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      “La  Humanidad  tiene  razones  que  la  Razón  del  Hombre  ignora”    

Notas

Medicina

ECUACIÓN de la SALUD 
Autor: Dr. Emilio Franchi Roussel


Monografía presentada en la Maestría de Psico-Inmuno-Neuro-Endocrinología, de la Universidad Favaloro, por el Dr. Emilio Franchi Roussel, el 11 de marzo de 2004




SENTIMIENTOS de CULPA
 

Para ilustrar este tema, propongo observar un árbol en una llanura. Su tronco, sus ramas y hojas, son la expresión visible del efecto de la luz solar, de la fotosíntesis y sus procesos químicos que al sumarse con los nutrientes y la humedad que desde la tierra le aportan sus raíces, no visibles, hacen el crecimiento de la planta. Del mismo modo, las variadas conductas humanas que podemos apreciar, son consecuencia de motivos manifiestos, concientes y voluntarios, fáciles de advertir, y a la vez, efecto de causas y estímulos inconscientes e involuntarios, no visibles.

Esta última, es la situación de los sentimientos de culpa, sumergidos y ocultos como las raíces, que se suponen o se hacen muy evidentes en sus efectos negativos sobre la existencia y la salud del ser humano.
Como el árbol que recibe del exterior lo que necesita para su desarrollo, nosotros también además de recibir lo material desde lo folklórico de la MC, necesitamos aceptar y administrar los aportes espirituales que nos alcanzan desde el cosmos, del entorno cultural también, e integrarlos con nuestras similares reservas resilientes, para la totalidad de nuestra evolución y madurez.

Los sentimientos de culpa tienen considerable importancia en los cimientos de la vulnerabilidad humana. La sombra, el abandono, la soledad y el descuido de una planta pueden perjudicar su desarrollo. Esta culpa, originalmente no delictiva, inconsciente e invisible, cuyas raíces revisaré, también vulnera el crecimiento de una persona.
Veamos ahora las posibles causas, presentes en diversas etapas de la existencia, que pueden favorecer el desarrollo de la culpa.

I - Desde la Prenatalidad
De carácter filogenético se presenta en la existencia de cada ser. Podemos apreciarla comprendida en los arrastres karmicos negativos, cultivados en el hinduismo y el budismo; señalada en las nociones del inconsciente colectivo, sus arquetipos y en la sombra por C. G. Jung; en los rituales de purificación de las diversas culturas, por ejemplo en las flagelaciones o en el bautismo cristiano, que procura lavar los pecados heredados.

II – En etapas perinatales

1° - En la vida intrauterina.
Por la transmisión de maternales sentimientos de rechazo ante la gestación, voluntarios o inconscientes, vehiculizados en las neurohormonas segregadas por el eje HH suprarenal y recibidas por la vía sanguíneo placentaria, comprometidas en la presión del liquido amniótico excesivo, en el embarazo no deseado [20%, en general], durante la sobrevida a los intentos de aborto y su registro en la conciencia bebinal [como “miscarriage feeling”], en intoxicaciones [alcohol, tabaquismo, drogas, medicamentos, etc.]; traumatismos [caídas y golpes de la madre; música estridente, luces o ruidos intensos]; muerte de un hermano mellizo dentro del útero o al nacer; progenitores angustiados y agresivos; episodios sociales de violencia e inseguridad; vivencias perinatales de aplastamiento y anoxia por contracciones uterinas, comunes en el último bimestre, descriptas por S. Grof como las matrices perinatales básicas, 2° y 3°.

2° - Al momento de nacer.
Vivencia maternal traumática por lo intensa y dolorosa, transmitida y compartida por la criatura, en un prolongado y estancado trabajo de parto, incisiones, aplastamientos, carencia de oxigeno, cordón corto o enrollado, cesáreas tardías, fórceps, maniobras bruscas, ansiedad asistencial, ruidos y luces intensas, fallecimiento de la puérpera, etc.

3° - Luego de nacer.
Aislamiento prolongado en la incubadora por nacimiento prematuro, sin guardia de asistencia y contacto con sus padres. Marginación afectiva por fallecimiento, ausencia o separación de la madre; soledad, abandono o indiferencia maternal; carencia de acciones tranquilizadoras post-nacimiento: falta de contacto corporal y caricias, besos, abrazos, de puesta al pecho, tensión corporal o ansiedad materna de desagrado y rechazo hacia la criatura, por incompatibilidad con el hijo anhelado, por su piel, su pelo, su sexo, su tamaño, etc..

III- En la Primera Infancia.
Durante la alimentación, madre que severa censura o coarta la iniciativa del bebe; por la represión maternal violenta en reacción a las conductas hostiles e inconscientes del bebé [morder, rasguñar, golpear a la madre, etc.]; madre presente pero de actitud marginante al dedicarse demasiado a su marido o pareja, a otros hijos, a su ocupación laboral, a sus conflictos o esparcimientos personales.

En estos casos el niño se siente culposo, como ya describí, por dos motivos: 1°, por no conformar a su madre y 2°, por el rencor y odio que le dedica por su descompromiso y por los esfuerzos que debe hacer para lograr ser reconocido e incluido.
También reitero, cuando existe en la familia un hermano fallecido, motivo de devoción, cuyo recuerdo sugiere comparación desventajosa, dando origen asía la culpa por rencor hacia el difunto y hacia sus padres y por lo opuesto, cuando un hijo/a se sabe preferido/a, sentirse culpable ante uno de los progenitores o frente a sus hermanos.

Por el sufrimiento que supone o se le ha hecho saber que provocó o aun causa en su madre o en sus progenitores. Por una educación parental severa; por la curiosidad sexual y las prácticas autoeróticas sancionadas; por fantasías edípicas o experiencias incestuoides o por manoseos y violaciones sexuales de hecho, en las que a menudo se consiente al violador, un familiar con frecuencia y se rechaza el reclamo por fantasía o mentira y aún, se censura la conducta del violado.

Por la desautorización del derecho al pataleo al expresar una queja o la indignación por una injusticia cierta o una frustración, aún en descargas hacia los juguetes o en inofensivos actos hacia sus padres.
Presión familiar para un rápido crecimiento prematuro, especie de robo de la infancia o estafa moral, en la obligación de realizar trabajos o acciones donde, en vez de ser protegido y cuidado, debe auxiliar y contener a los mayores. Estos “chicos de la calle” o “niños viejos”, desnutridos, carentes de educación, hijos de padres desocupados, de una madre con prole numerosa o que ejerce la prostitución, de padres alcohólicos, drogadictos, promiscuos, delincuentes, crecen culposos. Esta culpa, inconsciente y constante, les impulsa a buscar un autocastigo en las adicciones, en la delincuencia, etc., revirtiendo sobre ellos toda la violencia que en su imaginación desearon descargar sobre uno o ambos progenitores.

IV – En la Segunda Infancia.
Por el rechazo de comprensión, asistencia y auxilio de los padres ante dificultades o errores cometidos en los medios educativos o en ámbitos sociales.
Por juzgamiento y repudio debido a experiencias sexuales cuestionadas, convertidas en estigmas humillantes, como víctima de violadores, por contactos incestuosos u homosexuales, etc..
Carencia regular de habituales festejos familiares en los cumpleaños, en desempeños y fiestas escolares.
Educación religiosa severa.
Experiencias de traslado, aislamiento y soledad, en otras familias o en instituciones escolares o de asilo.
Por influencia familiar, progresiva incorporación de un patrón de juzgamiento injusto, parcial y cruel, que se instala y convierte en constante y compulsiva autocrítica.
Culpa por el rencor y las fantasías vengativas hacia los padres y hermanos.

V – En la adolescencia y adultez.
Carencia de un padrino, justo y protector, para su educación y crecimiento, sea un progenitor, un tío, un abuelo o un hermano mayor para esa función o por la pretensión bloqueada por molesta e injusta.
Culpa por el estilo autentico, espontáneo y libre para ser y comportarse ante sus mayores, como niño precoz o con los hábitos peculiares de los adolescentes [en la ropa, el pelo, los adornos, hábitos nocturnos, etc.].
Iniciación sexual reñida con las normas y expectativas familiares.
Convivencia en pareja cuestionada por la familia y los preceptos religiosos.
Por propias medidas anticonceptivas, o interrupción de uno o más embarazos.

Responsabilidad en el accidente o en la discapacidad en un familiar, en un amigo o aún, en un desconocido, en el comienzo de una enfermedad, en un despido laboral, en el fracaso de una relación afectiva, o en la ocurrencia de la muerte de un semejante.
Culpa del huérfano que no encontró el modo ni la oportunidad para reconciliarse con sus padres, ya fallecidos, o culpa posterior por ser el sobreviviente de un accidente en ruta o naufragio compartido con familiares, amigos u otras personas.

Por separación conyugal o divorcio e inevitable distanciamiento de los hijos.
Por no tener hijos o por haber engendrado uno con defectos congénitos que luego falleció, sin haber logrado un remedio para el trastorno.
Identidad cuestionada por la familia y la sociedad: homo o bisexual, discapacitado, sidoso, bohemio, hippie, devoto de otra religión o miembro de una secta, forastero o extranjero para una comunidad, albino o de otro color, etc.
Luego de considerar las etapas de la vida y el paulatino desarrollo de la culpa debemos otra vez referirnos a los patrones de juzgamiento, agentes productores de remordimientos y autocastigos.

El patrón de juzgamiento excesivo, presente en los dos niveles extremos de la heteroestima, actúa en diferente estilo en cada uno de ellos.
En la subestimación la crueldad e injusticia se ejerce sobre sí mismo o sobre aquellos semejantes próximos que son fuente de afecto, o bien origen de trabajo y retribución económica. Quien se descalifica no se atribuye merecimiento alguno de bienestar y salud. De esta forma incentiva la discordia con la pareja, facilita el maltrato de sus empleadores, practica excesos autodestructivos y su vida es una cadena de problemas, sufrimientos y enfermedades.
En la sobrestimación podemos encontrar formas manifiestas de triunfo material, ejercidos por individuos que han logrado poder y prestigio. En la sociedad son aprobados y envidiados. Esto es lo público y manifiesto. Sin embargo la intimidad del triunfador es diferente, por el accionar del patrón de juzgamiento. Para alcanzar sus metas a menudo el exitoso suele crear sus propias reglas en franca transgresiónn de las normas éticas. Su autocrítica que le convence de su culpa, anterior o posterior a cada una de sus violaciones provechosas, puede impulsarlo a nuevas faltas o aún, sin haber cometido ninguna, convencido de su falta de merecimiento, busca y encuentra su perjuicio.

La sobrestimación suele acompañarse de omnipotencia y temeridad presente en las conductas de exceso, sea en el trabajo, en la alimentación [obesidad o anorexia-bulimia], en la codicia y ostentación material, en el exhibicionismo de su patrimonio, en las adicciones, en el juego, etc..
Al surgir los problemas, los accidentes, las quiebras económicas, los apremios judiciales, la enfermedad en cónyuges e hijos, abandonados por las actividades frenéticas, puede comprobarse el accionar sutil de la culpa inconsciente cuya presencia y prueba son estos efectos negativos.

Cuando el individuo pueda reconocer que siempre se cosecha lo sembrado, que la corresponsabilidad acompaña a todos los resultados, positivos y negativos, es posible que reflexione sobre la justicia, presente o ausente en sus patrones de juzgamiento, sobre su propia noción de culpa y falta de merecimiento o bien, de inocencia, dignidad y derecho al bienestar.

Al considerar mas adelante los factores de resiliencia podremos considerar el tercer nivel de la valoración óptima, ahora sí personal “autoestima”, de la mesura, del justo medio, bajo el gobierno y soberanía del propio individuo, con relativa dependencia del medio, con su filosofía y estilo de vida que, mas allá del azar y la ingobernabilidad de la existencia, puede otorgar paz, respeto y bienestar, por efecto del patrón de evaluación, sensato y justo.

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Junio 2000