| Biologia
Dos
libros: dos Universos
Autor: Máximo
Sandín.
Filosofía Zoológica
Jean Baptiste de Lamarck (1809)
Sobre el Origen de las Especies
por medio de la Selección
Natural
o el Mantenimiento de las Razas
Favorecidas en la Lucha por la Existencia
Charles Darwin (1859)
Quizás no haya una obra humana que refleje con mayor fidelidad las características,
los rasgos más íntimos y los recovecos más profundos del
pensamiento de una persona, que un libro escrito por ella. Reconozco que este
no es un comienzo muy original. Seguramente, esta frase o algo muy parecido
ha sido escrito tantas veces que puede sonar a tópico pero, así como
hay muchas mentiras que acaban convirtiéndose en verdades a fuerza de
repetidas, hay verdades (o aproximaciones a la verdad) que no dejan de serlo
por lo mismo. Tal vez sea este el caso de este otro aforismo: El Universo es
un libro, dice la sabiduría: todo libro encierra el Universo, aunque
mis limitaciones me impiden captar la esencia de lo que hay detrás de
esta hermosa frase. Pero sí me permiten (por aproximación) llegar
a la, seguramente, simple idea de que, al menos, los libros son un reflejo
del universo del autor, de cómo lo percibe y se relaciona con él.
En cualquier caso (en cualquiera de las dos "escalas") los libros
cuyos títulos encabezan este escrito podrían ser contemplados
como una metáfora de uno de los muchos y sorprendentes enigmas de la
Astrofísica: la posible existencia de distintos universos. Los ejemplares
que, en estos momentos, tengo entre las manos son lo más parecido a
una representación física de dos "universos personales" tan
distantes como distintos: Filosofía (Teoría) Zoológica,
es una (hermosa) edición en facsímil de su primera edición
española ¡de 1905! Una exposición, articulada desde los
aspectos más generales a los más particulares, de los conocimientos
zoológicos de la época, en 261 páginas repletas de datos,
observaciones propias y clasificaciones, pero, sobre todo, de reflexiones e
ideas, algunas de las cuales, aunque limitadas por los conocimientos de la época,
asombrosamente avanzadas para su tiempo.
Origen de las especies se podría describir (al menos yo podría)
como lo que los estudiantes califican de "ladrillo", pero en este
caso, no sólo por el grosor (573 páginas) sino también
por el "espeso" material que compone su interior. Una desorganizada
exposición (inevitable, porque el contenido es difícilmente “organizable”)
de observaciones sobre animales domésticos, interpretaciones y razonamientos "biológicos" algunos
realmente peregrinos, y sorprendentes fenómenos que "le contaron",
todo ello, encaminado, reiterativamente, a apoyar la tesis expuesta en el verdadero
título (como de costumbre, “resumido” en la portada) que constituye
la práctica totalidad de la aportación darwinista al estudio
de la evolución, a saber: Que las “razas” favorecidas en la lucha por
la supervivencia, sobreviven.
No creo arriesgar mucho si aventuro que el lector habrá deducido que
no existe en mí la menor pretensión de “objetividad” en mis descripciones
(mis interpretaciones) de ambos libros. Podría intentar justificarme
aduciendo que, posiblemente, mi evidente parcialidad sea el resultado de una
reacción contra la “objetividad” con que los darwinistas nos han transmitido
la historia (y las ideas) de las teorías evolutivas, pero como no tengo
el menor pudor en confesarme “sujeto”, y por tanto, “subjetivo”, resumiré mis
motivos con una de las célebres “sentencias” de Oscar Wilde: Sólo
podemos dar opiniones imparciales sobre las cosas que no nos interesan. Por
eso mismo, las opiniones imparciales carecen siempre de interés. No
obstante, existe otra posible forma de justificación de los declaradamente
parciales juicios anteriormente emitidos: que sea el propio lector el que dictamine
sobre su pertinencia.
Por limitaciones de espacio me veo obligado a exponer una selección
(por tanto, artificial) de lo que se puede considerar (supongo que “objetivamente”)
como las ideas más relevantes sobre la evolución biológica
contenidas en ambos textos, aunque lo que recomendaría, especialmente
a los darwinistas más recalcitrantes, es su lectura completa.
SOBRE LOS FUNDAMENTOS
CIENTÍFICOS DE LA TEORÍA
“Origen de las especies”:
Al principio de mis observaciones me parecía probable que un cuidadoso
estudio de los animales domésticos y de las plantas cultivadas ofrecería
la mejor probabilidad de aclarar este oscuro problema. Y no anduve equivocado;
en éste y en todos los demás casos de perplejidad he encontrado
invariablemente que nuestro conocimiento, por imperfecto que sea, de la variación
por medio de la domesticidad, daba el mejor y el más seguro norte. Yo
osaría expresar mi convicción del alto valor de estos estudios,
aunque hayan sido muy comúnmente descuidados por los naturalistas. (Introducción,
Pág. 15)
Filosofía zoológica:
Encargado de analizar en el Museo de Historia Natural a los animales que yo
llamé sin vértebras, a causa de faltarles la columna vertebral,
mis indagaciones sobre infinidad de ellos, así como las observaciones
que me ví obligado a realizar en la anatomía comparada, me dieron
bien pronto la más alta idea del profundo interés científico
que inspira su examen. /.../ El verdadero medio, en efecto, de llegar a conocer
bien un objeto, hasta en sus más mínimos detalles, consiste en
comenzar por considerarlo en su totalidad, examinando, por de pronto, ya su
masa, ya su extensión, ya el conjunto de todas las partes que lo componen;
por indagar cual es su naturaleza y origen, cuales son sus relaciones con los
otros objetos conocidos; en una palabra, por considerarle desde todos los puntos
de vista que puedan ilustrarnos sobre las generalidades que le conciernen.
(Introducción, Pág.19)
SOBRE EL INTERÉS DEL ESTUDIO DE LA EVOLUCIÓN
“Origen de las especies”:
Cuando vemos que han ocurrido indudablemente variaciones útiles al hombre,
no podemos creer improbable que ocurran en el curso de muchas generaciones
sucesivas, otras variaciones útiles de algún modo a cada ser
en la batalla grande y compleja por la vida. /.../ No puede nombrarse un país
en el cual todos los habitantes naturales estén ahora tan perfectamente
adaptados entre sí y a las condiciones físicas en que viven,
que no pudiesen todavía, algunos de ellos, estar mejor adaptados o mejorar;
porque en todos los países los naturales han sido conquistados hasta
tal punto por los que han tomado carta de naturaleza, que han permitido a los
extranjeros tomar firme posesión de la tierra. (Capítulo IV,
Selección natural, o supervivencia de los más aptos, Págs.
94-96)
Filosofía zoológica:
Nadie ignora que toda ciencia debe tener su filosofía, (teoría)
y que sólo por ese camino puede hacer progresos reales. En vano consumirán
los naturalistas todo su tiempo en describir nuevas especies y en marcar todos
los matices de sus variaciones para aumentar la lista inmensa de las especies
inscritas, porque si la filosofía es olvidada, sus progresos resultarán
sin realidad y la obra entera quedará imperfecta. (Capítulo II.
Importancia de la consideración de las conexiones, Pág. 48)
SOBRE EL MECANISMO DE LA EVOLUCIÓN
“Origen de las especies”:
He llamado a este principio por el cual se conserva toda variación pequeña,
cuando es útil, selección natural para marcar su relación
con la facultad de selección del hombre. Pero la expresión usada
a menudo por Mr. Herbert Spencer, de que sobreviven los más idóneos
es más exacta, y algunas veces igualmente conveniente. (Capítulo
III. Lucha por la existencia, Pág. 76)
Filosofía zoológica:
Las circunstancias influyen sobre la forma y la organización de los
animales /.../ ciertamente, si se tomasen estas expresiones al pié de
la letra, se me atribuiría un error, porque cualesquiera que puedan
ser las circunstancias, no operan directamente sobre la forma y sobre la organización
de los animales ninguna modificación. Pero grandes cambios en las circunstancias
producen en los animales grandes cambios en sus necesidades y tales cambios
en ellas las producen necesariamente en las acciones. Luego si las nuevas necesidades
llegan a ser constantes o muy durables, los animales adquieren entonces nuevos
hábitos, que son tan durables como las necesidades que les han hecho
nacer. (Capítulo VII, De la influencia de las circunstancias sobre las
acciones y los hábitos de los animales..., Pág. 165)
SOBRE LAS OBSERVACIONES DE LA NATURALEZA
“Origen de las especies”
En la América del Norte ha visto Hearne al oso negro nadando horas enteras
con la boca completamente abierta, atrapando así, casi como una ballena,
los insectos del agua. (Capítulo VI, Sobre el origen y transiciones
de los seres orgánicos que tienen hábitos y estructuras peculiares,
Pág. 194)
Los pleuronéctidos cuando son muy jóvenes y todavía simétricos
y tienen sus ojos en los opuestos lados de la cabeza no pueden conservar por
mucho tiempo una posición vertical /.../ De aquí que cansándose
pronto caen al fondo sobre un costado. Mientras que están así descansando
retuercen a menudo el ojo inferior hacia arriba, como observó Malm,
para ver por encima de ellos; y hacen esto tan vigorosamente que el ojo queda
duramente comprimido sobre la parte superior de la órbita. /.../ En
una ocasión vio Malm a un pez joven mover el ojo inferior sobre una
distancia angular de unos 70 grados. (Capítulo VII, Objeciones a la
Teoría de la Selección Natural, Pág. 250)
Filosofía zoológica
Al llegar a los invertebrados, se entra en una serie inmensa de animales diversos.
Son los más numerosos que existen en la Naturaleza, los más curiosos
y los más interesantes bajo la relación que se observa en su
organización y en sus facultades. Se convence uno al observar su estado
de que para hacerlos nacer sucesivamente, la Naturaleza ha procedido de una
manera gradual de lo más simple hacia lo más compuesto. /.../
En efecto, cuando la Naturaleza ha llegado a crear un órgano especial
para la digestión (como en los pólipos), dio por primera vez
una forma particular y constante a los animales que están provistos
de ella, los infusorios, por donde todo ha comenzado. (Capítulo VI,
Degradación y simplificación de la organización..., Pág.
128)
SOBRE LA UTILIDAD DE LA TEORÍA
“Origen de las especies”
Un campo grande, y casi virgen de investigaciones quedará abierto sobre
las cusas y leyes de la variación, la correlación, los efectos
del uso y el desuso, la acción directa de las condiciones externas,
etc., etc. El estudio de las producciones domésticas subirá inmensamente
en importancia. /.../En el porvenir veo campos abiertos para investigaciones
mucho más importantes. La psicología se basará, seguramente,
sobre los cimientos establecidos por Mr. Herbert Spencer, los de la adquisición
necesaria por gradación, de cada facultad y capacidad mental. Mucha
luz se derramará entonces sobre el origen del hombre y de su historia.
(Recapitulación, Pág. 557-558)
Filosofía zoológica:
La experiencia en la enseñanza me ha permitido darme cuenta de la utilidad
que actualmente tendría una Filosofía zoológica, es decir
un conjunto de preceptos y principios relacionados con el estudio de los animales
y aplicables incluso a otras partes de las ciencias naturales, ya que desde
hace unos treinta años nuestros conocimientos zoológicos han
progresado considerablemente.
Por tanto he intentado elaborar un esbozo de esta Filosofía para utilizarla
en mis clases y hacerme entender por mis alumnos: no tiene ningún otro
objetivo. (Advertencia, Pág. 247)
CONCLUSIONES FINALES
“Origen de las especies”:
A juzgar por el pasado, sin riesgo
podemos inferir que ni una sola especie
viva transmitirá su semejanza
inalterada a un porvenir distante.
/.../ Por esto podemos mirar con
alguna confianza a un porvenir seguro
de gran duración. Y como la
selección natural obra solamente
por y para el bien de cada ser, todos
los atributos corpóreos y
mentales tenderán a progresar
hasta la perfección. /.../
Hay grandeza en esta opinión
de que la vida, con sus diversas
facultades, fue infundida en su origen
por el Creador en unas pocas formas
o en una sola; y que mientras este
planeta, según la determinada
ley de la gravedad, ha seguido recorriendo
su órbita, innumerables formas
bellísimas y llenas de maravillas
se han desenvuelto de un origen tan
simple, y siguen siempre desenvolviéndose.
(Recapitulación, Pág.
560)
Filosofía zoológica
En cualquier caso, al entregarme
a las observaciones que han hecho
nacer las consideraciones expuestas
en esta obra, he obtenido las satisfacciones
que me hacía experimentar
su parecido a las verdades, así como
la recompensa a las fatigas que conllevaron
mis estudios y mis meditaciones.
Publicando estas observaciones, con
los resultados que he ido obteniendo,
tengo como finalidad invitar a los
hombres esclarecidos que aman el
estudio de la Naturaleza, a seguirlos,
verificarlos y extraer por su cuenta
las consecuencias que juzguen pertinentes.
/.../ Habré conseguido el
objetivo que me propongo si los amantes
de las ciencias naturales encuentran
en esta obra algunos puntos de vista
y algunos principios útiles,
si las observaciones que he expuesto
en ella se confirman o son aprobadas
por los que han tenido ocasión
de ocuparse de estos mismos temas,
y si las ideas que harán que
nazcan, sean las que sean, pueden
hacer avanzar nuestros conocimientos
o ponernos en camino de llegar a
las verdades desconocidas. (Advertencia,
Pág. 260)
Esta
obligada selección (e
insisto: por tanto, artificial) de
algunos párrafos es sólo
un pálido reflejo de diferencias
mucho más significativas en
los razonamientos, en la documentación,
en los conceptos... en fin, de los
universos personales de ambos textos.
Seguramente, algún prejuicio
me impida comprender “lo que Darwin,
en realidad, quería decir”,
pero tengo que reconocer que ni buscando
entre las culturas de los más
recónditos confines de la
Tierra podría encontrar, en
conjunto, una concepción del
Mundo, unos valores y una ideología
más opuestos a los míos
que los de las conservadoras clases
acomodadas victorianas. También
es posible que estos prejuicios puedan
estar contaminados de cierto corporativismo.
Lamarck fue profesor universitario,
creó el término Biología
entendido como disciplina científica,
he usado las “Claves dicotómicas”
que él inventó para
el estudio de las plantas... Y me
considero un heredero intelectual
(o moral) de su querida Revolución.
Pero, asumiendo esta deformación
en mi apreciación, también
puedo recurrir en mi defensa a algunos
datos biográficos que pueden
justificarla (al menos para algunos).
Darwin, que jamás realizó estudios de Biología (su única
titulación era la de “subgraduado” en Teología, obtenida para
ejercer de ministro de la Iglesia Anglicana), escribió su obra desde
su encierro (casi vitalicio) en su mansión Down House, como hemos leído,
mediante un cuidadoso estudio de los animales domésticos y de las plantas
cultivadas, y sus conceptos teóricos se basaron, según nos cuenta él
mismo, en las tesis, que se pueden calificar de todo, menos de filantrópicas,
de dos “próceres” de la sociedad victoriana: el también ministro
de la Iglesia Anglicana Thomas Malthus y su Ensayo sobre el principio de la
población, y Herbert Spencer con su Estática social.
Lamarck, que tuvo una intensa vida (incluida la amorosa), impulsó, al
amparo de la Revolución, la reforma de la obsoleta Sorbona y la creación
de cátedras para distintas especialidades. Investigó y escribió sobre
Meteorología, Botánica, Paleontología, Física,
Zoología... y se dejó la vista realizando miles de estudios y
disecciones de invertebrados. Pero el Imperio y la Restauración Borbónica
le hicieron pagar duramente sus veleidades revolucionarias, y acabó sus
días (sus últimos once años) en la más terrible
pobreza.
Darwin vivió y murió entre la fama y la fortuna económica,
que incrementó notablemente gracias a su calculada boda con su rica
(en el sentido crematístico) prima y a sus actividades como prestamista.
Fue enterrado en la Abadía de Westminster al lado de la tumba de Isaac
Newton y a sus funerales asistieron las más importantes personalidades
del poder económico y político de la época, sin duda,
muy impresionados por el “descubrimiento científico” que venía
a justificar su existencia.
Lamarck, el “Padre de la Biología”, que murió ciego y en la indigencia,
fue enterrado en una fosa común.
Puede parecer, simplemente, un final injusto e indignante como tantos otros
en la historia, pero si nos paramos a pensar tiene algo de simbólico
y mucho de premonitorio.
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