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Medicina
ECUACIÓN
de la SALUD
Autor: Dr.
Emilio Franchi Roussel
Monografía
presentada en la Maestría
de Psico-Inmuno-Neuro-Endocrinología,
de la Universidad Favaloro, por
el Dr. Emilio Franchi Roussel,
el 11 de marzo de 2004
CONCEPCIÓN
Concebir
desde el supuesto saber, la ignorancia
y los prejuicios, en áreas sociales
sin educación, de precaria salud,
o bien, desde la impulsiva e inexperta
juventud, es una rutina nacional que mantiene
los índices de mortalidad y morbilidad,
desnutrición y pobre crecimiento
en niveles aún históricos
y excesivos.
“Cuando
muchas mujeres descubren el embarazo,
dentro de las seis semanas
después
de la concepción, casi todos los
defectos congénitos más importantes
ya se han desarrollado. Si Ud. ha estado
viviendo como si estuviera embarazada antes
de concebir puede evitar ciertas perturbaciones
y muchas angustias innecesarias”,
señala el Dr. Aubrey Milunsky en
“Como Gestar un Bebe Sano” [pags.22/23]
y sugiere una lista de propuestas sanitarias
para las parejas que piensan en la concepción,
entre las cuales elijo incluir aquí las
que siguen:
“Hacer
las vacunas inmunizantes [sobre todo
la de la rubéola, pero también
la de sarampión y paperas].
Revisar antecedentes de salud de los progenitores
y sus familias”.
“Practicar ejercicio con regularidad y
seguir una dieta equilibrada. Paginas más
adelante opina que “la mayoría de
las mujeres debería ganar de 10
a 13 1/2 kgs. durante el embarazo. Los
aumentos insuficientes o excesivos presentan
riesgos para el bebé en desarrollo”.
[pag. 74],
“Espere 2 o 3 meses después de haber
dejado de tomar la píldora anticonceptiva
oral antes de concebir y el mismo tiempo
con el mismo propósito luego de
vacunarse contra la rubéola”
Espere por lo menos tres meses [aunque
es mejor seis] después de un aborto
espontáneo para recuperarse totalmente
de cuerpo y alma. Después de un
parto espere por los menos seis meses antes
de concebir para darle oportunidad al organismo
de recuperarse completamente y para poder
atender bien al recién nacido”.
Esta última recomendación
solo considera a la madre y a su nuevo
vástago pero no contempla a su hijo
ya nacido quien necesita crecer lo suficiente
para admitir un hermano. Conviene entonces
después de un parto, que la madre
haga un intervalo de 18 meses para una
nueva concepción, porque al parir
otra vez, al cabo de 7 o 9 meses, su hijo
mayor tendrá 25 o 27 meses, suficientes
para aceptar a su hermano.
Luego señala:
“Las
mujeres de más de 35 años
y los hombres de más de 50 tienen
un riesgo más alto de tener hijos
con defectos de nacimiento [pag. 33] y
las mujeres demasiado delgadas y demasiado
obesas corren riesgos durante el embarazo”.
Al concebir una criatura fundamos fortaleza
o debilidad, vulnerabilidad o resiliencia.
En las concepciones que favorecen la vulnerabilidad
del ser humano podemos incluir:
fecundación inesperada, accidental,
no deseada; padres adolescentes, desocupados
e insolventes, de personalidad aun inmadura;
realizada en simultaneidad con diversas
adicciones [tabaco, alcohol, drogas, medicamentos,
aún los recetados por efectos secundarios,
etc.] o con hábitos de conductas
excesivas, durante la gestación
y maternidad [en trabajo, deportes, anorexia-bulimia,
etc.] que generan estados maternos de estres
psicofísico; prole numerosa; historia
de largos años de esterilidad y
condición de primer y único
hijo [a menudo sobreprotegido]; gestación
por efecto de violación o con simultaneo
abandono de su padre; características
corporales e identidad sexual del hijo
no deseadas por sus progenitores, etc.
En todas estas concepciones insatisfactorias
siempre coexisten factores psíquicos
maternos que, por transmisión neuroendocrina
placentaria, afectan a la criatura en desarrollo,
como ya veremos más adelante al
considerar los efectos de la marginación
afectiva.
Por otra parte, la criatura concebida todavía
llamada “feto”, en especial por los profesionales,
carece de la valoración adecuada,
como asimismo su progenitora al momento
de parir, en ciertos centros asistenciales
dentro de nuestra cultura tradicional.
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