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Medicina
ECUACIÓN
de la SALUD
Autor: Dr.
Emilio Franchi Roussel
Monografía
presentada en la Maestría
de Psico-Inmuno-Neuro-Endocrinología,
de la Universidad Favaloro, por
el Dr. Emilio Franchi Roussel,
el 11 de marzo de 2004
INTRODUCCIÓN
VULNERABILIDAD – RESILIENCIA
Etimología
y significados
Vulnerabilidad: Calidad de vulnerable.
Vulnerable: que puede ser herido o recibir
lesión, física o moralmente.
Vulnerar: transgredir, vulnerar una ley;
dañar, perjudicar: latín
vulnerare, herir, dañar, ofender,
de vulner, tema de vulnus, herida, golpe,
llaga, corte [del indoeuropeo wel-nes-
herida, de wel-, herir] + are, terminación
de infinitivo.
Resiliencia: [del latín: resiliens,
lientis, que rechaza o se retrae] f. Tecnol.
Resistencia que oponen los cuerpos a la
rotura por choque.
Desde otra fuente:
“la palabra resiliencia viene de la física,
de la metalúrgica, que es la capacidad
de los metales de resistir condiciones
adversas, algunos lo han tomado con el
significado de rebotar. Hay varias etimologías
pero todas aluden a la noción de
resistencia, recuperación, fortaleza
y transformación”, o bien “se define
como la capacidad humana de resistir, sobreponerse
y transformar la adversidad, de un modo
que generó históricamente
sorpresa en los observadores deterministas”.
[Dr. Ruben Zukerfeld, Universidad Favaloro
– 14-6-2003].
Podemos proponer que el testimonio fidedigno
de la resiliencia psicobiológica
pueden encontrarse en:
- 1°, las cicatrices físicas,
como en el callo óseo reparatorio
de las fracturas, en las de músculos
y piel, por heridas o intervenciones quirúrgicas,
- 2°, en la aceptación y tolerancia
de las pérdidas o frustraciones
afectivo-emocionales al cabo del trabajo
y proceso de duelo,
- 3°, en las hipertrofias compensatorias
de un miembro por atrofia o parálisis
de su simétrico,
- 4°, en la recuperación, incremento
o disminución de plasma y glóbulos,
rojos y blancos, por anemias, discrasias
hemáticas o carencia de oxígeno,
- 5°, en el restablecimiento de los
niveles o valores alterados [glucemia,
tensión arterial, frecuencia respiratoria,
ritmo cardíaco, diuresis, mucosa
del endometrio, catecolaminas, etc.] por
efecto de diversas causas [traumatismos,
hemorragias, estados de shock o estres,
intoxicaciones, asfixias, comas hipoglucémicos
o hepáticos, etc.] que alteran el
equilibrio orgánico y movilizan
al eje Hipotálamo-Hipofiso-Adrenal
y el Sistema Nervioso Autónomo,
- 6°, en el proceso de coagulación
hemática,
- 7°, en las aperturas de la conciencia
originadas en circunstancias críticas
y extremas de adversidad, de soledad, aislamiento,
carencias nutritivas, inmersiones de riesgo,
frentes de combate, etc., en emergencias
espirituales o al cabo del trabajo meditativo
perseverante.
Existe
un mito que incluyo aquí.
“Para castigar a la humanidad, porque
Prometeo robó el fuego, Zeus envió a
Pandora a la Tierra con una caja que contenía
algunas bendiciones, pero mucho más
males, como la guerra y la enfermedad.
Cuando ella abrió la caja, los males
escaparon para plagar a la humanidad y
solo quedó, en el fondo de la caja,
la esperanza” . [Diccionario Ilustrado
de Cultura Esencial – Reader’s Digest,
p. 73].
Ante la adversidad, en
las crisis, evocamos el primer reto superado
al momento de nacer,
instante del cual siempre se destacó el
registro de lo traumático negativo.
Por mi parte, creo que al terminar con
la ansiedad del aplastamiento y la asfixia,
al poder respirar y recuperar la libertad
de movimientos, también se grabó y
persiste en nuestra memoria el alivio logrado
. Entonces puedo proponer que dicho alivio
da cimiento y estímulo a la perseverancia,
a la confianza, la fe y el optimismo, útiles
ante cualquier reto, por consecuencia y
expresión de la esperanza, que nunca
se perdió como en el mito de Pandora,
por haber sido grabada al instante de nacer.
Desde estas reflexiones podemos proponer
que las capacidades extraordinarias de
resiliencia psicobiológica humana
pueden ser reconocidas y confirmadas en
una situación límite de valiente
protagonismo y afrontamiento, en la lucha
psicofísica por la recuperación
de la salud en trastornos de seria gravedad
[cáncer, sida, enfermedades autoinumnes,
ceguera, parálisis, etc.], en las
crisis de transformación de la personalidad,
en la superación de diversas fobias,
en el dominio de los ataques de pánico,
al superar la noluntad, el desánimo
y la anhedonia de los estados depresivos,
etc.etc..
El ser humano es una “totalidad psico-biológica”.
Así se la acepta: como una organización
que puede ser afectada por diversos estímulos,
de predominancia material o espiritual,
ingresados por diferentes entradas a su
estructura, organizada como integro sistema,
compuesta por materia y sustancia, cuerpo
y espíritu.
Agentes diversos que pueden si, solo ellos
ser discriminados por sus características
variables, penetran en esa entidad que
no puede ni debería ser dividida
en dos estructuras o en varias.
Sin embargo, la atención de los
sucesos nocivos para su economía
total, con frecuencia es dirigida desde
especialistas parcializados por hábito
profesional y a veces, por criterios engreídos
y fundamentalistas, que suelen olvidar
la noción de totalidad, considerar
y atender solo una región, a un órgano,
a un sistema corporal, minimizando o ignorando
el resto. Esta actitud excluye a la persona,
su biografía, el antecedente desencadenante,
el contexto vincular, sus sentimientos,
su estado anímico, presentes y cooperantes
en el problema, en gran medida, dirigentes
responsables del pronóstico.
A la acción que perturba, externa
o interna, podemos advertir una reacción
total de nuestra estructura, a predominio
corporal o psíquico, de acuerdo
al carácter del estimulo o al tipo
de agente que motivo el trastorno, según
sea su especie, su vía de ingreso
o área de expresión. Es manifiesta
la alteración orgánica en
una fractura, el trastorno fisiológico
en una intoxicación alimentaria
y sutil la alarma emocional coexistente
que puede menospreciarse. Por oposición
y contraste, en un cuadro de estrés,
de alteraciones en los ritmos circadianos
y el sueño, en estados de abatimiento
y depresión, etc. lo manifiesto
es la alteración anímica,
la perturbación de la persona, mientras
permanecen imperceptibles o mínimas
las manifestaciones biológicas coexistentes.
Sin embargo, es común que sean éstas
las investigadas y nuevamente postergadas
o desvalorizadas las evidencias emocionales.
El sentido común y el criterio profesional
veterano respeta en teoría el enfoque
y la necesaria atención holística
del ser humano, pero en la práctica
es común la asistencia parcial del
desequilibrio desde lo biológico
como la calificación de los elementos
físicos y su protagonismo predominante
en la alteración o mantenimiento
de la salud.
Cada ser humano, paulatinamente realiza
una elección del órgano o
sistema y su expresión fisiológica
en el procesamiento y manifestación
de sus trastornos, siempre psicobiológicos,
por diátesis personales o influencias
ambientales. Esto significa priorizar y
preferir el lenguaje corporal, en desequilibrios
a predominio orgánico, o bien, emplear
el lenguaje anímico por intermedio
y prevalencia de lo afectivo emocional
en los cuadros psicopatológicos.
En la estructura del ser humano hay una
dualidad contrapuesta de vitalismo y autodestrucción
como señaló S. Freud al destacar
los instintos de vida [IV] y de muerte
{IM}, siempre vigentes, cooperantes y antagónicos,
en todos los sucesos psicobiológicos
de la persona.
El sistema inmune es el agente biológico
responsable de mantener resiliente el IV,
con el auspicio que le otorgan los cofactores
que dan sentido y significado a la existencia,
que motivan el entusiasmo, el disfrute
y el apego a la vida, el trabajo lúdico
y creativo, el servicio solidario - cuyo
ejemplo puede encontrarse en las biografías
de Albert Schweitzer, de Víctor
Frankl, de Mahatma Ghandi, etc. - mientras
la desregulación metabólica
y endocrina, asociada a factores de estrés,
pueden sugerir el trabajo coexistente del
IM en marcha, más aún, cuando
el sistema inmune se transforma en agente
agresor de la propia persona en las enfermedades
autoinmunes.
En este sentido conviene destacar los factores
que construyen tanto el IV como el IM.
A primera vista sospecho que el eje primordial
de la salud y la supervivencia esta dirigido
por el IV que somete al IM hasta el paulatino
e inevitable desgaste de la integridad
psicobiológica, por los avatares
negativos de la vida, por el transcurso
del tiempo y la edad.
El ser humano es vulnerable, sin duda.
Sin embargo, podemos apreciar en su estructura
y patrimonio psicobiológico: por
un lado sus órganos, que funcionan
como sistema o equipo integrado de adaptación,
defensa, autorreparación y ajuste,
y por el otro, su yacimiento de recursos,
en talentos, habilidades y virtudes, con
los que puede enfrentar condiciones críticas
y adversas, cuya naturaleza y poder se
hace evidente, como fue señalado,
al afrontar los desafíos que su
existencia le propone. Desde este enfoque
entonces prefiero y propongo considerar
al ser humano como una organización
o sistema “vulnerable-resiliente”.
Desde esta doble condición, por
motivos biográfico-individuales
y del contexto, familiar y cultural, socio-económico-educativo,
ante la encrucijada de elegir y cultivar
un estilo de vida, podrá optar,
a veces inconsciente, por el modo débil-dependiente-vulnerable
o bien, por el compromiso con la predominancia
de la fortaleza-autonomía-resiliente.
Existen antecedentes de fuerte apego y
adicción, en particular desde el ámbito
uterino y en su relación postnatal
con su madre, que pueden en asociación
con otros factores, facilitar y estimular
el culto de la debilidad dependiente en
posteriores vínculos con personas
y organizaciones, en un modo “filio-fílico”
adictivo y consumista. Esta elección,
más común de lo deseable,
tiende a favorecer la vulnerabilidad, a
cumplir y ejercer roles de “hijo”, “ahijado”,
“alumno”, “empleado”, “paciente”, “seguidor
sumiso”, y a ignorar o menospreciar la
potencialidad de los recursos latentes,
perjudicando el rendimiento del poder resiliente.
Este desarrollo alternativo, desde muy
temprano, compromete el equilibrio de la
salud y suele aproximar los conflictos,
los trastornos de la debilidad, los padecimientos
crónicos, las adicciones diversas,
la dependencia de medicamentos, la convivencia
con las enfermedades
En relación al esquema freudiano
de las series complementarias [la constitución,
su relación con las experiencias
infantiles que establecen una disposición,
donde actúa el azaroso factor desencadenante
para originar una enfermedad] y la propuesta
de Hein C, Nemeroff C.B. y Lopez Mayo [que
señala la predisposición
genética asociada a experiencias
traumáticas tempranas que propician
el fenotipo vulnerable –con hierpactividad
del sistema CRH y del Noradrenérgico,
neurotoxicidad y afección de la
neurogénesis en el Hipocampo, y
en consecuencia, aumento de la fragilidad
para el estrés y los eventos vitales]
haré una serie de reflexiones para
revisar, ampliar e incluir factores con
el propósito de reflexionar y elaborar
un nuevo esquema para la vulnerabilidad
y la resiliencia.
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