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Medicina
ECUACIÓN
de la SALUD
Autor: Dr.
Emilio Franchi Roussel
Monografía
presentada en la Maestría
de Psico-Inmuno-Neuro-Endocrinología,
de la Universidad Favaloro, por
el Dr. Emilio Franchi Roussel,
el 11 de marzo de 2004
FACTORES de RESILIENCIA
Al describir los factores de vulnerabilidad
he dado a entender mucho de los elementos
de la potencial y efectiva fortaleza, de
la capacidad de resiliencia y afrontamiento
del ser humano. En consecuencia y en beneficio
de la brevedad, creo conveniente iniciar
este apartado con la contemplación
de la Conciencia No Ordinaria, y por su
intermedio, el reconocimiento de los recursos
y habilidades para el afrontamiento y superación
de trastornos, desafíos y debilidades
humanas.
CONCIENCIA NO ORDINARIA
Por medio de un trabajo personal, meditativo
y reflexivo, o bien, por los efectos y
la superación de un crisis personal,
puede el ser humano acceder a la Conciencia
No Ordinaria, y a sus peculiares estados
de percepción, excelentes para la
administración de la cotidianeidad
y las pruebas que la vida puede presentarle.
Una perdida afectiva, un accidente, una
experiencia cercana a la muerte, una severa
quiebra económica, el padecimiento
de una enfermedad, la separación
conyugal, o tal vez, una emergencia espiritual
o una crisis mística - a menudo
mal diagnosticada como brote psicótico
- etc., pueden originar una importante
y provechosa transformación en un
individuo.
Estas encrucijadas, por el incremento y
sumisión a los factores de vulnerabilidad,
puede invitar por un lado, al abandono,
a las adicciones, a la depresión,
a las conductas impulsivas y temerarias
y a la muerte misma. Pero por otro, sumando
paciencia, coraje y perseverancia, es posible
aceptar lo doloroso o lo irreparable, como
suele ocurrir ante el derrumbe de un proyecto
ilusionado o la muerte de un ser querido,
crear otra actitud y estrenar una nueva
ideología ante la vida, en un original
estilo personal.
Esta oportunidad de la crisis, en principio,
solo ofrece un largo período de
confusión e incertidumbre, de miedos
y nostalgias, de soledad, tristeza y escepticismo,
aún de rechazo al auxilio del entorno.
Más tarde, paulatinamente, podrá vislumbrarse
el beneficio de esta coyuntura. Nuestro
“no hay mal que por bien no venga” o la
felicitación que en oriente se otorga
ante las desgracias, se comprenden al experimentar
esta prueba. Si durante ella se acepta
la caída y decadencia de la “ego-adicción”
y su omnipotencia, se comprueba la ocasión
de cambio hacia otra actitud vital.
Una
nueva posición que permite descubrir
y detener las ilusiones, el frenesí por
la felicidad material y al poner limite
definitivo a las exigencias y a las manipulaciones,
del maltrato autoagresivo, ajeno y personal,
dar término a las tensiones y las
ansiedades
Este proceso es un trabajo de duelo que
requiere un largo período de zozobra
por la despersonalización, donde
uno deja de ser quien fue sin tener claro
como ser o bien, no pudiendo ser como uno
desea a la brevedad. Esta etapa, similar
a conducir en la niebla, provoca sueños,
pesadillas y manifestaciones corporales
inquietantes como precordialgias, extrasístoles,
hipotensiones, disneas, angustia, etc..
En este periodo, las imágenes oníricas
suelen incluir el padecimiento de encierros
o aplastamientos en cuevas oscuras, el
paso por desfiladeros o túneles
húmedos, con sensaciones de asfixia
e impotencia, intenso miedo, agitación
y rabia. Estos sueños, con sus emociones
y alteraciones corporales, originados en
la reapertura de los archivos perinatales,
establecidos al nacer, constituyen sin
duda, una clara vivencia de “re-nacimiento”
En coincidencia, esta renovación
provoca, a menudo, el egreso simultáneo
del continente tradicional que nos ha modelado,
que nos ha programado, sin desmerecer u
olvidar sus valores positivos. Efectivamente,
con este proceso es posible el desprendimiento
de la matriz cultural, con la renuncia
al rol de irreflexiva obediencia que nos
sometía y apresaba en vínculos,
creencias y automáticas conductas.
Esta es la transformación y la oportunidad
donde uno puede reconocer que no era víctima
de otros, sino cómplice de los victimarios
y solo mártir de si mismo, dominado
por los propios hábitos de adaptación
resignada.
Este es el cambio que permite rescatar
la soberanía de la personalidad,
abandonar la ego-adicción, la hetero-estima,
los tradicionales patrones de juzgamiento
y la conciencia ordinaria, injusta y parcial,
para fundar la autoestima óptima
y la revinculación con la sociedad,
por el resurgimiento de los valores espirituales.
Del “yo” se accede al “nosotros” en la
nueva filosofía de vida, que ahora
excluye la represión y sus hábitos
de negar, idealizar o evadir.
Tolerar la declinación del propio
“yo”, el rescate de lo adjudicado por la
recuperación de lo psico-autotomízado,
el logro de la indulgencia y la reconciliación
consigo mismo al aceptar la sombra personal,
permite dar nueva orientación a
la propia existencia, reconocer la transitoriedad
de la vida, sorpresiva e incontrolable,
aceptar la muerte imprevisible y en consecuencia,
la realidad total, tal como ella es.
Esta mudanza hacia la apertura de la conciencia
de la madurez y al empleo de los recursos
personales, puede bloquearse en determinados
individuos y circunstancias.
En efecto, en ciertas personas predispuestas
por sus antecedentes y su vulnerabilidad,
donde una situación del presente,
por ejemplo: viajar en avión, en
ascensor, en subterráneos, la soledad,
etc. que adquiere para ellos un fuerte
carácter fobígeno puede provocarles
un “acceso de pánico” donde es posible
reconocer en la sintomatología,
una fuerte similitud con la primera crisis
de la vida, experimentada al nacer.
El relato de quienes se han expuesto a
una técnica regresiva - respiración
holotrópica, rebirthing, etc.- o
aquellos que han sufrido el acceso de pánico,
refieren similares síntomas perinatales,
bien descriptos por el Dr. Alfredo H. Cía
en su libro “La Ansiedad y sus Trastornos”,
donde podemos leer en pag. 84:
“los síntomas posibles del pánico”
que “podemos clasificarlos en: cardiológicos
[palpitaciones, taquicardia], neurovegetativos
[sudoración, escalofríos],
respiratorios [sensación de ahogo,
disnea, opresión o malestar torácico],
neurológicos [temblores o sacudidas,
inestabilidad, mareos o sensación
de desmayo], digestivos [atragantamiento,
nauseas, molestias abdominales], psiquiátricos
o psicológicos [miedo o malestar
intenso, miedo a descontrolarse, miedo
a volverse loco, miedo a morir, despersonalización,
desrealización].”
Al nacer, ciertos niños, no todos,
suelen grabar en su conciencia bebinal
su proceso de nacer, como la temible experiencia
de una grave amenaza a su integridad física.
Desde este registro entonces, en la adolescencia
o adultez, puede originarse una experiencia
de pánico donde el individuo a merced
de la eco-vivencia de aquellas impresiones
perinatales atemorizantes, sufre la sintomatología
recién descripta. Por haber compartido
y sufrido los horrores de la guerra hay
quienes padecen un estrés post-traumático,
otros en cambio, que nunca han estado en
un frente o en un desastre ecológico,
padecen un trastorno semejante, por el
solo hecho de haber nacido con problemas.
Las técnicas de la terapia cognitiva
en la asistencia de los accesos de pánico,
promueven prácticas corporales que
estimulan sensaciones semejantes al ataque,
para ejercer su afrontamiento y alcanzar
la superación del trastorno, provocando
ex profeso síntomas similares a
los padecidos en el nacimiento. Esto también
ocurre, como lo he señalado, sin
provocarlo conscientemente, durante una
crisis vital o aún en las prácticas
de respiración holotrópica
creadas por Stanislav Grof.
La vida conocida y agradable que dura unos
6 meses comenzó en la concepción.
Desde el inicio del tercer trimestre de
la gestación, por la aparición
de las contracciones uterinas y la limitación
progresiva del espacio, comienzan los malestares
para la criatura. Esto se complica y agrava
con la situación desconocida desde
el comienzo del trabajo de parto-nacimiento
compartido con su madre. En esta etapa
es donde podemos, por contraste con lo
conocido y disfrutado, suponer que se establece
el sistema psicoínmune, ya descripto,
ante la novedad y rechazo hacia el primer
cambio vital. Sin embargo en ciertas gestaciones
no deseadas o cuando la progenitora sufre
serios problemas durante el embarazo, es
posible que el desarrollo del sistema psicoinmune
del bebino comience mucho antes por los
neurotransmisores del estrés y sus
alarmas que lo fundan, quedarán
grabadas y archivadas con el carácter
de psico-antígenos.
No es infrecuente que en estas situaciones
puedan percibirse alteraciones de la criatura,
como bruscos movimientos, taquicardias,
emisión de meconio, etc. que señalan
sufrimiento bebinal o aún, sueños
en la gestante, donde su propio hijo procura
indicarle trastornos y amenazas a su supervivencia,
luego confirmadas en el parto asistido.
La apertura de la conciencia, que termina
con las ilusiones, los prejuicios, la ingenuidad
y la ignorancia, es requisito para dominar
la vulnerabilidad y por supuesto, para
reconocer la resiliencia y los recursos
extraordinarios del ser humano.
Esta nueva conciencia, que por el tradicionalismo
cultural carece todavía de estímulo
y educación, es la que permite el
pleno despertar, la contemplación
atenta y el reconocimiento de la realidad
total, de la personalidad y su fortaleza,
del entorno próximo, de la sociedad
humana y de la Naturaleza.
Las culturas orientales describen este
despertar como iluminación, cuyo
nombre suele aparecer como “satori” o “samadhi”.
Como había señalado, este
logro puede realizarse por medio de un
trabajo personal que requiere establecer
la disciplina de la meditación y
cumplirla, en lo posible en forma cotidiana.
A solas, en silencio, en la postura sedente
adecuada, se practica así la contemplación
atenta y relajada sin búsquedas
ni rechazos, sin respuestas o soluciones
a las preguntas o problemas que pueden
surgir, permitiendo que todos los estímulos,
imágenes y ocurrencias aparezcan
y desaparezcan, como ocurre con las nubes
impulsadas por los vientos en el espacio.
Esta práctica permite progresivamente,
alcanzar la visión amplia, de figuras
y fondos, de la realidad completa, como
la apertura de la modalidad derecha cerebral
con sus ocurrencias intuitivas y sus virtudes
telepáticas, el incremento de la
sensibilidad no dramática, de la
pausa y la relajación para un mayor
rendimiento y eficacia en la operatividad
cotidiana.
Nuestra conciencia, habitualmente ordinaria,
puede permanecer limitada en dicho nivel
por la influencia del juzgamiento social
y a la vez, por el sometimiento a la autocrítica,
dependiente de la matriz cultural. Este
bloqueo de la auto-censura puede descubrirse
por medio de la reflexión y ser
superado por la meditación como
asimismo, por medio de la escritura automática,
cotidiana, privada y espontánea,
de tema libre.
La función principal de esta práctica
consiste en la disolución de la
autocrítica, que prohibe y paraliza,
para recuperar la actitud auténtica
original e infantil, de la percepción
global, restablecer la curiosidad y la
capacidad de asombro, la libertad de conocimiento,
la sorpresa de las ideas inesperadas y
de las ocurrencias intuitivas, que aún
siendo propias parecen emitidas desde una
fuente ajena, enriqueciendo así la
capacidad testimonial, el empleo óptimo
de las energías y la serena eficacia
en las conductas.
Esta recuperación de la soberanía
personal y la plenitud de los recursos
fundamenta la confianza en sí mismo,
estimula la autonomía y la creatividad,
enciende el entusiasmo vital y el optimismo,
fortalece el buen humor, el ánimo,
la resiliencia y la salud.
Pero este cambio hacia lo positivo no es
posible si no se emprende y acepta, en
las crisis o en las prácticas de
cambio, el reconocimiento de lo sombrío
personal, sus debilidades y malicias, su
comodidad y autocompasión, la ego-adicción,
las técnicas de presión y
de conveniencia en las relaciones afectivas,
la responsabilidad en errores, en pérdidas,
en enfermedades, en fracasos sentimentales.
Alcanzar la cima de la autorrealización
plena - “experiencias cumbre” de Abraham
Maslow - de la “individuación”,
de C.G.Jung, de la madurez y de la salud,
requieren el pasaje por la “noche oscura
del alma”, de San Juan, el transito por
la verdad, excepcional o dolorosa, y el
reconocimiento de nuestra humana condición.
El alivio ha sido y será el corolario
del esfuerzo, la perseverancia personal
y la fe en uno mismo.
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