Cómo influyen los factores sociales en la elección de alimentos de cada individuo

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Fuente: EUFIC
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Cuando se hace referencia al efecto de los factores sociales en el consumo de alimentos, se está designando la influencia que una o varias personas ejercen en el comportamiento alimentario de otras personas, ya sea directa o indirectamente y consciente o inconscientemente. Incluso cuando una persona come sola, la elección de los alimentos que consume está influida por factores sociales, ya que las actitudes y los hábitos se desarrollan a través de la interacción con otras personas.

Cómo influyen los factores sociales en la elección de alimentos de cada individuo
Cuando se hace referencia al efecto de los factores sociales en el consumo de alimentos, se está designando la influencia que una o varias personas ejercen en el comportamiento alimentario de otras personas, ya sea directa o indirectamente y consciente o inconscientemente. Incluso cuando una persona come sola, la elección de los alimentos que consume está influida por factores sociales, ya que las actitudes y los hábitos se desarrollan a través de la interacción con otras personas (1). Las investigaciones en la materia han demostrado que comemos más cuando estamos con amigos o familiares que cuando comemos solos y que la cantidad de alimento consumida aumenta proporcionalmente al número de comensales (2).

Los aspectos económicos de la elección de alimentos

La relación entre un estatus socioeconómico bajo y una salud precaria constituye una cuestión complicada, en la que intervienen factores como el sexo, la edad, la cultura, el entorno, las redes sociales y comunitarias, el estilo de vida de las personas y los comportamientos con respecto a la salud (4).

Diversos estudios de población señalan que existen diferencias claras entre las distintas clases sociales en lo relativo al consumo de alimentos y nutrientes. En particular, los grupos de nivel adquisitivo bajo tienen una tendencia mayor a llevar una dieta desequilibrada y consumen pocas frutas y verduras (3).

Estos hábitos pueden provocar tanto desnutrición (carencia de micronutrientes) como sobrealimentación (consumo energético excesivo que deriva en sobrepeso y obesidad) entre los miembros de una comunidad, en función de la edad, el sexo y el nivel de pobreza. Las personas desfavorecidas también desarrollan enfermedades crónicas a edades más tempranas que las de los grupos de mayor nivel socioeconómico, a menudo identificados por su nivel educativo y estatus profesional.

Grupos con ingresos bajos

Para designar la situación de los grupos con bajos ingresos que tienen dificultades para seguir una dieta saludable y equilibrada, hablamos de pobreza o inseguridad alimentaria (5). La pobreza alimentaria abarca numerosos aspectos, pero tres de los obstáculos principales que impiden llevar una dieta equilibrada y sana son el coste, la accesibilidad y la falta de conocimiento (6). Estos factores han conducido al desarrollo de zonas conocidas como “desiertos alimentarios”. El hábito de consumir alimentos ricos en energía y pobres en nutrientes es consecuencia de la falta de medios económicos para comprar alimentos más saludables. Además, el recargo en el precio de los alimentos saludables parece ser aun mayor en las zonas donde los ingresos son bajos. Por otra parte, la falta de instalaciones adecuadas para cocinar en las casas refuerza la necesidad de consumir platos preparados o comida para llevar, cuya densidad energética suele ser más elevada.

Vivir en una zona donde los ingresos son bajos también puede presentar obstáculos logísticos para comer bien, como la falta de un medio de transporte. El transporte público no siempre es una solución viable, en particular para las personas con hijos pequeños o dificultades para moverse. Por último, el desconocimiento o el exceso de informaciones contradictorias sobre salud y dieta, la falta de motivación y la pérdida de habilidades culinarias contribuyen a disuadir a hacer la compra y preparar la comida a partir de los ingredientes. Experimentar en la cocina es un lujo que las personas con bajos ingresos no pueden permitirse.

El nivel educativo y los ingresos determinan la elección y los comportamientos alimentarios que, en última instancia, pueden producir enfermedades relacionadas con la dieta. Los orígenes de muchos de los problemas que afrontan las personas con ingresos bajos resaltan la necesidad de un enfoque pluridisciplinar para encarar las necesidades sociales y atenuar las desigualdades en materia de salud.

Los factores que influyen en la elección de alimentos no se basan únicamente en las preferencias de cada persona, sino que se ven condicionados por circunstancias sociales, culturales y económicas. Las personas con bajos ingresos afrontan retos específicos cuando intentan cambiar su dieta, por lo tanto, es preciso encontrar soluciones especiales para este grupo concreto. Del mismo modo, la población en general también se enfrenta a numerosos problemas a la hora de cambiar su dieta, que pueden afrontarse con la ayuda de las herramientas que brinda la psicología social. Estos dos temas se examinarán en próximos artículos de Food Today.

Referencias

  1. Feunekes GIJ, de Graaf C, Meyboom S and van Staveren WA (1998) Food choice and fat intake of adolescents and adults: associations of intakes within social networks. Preventive Medicine 27: 645-656.
  2. De Castro JM (1997) Socio-cultural determinants of meal size and frequency. British Journal of Nutrition Apr;77 Suppl 1:S39-54; discussion S54-5. Review.
  3. De Irala-Estevez J, Groth M, Johansson L, Oltersdorf U, Prattala R & Martinez-Gonzalez MA (2000) A systematic review of socioeconomic differences in food habits in Europe: consumption of fruit and vegetables. European Journal of Clinical Nutrition 54: 706-714.
  4. Acheson D (1998) Independent Inquiry into Inequalities in Health. The Stationery Office, London.
  5. Riches G (1997) Hunger, food security and welfare policies: issues and debates in First World societies. Proceedings of Nutrition Society. 56(1A):63-74.
  6. Dibsdall LA, Lambert N, Bobbin RF, Frewer LJ (2003) Low-income consumers’ attitudes and behaviour towards access, availability and motivation to eat fruit and vegetables. Public Health Nutrition 6(2):159-68.