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Olfato
El
progreso continúa
Fuente: Instituto Médico
Howard Hughes.
Poco
a poco y con la ayuda de la genética
molecular, se van descubriendo los secretos
de las primeras etapas de la percepción
de imágenes, sonidos, olores y gustos.Un
nuevo descubrimiento: dos genes que codifican
para lo que parecen ser proteínas
receptoras del gusto, han sido identificados
recientemente por el investigador del HHMI
Charles Zuker, quien se encuentra en la
Universidad de California, en San Diego,
y Nicholas Ryba, del Instituto Nacional
de Investigación Dental y Craneofacial.
Los investigadores piensan que el receptor
TR1, que fue aislado de las papilas gustativas
de ratas y ratones, puede reconocer el
sabor dulce (que generalmente significa
que una sustancia es nutritiva), mientras
que el receptor TR2 reconoce el sabor amargo.
Ambos receptores parecen estar relacionados
en forma lejana con los receptores para
las feromonas.
Pero, ¿cómo
las señales provenientes de receptores
sensoriales llegan a otras partes del
cerebro? Y, ¿cómo el cerebro
interpreta estas señales y responde
a ellas? Se ha progresado mucho más
lentamente en esta área. Algunos
de los resultados más interesantes
sobre las conexiones cerebrales que llevan
a la percepción,
provienen de estudios del olfato—particularmente
del trabajo de Richard Axel y Linda Buck,
quienes han resuelto viejos problemas
en este campo."Uno de los acertijos
era: ¿cómo
podemos recordar los olores durante largos
períodos de tiempo, si las neuronas
olfativas en el epitelio sólo
sobreviven cerca de 60 días, tras
lo cual son substituidas por células
nuevas que tienen que formar nuevas sinapsis?",
dice Buck. "Ahora sabemos la respuesta:
las memorias sobreviven porque los axones
de las neuronas que expresan el mismo
receptor siempre se dirigen al mismo
lugar del cerebro".
Cómo
reconocemos los olores.
En
marzo de 1999, Buck comprobó que los mamíferos
reconocen y procesan los olores mediante
un código que se basa en combinaciones
variables de receptores. Ella compara
los receptores olfativos con las letras
del
alfabeto, que se pueden utilizar una
y otra vez para componer un vocabulario
extenso.
En Life Electronics Research Center,
en Amagasaki, Japón, Buck y sus
colegas utilizaron 30 odorantes distintos
para
rociar unas 600 células nerviosas
olfativas que se habían tomado
de narices de ratones. Un colorante especial
dentro de estas células se activa
cada vez que un receptor odorífero
se estimula. Entonces, en Harvard, los
científicos analizaron el ARN
de las células que respondían
para identificar la proteína
olfativa que era producida.
De
esta manera, descubrieron qué receptores
habían sido
activados, y por medio de qué odorantes.
Concluyeron que los mamíferos
utilizan distintas combinaciones
de receptores para
reconocer olores y para distinguir,
por ejemplo, entre los olores de
las rosas
y de las cabras.
Relación
entre olores y comportamiento.
Ese mismo mes, Axel publicó que
había descubierto los receptores
detectores de olor en la mosca
de la fruta, rosophila—descubrimiento
que
abriría
el camino para relacionar la percepción
del olor con el comportamiento.
Las moscas de la fruta son objetos
de
estudio maleables
y tienen sofisticados órganos
para oler aromas, los que utilizan
para reconocer
un gran repertorio de olores.
El
equipo de Axel identificó 11
genes que codifican para receptores
odoríferos
en Drosophila. Axel estima que pertenecen
a una familia de entre 100 y 200
genes, y planea utilizar estos genes
para estudiar
cómo los olores específicos
influyen en el comportamiento de
las moscas.Si su grupo tiene éxito
en la identificación
de los receptores que son activados
por los olores que inducen el apareamiento,
por ejemplo, los investigadores podrían
mapear el circuito nervioso de la
respuesta de apareamiento. Esto podría
llevar a una forma simple de prevenir
la reproducción
de insectos que comen cosechas. Yendo
más
lejos, Axel espera poder relacionar
ciertas conexiones olfativas en los
cerebros
de las moscas con tipos específicos
de aprendizaje y de memoria.
La
nariz erótica
Al
explorar el órgano vomeronasal,
o OVN, que algunos científicos
ahora llaman "la nariz erótica",
dos equipos de investigadores
anunciaron en abril de 1999 que
habían
mapeado la forma en que las neuronas
sensoriales
de los OVN de ratones se conectan
con las áreas
específicas de los bulbos
olfativos accesorios.Uno de los
equipos fue conducido
por Peter Mombaerts de la Universidad
Rockefeller; el otro fue conducido
por dos investigadores
del HHMI, Catherine
Dulac, de
la Universidad Harvard, y Richard
Axel.
Ambos grupos
sugieren, pero todavía
no lo han demostrado, que las
feromonas
se unen
a receptores
especiales en las neuronas sensoriales
en los OVN de ratones. Resaltan
que esto es difícil de
demostrar, dado que se han identificado
muy
pocas feromonas
mamíferas.
¿Los
seres humanos detectan las
feromonas?
La
mejor evidencia
de que los seres humanos se comunican
a través de feromonas
proviene de Martha McClintock,
quien en 1998
terminó un
estudio en el cual manipuló la
sincronización
de los ciclos menstruales de
mujeres. Cada día, durante
dos meses, ella y Kathleen Stern,
de la Universidad
de
Chicago, recogieron
paños de algodón
de las axilas de nueve mujeres
en distintas
fases de
sus ciclos ovulatorios, y después
los frotaron por las narices
de otras 20 mujeres, a quienes
se les pidió que
no se lavaran las caras durante
las siguientes 6 horas. Las mujeres
receptoras
no conocían
la fuente de los compuestos y
sólo
podían oler el alcohol,
que servía
como control y como portador
del compuesto.Las mujeres que
habían
estado expuestas a los paños
de mujeres en fase folicular
(antes de la ovulación)
ovularon antes, acortando sus
ciclos menstruales.
Sin embargo, los paños
tomados de las mismas donantes
durante el
momento de la ovulación,
tenían
el efecto opuesto, es decir se
retrasaba la
ovulación de las receptoras
y se alargaban sus ciclos menstruales. "Este
estudio proporciona la evidencia
definitiva de la existencia de
feromonas humanas",
dicen los investigadores. "Ahora
se necesitan estudios bien controlados
en
seres humanos para determinar
si existen otros tipos de feromonas,
que podrían
tener efectos importantes en
humanos, de la misma forma que
en otras especies".Sin
embargo, los investigadores todavía
no saben cómo los seres
humanos detectan las feromonas.
Si a diferencia
de los OVN de ratones, los OVN
de humanos resultan no ser funcionales,
los seres
humanos podrían, después
de todo, detectar feromonas a
través
de receptores ordinarios del
olor presentes en la nariz.
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