Los granos a los barcos… ¿y los chacareros, a donde?

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Biología

Los granos a los barcos… ¿y los chacareros, a donde?

Le Monde Diplomatique (Diciembre, 2000) 

– 11.12.2000 –

Pequeños y medianos agricultores en vías de extinción .

La actual situación del campo argentino, especialmente la de los pequeños y medianos productores escapa al darwinismo económico ya generalizado en los otros rubros de la economía nacional, donde la absorción y desaparición de las PYMES por parte de grandes establecimientos o grupos económicos está impactando fuertemente sobre la estructura socioeconómica.

Los productores agropecuarios, castigados y al borde de la bancarrota, ¿deben seguir indefectiblemente el camino propuesto por un modelo oportunista y externo que no les ofrece alternativas -y que tampoco los cuenta como empresarios independientes, sino como un eslabón más de una cadena comercial- o bien pueden optar por sendas, quizás más complejas en sus inicios, pero sustentables en el tiempo?

La producción agropecuaria argentina ha presentado en la ultima década un desarrollo tecnológico que le ha permitido posicionarse como un eficiente país proveedor de materias primas.  Los años ’90 ha sido un período de transformación profundo que, aunque marcado por un fuerte aumento de la productividad y la producción, ha separado aguas entre ganadores y perdedores dentro del modelo neoliberal imperante.  Una movilidad tecnológica profunda que permitió y necesitó de la expansión de la escala productiva para mantenerse competitiva en un mercado mundial que no premia la producción de materias primas, sino que marca una constante tendencia a la baja.  Este cambio en la escala de producción no ha tenido un efecto neutro, sino que ha impactado directamente sobre los productores agropecuarios pequeños y medianos, que siguen desapareciendo y cuyos campos pasan a engrosar la escala de los grandes establecimientos.  Obligados a liquidarlos, a aceptar trabajos cada vez mas pauperizados o lisamente a emigrar, se ven forzados a sumarse a la creciente masa de indigentes en un país que desborda de alimentos.

“La capacidad tecnológica, la riqueza mundial, los contactos internacionales, son ahora mayores que nunca, y sin embargo, la distribución de esas mejoras ha sido extraordinariamente desigual: el ingreso promedio en los veinte países más ricos es 37 veces mayor que el de las 20 naciones más pobres.” (1)

Más de la mitad del mundo vive en la actualidad con menos de dos dólares por día, es decir por debajo de la línea de pobreza y unos 1600 millones de personas están ya en condiciones de extrema pobreza.  En América Latina y el Caribe, aproximadamente uno de cada tres individuos esta viviendo en estas condiciones.  Algunos hoy día siguen argumentando que el desarrollo –quizás mejor dicho el “crecimiento” económico- es bueno para la pobreza.  Pero el crecimiento, no distribuye.  “Es muy difícil aceptar la conclusión de que el crecimiento económico es un argumento convincente para la reducción de la pobreza.  El desarrollo, dirigido solamente por el mercado, se ha transformado visiblemente en insustentable, con un incremento irreversible de las condiciones de vida de los más pobres, quienes permanecen en un estado de ‘subdesarrollo sustentable’” (2)

En el campo, los efectos socioeconómicos y ambientales, tienen menos impacto mediático que en los centros urbanos, pero el proceso es lento, sistemático e irreversible.  El llamado ajuste estructural y las políticas neoliberales, has tenido una diversidad de efectos directos en el medio rural.  Entre las cuestiones socioeconómicas y ambientales que impactan directamente tenemos la concentración y segmentación del mercado, el incremento de la pauperización y la consiguiente perdida de la calidad de vida, la degradación de suelos, la expansión de la frontera agrícola, la homogenización de los cultivos y el desmantelamiento de la producción destinada al mercado interno, el reordenamiento territorial, la pérdida del empleo rural, las migraciones internas y la concentración de bienes y riqueza.

La senda actual ha permitido desarrollar un exitoso modelo agroexportado de materias con escaso o nulo valor agregado, sin un proceso industrial que favorezca la producción y trabajo nacional, beneficiando a un sector cada vez más pequeño de la cadena productiva, de la cual el chacarero –entiéndase el pequeño y mediano productor, el campesino- es por supuesto el eslabón más débil.

Mas producción, mas desempleo 

Analizando con un prisma más amplio, en América Latina los guarismos indican que los campesinos conforman el 80% del total de productores rurales, producen el 51% de la cosecha de maíz y en siete países (Brasil, Colombia, Chile, El Salvador, Guatemala, México y Paraguay) son los responsables principales de la seguridad alimentaria.  En Argentina, las PYMES agropecuarias representan aun el 49% de la superficie en explotación y que sigan así o desaparezcan dependerá no solo de sus propias capacidades, sino de políticas de Estado que permitan el desarrollo de un modelo alternativo que las incluya.

Este año probablemente Argentina alcance su segundo record histórico en la producción granaria: 64 millones de toneladas en cereales y oleaginosas, y la futura siembra y cosecha de soja más grande de la historia, 23 millones de toneladas y casi 210 millones de hectáreas sembradas.  También, según los últimos guarismos, superara la cifra de desempleo –urbano y rural- junto con la cantidad de nuevos pobres estructurales: 2.000.000 de argentinos que viven con menos de 1 peso por día, de los cuales 720.000 son niños.

La equidad y el desarrollo sustentable son las claras asignaturas pendientes del modelo de libre mercado “a la argentina” que se impone desde hace mas de una década y que ya claramente golpea con dureza a los productores que viven de sus recursos y trabajo.

(1)   N. Lustig et al. Informe Lucha contra la pobreza, Banco Mundial, Washington, septiembre 2000

  1. Cavalcanti, Poverty and the environment: some lessons from the brazilian experience-A political ecological economist’s perspective, ISSE, Canberra 2000.