Arnoldo Graus: un hombre de varios mundos

Inicio » Autores y Reflexiones » Arnoldo Graus: un hombre de varios mundos
Medicina y humanidades
Arnoldo Kraus: un hombre de varios mundos 
Medicina, filosofía, literatura. Las historias de vida y el pensamiento de alguien que no conviene ignorar.

Autor: Daniel Flichtentrei para IntraMed

La Bioética será la filosofía de este siglo

Arnoldo Kraus: Un hombre de varios mundos.

Debería resultar extraño afirmar que un médico es capaz de reunir el conocimiento científico y la perspectiva humana; la formación académica y los valores éticos; ciencias duras y filosofía.  Extraño por obvio y por evidente. Sin embargo es hoy tan infrecuente que los médicos seamos capaces de articular estas “caras de una misma moneda” que alguien que lo logra y lo ejerce como misión y como destino es un hombre excepcional. Algo del subsuelo más remoto y más constitutivo de la Medicina se niega a morir cuando Arnoldo Kraus hace oír su voz.

Disueltas las raíces, fragmentados los saberes, desdibujados los valores; el escenario no resulta propicio para la reflexión y la inteligencia al servicio de una ciencia integrada a la cultura. El Dr. Kraus es un hombre culto en el sentido más tradicional de la palabra. Un humanista cuya erudición no le impide estar al tanto de los desarrollos más novedosos de la ciencia. Es por ello alguien cargado de preguntas, esa rara especie tan escasa y tan incómoda. Parece un despropósito no conocerlo, sin que ello implique acordar o disentir con sus opiniones sobre aspectos específicos, ignorarlo es una pérdida y nos empobrece.

IntraMed mantuvo un extenso y profundo diálogo con Arnoldo Kraus como aproximación inicial al conocimiento de su historia de vida y de su extensa obra. Esperamos que a nuestros lectores les permita abrir – junto a nosotros – la hospitalaria puerta de un hombre de varios mundos.

* El Dr. Arnoldo Kraus dictará una conferencia en las Jornadas IntraMed 2006 el día Viernes 7 de Julio en la Academia Nacional de Medicina que se transmitirá a través de Internet a todos nuestros usuarios.

***

Entrevista

La familia, los escenarios, los afectos:

· ¿Dr. Kraus podría hacernos una breve síntesis de su recorrido biográfico?

Nací en México en 1951, soy hijo de emigrados judíos polacos que llegaron después del holocausto. Esto, en muchos sentidos, ha sido una situación importante en mi vida por haber crecido sin familia, con la historia propia de los desterrados y, porque en muchos sentidos, esa situación hace que uno crezca mucho más solo, con un círculo familiar más pequeño, con cierta dosis de nostalgia, de tristeza.

· ¿Y la Medicina cómo se va instalando en su vida?

La Medicina es un pasaporte inmenso para cumplir con mis preceptos;  extenderle la mano a quienes más los necesitan es una suerte inmensa. Y esa suerte no es exclusiva hacia los enfermos, pues, con el tiempo me he encontrado que mucha gente recurre al doctor simplemente para  ser escuchado. Puede resultar extraño, pero,  buena parte de las personas que acuden a mi consulta lo hacen para escuchar y para escucharse. La medicina es un pasaporte magnífico, como decía, para cumplir con ese propósito de intentar ayudar a otras personas.

Hasta hace dos años trabajé en un hospital de gobierno. En México la medicina se divide en dos grandes corporaciones:  instituciones gubernamentales que ofrecen ayuda a pacientes pobres y a personas aseguradas por el Estado y la medicina privada, a la que recurren quienes pueden pagar los honorarios de la consulta. Durante más de 25 años trabajé en una institución gubernamental mexicana prestigiosa. Salí de ahí hace dos años, en el 2004, por diferendos importantes con la dirección, diferencias que tienen mucho que ver con mi forma de pensar y con lo que escribo, particularmente en cuanto a la libertad del pensamiento – ¿cómo hablar de temas como eutanasia, aborto, etcétera si no desde un punto de vista secular?-  y con el respeto debido a la persona de enfrente.  Religión y Medicina no siempre son una buena combinación.

· ¿Cuál ha sido el ambiente intelectual de su familia, de su infancia y adolescencia?

Respecto del ambiente intelectual de mi familia yo diría que era un ambiente normal. Mi padre, que murió hace 10 años, era hijo de  campesinos en Polonia. Él perdió a toda su familia durante el holocausto. Tuvo que trabajar después de la primaria por pobreza en la familia, así que  no puso cultivarse. Hablaba 3 o 4 idiomas, como suele suceder con las personas que emigran de Europa, y era una persona que se interesaba  mucho por la vida política pero que no tuvo una gran  participación en la vida intelectual desde el punto de vista de la literatura, de la pintura, de la música, etc. Mi madre en cambio, provenía de una familia, también polaca de clase media alta. Ella estudiaba, antes del holocausto, la preparatoria así como idiomas y música; quería estudiar biología, pero sus posibilidades se  vieron truncadas  por lo que cuento en un libro que acaba de publicarse en el 2005, cuyo título, ¿Quién hablará por ti?

Los libros, las ideas, la cultura 

· ¿Cuál es el origen de sus inquietudes «extra-médicas» particularmente sobre filosofía, literatura, historia?

En este apartado debo confesar  que cuando tenía 18  años no sabía si dedicarme a la medicina o a la escritura. Al pasar un año en un kibutz en Israel, y debido a que hablaba hebreo en forma fluida, no acudía a  las clases del idioma, por lo que “me sobraban” cada día,  4 horas. En esas 4 horas lo que hacía era sentarme sobre unas piedras que miraban a un lago y empezar a escribir.

Me había ido enamorado de México. En Israel descubrí la pasión por la escritura. Tengo 5 o 6 cuadernos que llené de poesía, de cartas a mi novia, de una pequeña obra de teatro y realmente sentí que la escritura podría ser un pasaporte de mi vida, una forma de vivir. Tanto me gustaba la escritura, que todas las cartas que le escribí a mi novia – y ésta es una historia bonita – y debido a que no había fotocopias en esa época, o al menos en kibutz donde trabajaba, lo que hacía era copiar todas esas cartas para quedármelas y después leerlas. En aquella época yo estaba convencido que sería escritor, que me gustaba realmente mucho la escritura.

Cuando regresé a México, mi padre, como buen desterrado y como persona que había vivido las iniquidades  y desigualdades de la vida me dijo: – “vivir de la escritura y ser escritor, suena bonito, pero es una profesión muy compleja y mantenerse de ella no es fácil”.

Así que me sugirió – una «sugerencia» con forma de «obligación» –  hacer otra profesión. En ese momento no pude contradecir a mi padre y comprendí que podía tomar el camino de la medicina, lo cual, pensaba, podría ser una forma de vivir bien y quizás, posteriormente, escribir. Durante los primeros años de la carrera escribía en un periódico pequeño de la ciudad de México, escribía un poco de cuentos, poesía y ensayos.

Estudié la  carrera de Medicina, después Medicina Interna y posteriormente Inmunología y Reumatología, todo esto en la ciudad de México. Lo hice  en la Universidad Nacional   Autónoma de México y posteriormente en el Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán, que es un  nosocomio de Tercer Nivel. Durante mis estudios médicos dejé la escritura personal y me dediqué a hacer investigación y a escribir sobre temas médicos. Hasta hace dos años seguí realizando “un poco” de investigación –tengo varios artículos médicos en revistas indexadas.  Sin embargo, durante toda la carrera  yo seguía siendo un lector furibundo, tanto de literatura como de filosofía.

· ¿Luego llega el momento de la escritura y la publicación?

Pasado el tiempo, a los 40 o 42 años, cuando yo ya había logrado tener una práctica clínica adecuada, empecé a tener la oportunidad de escribir. En esas épocas recuerdo haber leído una oración de Anton Chéjov que, como se sabe, era  médico y posteriormente  un gran cuentista, quizás el mejor cuentista ruso que ha habido, y que tuvo que empezar a escribir  porque la Medicina no le daba los suficientes ingresos  para vivir. Él repetía una frase muy bonita, que palabras más, palabras menos –cito de memoria- decía: «Tengo dos profesiones en la vida, la escritura y la medicina. Ambas son como  mis amantes. Tengo la gran suerte de que, cuando me aburro de  una, me voy con la otra  y nadie se ofende».   Esa idea me encantaba, me fascinaba, y a partir de esa invitación empecé a darme el permiso de escribir, empecé a darme cuenta que había muchos médicos que habían sido buenos escritores y que los pacientes narraban historias fantásticas a partir del dolor, de su enfermedad, de la sanación y de la muerte. Así que fui abriendo cuadernos donde anotaba todo lo que ellos me decían con la finalidad de darles algún sentido importante  a ese tipo de conceptos.

A partir de que logré tener una práctica médica  suficientemente buena y fuerte como para no tener que preocuparme “demasiado” de la manutención de mi familia, he empezado a escribir cada vez más.

La Medicina , los estudiantes, los pacientes 

· Ud. ha escrito a los jóvenes estudiantes de Medicina: ¿Por qué alguien elegiría esta profesión en los albores del siglo XXI?

Elegir esta profesión en los albores del siglo XXI es ante todo una elección personal de quien se siente atraído tanto por el concepto de persona como por el de ser humano en situaciones de salud o en situaciones de enfermedad así  como por  la ciencia y  el conocimiento científico. La Medicina , a diferencia de otras muchas carreras, así lo escribí en el libro que Ud. menciona, no es una mejor carrera que otras profesiones pero  si es una carrera que le brinda al médico la oportunidad de desarrollarse tanto en el campo humano, atendiendo pacientes, como en el campo científico, investigando acerca de las enfermedades. Por supuesto, habría que agregar que es un magnífico pasaporte para la docencia y para ayudar, sobre todo a los desvalidos,   en este mundo tan dispar.

Creo que aquél que elige la Medicina , y sobre todo aquél que lo hace  sin pensar que es una carrera  en ocasiones bien  remunerada, lo debe hacer pensando que va a obtener muchas satisfacciones a través de los  diálogos con sus enfermos y a partir de lo que logre caminar con ellos a través de la vida. Formarse como ser humano es una  razón fundamental para estudiar Medicina. Los pacientes son excelentes maestros.

·  ¿Tiene Ud. alguna propuesta sobre la formación médica «ideal»?

Esta pregunta es muy compleja. La formación médica ideal es aquella que tenga bien proporcionada la idea de la docencia en el futuro del desarrollo médico, la idea del humanismo como una parte fundamental del ejercicio médico, la idea del conocimiento, como parte fundamental del desempeño médico y también la idea de la investigación , que creo siempre va bien  con la medicina. Yo creo que sería fundamental, como una buena praxis médica, que todos los médicos, o la mayoría de ellos, sean primero generalistas y que sean médicos que conocen mucho del enfermo en general  Debería haber un balance dentro de la propuesta de la formación ideal. También creo que los médicos tendrían que ejercer desde un principio la combinación de la medicina institucional  – esa que se refiere a tratar a pacientes de escasos recursos – combinada con la  medicina privada.

No hay modelo médico ideal . Si se hace un estudio estadístico se encontrará que hay un desencanto profundo de los usuarios de los servicios médicos contra los doctores. Es muy frecuente ver los periódicos llenos de cartas de enfermos donde acusan a la profesión médica, por negligencia, por descuido, por falta de conocimiento, por incompetencia, por dualidades deshonrosas, etc. La denuncia del público al modelo médico actual es importante y hace entrever que no existe esa formación médica ideal.

· ¿Se ha sentido Ud. «extraño» o «ajeno» al modelo promedio del médico actual?

Sí, debo decir que me siento muy extraño y muy ajeno al modelo promedio del médico actual. Lo digo con cierto orgullo, no con displicencia ni con un sentido en el cual yo me considere una persona mejor preparada o mejor médico, simplemente me refiero a que lo “extraño” o lo ajeno al modelo médico actual es porque no tengo ningún pacto con ningún laboratorio, con ningún equipo de seguros médicos, con ningún gabinete de radiología, o con ningún equipo de galenos en donde lo que menos importa es el paciente y lo que más importa son las ganancias económicas. También tengo que decir que, lamentablemente, el promedio del médico actual,  ya sea por presiones externas, económicas o hasta por la “necesidad” de la fama, se ha alejado mucho del paciente. Ese tipo de presiones han hecho que la sana relación entre médico y paciente desaparezca. Los médicos podemos ser también víctimas de una serie de ofertas de todo tipo y podemos ser parte de contratos no del todo decorosos con todas las industrias que giran a nuestro alrededor. Aquí quizás valdría la pena recordar que existen las amenazas de los seguros médicos, de lo que se llama en los EEUU las  Organizaciones Mantenedoras de Salud cuya forma de trabajar es pagándole al médico  un sueldo mensual o  anual que no valora su desempeño, ni  la cordialidad que tenga hacia sus pacientes. En esas compañías lo que menos importa son las personas, tanto los médicos como los enfermos. Simplemente compran la práctica médica y esto hace que el médico ya no se esfuerce más en tener una relación empática con sus enfermos.

Lo mismo sucede con los abogados Hay que recordar lo que el editor del The New England Journal of Medicine advirtió hace 15 o 20 años. Aseguraba que lo peor que le podría pasar a la Medicina era que los abogados se interpongan entre médicos y pacientes. Esa premonición, lamentablemente, ha llegado, y, ahora los abogados se han ocupado de ganarse a los pacientes para hacer demandas de todo tipo contra los doctores y destruir las relaciones entre médicos y pacientes.

· ¿Qué transformaciones percibe Ud. en la Medicina del siglo XXI? ¿Qué se ha perdido, que se ha ganado?

En el siglo XXI, por supuesto, se ha ganado y se ha avanzado inmensamente y geométricamente en el conocimiento de la tecnología, de la biotecnología. Cuando hablamos de clonación, de ingeniería biomédica, de ingeniería genética, etc, estamos ante unas perspectivas que antes parecerían cuentos de ciencia ficción. Se ha ganado mucho al respecto pero también se ha perdido mucho. Ya decía que se ha perdido el contacto humano, pero no sólo eso. Todos leemos en la prensa  como hay grandes fraudes en la Medicina como lo que sucedió el año pasado con del investigador coreano, que publicaba incluso en las revistas más prestigiosas como Science o Nature . Lo sorprendente –y esa historia ha sucedido muchas veces- es que  falsificaba datos, los cuáles eran validados por los revisores, quienes, por supuesto, son científicos de primera línea.  Ese tipo de fraudes daña mucho la ética de la medicina.  Hace algunos años recuerdo haber leído una editorial intitulada, «publish o perish», es decir, «publicar o perecer», donde se hacía alusión a la tremenda y en ocasiones inmisericorde presión sufrida por quienes se decidan a la investigación.

Se ha ganado mucho en el conocimiento profundo del daño celular y molecular, y se ha perdido mucho en ver al paciente como un ser humano completo que tiene enfermedades pero que, ante todo, es una persona. Se ha fragmentado mucho la Medicina. Cada vez es menos popular la Medicina Interna , la Medicina Familiar y son más socorridas, por muchas razones, las subespecializacines.

El poder, el conocimiento, la realidad

· ¿Registra situaciones concretas en que el control social se mimetiza de conocimiento científico para ejercer su poder haciendo de los médicos sus agentes involuntarios?

Esto lo he denunciado en muchas ocasiones. El médico debe ser, dentro de todas las profesiones, una persona absolutamente independiente, que no se vende y que no se vincule con interese obscuros y que no tenga relaciones insanas con el poder.

He escrito varios ensayos sobre lo que es el poder del médico, el poder benéfico y el poder negativo. La bata que viste al médico frente al paciente, que es un ser vulnerable, – esto lo han explotado mucho filósofos tan importantes como Gadamer – le da al doctor un poder inmenso, un poder que le permite ejercer todo tipo de influencias, sanas o negativas. Quiero subrayar que los enfermos cuando llegan al consultorio o al hospital, en  general van “entregados”, van con la idea de que quien está frente a ellos va a ser la persona que dicte su presente y quizás su futuro. Los enfermos son personas desarmadas que fácilmente pueden ser víctimas de un poder mal utilizado. Ejemplos sobran. Los médicos estadounidenses que se prestan a hacer lo que hacen en Guantánamo o en Abu Ghraib; los médicos que colaboraron con Pinochet o los médicos torturadores que trabajaban en la Argentina durante la época de la represión. No puede soslayarse  la participación de los médicos que supuestamente hacían investigación en la época del nazismo en Alemania. .

             La ética debería ser una materia que se  infunda y que se enseñe mucho más de lo que se enseña en la carrera. Una materia que crezca más, que se repita más, que se debería llevar en cada año de la Facultad de Medicina. Yo pienso que la bioética – debo señalar, que tengo escrito un pequeño libro sobre bioética, otro pequeño libro sobre eutanasia y varias decenas de ensayos pequeños y medianos sobre temas que tienen que ver con la bioética –  debería ser una materia que se enseñase con mayor fruición en la carrera de Medicina e incluso en las residencias. Estoy convencido que la bioética será la filosofía del siglo XXI. Basta hojear los periódicos para darse cuenta que día a día se habla de clonación, de ingeniería genética, de SIDA, de eutanasia, de medicina para pobres y para ricos, del derecho a los transplantes, etcétera. Desde ese punto de vista el poder y la discriminación de la Medicina podrían ser menos graves si los médicos tuvieran lo que llamo una “conciencia ética fuerte” o un “edificio ético” bien construido desde el principio.

· La producción de trabajos filosóficos y reflexivos en Medicina tiene una larga tradición: ¿Cree Ud. que esta modalidad ensayística está hoy en retroceso?

Sí, creo que está en retroceso. Hay que recordar que en la época de Hipócrates , después de los filósofos, en la escala jerárquica, venían los médicos porque ambos hacían internados, una especie de internado de estudio. Ese internado combinaba el estudio de la filosofía con el estudio de la Medicina. Lamentablemente hoy en día cuando se revisa la mayoría de los currículos de las universidades materias como ética, filosofía o bioética, tienen muy poco espacio y muy poca atención y un gran descuido, lo cual habla, por supuesto, del poco peso e interés hacia esa área del conocimiento.

           Es poco frecuente ver médicos que, junto con el ejercicio de su profesión, tengan el interés por el ejercicio filosófico. Y es poco frecuente incluso que  las revistas médicas dediquen espacios a éstas reflexiones.  Afortunadamente, algunas revistas como The Lancet, o el British Medical Journal en Inglaterra y el  The Annals of Internal Medicine en EEUU han dedicado un espacio importante para la poesía y la reflexión filosófica en sus artículos. De hecho hay unas escuelas en Europa donde les hacen a los alumnos escribir poemas acerca de la enfermedad o que los hacen actuar como si estuviesen enfermos.

La ciencia, el futuro, los riesgos 

· ¿Cuál es su caracterización del momento científico actual? ¿Cree posible articular una tecnociencia que «todo lo  puede» con una regulación ética de lo técnicamente posible?

Esta pregunta es muy importante. Yo creo que aquí hay que repetir hasta el cansancio lo siguiente. E s cierto, así lo digo públicamente en muchas ocasiones: la ciencia y el conocimiento saben que pueden progresar sin límites, saben que pueden reproducir sus datos en ocasiones sin  nada que los detenga y pocas veces se preguntan  si hay razón para parar o si hay alguna razón para detener la investigación. En cambio la ética también sabe que el conocimiento y la ciencia no tienen límites, pero siempre se pregunta si tiene sentido investigar todo lo que sea susceptible de ser investigado. Se pregunta si hay que poner un límite al avance de la ciencia y al avance del conocimiento porque éste  no sea útil.

Desde ese punto de vista yo creo que hay que contrapuntear siempre ciencia contra ética, en una balanza la ciencia y en otra balanza la ética. La ciencia no siempre es un factor de avance. Para muchos pobres  el inmenso crecimiento de la ciencia, el crecimiento exponencial de la tecnología biomédica sirve de muy poco y, quizás, no sólo no sirve sino que los perjudica porque lo deja al margen de los avances,  los deja sin ninguna posibilidad de acceder a ese tipo de bonanzas, a ese tipo de conocimientos. Yo creo que sí debe plantearse si el conocimiento  debiera tener o no límites, sobre todo pensando en el concepto de justicia distributiva. Entiendo que suena ridículo y absurdo lo que estoy diciendo, pero mientras no se hable un poquito de justicia distributiva, de justicia social y de cierta igualdad el conocimiento puede carecer de sentido si no sirve para mejorar las condiciones de las mayorías. En síntesis, debe balancearse el conocimiento  con la justicia, con la ética, con la distribución adecuada de los recursos.

La bioética, será la filosofía de éste siglo . Creo que si los  avances tecnológicos no se acoplan a urgencias como igualdad y justicia, se irán incrementando las brechas económicas y las brechas entre un ser humano y otro. La apuesta de las personas que les preocupa la ética y la bioética es tratar de contraponer sus fuerzas contra los que se dedican a la tecnociencia. El problema es que la tecnociencia cuenta con muchísimo dinero y la ética y la bioética cuentan con muy poco.

* Para acceder la versión completa de la entrevista haga click aquí

Autor: Daniel Flichtentrei
Fuente: 
Intramed.
Web: http://www.intramed.net