Los científicos descubren evidencia de un sexto sentido en los humanos

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Los ancestros de los humanos podrían haberse comunicado mediante un sexto sentido, a través de la detección de señales químicas emitidas por sus pares.  Estas señales eran recibidas por un órgano especializado en la nariz, del cual todavía quedan vestigios.  Algunos científicos piensan que este órgano todavía existe e influencia el comportamiento, otros creen que se ha extinguido.

En las criaturas como los insectos y los monos las feromonas disparan una variedad de cambios hormonales y comportamientos instintivos, como el apareamiento y la agresión.  Catherine Dulac, una profesora de biología celular y molecular en Harvard, intenta descubrir como las feromonas son detectadas y como el cerebro traduce estas señales en cambios de comportamiento.  Ella colabora con Emily Liman y David Corey, profesores de neurobiología en Harvard.  La semana pasada el trío anunció que habían aislado un gen en ratas y ratones que parece jugar un papel central en la detección de feromonas.  El gen también está presente en los humanos, pero contiene mutaciones que aparentemente lo hace inutilizable para la detección de feromonas.

“Esto es concordante con la idea de que el órgano vomeronasal (VNO) humano no es funcionante,”dice Liman.

“Pero los humanos podrían depender de genes diferentes que en los roedores,”dice Dulac.  “Nadie ha hecho una búsqueda cuidadosa de esos genes.”

Los ratones y las ratas tienen un VNO muy bien desarrollado compuesto por millones de células nerviosas.  En cambio los humanos tenemos estructuras similares durante el desarrollo uterino pero para el nacimiento de estas estructuras solo quedan vestigios.  Todavía no se ha encontrado evidencia de si existen células nerviosas. 

Sincronía menstrual 

Se conocen una variedad de feromonas de insectos y roedores, pero ninguna feromona humana ha sido identificada.  La mejor evidencia de su existencia proviene de experimentos donde mujeres voluntarias olían toallas que contenían las secreciones axilares de otras mujeres durante distintas fases de su ciclo menstrual.  A partir de estas experiencias, Martha McClintock de la Universidad de Chicago demostró que los ciclos de las mujeres que olían las secreciones podían ser avanzados o retrasados para que se sincronicen con las mujeres de las secreciones.

Un sexto sentido no es necesario para explicar estos resultados, sin embargo.  Los olores del café y las flores, por ejemplo, son captados por un sistema separado de células nerviosas más arriba en la nariz.  Esta estructura, llamada sistema olfatorio mayor (MOS), podría ser la encargada de percibir ambos los olores y las feromonas.  Los cerdos, por ejemplo, utilizan las células nerviosas en este sistema para detectar una feromona llamada androstenona. 

Si los humanos realmente somos sensibles a las feromonas, por cualquier ruta, éstas no disparan cambios instintivos inmediatos en nuestro comportamiento como lo hacen en otros animales.  “Las feromonas podrían contribuir a la parte inconsciente del cerebro, pero la parte consciente, a través de los otros sentidos, la educación y la cultura, ejerce un nivel de control superior,”dice Dulac.

Por qué necesitarían los cerdos y los humanos sistemas separados para detectar olores y feromonas?

“El acceso es una explicación posible,”dice Liman.  Muchos animales que se basan en las feromonas para la información y la comunicación hacen contacto físicamente con ellas a través de la nariz.  Los órganos sensoriales en la parte frontal de la nariz pueden tomar contacto con las secreciones fácilmente.

Los olores, por otra parte, consisten de moléculas evaporizadas de las cosas como el perfume, el pan horneado o la gasolina.  Las corrientes de aire las transportan por las narinas hacia unos sensores localizados aproximadamente al nivel de los ojos.  Allí está el MOS, un área que contiene millones de células nerviosas que convierten a los olores en impulsos nerviosos que son mandados al cerebro.

Los nervios de los detectores de feromonas viajan hacia una región colectora central, conocida como el bulbo olfatorio accesorio y luego a las partes del cerebro en relación con las emociones y el instinto.  Los impulsos nerviosos de los sensores olfatorios se juntan en una región separada , llamada simplemente bulbo olfatorio y luego viajan hacia niveles emocionales y cognitivos del cerebro.  Los últimos hacen que los humanos identifiquen la identidad de lo que huelen y asocien ese olor con experiencias pasadas.

En otras palabras, la detección de feromonas es inconsciente e inmodificable mientras que la detección de olores es consciente y modificada por las experiencias. 

Fuente: Gazette (Mayo 20, 1999)



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