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      “La  Humanidad  tiene  razones  que  la  Razón  del  Hombre  ignora”    

Notas

Medicina

ECUACIÓN de la SALUD 
Autor: Dr. Emilio Franchi Roussel


Monografía presentada en la Maestría de Psico-Inmuno-Neuro-Endocrinología, de la Universidad Favaloro, por el Dr. Emilio Franchi Roussel, el 11 de marzo de 2004




ESTIMA PERSONAL y PATRONES de JUZGAMIENTO

Dentro de la matriz cultural en la que somos educados y socializados, nos desarrollamos tutelados e influidos por valores, ideales, creencias, mitos, leyendas y modas, que en conjunto nos ofrecen e imponen un modelo y modo de comportamiento, típico y tradicional.
Este modelo social, especie de programa cibernético, paulatinamente ingresa, coloniza, se adueña de nuestra personalidad para causar entonces la pérdida de la soberanía y la usurpación de los derechos una vez sometidos. Ciertas protestas y aún el berrinche infantil, justificados y racionales en ocasiones, hacen referencia a la rebeldía que la criatura intenta esgrimir en su defensa. Sin embargo, sus educadores mediante gestos o duros castigos culpógenos, suelen reprimir y desvirtuar todo derecho a la desobediencia, al libre albedrío, a menudo sensato, vulnerando de comienzo la razón del innato sentido común.

Este gobierno hegemónico, que puede anular nuestra natural autonomía, ejerce sus patrones de juzgamiento, desde el exterior a partir de otros, en principio la familia, luego desde los gobernantes y en nuestro interior e intimidad, desde y hacia nosotros mismos, una vez que hemos sido dogmatizados. George Orwell en su novela “1984”, delineó con certeza esta experiencia, donde una ideología totalitaria del Gran Hermano domina a los ciudadanos, con su sistema de penetración en su hogar, donde les adoctrina, dirige y controla las 24 horas.
Transcurridos los primeros momentos idílicos, gozados al nacer y en la primera infancia, este juzgamiento convencional progresivamente nos ubica, como les ocurrió a nuestros mayores, en la atención y dependencia de la valoración ajena. Cuando ya no es propia y no depende de uno mismo y es entonces, administrada por el entorno. adquiere el carácter de “hetero-estima”y la “Subestimación personal” u “Ortonoia” (cuyo significado es: mente correcta, del griego “ortho”, por recto, correcto o verdadero, y de “nóos”, “nóus”, por mente) es su primer nivel.

Por efecto del patrón de juzgamiento parcial, injusto y tendencioso, producto de nuestra matriz cultural, que por hábito tiende a desvalorizar al individuo, se establece por vía familiar esta subestima, que en modo predominante solo destaca cualidades negativas en la persona del infante. Cuando esto ocurre, los atributos positivos quedan ignorados o reprimidos, mediante su fraccionamiento y adjudicación a otros, como veremos más adelante.

El fértil terreno para la subestimación se desarrolla y enriquece por varios factores:

- Los padecimientos perinatales y de la primer infancia ya descriptos, por ej.: la carencia de madre, su insatisfactoria sustitución, o por un maternaje inapropiado.
- La crítica cultural extremista, que solo observa, destaca y condena lo negativo, en el ámbito familiar y luego en instituciones sociales, educativas y laborales.
- En consecuencia, el establecimiento dócil y progresivo de una autocrítica cruel e injusta, que en su parcialidad desconoce cualidades y atributos positivos que coexisten en su persona.
- La comparación desventajosa con otros seres, juzgados excelentes.
- La disconformidad de los mayores comunicada en sus recriminaciones, penitencias y severas sanciones.
- La exposición de extrema sensibilidad y susceptibilidad del individuo, a merced de dicha influencia.
- La condición de hijo no deseado, natural no reconocido, adoptivo o abandonado por alguno de sus progenitores.
- Cualquier condición física que hace contraste con la estructura calificada como normal, sea en altura, medidas del contorno corporal, color de piel y sus anexos, por la visión, el oído, el habla, etc.
- El padecimiento de alguna alteración en la fisonomía o enfermedad (síndrome de Down, tuberculosis, cáncer, sida, albinismo etc.).
- Conductas de debilidad, física o anímica, de timidez, torpeza y bochorno, por errores o fracasos, que provocan extremo temor y dependencia de otros.
- Las vivencias de aislamiento y segregación padecidas en la familia, en instituciones educativas, laborales o deportivas.
- La impotencia ante el acoso moral o abuso sexual, en la familia o fuera de ella, cuya denuncia por el abusado a menudo no es considerada.
- El trabajo prematuro por fuerza mayor, en ocupaciones que no emplean ni exigen la riqueza de sus recursos, o por ser ajenas a sus intereses y talentos vocacionales, o bien, por el exceso que conduce a la extrema fatiga, a la pérdida del humor, la disminución de las defensas y a la pérdida de la salud.
- El sometimiento a vínculos, laborales y afectivos, que no respetan su dignidad y la imposibilidad de terminar con ellos
- Imposibilidad o seria dificultad para abandonar cierta adicción (tabaco, alcohol, comida, juego, medicamentos, drogas, etc.) que iniciada por el negativo acomplejamiento, lo mantiene y aumenta.
- El sentimiento de culpa, consecuencia de cualquiera de los factores precedentes.
- La presencia de un gen o mejor, de un “psicogen depresivo” en el genoma, que favorece el desarrollo de la subestimación y el cultivo de los factores precedentes
- El sentimiento de insignificancia que provoca la enormidad del Cosmos y la Naturaleza, como la fuerza e ingobernabilidad de sus fenómenos, que enriquece el generado en las relaciones con las personas.
- La intolerancia e inútil resistencia ante el azar, las sorpresas, los accidentes, las injusticias y las realidades de la existencia incontrolable, que incluye transitoriedad vital, ciertas intoxicaciones y enfermedades, el envejecimiento y la propia muerte.

Cuando la autocrítica negativa y parcial queda establecida, las virtudes y talentos de la persona son ignorados, desprendidos de sí mismo y adjudicados luego, a otro o a otros. El individuo así fraccionado se mediocriza a sí mismo y simultáneo, idealiza, admira e idolatra a otras personas, y solo a ellas, a quienes atribuye lo excepcional humano.

La “autotomía”, de “auto” y el gr. “tomé”, por corte, se llama en biología a “la amputación espontánea de un miembro o porción. “La realizan como medio de defensa los animales de elevado poder de regeneración”. Una lagartija, por ejemplo, tomada por su cola no tiene dificultad en desprenderla y huir, porque conoce su propia posibilidad de recuperación. Por nuestra parte, es común que nos separemos de ciertos atributos personales, negativos y aún positivos, por automáticas maniobras de desprendimiento, que podríamos llamar “psico-autotomías”, con la vana ilusión y deseo, a diferencia de los reptiles, de no recuperar nada de lo disociado, .

La psico-autotomización es un recurso de represión, también defensivo como el biológico. Como la lagartija que restaura su cola perdida el “retorno de lo reprimido” es, a pesar nuestro, inevitable como Freud supo señalarlo en el “carácter indestructible de los contenidos inconscientes”.
La conciencia disminuida, por influencia de la matriz cultural, de la educación y los recursos represivos, configuran una personalidad común e inmadura que se puede advertir así dividida, disociada o recortada y mutilada. Por ello podría llamarse “persona psico-autotomizada” a la personalidad típica e inmadura.

En comparación, la persona integra y madura, sería aquella cuya conciencia ha logrado reincorporar lo autotomizado y atribuido, asumir plena responsabilidad sobre lo recuperado, contemplar y respetar su propia totalidad, oscura y lúcida, requisitos indispensables para llegar al completo reconocimiento de los otros, del entorno y del cosmos.
Esta es la persona que por efecto de su experiencia de vida, de sus errores comprendidos y perdonados, de sus virtudes y aciertos, ha sabido reflexionar y confirmar que siempre, sea positivo o negativo, el ser humano cosecha lo sembrado.
Veamos como es el retorno de lo reprimido o autotomizado, por ahora solo en relación al complejo negativo o “sombra”, como C.G.Jung le denomina.

Puede ser recuperado y:

1º, convertido en un trastorno psiquiátrico,
2º, transformado en una somatización crónica o una enfermedad que, si el entusiasmo vital ha decaído por una pérdida o una ausencia trascendente, puede amenazar gravemente la salud y la vida.
3°, o incluido en una enfermedad auto-inmune, que suele desatarse por la fusión de viejas injurias reprimidas [abusos, humillaciones, abandonos prematuros] con un factor desencadenante del presente [fallecimiento de seres queridos, divorcios, separaciones, despido, jubilación, etc.,] que al incrementar viejos sentimientos culposos, me permito conjeturar, pueden convertir al propio individuo en un antigeno a destruír por el sistema psico-inmune personal [SpsIP]. Este patrón de juzgamiento, inflexible e irracional, cuando no acepta atenuantes ni indulgencia o no encuentra sentido ni significado a la existencia, por la acumulación de agravios y frustraciones, puede condenar y sentenciar el fin.
4º, y nuevamente expulsarlo en la adjudicación a otras personas, como es costumbre en las relaciones verticales, en el trabajo, donde se menosprecia a los subalternos, en la familia, en una nueva pareja, elegida con premura y sin mayor conciencia por este propósito inconsciente, a los hijos, o bien, en el ámbito social, en las rutinas discriminatorias del machismo, el racismo, la xenofobia, el antisemitismo, etc..
Este es el común comportamiento del 2° nivel o paranoia, de sobrevaloración y engreimiento personal, protagonizado y defendido por dirigentes autoritarios, tiranos o demagogos, quienes arrogantes dominan o encandilan a sus seguidores, subestimando la coexistencia de su vulnerabilidad. Volveré sobre este tema.
Este recurso, de uso frecuente y grosero en quienes así procuran mantener su sobrestimación, puede ser empleado asimismo en modo alternante, transitorio y sutil, por aquellos que se subestiman y ensayan, con avances y retrocesos, el cambio hacia la madurez,
5º, o recuperarlo en la intimidad para su aceptación y nueva administración adecuada. Esto ocurre cuando obtenida la ampliación de la conciencia y su lucidez, el sistema “psicoinmune” restablece el equilibrio y la soberanía óptima sobre toda la personalidad, positiva y negativa, vulnerable y resiliente.
Este logro de crecimiento y sanación personal, termina con el gasto desmedido de energías en las conductas de mutilación represiva de atributos personales. La persona, ahora integra, auténtica y responsable, puede fluir y producir con creatividad y altruismo. Desde las iniciales conductas centrípetas de sub o sobre estimación por fin puede llegar a la meta de la estima óptima, plena de modestia que en su natural compromiso con el “nosotros” y “todos” demuestra su calidad centrífuga solidaria.

Albert Schweitzer [1875-1965] supo decir:

“Cada paciente lleva su propio doctor dentro de sí. Lo mejor que podemos hacer,
es dar al doctor que reside dentro de cada paciente, la oportunidad de entrar en acción”.

Sócrates, con similar actitud, estimulaba en sus discípulos la búsqueda personal de respuestas y soluciones dentro de ellos mismos, convencido como los maestros budistas orientales de la presencia del maestro interior en la estructura del ser humano. Desde estas raíces brota una conducta semejante en la psicología transpersonal que señala como Schweitzer al sanador y lo asocia al maestro, como representantes de las reservas y recursos resilientes, para la auto sanación y la reeducación propia. También los terapeutas cognitivos en sus ejercicios de afrontamiento proceden, al parecer, en modo semejante.
Entonces, por consecuencia del pleno empleo de la resiliencia se encuentra la salida del vulnerable laberinto egoico y el acceso al nivel transpersonal de la metanoia, de la justa y propia estima, cuyo etimología dice: “del gr.“metánoia”, por arrepentimiento, conversión” y su significado: “Teol. Cambio de mentalidad por el que el hombre se convierte y vuelve a Dios, se arrepiente y transforma su comportamiento y visión de las cosas” [Diccionario Enciclopédico Salvat, T. 18, p.2515].

Al recuperar los derechos personales con frecuencia se hace evidente, en principio y por un lado, el sometimiento previo, solo apreciable en este momento y por el otro, poder advertir en el ambiente familiar y de las amistades, quienes han favorecido y aplauden el desprendimiento y quienes lo cuestionan y combaten.
Cuando la culpa inconsciente incrementa la subestimación suele provocar un trastorno depresivo en el individuo, quien sin prestarle debida atención, puede como un recluso, pero libre, obligarse compulsivo a cumplir “trabajos forzados” antidepresivos por simpatico-adrenérgicos, para reparar las supuestas faltas cometidas. O quizás, como propuse a una esforzada joven, continuar como “titere, servil, culposa”, siempre lista para todo lo que el “Sr.” disponga. Puede así sobrexigirse con tareas, obligaciones y sacrificios, por su íntima necesidad de hacer méritos, recuperar una imagen digna y los derechos, desconocidos o perdidos.

En ciertos individuos, de compromiso culposo severo, a pesar del reconocimiento, la gratitud y los premios obtenidos, si el factor biográfico o del contexto presente no pierden vigencia y efectividad, es posible que enferme por el protagonismo inconsciente de sus tendencias suicidas, en conductas adictivas excesivas, que suelo llamar el “suicidiario” [laboriosidad tipo “workholic”, con alto consumo de tabaco, alcohol, estimulantes, medicamentos – ansiolíticos y antidepresivos - drogas, etc.]. Una prueba fidedigna de este comportamiento pudo apreciarse en la película “El show debe seguir” o “All that jazz”, dedicada al coreógrafo estadounidense Bob Fosse, quien sucumbe por efecto de su sobrexigencia laboral y frenética actividad, sostenida por los estimulantes, sin límites ni prudencia.

La práctica de estas conductas de aceleración psicofísica, donde se mantiene en fuerte actividad el eje HHSy el tono simpático, [alta secreción de ACTH, cortisol y catecolaminas, que disminuyen la actividad linfática y las defensas] cuyo efecto antidepresivo buscado también se consigue en actividades peligrosas [conducción veloz, evoluciones aéreas, caídas libres en paracaidismo, saltos al vacío, desesperada asistencia a hipódromos y casinos, inversiones económico financieras de riesgo, etc.], en prácticas deportivas excesivas o en vertiginosas y compulsivas conductas sociales.

Quien se subestima es habitual víctima propicia de la explotación y con nulo reconocimiento de su vulnerabilidad, capaz de realizar tareas serviles e ilícitas (ejercer la prostitución, cultivar plantaciones para elaborar narcóticos, incorporar drogas en su intestino para su contrabando y comercialización, cometer delitos, etc.) o ser víctima de estafas.
La “sobrestimación” o “paranoia” es en nuestro medio, por educación e imitación posible, el intento de cubrir, disfrazar y ocultar, para otros y para si mismo, su complejo de subestimación. Es este el 2do. nivel y frecuente estilo de cultivar la estima personal, que por su constante dependencia y adicción a la incierta evaluación del entorno, también debe considerarse como “heteroestima”.

A este respecto es singular advertir que el verbo “timar” - además de definir el quitar o hurtar con engaños, o el engañar a otro con promesas o esperanzas -, admite otra acepción que señala “entenderse un hombre y una mujer con miradas de simpatía amorosa” tan comunes en reuniones, donde su práctica permite suponer su servicio de recíproco reaseguramiento ansioso para la débil hetero-estima.

Este engreimiento y arrogancia, intenta, como señalé, ignorar la subestimación original que lo genera. Sin embargo, por más simulación que practique quien la ejerce, su eficacia es relativa. El menosprecio que coexiste vigente, aún íntimo y secreto, exige logros excepcionales para intentar su anulación, y la simultánea psico-autotomización que atribuye a otro u otros, lo negativo y cuestionable, donde se procura mantenerlo para la humillación ajena y la absolución personal, con ilusa perpetuidad.

Otra vez advertimos aquí la estrechez de la conciencia, su patrón de juzgamiento erróneo e injusto que además de deformar la estima personal también perturba la contemplación honesta y total de la realidad, tal como ella es.
La paranoia, definida como “perturbación mental con ilusiones de persecución o de grandeza”, proviene del griego “paránoia”, por desvarío o locura, desde “paránoos, paránous”, demente, de “para”, por más allá de, más “nóos, nóus”, por mente.

En las auto-referencias de la hetero-estima, sea en su versión de ortonoia o de paranoia, pueden reconocerse los efectos de una explícita ego-adicción.
Por el lado de la subestimación, los relatos de sufrimientos y desgracias incomparables, o sea el “tango personal”, donde en su autocompasión se muestra víctima de los demás, mientras en la vereda opuesta, podemos ser audiencia de las proezas y de las futuras realizaciones extraordinarias de quien cultiva la sobrestimación personal.

En ambos casos, encontramos la adicción a la evaluación ajena, como droga indispensable, sea para encontrar algún valor en su propia persona subestimada, o para desvirtuar la muy disimulada pobre valía de aquel que se sobrestima, presionado a realizar acciones temerarias para lograr el patrimonio material o el record que le permita destacarse, fundar su poder y prestigio, supuestamente salvador de su acomplejamiento.
En “La Silla Vacía”, el honorable Rabí Nachman de Breslau, propone:

“Esfuérzate en no necesitar la aprobación de nadie
y serás libre de ser quien realmente eres.”

La dependencia del entorno social, en estos niveles de precaria valoración, se advierte en la fuerte ansiedad que les provoca la soledad, como en las peligrosas conductas y compulsiones que ejercen con el propósito de lograr o conservar la indispensable compañía y adulación que les reasegure.
Estas prácticas excesivas, que conducen al estrés y a serias enfermedades, se realizan además por la necesidad simultánea y rechazada, a pesar de las advertencias, de cumplir con el autocastigo, sentenciado desde los sentimientos de culpa, que a partir de su estrecha conciencia convencional y el inconsciente no investigado, vulneran y procuran mortificar su cuestionable existencia. Temas que nos ocuparan ahora.

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Junio 2000