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      “La  Humanidad  tiene  razones  que  la  Razón  del  Hombre  ignora”    

Notas

Medicina

ECUACIÓN de la SALUD 




EL GENOMA

Al considerar el genoma y la predisposición genética propongo definirle como “psico-genoma” donde se encuentran los “cimientos psicogenéticos”, la materia prima o los fundamentos materiales-espirituales para edificar el desarrollo, la evolución y el crecimiento posible y excepcional del individuo. Este proceso por supuesto se ve afectado por las influencias y los factores positivo-negativos, coexistentes y cooperantes, que intervienen en la vida de cada ser humano.
En adelante solicito cierta licencia científico-cultural en relación con nuestras creencias y esquemas tradicionales sobre el programa genético, para proponer una visión más abarcativa y actualizada de nuestro psicogenoma, tal como lo hicieron S.- Freud y C.G. Jung, visionarios del siglo XIX y XX y los mas actuales como Abraham Maslow, Ken Wilber, Stanislav Grof y otros que ya iré mencionando.
Por ello en los recursos psicogenéticos, pretéritos y actuales, del ser humano, incluyo:

A] la noción de otras vidas, desde las cuales traemos experiencias, conocimientos y destrezas, potencialmente útiles para la existencia actual.
Aquí conviene recordar las “fantasías primitivas o protofantasías” genéticas sugeridas por Freud, el “inconsciente colectivo, los arquetipos y los mitos” descriptos por Jung.
Ajeno a nuestra cultura, el concepto de otras vidas ya vividas, solicita inclusión en nuestros conocimientos por medio de diversas evidencias presentadas desde:

B] la conciencia sin fronteras temporo-espaciales [iluminación, despertar, “satori” o “samadhi”] tal como la describen y estimulan la psicología transpersonal y la sabiduría oriental con sus prácticas de silencio, quietud y meditación, o bien por los sueños [retro o premonitorios];

C] las experiencias cercanas a la muerte, con desprendimiento y reincorporación corporal [común en politraumatizados, en situaciones críticas en quirófano por transplantes o por hemorragias incoercibles, etc.] relatadas en las investigaciones realizadas por Raymond Moody y otros, que hacen creíble la noción de un contenido espiritual que se incorpora a un continente orgánico, en estos eventos o al momento de la concepción, luego de un período entre vidas ;

D] la evocación de otras vidas en los sueños y experiencias regresivas [Brian Weiss];

E] las emergencias espirituales [descriptas por la psicología transpersonal];

F] las habilidades y talentos vocacionales naturales, que permiten la enseñanza espontánea de disciplinas no aprendidas en esta vida y su aprendizaje veloz;

G] la escritura o el parlamento [neoglosia] en idiomas no aprendidos ni conocidos en la vida actual, etc.

H] Las huellas e imágenes mnémicas que ante ciertas circunstancias adversas prenatales e intrauterinas han quedado registradas en la conciencia y memoria del bebino [por bebe intrauterino], tal como pueden evocarse por medio de las práctica de la “respiración holotrópica” así denominada y reglada por Stanislav Grof.

Desde mi experiencia psicoterapéutica puedo afirmar, que en situaciones de cambio y transformación de la personalidad, en circunstancias críticas de la existencia humana, sin necesidad de respiración holotrópica, es frecuente advertir la remoción de vivencias perinatales, donde se confirma la prematura existencia de los recursos prenatales del psicogenoma en el poder de percepción de la conciencia bebinal, despertada y evocada ahora por la alarma, desde su fundación y desarrollo durante el sufrimiento pre y perinatal.

Es fácil advertir en los sueños de un paciente que atraviesa un cambio crítico, cuando relata argumentos oníricos significativos, como: intentos de prácticas abortivas o amenaza de interrupción de su vida prenatal, peligrosas opresiones asfícticas o quemantes, imágenes cadavéricas, experiencias de temor o vértigo ante abismos, túneles o grutas oscuras, encierros e inmovilidad en celdas, etc.

O aún en vigilia, la descripción espontánea de la batalla del desfiladero de las Termópilas, hecha por un paciente en la víspera de la operación quirúrgica de su lengua neoplásica, o los peculiares relatos del proceso de una mudanza, prolongada y emocionalmente extenuante, hecha por una mujer de treinta y cinco años, al abandonar y partir desde su cuarto infantil familiar para acceder a su nuevo departamento de soltera.
Dejo constancia además, que S. Grof describió las alternativas del registro perinatal en lo que llamó “matrices perinatales básicas”, para cada etapa del proceso de nacimiento. Esto me motivó a recalificar al ser humano desde su concepción, proponer el nombre de “bebino” o “bebina”, por bebe intrauterino, en reemplazo del termino “feto” [a la Real Academias Española, en octubre de 1993] y señalar la “conciencia bebinal”, incluida en las nuevas concepciones de la conciencia humana.

Sabemos que ante una amenaza el organismo cuenta con la actividad del eje Hipotalamo-Hipofiso-Suprarrenal [HHS] que le permite ajustarse en la lucha o en la fuga ante el posible perjuicio. En el último bimestre intrauterino, en los momentos de trabajo de parto, que también lo son para el bebino o la bebina, no hay posibilidad de escape o lucha. Por supuesto que la criatura llega equipada para ese desafío. Cuenta con: un exceso de glóbulos rojos para captar la precaria oferta de oxigeno, disminuida por las contracciones uterinas; con las endorfinas aumentadas como nunca para soportar la estrechez inolvidable del aplastamiento y los dolores; el unto sebáceo, para poder avanzar y salir del cruel desfiladero y también, con los recursos hormonales que le otorga el eje mencionado [valores incrementados de ACTH, catecolaminas, testosterona, endorfinas, renina, frecuencia cardíaca y presión, ante la sobrecarga psicofísica, cuyos valores suelen monitorearse].

Activado entonces el eje HHS, por la madurez del area límbica [hipocampo, amígdala, tálamo, hipotálamo] o aún, por la precaria mielinización del SNC, los eventos son grabados en la memoria, donde permanecen constituyendo una singular reserva que será evocada en determinadas circunstancias vitales.

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Junio 2000