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Cerebro
Genes
del reloj circadiano también funcionan fuera del cerebro
Autor:
Joseph S. Takahashi, David K. Welsh y Steve A. Kay.
Fuente: Howard Hughes Medical Institute
Web: http://www.hhmi.org
Unos
investigadores han encontrado que los genes del reloj que gobierna
los ritmos circadianos de 24 horas del cuerpo también funcionan
en ciclos similares en células periféricas que se
encuentran fuera del cerebro. Sus resultados sugieren que los órganos
de todo el cuerpo, y no sólo el cerebro, marcan el tiempo
utilizando sus propios relojes genéticos internos.
Unos
investigadores han encontrado que los genes del reloj que gobierna
los ritmos circadianos de 24 horas del cuerpo también funcionan
en ciclos similares en células periféricas que se
encuentran fuera del cerebro. Sus resultados sugieren que los órganos
de todo el cuerpo, y no sólo el cerebro, marcan el tiempo
utilizando sus propios relojes genéticos internos.
El equipo de investigación, que incluye a Joseph S. Takahashi,
investigador del Instituto Médico Howard Hughes en la Universidad
Northwestern, y David K. Welsh y Steve A. Kay del Instituto de Investigación
Scripps, publicaron sus resultados en el número del 23 de
noviembre de 2004, en una publicación adelantada de la revista
Current Biology.
"Si esto sucede en todos los tejidos, entonces quizás
casi todas las células del cuerpo tengan una oscilación
circadiana que gobierna su sincronización. Y este es un punto
de vista muy diferente del que teníamos antes."
Joseph S. Takahashi
Los estudios contrastan notoriamente con los resultados de experimentos
anteriores, que indicaban que aunque las células periféricas
expresaban los genes del reloj, éstos no parecían
funcionar con un ritmo circadiano persistente. "A partir de
la primera clonación de los genes del reloj, se supo que
éstos estaban expresados extensamente en muchos tejidos",
dijo Takahashi. "Y muchos laboratorios habían encontrado
que eran expresados rítmicamente en estas células.
Sin embargo, estos estudios indicaban que sólo los relojes
en el núcleo supraquiasmático del cerebro podrían
tener una oscilación persistente; mientras que en el hígado
y en otros tejidos, parecían estar amortiguados".
Se creía que el núcleo supraquiasmático (SCN,
por sus siglas en inglés) era el sitio del único reloj
biológico del cuerpo. La mayoría de los relojes biológicos
funcionan con un ciclo de 24 horas o circadiano (del latín,
que significa "aproximadamente un día"), que gobierna
funciones tales como el dormir y el despertar, el descanso y la
actividad, el equilibrio de los fluidos, la temperatura del cuerpo,
el rendimiento cardíaco, el consumo de oxígeno y la
secreción de las glándulas endocrinas.
Para estudiar si el tal amortiguación existía realmente
a nivel de una única célula en las células
periféricas, los investigadores utilizaron fibroblastos de
ratones en los cuales habían diseñado un gen que producía
una proteína luminiscente, luciferasa, para que estuviera
bajo el mismo control que el gen Period2 del reloj.
Según indica Welsh, se eligieron los fibroblastos por tres
razones principales: la ritmicidad en células que no pertenecen
al SCN se demostró por primera vez en fibroblastos inmortalizados;
las células crecen con relativa facilidad en cultivos; y
los fibroblastos se encuentran en todo el cuerpo. "Un fibroblasto
es lo más parecido a una célula mamífera `genérica'
que se puede encontrar", dijo Welsh, quien era estudiante predoctoral
del HHMI en la Universidad de Harvard antes de irse a Scripps. "Por
lo tanto, si los fibroblastos tienen relojes autosustentables, es
probable que la mayoría de las otras células también
los tengan".
Midiendo el nivel de la bioluminescencia emitida por los fibroblastos
durante muchos días, los investigadores pudieron detectar
cualquier oscilación en la expresión del gen del reloj.
En un artículo anterior, los investigadores habían
mostrado que los tejidos periféricos de ratones presentaban
oscilación en los genes. Por lo tanto, en los experimentos
publicados en Current Biology, los investigadores intentaron explorar
si esa oscilación persistía a nivel de las células
individuales.
"Encontramos que, cuando se observa la señal que proviene
del cultivo, esta se amortigua, pero los fibroblastos individuales
revelan una oscilación persistente e independiente",
dijo Takahashi. Dijo que, por lo tanto, los resultados indican que
en cultivos de células no parece haber evidencia de "acoplamientos"
entre las células que coordinan las oscilaciones. Se ha observado
tal acoplamiento en tejidos enteros y sería clave para la
coordinación de los ritmos circadianos en los órganos,
dijo.
"Aunque se sabía que los tejidos periféricos
pueden presentar oscilaciones, nunca se había demostrado
que esto ocurriera en cada célula", dijo Takahashi.
"Sin embargo, en estos cultivos, cada célula que expresaba
el gen Period2 luciferasa tenía una oscilación circadiana
muy fuerte. Si esto sucede en todos los tejidos, entonces quizás
casi todas las células del cuerpo tengan una oscilación
circadiana que gobierna su sincronización. Y este es un punto
de vista muy diferente del que teníamos antes, que sostenía
que el cerebro era el oscilador circadiano exclusivo".
Takahashi dijo que es intrigante la observación de que, aunque
cada célula oscila con un período de longitud consistente,
esos períodos van de 22 a 30 horas, lo que está significativamente
fuera de la escala circadiana normal de 24 horas observadas en el
organismo completo.
"Nos gustaría conocer el origen de esta variación",
dijo Takahashi. "Además, sugiere que quizás se
necesite estudiar las propiedades de la oscilación a nivel
de una única célula para intentar comprender el mecanismo".
Otra meta importante, dijo Takahashi, es comprender los mecanismos
por los cuales los ritmos de las distintas células están
acoplados en los tejidos. "Dado que tales ritmos distintivos
aparecen en una gran variedad de tejidos, parece probable que hayan
distintos mecanismos de acoplamiento para la oscilación en
los distintos tejidos -por ejemplo, en células neuronales,
fibroblásticas, hepáticas, renales y pulmonares-",
dijo.
Aunque sigue siendo muy pronto para saber si estos resultados podrían
tener un impacto en la sincronización de la administración
de drogas, por ejemplo, Welsh cree que plantean interrogantes interesantes
sobre las posibles diferencias en la ritmicidad de las células
de los tejidos. "Se sabe que la sensibilidad de las células
tumorales a agentes quimioterapéuticos puede depender de
la fase circadiana", dijo Welsh. "Si las células
de un tumor no tienen una fase idéntica, esto podría
permitir que algunas células se escapen del efecto de una
droga. Quizás la sincronización de las células
antes del tratamiento con drogas mejoraría la erradicación
del tumor".
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