La
violencia humana es una energía
que mal administrada se convierte en factor
de vulnerabilidad.
Ella puede encontrar origen en diversas
causas:
A] dentro del propio individuo por disconformidad
consigo mismo, por acción de los
crueles patrones de juzgamiento,
B] en la diaria práctica de las
relaciones humanas, sea en la familia,
en el matrimonio o la pareja, con los hijos,
en el trabajo, con las amistades, con vecinos,
en el medio social donde su presencia hace
frecuente la inseguridad.
C] durante situaciones de crisis que generan
estados depresivos, con fuerte pesimismo,
desesperanza, desánimo, desinterés
vital, la violencia revertida sobre si
mismo puede buscar el termino del padecimiento,
en modo inconsciente o manifiesto.
Importa considerar la violencia porque
inadvertida y supuestamente ausente, aún
en personas pacíficas, su accionar,
siempre presente, suele causar leves o
graves perjuicios. Diariamente en el cuarto
de baño expulsamos con la orina
y las materias fecales, los desechos que
no convienen al organismo,. Del mismo modo,
la violencia inevitable en las relaciones
humanas, que compromete los circuitos de
lucha y defensa en la red psicoinmuneneuroendocrina,
origen de la secreción de neurotransmisores,
gasto energético, estres y compromisos
orgánicos, requiere una sabia administración
para evitar su represión o expresión
perjudicial.
La atención y ejercicio
habitual de la violencia se ejerce en los
siguientes
modos:
-
Represión y conversión
habitual en implosiones dentro del individuo,
bajo la forma de enfermedades crónicas
o de trastornos agudos, presentes en el
origen de derrames vasculares e infartos,
tumores o en las enfermedades autoinmunes.
- Expresión perjudicial de constante
irritabilidad en el ambiente familiar,
laboral, o social,
- Transformación en ocupaciones
y exigentes tareas ,
- Descarga catártica, reglada y
periódica en prácticas deportivas
[carreras, caminatas, natación,
tenis, ciclismo, patinaje, etc.].
Erich
Fromm calificó como benigna
a la agresión cuando es practicada
en defensa de los derechos personales y
en maligna, por el ejercicio perjudicial
sobre los semejantes.
En oportunidades, personas pacifistas y
culposas, comprometidas por su ingenuidad,
se exponen o buscan a menudo la relación
con personas seductoras, sutil o abiertamente
hostiles, para quedar a merced del verdugo
y su maltrato, como justo autocastigo,
en condición de noble víctima
tolerante. El vinculo, con su padecimiento
cotidiano de la hostilidad por una sola
victima, en realidad se construye al servicio
del sufrimiento compartido y de la expiación,
supuestamente necesaria, cosechando lo
que mutuamente siembran.
Es común que durante la infancia
pueda el niño estar a merced de
los mayores y ser su víctima, pero
el acostumbramiento a la sumisión
y la tolerancia permite advertir que un
individuo en la adultez ya es víctima
solo de sí mismo, por la compulsión
en el ejercicio habitual de su rol de títere
servil o de chivo expiatorio, que solo
favorece el aumento de su vulnerabilidad.