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      “La  Humanidad  tiene  razones  que  la  Razón  del  Hombre  ignora”    

Notas

Medicina

ECUACIÓN de la SALUD 
Autor: Dr. Emilio Franchi Roussel


Monografía presentada en la Maestría de Psico-Inmuno-Neuro-Endocrinología, de la Universidad Favaloro, por el Dr. Emilio Franchi Roussel, el 11 de marzo de 2004




LA CONCIENCIA ORDINARIA

Vemos y pensamos lo que deseamos o necesitamos ver y pensar. Vemos y pensamos lo que desean o necesitan que veamos y pensemos. Por hábitos de sumisión, apego, vanidad y temor, una mayoría ignoramos la realidad total, tal cual ella es. Solo el trabajo personal con uno mismo, con valor y perseverancia, permite recuperar la libertad de pensamiento y la percepción de la totalidad. [Agridulces 222]

Nuestra matriz cultural, como hemos visto, ha estructurado nuestra mentalidad, como lo hizo con nuestros antepasados y progenitores, quienes lo repitieron con nosotros.
El progresivo desembarco informativo de otras culturas, en particular, las orientales, ha puesto en evidencia la precariedad y las fronteras de nuestra conciencia folklórica. Pero, a la vez, sus aportes han señalado los recursos y talentos atesorados en yacimientos personales, no descubiertos ni explotados, que nos habilitan para desempeños no comunes, por la humana semejanza que tenemos con los miembros de esas latitudes.
Veamos, como es nuestra habitual conciencia.
Impregnada por las creencias, valores e ideales sociales ordinarios, percibe y piensa desde lo aprendido, memorizado y deseado, desubicada con frecuencia del tiempo y del espacio, en un modo parcial, incompleto, semioscuro y aletargado.
En los vínculos actuales de pareja y familia, aún en los educativos y laborales, con menor vibración emocional en apariencia, por sus prácticas intelectuales, es común actuar y reaccionar desubicados en tiempo, espacio y sentimientos, como si aún residiéramos en ámbitos del pasado viviendo pretéritas relaciones filiales y fraternas, de amparo y dependencia, con nuestras primeras personas significativas.
El habito vincular nos desaloja del “aquí y ahora”, del presente real, deformado por la reiteración automática de las conductas y sus emociones y además, por las costumbres de percepción insuficiente. Esto provoca intentos de ajuste en la percepción adecuada de las personas y sus comunicaciones e involucra un gasto energético que debilita las energías y perturba la concentración en la eficaz atención, madura y responsable, ante cualquier desafío del presente. La memoria de frustraciones y pesares en situaciones del pasado y los prejuicios pesimistas, al servicio de la autocompasión y del reclamo de auxilio, aumentan entonces las fugas en la conciencia, la vulnerabilidad y la virulencia de las crisis.
En nuestro medio se privilegia la modalidad izquierda cerebral, racional y lógica, para contemplar y administrar la realidad, con menosprecio u olvido de los recursos de la modalidad derecha, sede de las ocurrencias intuitivas, la telepatía, las elaboraciones oníricas y la creatividad. Este hábito parcializa y oscurece el panorama relacional y la inteligencia reflexiva. Es como mirar tuerto o mareado, o quizás, como leer un capitulo y con la creencia de haber leído toda la obra, razonar y repetir aún como erudito, desconociendo la ignorancia del resto.
Es notable la sorpresa y bochorno de un diestro ejecutivo o de un académico prestigioso, al reconocer la presencia de aquello supuestamente ausente o lo impensable, según sus creencias, en el encuentro con un hombre analfabeto en el medio rural, semejante a un “Don Juan” de Castaneda, quien humilde aparta su telón intelectual y le muestra lo presente y lo pensable, que no advirtió ni supuso.

Cuando la educación alcanza y permanece en los niveles tradicionales, se conforma con la conciencia folklórica convencional, que programa la vulnerabilidad y la dependencia del auxilio en la asistencia profesional y sus remedios convencionales, el individuo pierde protagonismo ante el desafío de su salud herida, porque ignora los recursos de su resiliencia.

En síntesis, la conciencia común, producto de la educación habitual, coopera con sus elementos tradicionales de vulnerabilidad - su hemiconciencia izquierda, sus tendencias culposas y depresivas rioplatenses, los hábitos mortificantes, el psicovirus MIDOC, el apego adicto dependiente de la medicina solo biológica y en algunos casos, la adhesión a curadores oportunistas en la aparición de la enfermedad, la cronicidad, las recidivas y aún con el desenlace no deseado.

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Junio 2000