| Tema:
Humanidad
La
globalización es un fenómeno
biológico y social
Autor: Francesco di Castri
Fuente: Tendencias Cientificas.
Web: www.tendencias21.net
En
términos técnicos,
la globalización puede definirse
como el proceso dinámico por
el cual sistemas diferentes y complejos,
separados y con atributos distintos
entre ellos, entran en contacto recíproco,
con interacción e intercambio
de materia, energía e información
(incluyendo, en muchos casos, flujos
e intercambios de especies, de seres
humanos con su cultura, de capitales
y tecnología) hasta adquirir
numerosos atributos comunes y globales.
Estas interacciones hacen surgir
propiedades emergentes que no existían
en ninguno de los sistemas anteriores
considerados en aislamiento. Cuando
estas interacciones entre sistemas
– por aproximaciones sucesivas –
llegan a tener una extensión
planetaria, se habla más propiamente
de mundialización. Globalización
y mundialización pueden referirse
entonces a sistemas complejos de
tipo físico, climático,
biológico y evolutivo, económico
y cultural, del pasado y del presente.
En la práctica, y en el lenguaje
actual de todos los días,
se entiende por globalización
el proceso y el momento en los cuales
todas las economías del mundo
y las culturas de todos los países
han entrado en un estado de interacción
y de interdependencia, de permeabilidad
e influencia recíproca, de
apertura y no de aislamiento, autarquía
o autosuficiencia.
En América,
este proceso se define de globalización;
en los países latinos de Europa,
de mundialización. En este
sentido muy amplio y algo impropio,
los dos términos se han vuelto
prácticamente sinónimos.
Muchas globalizaciones Ha habido
muchas globalizaciones en la historia
de la biosfera y del hombre. A una
escala geológica, por ejemplo,
pueden citarse las grandes crisis
planetarias del Permiano y del Cretáceo,
o las conexiones entre Norte América
y América del Sur por el istmo
de Panamá que pusieron en
contacto – repetidamente - tantas
faunas y floras antes separadas.
A la inversa, la deriva de los continentes
fue una especie de anti-globalización
que separó y desconectó elementos
bióticos anteriormente en
contacto. Algo semejante puede decirse
con relación a la historia
del hombre. Cada vez que hubo progresos
en los transportes y la comunicación
(la rueda, la tracción animal,
los trenes a vapor y después
los eléctricos, todo tipo
de barco de velocidad y autonomía
crecientes, los aviones, los satélites,
o el lenguaje escrito, la prensa
de Gutenberg, el telégrafo,
el teléfono, la radio y la
televisión, las computadoras
e Internet), hubo y hay una fase
de expansión con tendencia
hacia un aumento de las interacciones
y de las conexiones, siendo las más
importantes de ellas el comercio
y los intercambios culturales. Por
ejemplo, los intercambios comerciales
entre la cuenca del Mediterráneo
y el sur de India (en particular
Madras), fueron proporcionalmente
más importantes e intensos,
en los tiempos helénicos y
romanos, de cuanto lo son en la actualidad.
La primera globalización de
la historia humana, en el sentido
más completo y planetario
(mundialización), corresponde
al periodo del Encuentro de los Dos
Mundos y de los Grandes Descubrimientos.
En aquel periodo, las carabelas y
la prensa de Gutenberg jugaron -
para la iniciación del proceso
de globalización - un papel
causal similar a lo que representan
ahora satélites y computadoras
en la globalización actual.
Posteriormente, hubo otras globalizaciones.
Entre ellas, fue muy importante aquella
de comienzos del siglo veinte que
se conoce por la expresión
francesa “La Belle Epoque” y que
se terminó con la deflagración
de la Primera Guerra Mundial. Para
América latina, Coatsworth
reconoce y describe los efectos de
cuatro ciclos de globalización
después de aquella del Encuentro
de Cristóbal Colón.
Globalización actual La globalización
actual, cuya encrucijada para su
rápida expansión puede
reconocerse en 1989 -en realidad
los primeros síntomas son
bastante anteriores- se debe principalmente
a tres factores algo concomitantes:
la caída del muro de Berlín
con el fin de la Guerra Fría
y la apertura o mayor permeabilidad
de las fronteras, la liberalización
del comercio internacional por los
acuerdos del Uruguay Round del GATT
(General Agreement on Tariffs and
Trade), y la afirmación y
expansión de Internet. Es
la “BIG globalization”, por las iniciales
de Berlín, Internet y GATT.
En la historia de la biosfera y de
la humanidad, hubo y habrá -
de esta manera - fases de expansión
y de apertura, seguidas por fases
de contracción, retracción,
cierre, separación y aislamiento.
La expansión, debido al aumento
de los contactos, de las comunicaciones
y de los transportes, ya ha sido
explicada. La retracción,
desde lo más antiguo, se observa
cuando ocurren situaciones de inseguridad,
sobre todo en los transportes, fronteras
más rígidas y estrictas
frente a la gente y al comercio,
y – más recientemente – el
advenimiento en el siglo diecinueve
de la mayoría de los Estados-Nación,
a menudo con proteccionismo económico
y censura de estado a la información,
hasta las guerras mundiales que caracterizaron
el siglo recién pasado. Incluso
los trágicos acontecimientos
del 11 de Septiembre de 2001 y el
advenimiento del terrorismo internacional
han provocado una fase de detención
parcial, o por lo menos de nuevos
rumbos dictados por la geopolítica
y la seguridad más que por
la economía y el desarrollo
(“la economía del miedo” y
no de la confianza) a la globalización
en curso. Incidentalmente, las repercusiones
negativas para el desarrollo económico
derivadas del atentado del 11 de
Septiembre han sido mucho más
fuertes y devastadoras en los países
del Sur que en aquellos desarrollados,
incluyendo los mismos Estados Unidos
víctimas directas del atentado.
Bajo todo punto de vista, la globalización
es un fenómeno coyuntural,
aunque sea muy prolongado. Lo que
es, por otra parte, esencialmente
estructural en el cambio actual es
el advenimiento de la sociedad de
la información, aquella de
los servicios y de los conocimientos,
y de la organización por redes
(network society, Castells 1996),
después de una larga fase
de sociedad agraria y otra mucho
más breve de sociedad industrial.
Ganadores
y perdedores
El síndrome
más común y más
inquietante de la globalización
es el de los ganadores-perdedores
(winner-loser syndrome). Algunas
entidades (especies, ecosistemas,
individuos y comunidades humanas,
países y economías)
tienen una capacidad o voluntad mayor
de adaptación al cambio, salen
favorecidas por las nuevas interacciones,
interfaces y conexiones, y ganan
en fuerza y poder de expansión.
Otras entidades – por razones inherentes
o circunstanciales o por fuerzas
exteriores – no se adaptan igualmente
bien (y a menudo ni siquiera comprenden
la naturaleza y el sentido del cambio),
y pierden desde un punto de vista
biológico (extinción
de especies), económico (baja
de los ingresos y dependencia de
los otros) y sociocultural (destructuración
social y pérdida de identidades
culturales). Las brechas (gaps) tienden
a aumentar considerablemente. En
términos geopolíticos
y sociales, las brechas aumentan
no solamente entre países,
sino también al interior de
cada país – desarrollado o
subdesarrollado – que tiene su parte
de ricos y su parte de pobres marginalizados.
Esta brecha interior entre ricos
y pobres tiende incluso a ser mayor
en países en vías de
desarrollo, o claramente subdesarrollados,
que en los países en la fase
más avanzada de desarrollo.
El síndrome de los ganadores-perdedores
se aplica a todas las entidades,
desde lo biológico a lo económico
y social. Así, el aumento
de los contactos (o el establecimiento
de nuevas formas de contacto) ha
permitido a muchas especies que vienen
desde afuera (especies invasoras)
desplazar especies locales y autóctonas
hasta su misma extinción.
También en las plantas y en
el clima Es el fenómeno de
las invasiones biológicas.
Este fenómeno ha sido tan
intenso después del Encuentro
de los Dos Mundos – y en los dos
sentidos – que ha alterado la composición
y el aspecto de muchos paisajes de
América y de Europa. En cuanto
a las plantas, se suelen diferenciar
las arqueofitas (aquellas plantas
que han mantenido su antigua área
biogeográfica de distribución)
y las neofitas (aquellas que la han
cambiado, introduciéndose
en otros continentes después
del Encuentro de 1492). En el momento
actual de globalización, la
invasión por especies foráneas
es el fenómeno que produce
– a una escala mundial - el mayor
número de extinciones. Algunos
ecosistemas son más resistentes
que otros a la invasión o
muestran una mayor capacidad de expansión
mundial de sus especies. Es el caso
de muchos ecosistemas de Europa y
del Mediterráneo que ya han
afrontado muchos cambios (por ejemplo,
debido a las glaciaciones) o han
estado en contacto con el hombre
desde lo más antiguo en un
proceso de coevolución. Otros
ecosistemas son particularmente vulnerables
a las invasiones (islas, ecosistemas
de las regiones australes de América, África
y zona del Pacífico). Algo
semejante ocurrirá con los
cambios climáticos actuales
(otra forma de globalización
planetaria). Los ecosistemas de tundras,
taigas y praderas de las zonas boreales
deberían tener una gran expansión
para ocupar zonas del norte ahora
demasiados frías, mientras
muchos ecosistemas de las regiones
tropicales, de las franjas áridas
(sabanas, ecosistemas mediterráneos)
y de las islas se verían perjudicados.
Brechas sociales En términos
económicos y sociales, las
brechas entre países y al
interior de cada país no son
deseables ni siquiera para los “ganadores”.
Estas brechas implican un aumento
de la inseguridad (nacional y planetaria),
que es la condición más
importante para un desarrollo basado
en la confianza de los que hacen
inversiones y crean puestos de trabajo,
y una pérdida de partes importantes
de mercado. Hasta cierta medida,
estas brechas pueden estar en el
origen del supuesto “choque de civilizaciones”
ilustrado por Huntington. Una economía
con competitividad a suma cero (yo
gano, tu pierdes) debe ser reemplazada
por una economía con creación
de valores (yo gano, tu ganas también).
Esto se refiere también a
la compatibilidad absolutamente indispensable
entre desarrollo y medio ambiente.
Sin desarrollo – en la mayor parte
de los países – sería
ilusorio adoptar y seguir políticas
de saneamiento ambiental. Estas no
serían aplicadas, por la simple
razón que no serían
aplicables en un mundo real. Junto
al “derecho del ambiente”, habría
también que institucionalizar
en el ámbito internacional
un “derecho al desarrollo”. Las win-win
strategies (gana el desarrollo y
gana también el medio ambiente)
son cada vez más implementadas.
Primer
error
Estas brechas debidas
a la globalización no son
tampoco inevitables, siempre que
no se cometan dos errores fundamentales.
El primer error – muy frecuente –
consiste en adoptar un “pensamiento único”
y una sola estrategia común
para enfrentar la globalización.
Las fuerzas planetarias y uniformes
de la globalización actúan
sobre entidades (países distintos,
regiones diversas dentro un país
y comunidades locales) completamente
diferentes en su evolución,
su trayectoria histórica,
sus potencialidades, sus identidades
culturales y sus aspiraciones. Una
acción idéntica y una
respuesta común frente a las
fuerzas de la globalización
implicarían, en la mayor parte
de los casos, una estrategia no adaptativa,
no específica, y que además
no motivaría – a causa de
su misma uniformidad – la enorme
diversidad de culturas y de identidades
que hay en el mundo. Además,
sería incapaz de despertar
el compromiso y la participación
de las poblaciones interesadas, de
los actores en juego. El desarrollo,
para que sea adaptativo, debe ser
eminentemente específico.
La imitación de los otros
más desarrollados nunca conduce
a la innovación.
Segundo error
El segundo error – igualmente frecuente
– es el de aceptar pasivamente la
globalización sin buscar factores
de regulación y de feedback
en el ámbito internacional
y nacional. Además, si la
globalización es una “necesidad”
del mundo actual, la que sería
suicida no considerar (y de hecho
prácticamente todos los países
del mundo, cualquier sea su ideología
política, la consideran y
la aceptan), es imposible que sea
aceptada también por los ciudadanos
en ausencia de medidas apropiadas
y específicas por los gobiernos.
Estas consisten en:
a) una pedagogía
clara y sin ideología preconcebida
sobre lo que es la globalización,
sus oportunidades y sus riesgos;
b) una educación y formación
adaptada al mundo actual abierto,
y no a la sociedad industrial, cerrada
y protegida del pasado;
c) una formación
permanente que permita el reciclaje
desde los sectores económicos
que se desvanecen a aquellos portadores
de futuro y de esperanzas, y en el
acceso a la información bidireccional
y transversal del presente (se recibe
la información, pero también
puede transmitirse en forma activa)
a todos los ciudadanos. Junto con
el síndrome de ganadores-perdedores,
otro fenómeno típico
de las globalizaciones (y en particular
de los cambios climáticos
globales) es la incidencia mucho
más alta de “eventos extremos”
y de sorpresas en el sentido técnico
de este término.
Esto también
aumenta las brechas, según
la capacidad de los diferentes sistemas
– de políticos a sociales
– de anticiparse a estos fenómenos
o de reaccionar con mayor prontitud
y flexibilidad. Lo que no es la globalización
Sería también útil
destacar lo que la globalización
no es, a pesar de todo lo que se
escribe y se dice al respecto. La
globalización no es la consecuencia
de una supuesta doctrina neoliberal,
ni de ninguna otra ideología.
Tampoco es un proceso que pueda comprenderse
poniendo en un juego exclusivamente
causas y efectos de tipo económico.
Por cierto, es más fácil
adaptarse con éxito a la globalización
cuando se habla de apertura y de
comercio internacional, que cuando
se adopta una política de
proteccionismo y de Estado asistencial.
No es tampoco lícito afirmar
que la globalización actual
es un proceso que mira a la sumisión
del Sur (Tercer Mundo) a los países
del Norte. Hay países de Europa
que han pagado un tributo muy alto
a la globalización con un
fuerte aumento de la tasa de desempleo
(por no haber comprendido y emprendido
las reformas estructurales necesarias
para una transición post-industrial
en tiempos de globalización).
En cambio, hay países del
Sur (Singapur, Taiwan, Corea del
Sur, Hong Kong, Malasia, Tailandia,
China, parte de India, Chile) que
nunca habrían podido alcanzar
el desarrollo económico y
tecnológico actual – y en
tan breves tiempos - en ausencia
de globalización. Por cierto,
por lo menos la mitad de la humanidad
– la que vive en los países
de Asia antes mencionados – ha sacado
un provecho indiscutible de la globalización,
además de Norte América
y de Europa. Finalmente, tampoco
es cierto que las oportunidades de
la globalizacion sólo pueden
ser utilizadas por gobiernos liberales,
o - como otros preferirían
- por gobiernos muy débiles
y permisivos. El desarrollo más
explosivo en tiempos de globalización
es el de China que tiene un régimen
comunista (pero con mucho pragmatismo),
mientras que Singapur (que en estos
momentos constituye el país
mas avanzado del mundo) y Malasia
se caracterizan por gobiernos muy
fuertes y autoritarios, que ponen
mucho énfasis en la identidad
nacional dentro de cierto multiculturalismo.
Globalización y geopolítica
Un aspecto que me interesa particularmente,
pero que no podrá discutirse
dentro del marco limitado de este
artículo, es la comparación
geopolítica del tipo de desarrollo
en el mundo durante los últimos
doce años, la “geopolítica
de la globalización”, el juego
global de los ganadores y de los
perdedores. ¿Por cual razón,
política y estrategia o cuáles
errores, algunos países han
sacado tantas ventajas y otros han
sido tan desaventajados por la globalizacion?
Por ejemplo, cuando comenzara el
proceso de esta globalización,
el estado económico, educacional
y tecnológico de América
latina no era inferior o aparentemente
menos promisorio de aquel de los
países de Asia mencionados,
muy por el contrario. Simplemente,
América latina se ha quedado
atrás. Y Chile era mucho más
pobre que Argentina, pero ésta
ha acumulado – durante los últimos
diez años - prácticamente
todos los errores que pueden hacerse
en lo de no encarar a la globalización
con flexibilidad y diversificación,
y sin ideologías preconcebidas.
La respuesta, necesariamente muy
incompleta, no radica en la disponibilidad
de recursos naturales locales, sino
en el uso de los recursos humanos,
en las enormes inversiones en capacitación
e innovación tecnológica
(en Asia del Sur-Este) o en la diversificación
(en Chile). Los países que
han confiado demasiado o casi exclusivamente
en sus propios recursos naturales,
han pagado un tributo muy pesado
que los ha llevado a un desarrollo
abortado. Por otra parte, los países
del Norte muestran una actitud algo
apática, indiferente, irresponsable
o por lo menos hipócrita frente
a los países en vías
de desarrollo. Sacan ventajas de
sus fuerzas y poder para imponer
sus puntos de vista, imponen restricciones
a las importaciones – incluso por
razones ambientales – que equivalen
a menudo a un nuevo proteccionismo,
y otorgan altos subsidios a sus productores
agrícolas con efectos catastróficos
y una concurrencia desleal frente
a los agricultores del Sur (y de
unos cuantos países de Europa
del Este) que no pueden esperar subsidios
similares de parte de sus propios
gobiernos. Los principios de la globalización
y de la liberalización de
los mercados están distorsionados
por estas actitudes. Francesco di
Castri es Director de Investigaciones
del Centro Nacional para la Investigación
Científica (CNRS), París,
y miembro del Consejo Editorial de
Tendencias Científicas.
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