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Medicina
ECUACIÓN
de la SALUD
Autor: Dr.
Emilio Franchi Roussel
Monografía
presentada en la Maestría
de Psico-Inmuno-Neuro-Endocrinología,
de la Universidad Favaloro, por
el Dr. Emilio Franchi Roussel,
el 11 de marzo de 2004
LA MATRIZ CULTURAL
Veamos el significado del vocablo “matriz”.
Desde la etimología, luego de referirse
al útero, como órgano muscular
de la gestación, de forma de pera
o de redoma o bien al molde, en que se
da forma a una sustancia derretida, señala
el latín “matrix”, por útero;
fuente, origen, de matr-, tema de mater,
madre + ix, terminación de sustantivos
y adjetivos femeninos [según el
Breve Diccionario Etimológico de
la Lengua Española, de Guido Gomez
de Silva].
Por otro lado, en el Diccionario Enciclopédico
Salvat [Barcelona, España, 1986,
tomo 18, p. 2462] encontramos, Matriz:
molde en que se funden objetos de metal
que han de ser idénticos. Molde
de cualquier clase con que se da forma
a alguna cosa y otras acepciones según
las disciplinas en que se usa el término.
En consecuencia podemos decir: la Matriz
Cultural - MC - es el molde folklórico
que estructura y programa el desarrollo
y crecimiento en cada individuo, otorgando
información, formación y
uniformidad para lograr la identidad social
típica y conocida, en cada uno de
sus miembros incluidos.
Este molde en nuestro caso, de joven república
hispano parlante, en el hemisferio sur,
esta constituido por una serie de factores
de educación e influencias geo-politico-económicas
del medio socio-cultural como son:
- las creencias y hábitos de los
dirigentes de sus clases sociales,
- la justicia, los derechos y obligaciones,
la “avivada criolla”,
- la historia, los cultos y las devociones,
- los criterios de salud mental,
- el idioma, el lunfardo,
- las relaciones laborales ordinarias,
de tipo autoritario verticalista, el machismo,
- los vínculos afectivos, el matrimonio,
la pareja, la familia, la sexualidad, la
gestación y los partos,
- las comidas típicas,
- las prácticas convencionales en
las disciplinas usuales del país,
de las provincias y ciertas localidades,
- las artes [literarias, plásticas,
el cine, el teatro, etc.], las músicas,
los bailes, los deportes nacionales y regionales,
los juegos, las modas,
- los mitos, leyendas, ídolos,
- los medios, el periodismo, la prensa
amarilla y la chismografía, el “chivateo”,
- los desocupados, los asalariados sin
trabajo, etc., etc.
El producto de la MC es el individuo autóctono,
la persona común, idéntica,
determinada por costumbres, creencias y
conocimientos, estilos y modos folklóricos
de conducta, cuya organización y
estructura hace inmediata diferencia con
lo desconocido e inhabitual, lo nuevo y
foráneo.
En este sentido puedo proponer que la MC,
por su ideología e idiosincrasia
incorporada en el individuo, funciona como
un Sistema Psico-Inmune-Social” [SPsIS]
que provee “psico-anticuerpos” ante cada
persona extraña o ante toda novedad
ajena a lo tradicional, que suele ser sentida,
calificada y combatida de inmediato como
un psico-antigeno por el sujeto o las instituciones
folklóricas ortodoxas.
En relación a esto, por mis visitas
a un pueblo del norte santafecino, donde
no era conocido, ni regular mi presencia
y por haber advertido la premura que existe
en señalar semejanzas en todo bebe,
escribí en otra oportunidad ““Todo
forastero despierta suspicacia. Inclusive
recién nacido”, sin desconocer por
supuesto, que programado del mismo modo,
también puedo mostrarme susceptible
ante un desconocido o una novedad.
Asimismo, cada persona, además de
encontrarse afectado por su SpsIS de la
MC, puede construir y cultivar su individual
sistema de creencias y conductas, refractario
a los cambios, a los sucesos inesperados
e incontrolables de la realidad [fallecimiento
de seres queridos, pérdidas económicas,
divorcios, separaciones, accidentes, fracturas,
enfermedades, injusticias, crisis sociales,
incendios, inundaciones, terremotos, conflictos
bélicos, etc.] o a las propuestas
de otros individuos.
En algunos, más que en otros, esta
clara manifestación de la resistencia
al cambio, puede instalarse como coraza
caracterológica, estilo “Reich”,
en defensa de su vulnerabilidad, plena
de fundamentalismo inflexible, origen de
su conducta rígida, tiránica
o manipuladora, que puede llevarle a la
inadaptación social, a la autoagresión,
al aislamiento, a la enfermedad.
Este sistema psico-inmune personal [SpsIP]
, que con diversa magnitud e importancia
todos poseemos, es el que determina e inicia,
en ocasión de afrontar una inesperada
realidad no deseada, el proceso anímico
que llamamos “trabajo de duelo”, de readaptación
adecuada.
Sin embargo, por efecto de los psico-anticuerpos,
puede convertirse en somatizaciones y enfermedades.
En este caso es necesario considerar la
posibilidad que el propio individuo se
convierte para si mismo en un “alérgeno”,
dando origen a una somatización,
como si se tratase de una “alergia hacia
su propia persona”, o bien que se transforme
a su criterio en un “antigeno”, necesitado
de ser agredido por una enfermedad auto-generada.
Es posible además, que un estimulo
negativo determine el rechazo y la represiva
negación en adicciones evasivas,
en quistes psíquicos u “olvidos”,
para algunos, sumergidos en la inconciencia,
hasta la ulterior reaparición de
su contenido. Este es un proceso similar
al de las espinas o fragmentos de vidrios,
conservados como cuerpos extraños
en el organismo, cuya eliminación
señala la inteligencia y habilidad
de los recursos autoreparadopres de la
resiliencia, siempre presentes.
Es oportuno agregar aquí, en calidad
de factor de vulnerabilidad, la “reversión
de la perspectiva” descripta por Wilfred
Bion. Esta es una conducta que al proceder
como un esquema referencial inflexible
e impenetrable, actúa como sistema
psico inmune personal, extremo y peculiar,
que rechaza lo razonable, la percepción
y el sentido común consensual, la
otra cara de la moneda o lo verdadero y
lo novedoso, invisible, ausente o insoportable
para el sujeto.
Quede claro que la reversión a la
perspectiva es la dificultad o la imposibilidad
de apreciar y reconocer una totalidad,
la figura y el fondo simultáneos
- como al presentar y poder ver la imagen
del jarro y los dos perfiles coexistentes
-, el amor y el odio, nuestra nobleza y
nuestra sombra. Estas cualidades coetáneas,
antagónicas en principio por el
empleo de la conciencia ordinaria, pueden
ser advertidas al cabo de un trabajo de
crecimiento personal que habilita la “visión
binocular” propia de la percepción
holística de la conciencia no ordinaria
y madura, la cual permite reconocer y valorar
la totalidad, lo manifiesto y lo implícito,
las ocurrencias intuitivas, la comunicación
telepática y el significado de ciertos
registros almacenados en el inconsciente,
deformados pero sugeridos por los sueños.
El diagnóstico de “cáncer”,
según la MC, el SpsIS, el SpsIP,
la conciencia en juego y el compromiso
con la vida, puede ocasionar reacciones
opuestas. En lo convencional puede determinar
el pesimismo, la impotencia, el abandono
y entrega pasiva a un negro destino irrevocable.
Esto suele ocurrir cuando el prejuicio
de enfermedad terminal e irreparable, convertido
en dogma estimula sin advertirlo, el funcionamiento
asociado de la proliferación tumoral
con la conducta psicoautoagresiva. Conducta
esta última, que ante la intolerancia
de un factor desencadenante, cooperó en
mucho con la aparición o recidiva
de la multiplicación celular maligna,
anulando la capacidad potencial de su propia
resiliencia reparadora. La posibilidad
opuesta es la reacción de autoconfianza
y optimismo, de verdadero interés
y entusiasmo vital, que otorga las curaciones
“milagrosas” así calificadas por
la medicina ortodoxa.
En el ámbito social un conjunto
de creencias suelen convocar, agrupar y
afiliar personas en asociaciones ideológicas
- en áreas de la política,
de la ciencia, del arte, etc. -, que al
adquirir tono extremo y convertirse en
sectas también pueden funcionar
como sistemas psico-inmunes refractarios,
opuestos a cualquier idea o propuesta ajena
a sus devociones.
Importa destacar el factor de la MC y su
SpsIS porque todo aquel que se atreve a
presentar una novedad, una nueva versión
de la historia y de sus ídolos,
un equipo investigador en el área
de la ciencia, etc., está expuesto
a ser juzgado como subversivo del orden
establecido, como un hereje, o un delirante
que ha perdido el juicio, merecedor de
ser condenado al exilio. En la actualidad,
si su propuesta no es política ni
armada, es posible que sea excluido y tolerado
como un vanguardista irracional e inofensivo.
“El místico o genio, portador de
una idea nueva, es siempre disruptivo para
el grupo; el Establishment trata de proteger
al grupo de esta disrupción” señala
Bion y agrega “...todo genio, místico
o mesías, es ambas cosas, ya que
la naturaleza de sus contribuciones será seguramente
destructiva de ciertas leyes, convenciones,
cultura o coherencia de algún grupo,
o de un subgrupo dentro de un grupo.”.
Por mi parte, no creo en el genio. Entiendo
que dicha persona, es mediador y portavoz
de un mensaje cuya autoría se origina
en la integración de varias fuentes
creativas y renovadoras: las nociones tradicionales,
el ámbito social y la conciencia
cósmica que nos aloja. Prefiero
comprender, como lo propone la psicología
transpersonal, que este innovador ha conseguido
ampliar su conciencia ordinaria y folklórica,
en penumbra y aletargada, para lograr el
estado no ordinario de conciencia, lúcido
y despierto, necesario y capaz de transmitir
la novedad.
En relación a toda primicia, idea
nueva o persona, que provoca natural resistencia
al cambio, parece prudente abandonar la
oposición automática, flexibilizar
el filtro incorporado del SpsIS de la MC
y el propio sistema personal [SpsIP] construido.
Como agente de aduana, conviene revisar
y evaluar, para aceptar o rechazar lo nuevo,
con cautela y responsabilidad, aún
surgido de los inconscientes estratos personales,
que tanto puede aumentar la vulnerabilidad
como la resiliencia.
De hecho, la mención a “no hay mal
que por bien no venga”, las congratulaciones
orientales ante la adversidad, las historias
de los ilustres “desobedientes” que por
sus novedades creativas provocaron fuerte
avance a la civilización, como Erich
Fromm supo destacar, son testimonio de
los cambios positivos, del coraje y la
maravilla potencial que el ser humano atesora
como veremos al abordar los factores de
resiliencia.
En síntesis, nuestra sociedad, por
su matriz cultural ortodoxa “en período
de transición”, revela características
de:
- tradición judeo cristiana, culpógena
y transgresora,
- de tendencia materialista, consumista,
- individualista, competitiva, frívola,
- desconsiderada, oportunista y con ciertas
evidencias de mediocridad por deficiencias
educativas y crónica carencia de
autoridades, maduras y responsables,
- obediencia a una minoría de dirigencia
verticalista [en el estado, la empresa,
los sindicatos, instituciones educativas,
anti-socráticas en su mayoría,
las fuerzas armadas, el clero] según
el estilo despótico o demagógico,
con carácter conductor y represor,
- machista, discriminativa,
- intolerante e intransigente entre conciudadanos,
agrupaciones y grupos, por sucesos históricos
y ciertos conductores, que mantienen los
rencores, la desunión y el desacuerdo
nacional,
- permeable a la importación e invasión
colonizadora de usos y costumbres extranjeras,
etc.
He dicho “en período de transición”,
porque podemos observar a la vez, líderes
y agrupaciones, actitudes, ideas y propuestas
de alto contenido integrador, en el propósito
de recuperar la ética, la justicia,
la solidaridad, el trabajo, la seguridad,
la educación y la salud, tras un
proyecto de maduración y crecimiento
popular, en beneficio de la resiliencia
posible.
Era necesario hacer esta mención
sobre la MC en proceso de cambio y en ella
la tradición que ha favorecido la
vulnerabilidad, por medio de la culpa y
la marginación que ahora podemos
describir y considerar.
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