: A es A y no A al mismo tiempo. Estamos en la era planetaria y debemos contextualizar el pensamiento de ella (Morin)
Los últimos trescientos años han estado dominados por el paradigma newtoniano-cartesiano de pensamiento lineal, objetivo raciopnal, segmentado en disciplinas(Edgar Morin lo llama «racionalizador»).
En ese paradigma anterior, la ciencia conoce como reales los fenómenos que pueden ser observados y medidos objetivamente. El paradigma de Descartes mostraba la dicotomía absoluta entre mente (res cogitans) y materia (res extensa). Según el filósofo, el universo existe en la forma en que lo percibe un observador, pero su existencia es por entero independiente del proceso de observación.
Hay una primacía de la lógica, de la razón, del hemisferio izquierdo, que organiza una manera de pensar. Consecuencia de esto es la limitación de nuestro enfoque de las cosas.
Para Newton, el universo es un sistema mecánico de infinita complejidad, en el que interactúan partículas aisladas y objetos separados. El tiempo fluye unidireccionalmente del pasado al futuro a través del presente. Este universo newtoniano se asemeja a una gigantesca supermáquina gobernada por cadenas lineales de causa y efecto, y es estricamente determinista.
La imagen de la sociedad y de los seres humanos que propone el paradigma cartesiano-newtoniano es la de máquinas biológicas impulsadas por el instinto animal (supervivencia del más apto); se considera que éstas son tendencias naturales y saludables en su esencia.
En lo ambiental, el hombre vive en constante lucha por dominar y vencer a la naturaleza.
Las ideas de Newton y Descartes se convirtieron en los cimientos de la ciencia mecanicista occidental y se transformaron en la fuerza motriz de las revoluciones científica e industrial. Este modelo fue adoptado por todas las ciencias: en el campo de la psicología Freud empleó, consciente y rigurosamente, los cirterios del universo newtoniano. El creador del psicoanálisis era miembro de una sociedad que impulsaba la divulgación de la terminología y los conceptos de la física de su época.
El lenguaje sistémico pertenece al del nuevo paradigma. Cuando la ciencia se expresa en lenguaje sistémico puede tratar los diversos niveles de complejidad.
La psicología sistémica ha tomado mucho de los científicos de este siglo, ha extrapolado conceptos y nociones fundamentales, pero yo diría que, hasta ahora, lo ha hecho de una manera tímida, no jugada.
El paradigma newtoniano nos alejó totalmente de la espiritualidad. Es la primera vez en la historia de nuestra cultura que sucede esto; los grupos primitivos vinculaban de modo natural y armónico el conocimiento con la religión. A nosotros, en cambio, nos han enseñado que la religión es la neurosis obsesiva de los pueblos, entre otras definiciones.
En el campo político-económico, ciencia, técnica y razón aún son vistas como una trinidad que se genera al modo del padre, el hijo y el espíritu santo. La idea del progreso científico, del desarrollo en la economía, y las decisiones tomadas tanto en lo personal como en lo gubernamental, basadas sólo en lo económico, forman parte de un pensamiento lineal, reduccionista, analítico, limitado y limitante.
Apostamos al capitalismo a ultranza; las palabras de Ghandi: «El planeta tiene suficiente para nuestras necesidades, no para nuestras voracidades», no fueron tomadas en cuenta. Nuestro momento finisecular nos muestra que ese camino no fue el adecuado. Pero, como dice el biólogo Humberto Maturana, siempre nos equivocamos después.
Las decisiones tomadas de acuerdo con el pensamiento causal-lineal fueron indudablemente pensadas para el corto plazo, sin considerar las consecuencias posteriores. Este modelo es abusivo y violento. Hoy estamos reexaminándolo, dado que hemos aprendido que es necesario tomar decisiones basadas en valores más allá de lo meramente económico, que debemos pensar en lo individual y lo comunitario y, en lo posible, proyectarlo hacia siete generaciones más. Basarse en un pensamiento circular, en un pensar inclusivo, introducir el factor moral en la toma de decisiones: para esto tenemos que reeducarnos, a nosotros y a los otros, en las relaciones humanas.
Los paradigmas, como vemos, tienen implicancias individuales, familiares y sociales. Nacen en las ciencias y lentamente tiñen y marcan el pensamiento y las acciones de una época en todos sus ámbitos.
Este nuevo paradigma también se origina en la física; recordemos algunos nombres que lo conforman:

1. El hecho de reconocer, en el campo de los experimentos, que el observador es parte de lo observado trajo como consecuencia el principio de incertidumbre (Heisemberg).
2. Nosotros, los psicólogos sistémicos, hemos aprendido que no podemos captar la realidad toda; sabemos ahora que vemos el mapa, no el territorio completo; recortamos una parte y lo hacemos subjetivamente (principio de Korzibky).
3. David Bohm, que se desempeñó como colaborador de Einstein, hizo una espectacular revisión de la cosmovisión mecanicista. Para él el holograma es el punto de partida de una nueva descripción de la realidad.
4. Una holografía es un método de fotografía sin lente. Cuando se coloca un holograma bajo la luz, aparece una imagen tridimensional. Con luz láser se forma el patrón de onda original. Si cortamos el holograma por la mitad, aparece la imagen toda. Cualquier trozo del holograma reconstruirá la imagen completa. Gabor obtuvo el premio Nobel por este invento.
David Bohm ha formulado una teoría holonómica del universo: el universo como un holograma. Para este científico, el mundo fenoménico que observamos en nuestros estados de conciencia ordinarios representa sólo un aspecto de la realidad: el orden explícito o desplegado. El orden implícito o plegado, su matriz generadora, existe en otro plano de la realidad y no puede observarse directamente, salvo quizás en episodios de conciencia no ordinarios como los estados de meditación profunda, estados místicos o psicodélicos. Al igual que muchos otros físicos, encuentra que la física moderna es compatible con la cosmovisión mística.
Cuando decimos «místico», nos referimos a misterio. Einstein decía que la realidad es misterio: al explicarlo en palabras, se abandona el dominio de lo misterioso. Él también se refería a la experiencia espontánea, lo cual me remite a un texto de Tchogyam Trungpa, maestro budista: «Con el ejercicio de la medtación desarrollamos la capacidad de experienciar directamente la realidad como una construcción, con todos los marcos construidos como abiertos, no fijos, y por tanto, abiertos al cambio».
Los budistas tienen un pensamiento místico; en sus meditaciones, encuentran la experiencia de la realidad. Namkai Norbu Rimpoche sostiene en uno de sus escritos: «Tenemos seis sentidos: cinco y la mente que percibe, seir; del mismo modo, tenemos seis órganos de los sentidos. Cuando tomamos contacto con los objetos no permanecemos en la condición dualista, sino en la presencia del instante o la contemplación. Descubres todo el universo. Toda consideración objeto-sujeto y objeto en integración. Si tienes esa experiencia, ese principio, hay entonces muchas posibilidades».
(Incluyo estos párrafos del budismo tibetano principalmente porque constituye para mí lo más cercano del pensamiento oriental.)

5. En la física moderna, el universo se concibe como un tejido dinámico de acontecimientos interrelacionados: «La consistencia general de sus interrelaciones determina la estructura del tejido todo, no partículas separadas», señala Chew en su teoría del cordón. Todos los científicos coinciden en el sentido de interconexión, de interdependencia. Bohm dice que la ciencia, que pretende separar el mundo en sus partes, no puede descubrir las leyes físicas primarias.
Si percibimos y trabajamos con interconexiones, observamos niveles de complejidad creciente, en vez de jerarquías.
6. En el contexto del nuevo paradigma, Illia Prigogine estudia una nueva matemática para describir el tiempo que se dirige del futuro hacia el pasado y luego vuelve: el tiempo caótico.

7. Karl Pribram, reconocido neurocirujano, ha elaborado un modelo de cerebro que bien podría converger con la teoría del movimiento holonómico de Bohm. El cerebro también cumple un proceso paralelo al digital , que involucra principios holográficos; la parte contiene al todo, esto se refiere a la información contenida en una partícula de ADN: la información del universo está contenida en cada una de nuestras células. El orden implicado alberga nuestra realidad, lo mismo que el ADN del núcleo de la célula contiene la vida potencial y dirige la naturaleza de su despliegue.
La teoría en tandem de Bohm y Pribram contiene la noción fundamental: nuestros cerebros construyen matemáticamente la realidad «concreta» al interpretar frecuencias de otra dimensión, una esfera de realidad primaria significativa, pautada, que trasciende el tiempo y el espacio. El cerebro es un holograma que interpreta el universo holográfico.
Si el cerebro funcionase como un holograma, tendría acceso a un todo mayor, a un campo o esfera de «frecuencia holística» que trascendiera los límites espaciales y temporales, y, según Pribram, este campo podría ser el dominio de la unidad en la diversidad trascendental descrito por místicos y sabios del mundo. El modelo de Pribram, además de explicar aspectos desconcertantes del funcionamiento del cerebro, abre perspectivas enteramente nuevas para las especulaciones sobre estados místicos, fenómenos parapsicológicos, curas espirituales y muchos otros antes excluidos de la «indagación científica seria». En Rusia, la psicotrónica es una ciencia orientada a estudiar maneras de conocimiento que admite como legítimos estados distintos, expandidos y alterados, de conciencia. Desde hace ya más de cincuenta años, los especialistas realizan con éxito diversas experiencias e indagaciones.
Exploraciones del macro y micro mundo han dado actualmente una imagen de la realidad totalmente distinta de la del universo mecanicista. El mito de la materia sólida e indestructible se desintegró bajo el impacto de las pruebas teóricas y experimentales. Se ha comprobado, por ejemplo, que los átomos son en esencia vacíos; las partículas subatómicas presentan la misma naturaleza paradójica que la luz, manifestando las propiedades de las partículas o las propiedades de las ondas, según como se encuadre el experimento.

8. El físico cuántico Max Planck considera que una partícula es al mismo tiempo energía y luz. Sustentando sus aportes en el principio de no-contradicción, dice que «hay una realidad más allá de los cinco sentidos y la lógica; debemos crear una nueva lógica que incluya el principio de contradicción y de no-contradicción, porque más allá del raciocinio lógico, podemos visualizarnos dentro de la luz, y la luz dentro de nosotros».
De este modo, el mundo de las sustancias, de la materia sólida, fue reemplazado por el de los procesos, los sucesos, las relaciones, la actividad. En palabras de Bateson , pensar en términos de sustancia y de objetos separados constituye un error epistemológico, una confusión de tipos lógicos.
Consideraba además que el pensar de los seres humanos no difiere del de la naturaleza; objetivo más importante sería lograr un nuevo modo de pensar, manera que Bateson declaraba no saber cómo explicar racionalmente. No hay un entendimiento intelectual de la experiencia de unidad y de vacuidad… Chogyam Trungpa lo dice así: «Todos estamos unidos por el aire que respiramos…».
No fue por casualidad que los científicos se acercaron a las filosofías orientales y al misticismo. En ellas encontraron afinidades y experimentaron consigo mismos.
En el viejo paradigma, la conciencia y la inteligencia eran consideradas productos del cerebro y podían ser explicadas en términos neurofisiológicos; esto también es un error de tipo lógico, señala Bateson. Sería como creer que la programación en la TV depende de su sistema electrónico. La conciencia y la inteligencia creadora son atributos esenciales de la existencia humana, a la vez inmanentes y trascendentes del mundo fenoménico.
La causalidad lineal ha sido reemplazada por una causalidad circular y por sincronicidad, que es parte del pensar complejo. No podemos emplear un pensamiento de índole causal lineal para comprender acontecimientos desligados del tiempo y el espacio (sincronía: relación no causal que une acontecimientos de forma significativa). ¿Cómo explicaríamos el sentir la mirada del otro?
El pensamiento complejo tiene un sentido de tejido de malla; el pensar analítico no es suficiente, necesita de la asociación, de ligazones, de contexto. Es un pensar en término de redes. Hoy el tema de las redes se acepta como una necesidad natural; éstas llevan a la acción en cooperación y, como consecuencia lógica, a la solidaridad. En el fluir, como afirma el psicólogo Mihaly Csikzentmihalyi, arriba a la espiritualidad inmanente; los temas están imbricados, no separados. «Fluir, el proceso de total involucración con la vida». Su libro Flow, de 1991, y el último: Our evolving selfs: una psicología para el tercer milenio, están basados en esta hipótesis.

Hoy, además de interdisciplinas, hablamos de transdisciplinas. La interdisciplina se funda en conexiones de disciplinas constituidas, sin poner en el tapete fronteras y territorios. La transdisciplina supone una manera de pensar que toma elementos de cada disciplina y no implica fronteras cerradas.
El pensamiento del nuevo paradigma no enfatiza la acción de un hemisferio cerebral por sobre el otro; necesitamos ambos por igual: la lógica y la razón sin la primacía de una sobre la otra. Actualmente, nos referimos a los crecientes niveles de complejidad, todos interdependientes y relacionados.
Metafóricamente, la imagen del viejo paradigma podría ser la de una pirámide (jerarquías), y la de un árbol para este nuevo paradigma (interdependencia): las raíces se nutren de la tierra y la copa se nutre de la luz. Tienen la misma importancia.

En nuestro campo, la salud no puede ser pensada como el polo opuesto a la enfermedad. Interpretar la salud mental como algo separado de la salud física es dicotómico. Podemos pensar en términos de trastornos que pueden manifestarse en distintos niveles del organismo: físico, mental, emocional, y también en los distintos sistemas de los que formamos parte: individual, familiar, social; somos parte de una trama de complejidad creciente: la afectamos y somos a igual tiempo afectados por ella.
La medicina psicosomática nace en este siglo. Sabemos cómo influye el pensamiento en el origen y desarrollo de las enfermedades, y sabemos también cómo, por medio del pensamiento, podemos participar del proceso de curación. Esta manera de pensar la enfermedad remite, de alguna manera, a las antiguas culturas, en las que la gente de la comunidad podía ayudarse y ayudar a los otros: el shaman, que tenía acceso a los espíritus de la naturaleza y de los dioses, era llamado sólo en ciertos casos. La enfermedad no era concebida como un fenómeno individual, sino contextual.
La información del organismo está presente en cada una de sus células; en consecuencia, podemos pensar que podemos enviar con nuestra mente al resto del organismo mensajes para favorecer nuestra curación.
En neurofisiología se realizan experiencias, entre otras, sobre cómo la mente, focalizando la atención, logra aumentar el metabolismo del oxígeno en un miembro. En psiconeuroinmunología se han investigado los neuropéptidos, que son el correlato bioquímico de la emoción.
En la curación del cáncer son reconocidas las investigaciones de Simonton y Siegel , quienes trabajan con los pacientes en técnicas de visualización. También las curaciones por medio de los campos energéticos, o la entrada en estados alterados o expandidos de conciencia, permiten acelerar los procesos de curación, integrados a la medicina alopática.
El empleo de estos medios para la curación de las enfermedades es una de las manifestaciones de los cambios de paradigma en Occidente. Las prácticas se acercan a las de Oriente, al igual que los paradigmas.
Dice Stan Grof : «Los revolucionarios avances en la ciencia occidental moderna: física, astronomía, biología, medicina, teoría de la información, teoría de los sistemas e investigaciones de la conciencia, nos dan una imagen del universo y de la naturaleza humana que se asemeja cada vez más a la de las filosofías espiritualistas de la antigüedad y de Oriente. Se diría que nos estamos acercando a una fabulosa síntesos de lo antiguo y lo moderno, y una integración de alcances tan profunods entre las grandes realizaciones de Oriente y Occidente no puede dejar de tener hondas consecuencias sobre la vida de este planeta».
Los paradigmas tienen una poderosa influencia indirecta en toda la sociedad; la inclusión de la mujer en la toma de decisiones, por ejemplo, forma parte del nuevo paradigma. En el paradigma agonizante, la primacía de la lógica, de la razón, del análisis (atributos del hemisferio izquierdo, cúmulo de items más desarrollados en el hombre) tuvo como consecuencia una visión patriarcal del mundo, del dominio de lo masculino sobre lo femenino. En el paradigma actual ambos hemisferios tienen la misma jerarquía. Se trata de un enfoque holístico, que integra armoniosamente lo anterior, la intuición, la poesía, lo que compete al hemisferio derecho, predominante en la mujer. Incluir a la mujer en lugares antes reservados a los hombres cambia la toma de decisiones, enriquece el pensamiento masculingo, produce soluciones del tipo de «todos ganan», no del «yo gano, tú pierdes».
Sin dudas, hoy estamos reexaminando el modelo, cambiando, no ya al agente dominande del sistema, sino el sistema mismo. De esta manrea, sociedades patriarcales basadas en la jerarquía masculina, en el dominio, en el poder de la espada, se transformarán en participativas y cooperativas. Es el poder del cáliz, como propicia la socióloga Riane Eisler .
En la sociedad participativa, el pensamiento es solidario. Pensar y actuar en redes es un hecho natural y la espiritualidad forma parte de la cotidianeidad.
Otro cambio, como consecuencia del nuevo paradigma, es la relevancia que ha adquirido hoy la ecología, que puede definirse como el cuidado de la naturaleza frente a la lucha por dominarla. Desde 1972, primer congreso sobre el medio ambiente, ha habido cambios fundamentales. Somos conscientes de ellos, somos más sensibles a lo que nos rodea.
Edgar Morin señala: «En economía, apostar al desarrollo y al porvenir brillante trajo como consecuencia esta incertidumbre en la que estamos. Estamos en una crisis de futuro. Para nuestra cultura, basada en la seguridad, la incertidumbre produce más estrés, más sufrimiento; es un círculo infernal». Frente a las puertas del siglo XXI, sabemos que no hay nada estable, que lo único estable es jutamente el cambio. Quizá sean las mujeres, una vez más en la historia, las encargadas de determinar el destino de ese cambio.
Es trabajo de la mujer reconectar a hombres y mujeres en una dimensión de conciencia única que abra la puerta a sistemas más amplios, a los que pertenecemos y con los que interactuamos, para poder aprender a transitar cómodamente la inertidumbre del devenir.

Capítulo XXI
EMPUJANDO LOS LÍMITES DEL PARADIGMA SISTÉMICO

El descubrimiento del holograma junto a la apertura de algunos científicos hacia la antigua sabiduría oriental son algunos de los factores que sustentan la integración de la espiritualidad en el pensamiento sistémico.

Hablar hoy de psicología espiritual sería, para muchos profesionales, poco serio. Esto se relaciona generalmente con el campo de las creencias, del pensamiento mágico, del animismo, es decir, con un terreno al que se le ha negado tradicionalmente cualquier inclusión en el estatos científico. Pero el descubrimiento del holograma, la apertura de ciertos científicos a la antigua sabiduría oriental, el pensamiento sistémico a partir de la cibernética y de la teoría de la información, como también los avances científicos, y aun la aventura del pensamiento en el marco del universo en una dimensión holística, fueron sustentando la integración de la espiritualidad en el pensamiento sistémico.
Estamos en la era del pensar complejo y, como terapeutas familiares, no nos basamos sólo en un pensamiento causal, lineal, sino sistémico.
Las configuraciones complejas nos abren espeacios de mayor percepción y nos insertan en un sistema más amplio, con un sentido de pertenencia en el que estamos conectados, de un modo interdependiente y mutuamente afectados.
La experiencia espiritual viene entonces a completar un estado de conciencia, ampliándola y expandiéndola. De este modo nos reconocemos como sistemas con otros sistemas, donde la espiritualidad se integra naturalmente en nuestro pensar, y pasamos a percibirnos como la unidad dentro de la diversidad.

Los nuevos paradigmas

Como ya se dijo, Thomas Khun define los paradigmas científicos como sistemas conceptuales que dominan el pensamiento de comunidades científicas durante un período determinado de la evolución de las cicencias. Finalmente, el viejo y el nuevo paradigma representarán cosmovisiones diferentes e incompatibles entre sí. Esta secuencia se repite una y otra vez en la historia de las ciencias.
El nuevo paradigma, del que hoy somos testigos y actores, también ha recibido sus fundamentos a partir de los cuestionamientos que la física cuántica ha hecho de las concepciones básiscas de la física newtoniana. Estos nuevos pensadores pudieron despojarse de las limitaciones del puritanismo ideológico prediminante en el positivismo occidental, y construir la «herejía» de una nueva concepción -impensable para los conservadores- sobre el universo. No es improbable que la nueva mirada haya recibido la influencia del antiguo pensamiento oriental.

La unidad en la diversidad

Dentro de ese sistema de red, el razonamiento lineal no puede basarse a sí mismo, sino que debe aceptarse la apertura para intentar llegar a la comprensión de todo el sistema, es decir, para comprender la unidad en la diversidad.
La espiritualidad se inserta naturalmente en este tipo de configuraciones a las que el pensamiento causal-lineal tiene un acceso más que restringido. Así, la experiencia espiritual conforma un estado de ampliación y expansión de la conciencia, donde nos reconocemos como sistemas interconectados con otros sistemas. Allí somos la unidad en la diversidad y allí es donde la espiritualidad entre naturalmente. Poor eso, para Maturana1, «lo que llamamos aexperiencias espirituales o místicas son experienciuas de pertenencia o de comunidad en un ámbito más amplio que el de la realización personal (…) El fenómeno espiritual es un estado de conciencia, un modo de vivir cierta dinámica de relación mçás o menos abarcadora de las distintas dimensiones del vivir humano. Una experienca de esa clase tiene consecuencias en todas las dimensiones del hacer y del relacionarse, y por esto es transformadora».
Indudablemente, las fornteras de las ciencais, de la educación y del origen del conocimiento se han modificado radicalmente. Hablamos y trabajamos transdisciplinaria e interdisciplinariamente. Entramos en los campos de otras disciplinas y volvemos a salir, porque la información y la energía son los elementos constitutivos de nuestro conocimiento actual, no sus objetivos.

Desde el constructivismo2 social

En el mundo posmoderno cobramos creciente conciencia de que los objetos de los que hablamos no están en el mundo sino que son producto de nuestras percepciones, de nuestra manera de hablar, de las construcciones y co-construcciones que realizamos. Surgen nuevos términos que definen los nuevos quehaceres y reconstruimos continuamente el lenguaje.
Reconceptualizamos nuestro yo y nuestras relaciones sociales. Cambiamos nuestra forma de hablar, de relacionarnos, de pensarnos, mientras somos pensados por nuestro tiempo. Todo esto conmociona nuestras premisas sobre el yo, haciéndonos dudar de las dtradicionales pautas de relación. El yo que creemos que somos no es un yo estático sino más bien dinámico, un yo en continuo proceso de cambio, abierto, que va construyéndose y deconstruyéndose pemanentemente, en la medida en que crece y evoluciona.
Para los orientales, la realidad es una construcción con todos los marcos abiertos y, por lo tanto, cambiantes; en ese sentido la base de la realidad es la impermanencia.
La forma de redefinirnos a nosotros y a los otros a través del lenguaje, de la conversación, es fundamental para el futuro de esta nueva cultura que estamos forjando y también para las relaciones mismas. Cambiando el lenguaje construimos nuevas formas de interacción social y con esto formamos nuevas maneras de ser, de comprender cómo nos relacionamos, quiénes somos y para qué estamos en este mundo.
Los distintos y múltiples accesos a La Verdad nos obligan a una toma de conciencia, a cambiar el lenguaje jerárquico, verticalista, fundado en el par dominador-dominado correspondiente al mundo moderno, por un lenguaje de cooperación, de partnership, como propone Riane Eisler. El lenguaje de cooperación está marcando una creciente tendencia que se comprueba incluso en el campo del quehacer científico, laboral y educacional. En el lenguaje del partnership reconocemos la necesidad de pensar y accionar de modo interdependiente, entramos en el dominio del pensar solidario, profundamente ligado a la espiritualidad. Es matrilineal o de partnership porque, existiendo interdependencia, no hay primacía de jerarquías, sino aceptación del otro como legítimo otro.

El paradigma social y los límites de la psicología

Los paradigmas, como vemos, tienen implicancias individuales, familiares y sociales. Nacen en las ciencias y lentamente tiñen el pensamiento y las acciones de una época en todos los ámbitos.

«Dentro de la educación el cambio esta dado por la excelencia. Ya no se trata de competir con otros sino con uno mismo.»

Karl Pribram aseguraba que había que ejercitar a las generaciones más jóvenes para que se familiaricen con la paradoja, porque en los nuevos hallazgos científicos abundan las contradicciones. En este nuevo contexto, se ha producido un intento de capacitación, por parte de maestros y alumnos, para la toma de decisiones correctas.
La psicología podría reconstruirse basándose en lineamientos éticos y sociales más comprometidos, sin competir con disciplinas duras menos vinculadas con la ética y moldeadas por trescientos años de escisión entre lo científico y lo espiritual.

«La argumentación de la psicología debe ir más allá de la mente, del individuo, del contexto; más allá de cómo percibimos la relación mente-mundo externo.»

Esto significa ir a los puntos de incertidumbre, donde nosotros somos responsables de las conexiones que establecemos entre nosotros y aquellos que nos rodean, y del modo como los definimos: compañeros, extraños, exranjeros, amigos, etc.
En esta construcción social e individual de las conexiones, vamos dando forma a nuestra identidad, al sentido de nuestros deseos y a lo que somos, para nosotros mismos y para los que nos rodean.
La psicología puede y debe participar en este tipo de conexiones y considerar los profundos cambios que deben articularse, para la transformación de nuestra vida y la del núcleo de influencia al que los terapeutas tenemos acceso.
A partir de los sucesivos cambios en la manera de pensar, podremos volver a dar crédito a un conocimiento interno, o voz interior, que nos es propio y del que nos habíamos apartado. Este inner knowledge, o voz interna, es aquella que puede discriminar. Pero es necesario desarrollar esta potencia mediante prácticas de meditación y de focalización, que nos conecten profundamente con nosotros mismos, con la esfera de conocimiento primario, y así religarnos con lo espiritual.
El conocimiento interno o inner knowledge se da en la experiencia espontánea y sólo puede explicarse en otro lenguaje. La experiencia espontánea no es sólo racional ni lo son nuestras relaciones con los otros. ¿Cómo explicar lo complejo en un lenguaje lineal, racional y lógico? Uno y otro configuran distintos dominios de operación.
En el lenguaje que emerge de la construcción social, en la realidad que percibimos o entendemos como una construcción social, impera la autorreferencialidad. Estamos inmersos en aquello a lo cual nos referimos y, sin embargo, hacemos como si habláramos desde afuera. Hablamos de nuevos paradigmas, de procesos, relaciones, actividad, contexto, pero seguimos actuando en el conocido mundo cartesiano de objetos separados, de materia, sustancia, etc., como si hubiera una mente que supuestamente está en el cerebro organizándolas. Tenemos ideas de lo que es la mente, del cerebro, las cuales están apegadas a las teorías sistematizadas basadas en premisas que dan por sentado la naturaleza y el límite de sus responsabilidades, dejando sin analizar distintos aspectos cruciales de ellas. La mente se ubica tradicionalmente en el cerebro, pero, ¿sería posible pensar en lamente como un holograma inserto en cada célula?

Nuestra responsabilidad

En este mundo de relaciones sociales todos tenemos, como dice John Shotter, una responsabilidad societaria mayor: la de mantener la comunicación de manera comunal y la de desarrollarnos y actualizarnos para poder manejarnos con los cambios que ocurren fuera y dentro de nosotros mismos. Esto sólo es posible en sociedad. Sin embargo,a menudo nos olvidamos que ser es ser con los otros. Recreamos la ilusión de la separatividad: yo puedo ser yo, sin tú.
Respiramos el mismo aire, las moléculas de otros nos respiran: esto denota que somos la unidad en la diversidad. Sin embargo, decimos que somos individuos separados. Podemos actuar el «como si» a los efectos de estudio, pero no debiéramos olvidar que somos sistemas vivientes dentro de otros sistemas mayores en un continuo interactuar en que nos afectamos mutuamente.
Los orientales enseñan a pensar la realidad como construcción y cambio continuo. Las similitudes con el pensar del constructivismo son muchas: el ejercicio de la terapia constructivista consiste en escuchar al otro, no desde un marco sistematizado de referencia, sino desde uno mismo. Dejar el ego de lado, esto es, estar para el otro, sin pensar en nuestros deseos: vale decir, reconocer al otro como un legítimo otro.

CONSTRUCTIVISMO Y ESPIRITUALIDAD

¿Es posible que los cambios de paradigma estén conectados con el acercamiento de la ciencia moderna a la sabiduría antigua?
En los últimos años he intentado consolidar la integración de la espiritualidad como parte del pensamiento sistémico. El constructivismo ha sido una de las articulaciones posibles.
En tanto pensadores sistémicos, no utilizamos sólo el modelo causal-lineal sino también el sistémico; observamos configuraciones complejas en el cosmos, en las que la espiritualidad ingresa de modo natural. Al no ser un pensamiento causal-lineal, no nos regimos sólo por una lógica de carácter deductivo. El observar configuraciones complejas abre espacios de mayor percepción y nos inserta en un sentido de pertenencia a un sistema más amplio, con el que estamos conectados, interdependiente y mutuamente afectados. La experiencia espiritual es un estado de la ampliación de la conciencia; en virtud de esta expansión, nos reconocemos como sistemas interconectados con otros sistemas.
A partir del impacto del nuevo paradigma ya no podemos desechar el Tai Chi ni tampoco otros aspectos del pensamiento oriental, como mero misticismo. Fritjof Capra, en El Tao de la Física, propone al Tao como el paradigma de la física subatómica.
Yin-yang significa literalmente el lado claro y el oscuro de la misma montaña. La vida es una danza continua de opuestos, una dialéctia atemporal. Los principios de la complementariedad, la cuántica y la teoría de la relatividad organizan el pensamiento de la física contemporánea. Junto a los sistemas en equilibrio y las concepciones cológicas, aquellos principios nos recuerdan que las pautas y las relaciones anteceden a las cosas mismas a ser organizadas. Incluso la personalidad es un patrón codificado de interdependencias. El dualismo de espíritu-materia es falso, la realidad es inclusiva.
El modelo holográfico es una de esas teorías integrales que abarca la ciencia y el espíritu. Quizá sea aquel paradigma paradójico, sin límites, por el que está clamando nuestra ciencia. La teoría lleva implícita la asunción de que los estados armónicos, coherentes de la conciencia, están más sintonizados con el nivel primario de la realidad, en una dimensión de orden y armonía.
Las descripciones de una sensación de flujo, de cooperación con el universo, que han sido puntualizadas en diversas investigaciones sobre el proceso creador o los rendimientos atléticos extraordinarios y, a veces, en la vida cotidiana, ¿significan nuestra unión con la fuente?
Si el cerebro funcionase como un holograma, tendría acceso a un todo mayor, a un campo o esfera de «frecuencia holística» que trascendería los límites espaciales y temporales. Según Pribram, este campo podría ser el dominio de la unidad en la diversidad trascendental, descrito por místicos y sabios. El modelo de Pribram de un cerebro que funciona según principios holográficos, además de explicar aspectos desconcertantes del funcionamiento del cerebro, abre perspectivas enteramente nuevas para las especulaciones de estados místicos, de fenómenos parapsicológicos, de curas espirituales.
Todos los científicos que adhieren a este paradigma coinciden en el sentido de interconexión, de interdependencia. Bhom señala que la ciencia, que pretende separar el mundo en sus partes, no puede descubrir las leyes físicas primarias.
Probablemente, la amistad entre Bhom y Krishnamurti, y la de Pribram con Allan Watts, hayan influido en sus teorías.
Si percibimos y pensamos interconexiones, observamos niveles de complejidad crecientes, no jerárquicos.
Así se da que el mundo de las sustancias, el universo de la materia sólida del enfoque cartesiano, fue reemplazado por el de procesos, sucesos, relaciones. La onciencia y la inteligencia creadora son atributos esenciales de la existencia humana, a la vez inmanentes y trascendentes del mundo fenoménico.
No podemos utilizar un pensamiento causal para comprender acontecimientos desligados del tiempo y espacio. Rupert Sheldrake3 estudia este fenómeno, las sincronicidades, al igual que investiga los campos morfogénicos.4
Todos estos cambios producidos en este siglo nos demuestran que el saber objetivo es cada vez más cuestionado, que cae cada vez más en descrédito.

El pensar sistémico pertenece al del nuevo paradigma. Deberíamos enriquecernos conociendo, por ejemplo, las posibilidades de curación que combinan las visualizaciones con los estados modificados de la conciencia, como el entrenamiento autogénico, la meditación, la hipnosis; el modelo holográfico ayuda también a explicar el extraño poder de la imagen: se ha comprobado que los acontecimientos son afectados por lo que imaginamos, por lo que visualizamos.
Desde otra convergencia -el constructivismo-, la tecnología que hemos logrado ha favorecido el tremendo incremento de los estímulos sociales y, como consecuencia, ha habido grandes cambios de nuestra experiencia cotidiana, de nosotros mismos y de los demás.
En nuestras conversaciones están implícitos los valores. A medida que cambiamos las percepciones, cambiamos la acción y la conversación, y por ende, cambian los valores. Esto incluye la responsabilidad sobre el quehacer, como diría Bateson.

BUDISMO Y PENSAMIENTO SISTÉMICO*

Al no ser éste un pensamiento lineal, la persona ve una configuración compleja; no usa la lógica racional causal, la lógica deductiva: «!»Ah!, si esto es así, por lo tanto o entonce, esto», sino que descubre configuraciones complejas (por eso el poeta es peligroso). De este modo abre espacios de mayor percepción y se inserta en un sentido de pertenencia a un sistema más amplio.
El enfoque constructivista, al que adhiero, considera que el sujeto construye la realidad. El marco del consultorio no es un marco sistematizado sino que es preciso dejar de lado el ego del terapeuta, sus deseos, y actuar desde el reconocimiento del otro, del paciente como otro legítimo, y saber que vamos haciendo a medida que veamos siendo. En este proceso, no hay que pensar en un self estático sino en uno que va construyéndose a medida que cambiamos. En la conversación terapéutica vamos formando las acciones y trabajamos con la responsabilidad sobre ellas, y vamos reconociendo que co-construimos nuevas formas de realidad social y, en consecuencia, nuevas formas de ser nosotros mismos.
Al invitar al paciente a asumir la reponsabilidad de sus acciones y contextualizarlo en un mundo posmoderno como el que nos toca vivir(en donde se reconoce estar continuamente informado por distintos medios y recibir distintas verdades, todas válidad), lo invito a tomar la decisión de la acción a seguir en base a su conocimiento interno, su inner knowledge. Sucede naturalmente, y como elección de los pacientes, el pedido de querer entrenarse en el empleo del pensamiento intuitivo. Esto es, no sólo avanzar lógicamente, sino aprender a usar el otro hemisferio cerebral favoreciendo el inner knowledge, darle crédito, desarrollarlo. Es más difícil que el camino de «Vos sos el culpable», pero también más gratificante.
El constructivismo tiene muchas similitudes con el budismo. El budismo es una religión, una filosofía y una psicología; piensa la realidad como construcción y cambio continuo, y se refiere a la impermanencia como base de todas las cosas. El budismo considera que omos parte del todo y que los seres humanos vivimos con la ilusión de separatividad…
Es la primera vez en la historia de los paradigmas que Occidente y Oriente se acercan tanto, y esto tiene consecuencias muy importantes para la humanidad toda. Estamos en el camino de los senderos que se bifurcan, y somos nosotros, con nuestras elecciones, quienes decidiremos cuál es el camino que queremos seguir, no sólo como profesionales, sino, fundamentalmente, como personas.

Capítulo XXII
CONSTRUCTIVISMO EN LA VIDA COTIDIANA*

La abrumadora cantidad de información a la que estamos sometidos -y de la que somos beneficiarios- ha demolido los círculos coherentes de consenso, y el tener acceso a múltiples ópticas, todas válidas, pone en tela de juicio los conceptos sobre lo que opinamos, creemos, apostamos.
El mundo actual no es igual a como era cuando nacimos: cuando yo era chica, recibir una llamada telefónica internacional era motivo de comentario en el barrio. Viajar en avión era un acontecimiento; nos casábamos hasta que la muerte nos separara, etc.
Las relaciones personales se tejían en pequeños grupos. Hoy, en un solo día, vemos y tratamos a tantas y tan disintas personas, en diferentes ámbitos y medios (cara a cara, telefónicamente, por fax, teléfono celular, etc.), que en cada una de estas relaciones enfrentamos ópticas diversas para los mismos temas, y todas válidas. Pedimos «aire» para estar solos y, ¿qué es estar solos? ¿Solos con el fax, con la computadora?
Nuestro mundo posmoderno sólo brinda relaciones cortas e intensas, en paseos, viajes, congresos y conferencias. Surgen nuevos términos que definen los nuevos quehaceres; reconstruimos continuamente. Todo esto ha forjado una nueva cultura. La forma en que nos redefinamos en el ámbito del lenguaje será decisiva para el futuro de la cultura y de las relaciones mismas. Nuestras conversaciones forman las acciones.
En nuestras conversaciones están implícitos los valores; al cambiar la percepción cambia la acción, cambia la conversación, cambian los valores. Es un movimiento circular; más aún es como la espiral de Vico. Esto incluye la responsabilidad sobre el quehacer; en última instancia, al decir de Bateson: «en cada una de nuestras acciones nos debemos la responsabilidad de éstas».
Al hablar de la trama social, Gergen asegura: «El siglo XIX proponía una visión romántica de las relaciones: pasión, sentimientos, creatividad, alma; este vocabulario era esencial para el establecimiento de relaciones comprometidas, amistades fieles y objetivos vitales». A principios del siglo XX la cosmovisión modernista pone en peligro el vocabulario romántico. Para los modernistas, la principal característica del yo es su capacidad de raciocinio. Las personas «normales» son previsibles, honestas, sinceras; creen en el sistema educativo, en la vida familiar estable, en la elección racional de determinada estructura matrimonial. Para Gergern estos conceptos caen en desuso por la saturación social, derrumbándose los basamentos sociales que los sustentaran. Según él, la saturación social nos proporciona una infinidad de lenguajes del yo incoherentes y desvinculados entre sí. Por cada cosa que «sabemos con certeza» se levantan resonancias que dudan y hasta se burlan de lo que creemos, nos impulsan en mil direcciones distintas, hacen que el concepto del yo auténtico se esfume, lo reconocible ya no está. Podemos definir un yo en proceso, abierto a múltiples cambios.
Esta erosión del yo, idntificable actualmente en nuestra era posmoderna, está signada por una pluralidad de voces que rivalizan por el derecho a la existencia, que compiten entre sí por el derecho a ser aceptadas como expresión legítima de lo verdadero y de lo bueno. A medida que estas voces amplían su poder y su presencia, se subvierte todo lo que parecía justo, lógico, correcto. En el mundo posmoderno cobramos creciente conciencia de que los objetos de los que hablamos no están «dados», sino más bien son productos de nuestras perspectivas particulares, de nuestras maneras de hablar.
Cambiando nuestra manera de hablar construimos nuevas formas de relación social y, al hacerlo, formamos nuevas maneras de ser nosotros mismos, para con nosotros y los que nos rodean; modificamos la forma de lelacionarnos, de comprender cómo nos relacionamos, quiénes somos y para qué estamos en este mundo.
En el campo de la psicología esto tiene implicancias importantes. Si nuestra manera de hablar es formativa de nuestras relaciones sociales, entonces, nuevas formas más éticas llevarían a reconstruis la psicología a lo largo de líneas éticas y sociales en las que, hasta ahora, y por competir con disciplinas duras, en principio desvinculadas de consideraciones morales, aquella no podía entrar.
Hacer ciencia no implica estar aislados, separados de lo que nos rodea. La psicología puede y debe participar de este tipo de conexiones, dado que estamos en la finalización del milenio con hechos que transforman nuestra vida cotidiana.
Históricamente, la psicología se mantuvo fuera de las argumentaciones de la ética. El momento actual nos obliga a tomar posición ética como nunca antes, debido a que sabemos con certeza que somos parte del cosmos. Todavía estuudiamos las disciplinas aisladas entre sí, lo mismo que el individuo aislado; sin embargo, actualmente estamos comprendiendo que esta separación es una construcción social.
El estudio de disciplinas separadas, el análisis de cada cosa, el alcance de lo tecnológico, nos llevó a sostener ciegamente la idea de la separattividad. La ciencia, la vida, todo fue analizado, pero este análisis se hizo de una manera limitada, limitante, sin tener en cuenta que éramos parte de un todo, al que dañamos con nuestra ilusión de separatividad.
Siempre supimos que aislábamos el objeto únicamente para estudiarlo, pero terminamos creyendo que los conocimientos obtenidos eran válidos para todos los ámbitos.
Las ciencias han entrado en un período anormal dentro de la evolución del paradigma; como diría Khun, es un período de transición, donde el viejo paradigma racional agoniza y el nuevo, holístico, aún no terminó de nacer.
Tenemos ideas sistematizadas de la mente, del cerebro, apegados a las teorías. Las premisas de dichas teorías dan por sentado la naturaleza y el límite de sus responsabilidades, y dejan sin analizar distintos aspectos cruciales de ellas. La mente está en el cerebro, ¿o podemos pensar como mente, corazón, o mente como un holograma que está en cada célula?
En la relación social nos vamos creando, recreando, construyendo y reconstruyendo. Es una dialéctica del hacer y del ser hechos. Es un construccionismo social e individual. En lo individual, cada uno construye y hasta puede llegar a una conclusión que no sea necesariamente la misma que la de mañana.
A todos nos ha sucedido participar de sagaces debates en los que las opiniones están polarizadas y nos parecen válidas tanto una como la contraria. Tenemos opciones: podemos elegir creer o ser totalmente escépticos, burlarnos de nosotros mismos o tomar la realidad como un sueño; porque nadie tiene la verdad, ¡Era tan cómodo el mundo moderno de «la verdad», de la autoridad del sistema patriarcal» Hoy no existen aquellos ejes de referencias. En el andar aprendimos, con Deborah Tannen, que las mujeres hablan de sentimientos y los hombres de acciones, y mucho más que eso. Se trata de las famosas diferencias de género, que responden a la ubicación distinta en la jerarquía dentro de un mundo patriarcal. Está en nosotros hallar en el amplio abanico del futuro el lugar que nos es propio. Es una opción individual y social.
Berger y Luckman, que en los años sesenta publicitaron la construcción social de la realidad, marcaron nuestrasmaneras de pensarnos a nosotros mismos y, desde entonces, también hemos construido y reconstruido nuestras identidades de acuerdo con los distintos nfoques.
El pensamiento de los budistas enseña a pensar la realidad como construcción y cambio continuo; la impermanencia es para esta filosofía la base de todas las cosas. También las sociedades primitivas tradicionales concebían al hombre como parte integrante de la naturaleza. Somos los occidentales los únicos que nos creemos separados de lo que nos rodea.
Construimos la realidad en una imbricación recíproca de lo social y lo individual que está enmarcada también por la memora genética.
En el ejercicio de la meditación, o de estados no ordinarios de conciencia, entramos en otra realidad no dicotómica que, en el constante fluir, produce cambios en la percepción de la realidad cotidiana. Esto es parte de la experiencia de la conciencia expandida o alterada, experiencia difícil de transmitir.
Esta otra realidad se da en el nivel de las sensaciones, en imágenes cambiantes que el entendimiento intelectual no puede abarcar. ¿Cómo explicar sucesos fuera del tiempo y el espacio desde el aquí y el ahora?
Para concluir: como sostiene John Shotter, comprobamos que la realidad es una construcción social; debemos dejar de pensar la realidad en la que vivimos como homogénea, como igual para todos en todos los lados. Gente distinta en diferentes posiciones, en diferentes momentos, vive realidades diferentes. Por lo que debemos empezar a repensar la realidad como diferenciada, heterogénea, consistiendo en un conjunto de diferentes regiones y momentos, con diferentes propiedades. Podemos pensar la realidad social como un turbulento fluir de continua actividad social, que contiene en sí básicamente dos tipos de actividad: por un lado, un conjunto relativamente estable de centros de actividad bien ordenados, actividades autorreproductivas sostendias por aquellos centros de ellas que son responsables entre sí por sus acciones, pero que están abiertos al cuestionamiento de los otros. Por otro lado, estas regiones o momentos de orden institucionalizados están separados entre sí por zonas de mayor desorden, de actividad caótica, desordenada e irresponsable. Es en estas zonas, regiones marginadas en el límite del caos, lejos de los centros ordenados de la vida social, que ocurren los reales hechos de interés para nosotros.
A medida que nos movemos de un mundo moderno a uno posmoderno, nos damos cuenta de que nuestra realidad es a menudo mucho más desordeanda, fragmentada y heterogénea de lo que previamente pensábamos. Entonces, si la incertidumbre, la antigüedad y la vaguedad son los rasgos reales de gran parte del mundo en que vivimos, y si la manera en que construimos y especificamos estos rasgos va a influir posteriormente sobre la naturaleza de nuestra vida conjunta, entonces lo que está en juego es aprehender cuál, de la pluralidad de los futuros pasos a tomar, será el más adecuado. ¿De quién será la versión que nos conduzca a un futuro mejor?

Lic. Susi Reich
(PAGINA 173)
Fuente: Libro “Terapia para todos los días”