La
vida ofrece una serie sucesiva y azarosa
de obstáculos y perjuicios, de facilidades
y beneficios, avances y retrocesos, en
secuencias rutinarias o experiencias críticas
de cambio.
Periódicamente o bien, ante novedades
o sucesos que determinan un nuevo desafío,
la persona, confusa o lúcida, con
historia precaria o exitosa, sola o bien
relacionada y contenida, joven, adulta
o senescente, vuelve a encontrarse en una
encrucijada, en una nueva alternativa de
elección, de luchar por la vida
o huir de ella.
En esos instantes, la persona puede notar
el peso que ejercen sobre su decisión,
aunque a conciencia no lo advierta, su
relación familiar y ocupacional,
en el ámbito socio-político-económico-cultural
que le contiene dentro del macro contexto
planetario, para desanimarle o alentarle,
ya en un sentido como en el opuesto.
En la actualidad, a pesar de la habitual
trascendencia que aún posee la marginación
social y económica en el mundo,
por responsabilidad del grupo de los G7,
la industria bélica, el tráfico
de drogas, de seres humanos, el terrorismo,
etc., podemos advertir algunas manifestaciones
de transformación en la cultura
planetaria. El trabajo paciente de ciertas
organizaciones no gubernamentales, algunos
líderes espirituales, agrupaciones
solidarias, etc., cuya meta es el restablecimiento
y respeto de los derechos de todos los
seres humanos, sin discriminación,
la recuperación del trabajo, de
la educación y la salud, las disciplinas
ecológicas, etc., procuran el cambio.
Afectado por este aporte planetario en
su situación familiar o solitaria,
en sus condiciones laborales, económicas
y de vivienda, ante eventos que tienen
peso detonante de una enfermedad, o que
ya la han desencadenado, la persona educada
e influida por la cultura, por hábito
se entrega y apoya en la asistencia científica
convencional, sin considerar por ignorancia
la fuerza de su sanador sabio interior.
Aún sumido en ese desconocimiento,
el individuo en su encrucijada, armado
por la maravilla auto-recuperatoria de
su organismo biológico, integrado
con su sistema psicoinmune puede, perseverante
y valiente, encarar los temores y la oportunidad,
o bien, disparar sus recursos autoinmunes
para iniciar el abandono de su existencia.
Para mayor claridad, como ocurre en la
computadora y su programa, dispone de “teclas”
y opciones opuestas, sea para “guardar”
la vida o bien, para elegir la que señala
“suprimir”.
Sumado al instinto de conservación
coexisten los recursos autodestructivos
que a menudo, el ser humano emplea generando
un terreno fértil para la enfermedad.
Cuando el trastorno se hace evidente y
se le considera irreparable por desinformación
o prejuicio cultural, es frecuente la práctica
del silencio y el secreto, justificado
en la sugerencia del propio paciente, como
a veces en realidad ocurre, o bien por
el dolor y el sufrimiento que la verdad
según sus allegados, podría
provocarle.
Cuando, por contraste, el profesional por ética
y responsabilidad científica comunica
el diagnóstico correcto al paciente
y a la familia, pero advierte que el pronostico
depende del enfermo y su entorno, entonces
si se tienen en cuenta los recursos complementarios,
mal llamados alternativos, donde el protagonismo
del amenazado y sus recursos de sabiduría
sanadora adquieren relevancia y posibilidad
de fuerte eficiencia.
Aún no existen demostraciones en
imágenes, análisis o reacciones
químicas para aislar y poner en
evidencia los factores psíquicos
coexistentes, antagónicos en el
presente, como lo han sido a lo largo de
la vida, cuyo peso y trascendencia tienen
importancia en estas crisis de salud y
de ánimo.
No podemos mostrarlos, pero si podemos
descubrir con el paciente el estilo de
vida que ha mantenido, precursor del momento
que ahora vive. El mismo con honestidad
podrá advertir cuantos excesos y
suicidiarios mortificantes han comprometido
su existencia, cuanto entusiasmo vital
y mesura ha respetado en su transcurso
y cuanto hay que atribuir a lo accidental
o a lo inexplicable y azaroso en la perturbación
actual del equilibrio biológico.
Existen las tablas de riesgo relacionados
con situaciones críticas humanas
[fallecimiento de seres queridos, quiebras
económicas, divorcios, etc.] como
el registro de las constantes frustraciones
y las estadísticas relacionadas
al desarrollo y a la evolución de
las enfermedades, que pueden ser testimonio
de estos factores psíquicos de negativa
influencia, aún para sorpresivas
recuperaciones inesperadas.
Asimismo, más allá de las
prácticas médicas de positiva
eficacia en la curación de las dolencias,
no puede ignorarse el poder benéfico
ya confirmado, de otras conductas, de compromiso
psíquico y espiritual, como ser:
las plegarias, el humor y la risa, las
visualizaciones, la meditación,
las prácticas de yoga y relajación,
la escritura espontánea, las prácticas
de improvisación en escuelas de
teatro, la continencia afectiva de la pareja,
la familia y los amigos, la asistencia
a grupos de reflexión y autoayuda.
Importa también, el registro e interpretación
de los sueños para comprender la
crisis y las señales útiles
que propone su autor, el propio sabio sanador
y su resiliencia, por la posible transformación
personal necesaria para anular el basamento
psicológico que originó la
enfermedad o su recidiva.
Tampoco se puede subestimar el compromiso
psíquico confirmado en la disposición
humana a la sugestión y a la superstición,
bases de la respuesta tipo placebo o nocebo
[cuando el efecto es negativo, por paradoja]
también presente en las situaciones
críticas.
Tener esta realidad en cuenta compromete
la curiosidad, la perseverancia en la investigación,
la seriedad científica, que tal
vez en el porvenir nos permita visualizar
y certificar, como en los factores orgánicos,
los elementos psíquicos que estimulan
la vulnerabilidad y los que cooperan con
la resiliencia y la salud.
La
conducta de adicción puede
manifestarse, como hemos visto, en dos
estilos:
1°- El de apego-dependencia, de sumisa
adicción como hijo, alumno, paciente
o empleado que da lugar al bloqueo del
crecimiento individual y,
2°- El de la adicción económica,
en el modo de la codicia económica
insaciable con frecuente indiferencia social
que como tal, no admite límite o
fin, dependiente y esclava de la heteroestima
aunque se lo niegue. Esta adicción
no solo daña la salud del protagonista,
sino de su pareja y familia, por la imposibilidad
de cumplir con sus obligaciones y cuyo
efecto además, perjudica a la comunidad
por su conducta no ética, su avaricia
y el pésimo ejemplo que brinda.
Como las convencionales, ambas ego-adicciones
deberían adquirir la identidad y
el nombre adecuado que señale su
carácter de enfermedades de adicción
para ser luego incluidas en los nomencladores
de uso actual, en el “Manual diagnóstico
y estadístico de los trastornos
mentales DSM – IV”, por ejemplo.
En relación a las causas de vulnerabilidad,
también necesitadas de atención
responsable, deberíamos mencionar:
- los efectos nocivos de las enfermedades
que disminuyen la resiliencia PINE,
- las acciones iatrogénicas, por
conductas profesionales desacertadas o
por los efectos secundarios de los medicamentos,
muchas veces no indispensables.
En
el ser humano existen compromisos emocionales
polares y antagónicos
que estimulan la vulnerabilidad y la
resiliencia, o sea:
- la fascinación hipnótica
de la retracción en la tristeza,
la autocompasión, la quietud e inactividad,
de carácter centrípeto y
- el poderoso entusiasmo de concentración
perseverante en obras creativas, al servicio
reciproco de uno mismo y los otros.
Queda en nosotros dejarnos atrapar por
uno u otro polo.
Veamos ahora los factores de Vulnerabilidad:
La
conciencia Ordinaria [su letargo y
oscuridad, la ignorancia y los prejuicios,
los fundamentalismos, la ingenuidad, etc.],
los sentimientos de culpa, la sub o la
sobrestimación, la sobrexigencia
y la tensión permanente, las rutinas,
el tradicionalismo rígido y conservador,
las conductas de exceso [en trabajos, obligaciones
o en placeres y derechos], el desempeño
personal autoritario o seductor, ambos
engreídos y manipuladores o por
contraste, resignado y reverente, según
libreto cultural o de personas y organismos
influyentes, la afiliación mimética
con las modas, el psicovirus MIDOC, la
violencia mal administrada.
Ahora, los elementos de la Resiliencia:
La
Conciencia No Ordinaria [su atención,
su lucidez, su interés y curiosidad,
su percepción ampliada, su capacidad
testimonial, sus ocurrencias intuitivas,
etc.], la soberanía, la dignidad
y los derechos recuperados, la estima óptima,
la laboriosidad lúdica, la capacidad
innovadora y creativa, la mesura en las
conductas, el protagonismo fluido y relajado,
la libertad de pensamiento y acción,
respetuosa del prójimo y la comunidad,
la violencia bien gobernada.
Por
ultimo entonces puedo formular la siguiente
Ecuación de la Salud,