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Biología.
LOS
PRIONES EN LA EVOLUCION
Salvador
Cenador
Universidad Autónoma de Madrid
http://www.uam.es/otros/geb/revista/Portada.htm
Máximo
Sandín
Lo
que sigue a continuación es
un trabajo teórico de un alumno
de 2º Curso de Biología de
la Universidad Autónoma de Madrid.
El motivo de esta presentación no
es avalar el interés científico
del texto (que se avala por sí mismo),
sino situarlo en su contexto. Se trata
de un trabajo, que los alumnos de una asignatura
sobre evolución que imparto en nuestra
Universidad, deben realizar como sistema
de evaluación. Es uno más
entre otros muchos de una gran calidad,
que espero que puedan ser publicados (o,
al menos, difundidos, gracias a la bendita
Internet) a la mayor brevedad posible.
Resulta muy gratificante comprobar hasta
qué punto una mente joven, trabajando
libre del lastre dogmático y rutinario
de las interpretaciones convencionales
de la “vieja Biología” (hay que
decir: laboriosamente “desprogramada” a
lo largo de un curso), puede mostrar una
clarividencia que sería muy deseable
en las autoridades científicas involucradas
en problemas de tal trascendencia científica
y social como el que en este trabajo se
trata.
Es precisamente esta trascendencia la que
justifica la urgencia de darle la máxima
difusión, porque la obcecada concepción
de los fenómenos de la Naturaleza
como una perpetua lucha sin cuartel en
la que es necesario exterminar a los terribles
patógenos (bacterias, virus, ahora
priones...) que esperan agazapados esperando
su oportunidad para invadirnos (pero, cual
astuto experto en “ingeniería económica”,
sin destruirnos del todo, para no quedarse
sin quién explotar), hace imposible
comprender el verdadero origen del problema,
es decir: por qué unos elementos
fundamentales en el funcionamiento de los
procesos que componen la vida se convierten
en patógenos.
Espero que este trabajo científico
resulte esclarecedor para personas relacionadas
(o afectadas) por su profesión con
el llamado “mal de las vacas locas”. Quizás
les ofrezca una pista sobre lo que no hay
que hacer, además de no alimentar
a herbívoros de una forma aberrante.
Porque lo que resulta absurdo es tener
que emplear una gran cantidad de medios
humanos y económicos en luchar (con
escasa fortuna) contra un supuesto enemigo
que hemos creado previamente.
Mis experiencias me han llevado a la pérdida
de la esperanza en que trabajos como este,
inteligentes, bien documentados e impecablemente
argumentados desde el punto de vista científico,
hagan recapacitar a los rígidos
(y, en ocasiones, hasta agresivos) “guardianes
de la ortodoxia” sobre la necesidad, cada
día más urgente, de replantearse
desde sus cimientos la base teórica
de la “vieja Biología”. Porque la
impresión que producen es de que,
posiblemente, el paso de los años
asumiendo y repitiendo los mismos tópicos,
les haya convertido en “no desprogramables”.
Tal vez tuviera razón Max Plank
cuando afirmaba que sólo la muerte
de los sustentadores de una visión
científica caduca hace posible que
otra nueva se abra paso (lo cual es un
triste consuelo, porque me encuentro demasiado
cercano a las promociones de los susodichos),
pero en cualquier caso trabajos como este
(y muchos otros más) de jóvenes
científicos, son la mejor prueba
de que “la nueva Biología” ha iniciado
su camino, y ni la rutina, ni la soberbia,
ni los oscuros intereses económicos
que están detrás de la vieja
concepción, podrán detenerla.
LOS
PRIONES EN LA EVOLUCIÓN
Salvador Cenador Herrera
2º Curso Licenciatura de Biología.
Universidad Autónoma de Madrid.
INDICE
:: 1.
Introducción
..................................................................
2
:: 2. Lo que ahora sabemos de los priones
............................. 4
:: 3. Reinterpretando los priones ............................................
6
:: 4. El origen de las EET’s ....................................................
8
:: 5.
El papel de los priones en la Evolución
.......................... 11
:: Bibliografía
.........................................................................14
Vivimos
un momento en la historia de la Biología
en la que por fin parece que empezamos
a darnos cuenta de lo falso
y subjetivo que es el pilar sobre el
que se sustenta toda nuestra ciencia.
Hemos estado creyendo en un imposible
tan solo porque es la única realidad
que se nos ha mostrado pero también
porque no hemos querido mirar más
allá. El darwinismo ha contaminado
el lenguaje que usamos utilizando términos
que denotan unas características
tan sólo aplicables a nuestra
sociedad: hablamos de represores que
compiten por el centro activo de una
enzima, de que cada célula de
un ser multicelular intenta egoístamente
proliferar más que las demás
pero estas otras la contienen, de plegamientos
de proteínas que son seleccionados
por ser más aptos...
Pero sobre todo hablamos de la competencia
entre seres vivos por ocupar un nicho ecológico,
del egoísmo de cada individuo que
mira por sí mismo. Decimos que el
responsable de los cambios que sufren los
organismos y que los hace evolucionar es
la Selección Natural, un “ente”
que cada darwinista parece interpretar
de una forma y en el que todo cabe, una
fuerza ciega que elige a aquellos individuos
más aptos. Y la fuente de nuevas
características resultan ser mutaciones
en el ADN al azar, de forma que los individuos
que tengan una nueva característica
beneficiosa serán seleccionados.
Y todavía más: estos pequeños
cambios hacen que gradualmente las especies
diverjan, cambien y se adapten a su medio.
En definitiva dicen que la Evolución
son cambios en las frecuencias con las
que aparecen genes en una población.
Y los datos dicen justo lo contrario. Por
un lado la idea de que las mutaciones al
azar son fuente de variabilidad para la
Selección Natural es completamente
absurda pues una mutación puntual
lo único que causa es, en el “mejor”
de los casos, un fallo de funcionamiento
de una proteína pues aún
no se ha catalogado ninguna mutación
beneficiosa en ningún organismo
y si incontables casos de mutaciones inducidas
que han causado el deterioro de las capacidades
del individuo ¿cómo puede
un fallo en una proteína perfectamente
preparada para su función hacerla
mejor?. Los grandes cambios que se dan
los organismos se deben no a alteraciones
de proteínas sino a remodelaciones
del programa de desarrollo embrionario.
Son innumerables las pruebas en contra
del gradualismo de la evolución
pero la mas clara es la absoluta falta
en el registro fósil de especies
intermedias. A la hora de la verdad, no
son los individuos ni más ni menos
aptos los que sobreviven sino que quedan
los intermedios... No enumero más
datos por no ser éste el objetivo
de la presente introducción. La
Evolución por selección natural
es una explicación falta de pruebas
sólidas, que tiene grandísimas
dificultades para explicar comportamientos
de cooperación y altruismo entre
otros y que sobre todo está sesgada
por la visión de la vida que tienen
sus creadores.
Pero es que aunque el darwinismo aceptara:
los cambios bruscos, la complejidad necesaria
para explicar la realidad de los procesos
biológicos, la imposibilidad del
azar como motor de cambio... aun reduciendo
la teoría a su mínima esencia,
la de que solo sobrevive el más
apto por competencia con sus rivales, sea
cual sea la definición de “más
apto” y su origen, toda la “teoría”
se convierte en una opinión personal,
en una forma de querer ver a la vida funcionando
al igual que la sociedad occidental en
la que priman precisamente (aunque no generalizadamente
por suerte) ese egoísmo, ese mirar
por el bien de uno mismo “que en conjunto
hace el bien común”, esa competencia
por llegar más alto, ese ver el
altruismo como un egoísmo camuflado...
Hemos otorgado a la naturaleza rasgos y
etiquetas puramente culturales y que ni
siquiera están generalizadas al
conjunto de civilizaciones humanas ni de
individuos.
Pero incluso esta ya “opción personal”
se queda sin fundamentos al ver cómo
en realidad. En los seres vivos prima la
cooperación como desencadenante
de los grandes cambios que se han producido
a lo largo de la historia como es la endosimbiosis,
la multicelularidad, el agrupamiento de
individuos de la misma especie e incluso
de diversas especies, la integración
de genomas de diferentes orígenes
a través de vectores...
Hemos creado una biología basada
en la subjetividad y en la explicación
de la realidad por modelos simplistas y
estamos pagando este error caro viendo
como los datos quedan inconexos e incluso
perdiéndose y olvidándose
al no entender cómo encajarlos.
Lo pagaremos todavía más
caro cuando veamos las desastrosas consecuencias
de, por ejemplo, la terapia genética,
por haber querido simplificar la expresión
del DNA introduciendo genes en lugares
al azar.
Y esta forma de querer simplificar las
cosas ha llegado hasta un campo tan aparentemente
inconexo con la evolución como son
los priones. De ellos no parece interesar
más que cómo son y las enfermedades
que causan (las EETs: Encefalopatías
Espongiformes Transmisibles). Se sabe que
cuando el prión encuentra una versión
de sí mismo (pero no patógena)
la “prioniza” y con eso y poco más
basta, porque lo único que interesa
es la forma de neutralizarlos. No parece
que nadie se haya preguntado cómo
han aparecido y cómo es posible
que una simple proteína pueda replicarse.
Desde que se intensificaran las investigaciones
hace 8 años tras la primera muerte
de un hombre por el mal de las vacas locas,
se ha producido una avalancha incontenible
de datos incomprensibles e incomprendidos
que está empezando a hacer ver a
algunos investigadores que el modus operandi
no es tan simple y que tal vez estas proteínas
cumplan un determinado papel en los organismos.
Y es que a la hora de la verdad, preciosos
conocimientos y datos son malgastados con
extrañas y a la vez artificiales
interpretaciones. Un ejemplo de lo que
digo es un reciente trabajo (Deleault y
cols., 2003) que habla sobre cómo
el ARN de la célula cataliza la
conversión de proteínas a
priones: en él los investigadores
se quedan simplemente con un “este descubrimiento
podría servir para diagnosticar
EETs” sin darse cuenta de lo mas obvio
que tienen delante y es que esto significa
que la célula afectada participa
activamente en su propia infección
con todas las consecuencias que ello conlleva.
¿
Y que tienen que ver los priones con la
evolución? Pues de entrada se ha
visto que transmiten caracteres heredables
como ya veremos mas adelante, por lo que
resultan un nuevo campo de estudio para
la evolución que ya no queda restringida
a los genes. No adelanto más por
ahora.
A lo largo del trabajo voy a proponer una
serie de modelos e ideas de las que, aunque
he argumentado su razón de ser con
datos, de primeras acepto pueden ser falsas,
erróneas o incompletas. No es mi
intención ni mucho menos proponer
un nueva Teoría Priónica
alternativa a la que ya existe, pues la
bibliografía que he usado no se
puede comparar a la de un experto en la
materia. Con los modelos lo único
que persigo es hacer ver que la situación
no es tan sencilla, que hay que empezar
a ver a estas proteínas con otra óptica
y sobre todo que hay que quitarse de la
cabeza esa idea obcecada de que (al igual
que se piensa de los virus) no son mas
que patógenos indeseables.
El
encontrar la naturaleza de la partícula
que causaba el scrapie y el kuru entre
otras encefalopatías espongiformes
supuso un auténtico quebradero de
cabeza para los bioquímicos. No
se encontró ningún virus
ni bacteria implicados directamente y puesto
que la partícula causante resistía
tratamientos que destruían ácidos
nucleicos, se descartó la posibilidad
de que éstos fueran los responsables.
Stanley Prusiner en 1982, tras comprobar
como medios proteolíticos inactivaban
al causante, propuso que el agente era
nada menos que una proteína patógena
a la que denominó “prión”.
La Teoría Priónica actual
propone que el prión (PrPsc) es
una proteína idéntica en
su secuencia de aminoácidos a una
proteína sintetizada por el propio
organismo afectado (PrPc) pero diferente
en su conformación (forma que adopta
en el espacio).La infección es debida
a que la presencia de la variante patógena
induce a las del organismo a plegarse adoptando
la forma de la PrPsc. Éstas a su
vez, inducen el cambio a las otras PrPc
transmitiéndose la infección
en cascada. Pese a la gran cantidad de
nuevos datos, en nada ha cambiado la concepción
de que el prión ejecuta este proceso
por sí mismo y de que sólo
están implicadas estas proteínas.
Debido al fuerte impacto social causado
por la aparición de los primeros
casos de transmisión a humanos de
la enfermedad de las vacas locas, se han
destinado ingentes cantidades de fondos
para la investigación de la naturaleza
química del prión, de la
forma en que actúa dentro del organismo
y sobre todo de fármacos eficientes
para luchar contra él. Los análisis
bioquímicos han desvelado que la
PrP es una proteína globular de
253 aminoácidos, que a razón
de 50-100 aa por dominio la convierten,
en mi opinión, en una proteína
demasiado pequeña para querérsele
atribuir todas las actividades que veremos
que hace “por su propia cuenta”. De su
estructura espacial, tan solo se ha secuenciado
y representado por cristalografía
el gran dominio que comprende los restos
129-225 el cual parece ser el que diferencia
a la versión “Dr. Jekyll” de la
“Hyde”.
Pese a la gran cantidad de experimentos
aún no se ha descubierto la estructura
del resto de la proteína. Una lástima,
pues la actividad realmente interesante
del prión se encuentra precisamente
en ese sector que al parecer interactúa
asombrosamente con secuencias concretas
de DNA (volveremos más tarde a este
dato). Sí se sabe que tiene una
secuencia de reconocimiento en los 23 primeros
aminoácidos y que entre medias posee
una zona afín a iones de Cu: un
inusual motivo de 8 aa repetido 4 veces
del que no se sabe la razón de su
emplazamiento en el prión (www.chemsoc.org).
Respecto al tratamiento de las EET’s (Encefalopatías
Espongiformes Transmisibles) no se ha encontrado
ni una sola sustancia capaz de neutralizar
priones, ni siquiera de frenar su avance:
algo completamente decepcionante dado los
recursos destinados al respecto. Pero es
que además tampoco el sistema inmunitario
responde a la infección. De la escasa
colección de sustancias que han
sido capaces de mostrar algún resultado,
se ha encontrado una molécula que
debería habernos hecho plantearnos
muchas cosas: la adamantina, un antirretroviral
(repito: antirretroviral) que en algunos
casos ha sido capaz ralentizar el avance
de la enfermedad. ¿No debería
haber indicado esto que entonces los retrovirus
participan en el proceso acelerándolo?.
No sólo este dato lo confirma. Científicos
como Laura Manuelidis o C. Weissmann (2003)
han insistido siempre en que la proteína
no puede ser el único componente
del prión proponiendo la necesaria
existencia de un virus o ácido nucleico
asociado. Aunque sus propuestas se han
desechado tras comprobar que la proteína
per se era capaz de llevar a cabo la infección,
lo cierto es que en las últimas
investigaciones se ha demostrado en los
cerebros de los infectados la presencia
de un retrovirus con un genoma de entre
1 y 3 kilopares de bases. Es más,
los estudios llevados a cabo por Carp parecen
indicar que la replicación del MuLV
en ratones acelera el avance de la enfermedad
del scrapie. La cosa va en serio y se están
iniciando grandes programas de investigación
para aclarar esta relación como
uno del GSF junto con el Institut für
molekulare Virologie del que ya adelantan
la hipótesis de que “los priones
activan retrovirus endógenos o exógenos
latentes”
Otro aspecto en el que se ha avanzado ampliamente
es en el de las acciones que desempeña
el prión patógeno en el organismo
aunque resulta paradójico que aún
no esté claro que hace la versión
celular dentro del organismo. Por un lado
se especula con que regularía el
Cobre dentro de las neuronas actuando de
receptor de membrana, por otro se habla
de actividad catalítica (superóxido
dismutasa) y otros han propuesto algo realmente
interesante al analizar su actividad: que
debe participar en vías de señalización
celulares.
Por el contrario, como hemos dicho, ahora
conocemos parte de la actividad de la PrPsc.
De entrada al contactar con la membrana
celular es reconocida por receptores asociados
a la versión celular del prión,
siendo asimilada por la célula mediante
vesículas recubiertas de Clatrina
(un mecanismo frecuente usado por la célula
para absorber ciertas sustancias). Ni que
decir tiene que los receptores son específicos
para cada sustancia y por tanto la célula
“espera” a esa sustancia para recogerla.
Una vez dentro de la célula empieza
la reacción en cascada creando copias
de sí misma al cambiar la conformación
de sus semejantes celulares, para lo cual
DEBE evadir la acción de las chaperonas
(proteínas encargadas de corregir
cualquier cambio erróneo en la conformación
de las proteínas a su cargo, algo
para lo que son extremadamente eficientes).
Pero no sólo eso: los priones son
capaces de llegar al núcleo celular
debiendo atravesar para ello los poros
celulares que admiten exclusivamente un
reducido grupo de moléculas. Una
vez allí, tienen el poder de replegar
determinadas secuencias de DNA y hacer
saltar retrotransposones y retrovirus haciendo
de promotor para esta acción (C.
Gabus y cols. 2003).
¿
Cómo va a poder una proteína
tan pequeña: ser reconocida por
receptores de membrana, cambiar la conformación
de otras proteínas, engañar
a las chaperonas, atravesar el poro nuclear,
asociarse al ADN y hacer saltar elementos
genéticos por sí misma? Es
sencillamente imposible que un “parásito”
tan pequeño haga todo eso. Es prácticamente
de cajón que la célula está colaborando
en el proceso de principio a fin, le pone
al prión todas las facilidades para
desempeñar su acción. Casi
con seguridad la proteína no debe
poder ni siquiera hacer nada por sí misma,
sino que el organismo al reconocer al prión
desencadena todas las acciones y seguramente
por eso se haya visto al prión participar
en las vías de señalización.
Y es que esa colaboración llega
hasta el punto de que RNA’s de la misma
célula catalizan la reacción
PrPc à PrPsc como ya dijimos en
la introducción, ayudando además
en el plegamiento factores como las Proteínas
X, Y y Z (encontradas pero aún no
descritas).
¿
Y por qué el huésped iba
a participar en su propia destrucción?
Con toda seguridad porque el prión,
esa molécula capaz de cambiar su
conformación y desencadenar el cambio
en todas las demás, en condiciones
normales cumple un cometido dentro del
organismo y por tanto no tendría
sentido que el organismo se opusiera a
ello. Más adelante profundizaremos
en cuál es ese papel desempeñado.
Por último, la PrP ha dejado de
ser el único prión conocido.
Por lo menos ya se han catalogado otras
3 proteínas que con una determinada
conformación son capaces de obligar
a asumir dicha forma a las restantes: El
Het-S del hongo Podospora anserina, la
URE3 de levaduras implicada directamente
en la regulación del Nitrógeno
y la PSI también de levaduras que
interviene en la traducción proteica.
Lo realmente interesante de estos nuevos
priones ha sido ver como todos ellos comparten
un dominio proteico muy similar que les
confiere el poder alternar conformaciones.
De hecho, el equipo de Susan L. Lindquist
(2000) ha logrado crear priones artificiales
totalmente funcionales a partir de proteínas
normales al añadirles el dominio-prión
de la PSI.
Como se ve, ni siquiera es un mecanismo
exclusivo de mamíferos. Las proteínas-prión
se encuentran presentes en grupos dispersos
de seres vivos y me aventuro a pensar que
tal vez estén presentes todos ellos.
Si a esto le sumamos el que todos los priones
comparten una estructura similar, deberíamos
empezar a pensar que tal vez estén
formando parte de un importante mecanismo
generalizable a una gran cantidad de proteínas.
Como hemos visto, existen demasiados datos
como para seguir pensando que el mecanismo
de propagación de un prión
sea tan sencillo como se piensa. No es
mi intención decir tajantemente
cómo funcionan, pero por lo menos
quiero proponer un modelo que, aunque
con seguridad sea incorrecto o incompleto,
al menos sirva para entender la complejidad
de la situación y para más
tarde mostrar el importantísimo
papel que podrían tener en la
adaptación (e incluso evolución)
de los organismos. Recopilemos los datos
que hemos extraído hasta el momento:
Ø Los retrovirus (con toda seguridad
endógenos) y retrotransposones saltan
del genoma del individuo colaborando de
alguna forma en el proceso infectivo del
prión.
Ø
El organismo “infectado” participa en todo
el proceso permitiendo al prión
llevar a cabo su tarea pues cumple un cometido
dentro de la célula.
Ø
Los priones están muy extendidos
en la naturaleza existiendo dominios comunes
en todos los conocidos convirtiéndolos
en un fenómeno generalizado.
El modelo que propongo
parte de la idea de que los priones forman
parte de un gran
mecanismo que permite a estas proteínas
alternar conformaciones teniendo cada una
de ellas una función diferente.
Esto permite al organismo adaptarse a una
nueva situación alterando a todas
las proteínas del mismo tipo dentro
de la vida del individuo con la posibilidad
de transmitirle a la descendencia esa nueva
característica. ¿Qué es
lo que me hace pensar esto? Por un lado
creo que es la única explicación
razonable a que la célula permita
e incite el que se le cambien todas sus
proteínas del mismo tipo. Lejos
de la simple especulación, en el
caso de la URE3 las dos conformaciones
participan en la regulación de la
asimilación de Nitrógeno:
una de ellas permitiéndola y otra
reprimiéndola. Concretamente, la
forma alterada aparece cuando hay una sobreexpresión
de la no alterada siendo la que reprime
la asimilación, de forma que (según
pienso) la levadura puede evitar un exceso
de absorción haciendo aparecer la
forma alterada que “secuestra” un buen
número de copias de la que incita
la asimilación. De no ser así ¿qué razón
tendrían los organismos para crear
moléculas que alteran la actividad
de las demás copias?.
Se trata de un mecanismo para actualizar
todas las proteínas del individuo.
Ante un cambio brusco ambiental, la célula
“busca” en el pool de conformaciones de
su proteína-prión cuál
es la que mejor funciona en la nueva situación
y pone en marcha la maquinaria molecular
necesaria para por un lado adaptar a algunas
proteínas a la nueva situación
y por otro autorizar el cambio en cascada
de todas las demás. Es importante
destacar la palabra autorizar: sólo
si la célula lo permite se inicia
el procedimiento, pues de lo contrario
si una PrP cambiara espontáneamente
a la forma patógena debido a un
simple choque térmico o energético
(algo que ocurre frecuentemente) poblaciones
enteras serían aniquiladas asiduamente.
Sin embargo en un organismo multicelular
puede ocurrir que no todas sus células
se hayan “enterado” del cambio, bien porque
no están en contacto con el estímulo,
bien porque sus mecanismos que inician
la transformación no han estado
en contacto con él. De aquí surge
la necesidad de que la célula que
ha cambiado le comunique a las de su entorno
cuál ha sido la solución
que ha encontrado al problema, de forma
que por un lado les “manda” copias de su
nueva proteína para que la copien,
y por otro virus que portan la información
necesaria para que la célula receptora
se convierta en un nodo de la transmisión
del cambio para asegurarse de que llega
con rapidez a todo el organismo. Esta fase
viral solo aparecería en una frecuencia
baja de células que serían
productores activos de la forma alterada
que cerciorarían el éxito
de la transmisión. No es estrictamente
necesario que todas las células
reciban el retrovirus pues la llegada del
prión a una célula ya es
suficiente que para que ésta inicie
la actualización.
El cambio dentro de la célula que
inicia este reajuste debe ser también
a escala genética, pues si crea
un virus que se envía a otras células
es porque ésta tiene una nueva información
que no poseen las demás. El prión
al interactuar con retrotransposones específicos
los debe hacer saltar a las secuencias
de la maquinaria que regula este proceso,
activando los mecanismos (alternativos
a los que ya tenía) que favorecen
a la nueva variante del prión. Junto
a esto expresa un retrovirus que arrastra
los genes de esta nueva maquinaria (chaperonas,
proteínas de reconocimiento adecuadas...).
Así, tenemos dos rutas paralelas
y simultáneas para la transmisión:
una priónica que llega a todas las
células y otra viral que llega a
unas pocas encargadas de servir de nuevos
centros de emisión y que aseguren
la permanencia del cambio.
Hemos
tratado el mecanismo general basándonos
en el ejemplo de la PrP de la que sabemos
que la presencia del prión es suficiente
para iniciar el cambio. Pero puede que
ni siquiera los priones transmitan el cambio
a otras células y de ello se encarguen
lo virus pues en este caso la forma alterada
polimeriza extracelularmente pero ¿y
en una proteína que no sale de la
célula?. En una situación
así el retrovirus debería
ser la única forma de transmisión.
Por cierto, es posible que el prión
humano no sea la única proteína
que se vea afectada en el proceso. En punciones
lumbares en reses para la extracción
de líquido cefalorraquídeo
se ha observado la presencia de proteínas
anormales diferentes de la PrP que solo
han aparecido en individuos afectados por
una ETT.
Algo que nos podría dar en qué pensar
es: si una nueva forma inicia el procedimiento
de actualización, ¿por qué la
forma original no lo comienza también
en sentido opuesto contrarrestando el cambio?
Con seguridad se debe a que los mecanismos,
una vez han aceptado una actualización,
bloquean cualquier intento por parte de
la conformación original o de una
nueva alternativa de hacer lo mismo. Esto
que digo queda bastante patente si se analizan
los experimentos de Laura Manuelidis y
Zhi Yun Lu (publicados en Febrero del 2003)
sobre las cepas de priones.
Al parecer, dentro del propio prión
de la CJ existen varias cepas con diferentes
efectos en el organismo y con conformaciones
desiguales. En sus experimentos pudieron
comprobar como una vez inoculada una cepa,
si se pretendía inocular otra, ésta
no tenía ningún efecto actuando
en el cerebro solo la primera que fue introducida.
Sin embargo, la segunda no fue completamente
eliminada, sino que quedó latente
en los cerebros de ratones: “La forma virulenta
FU (la segunda) puede permanecer en estado
latente por largos periodos hasta que otro
estrés fisiológico le haga
recrudecerse”.
Así, el organismo una vez se ha
decantado por un reajuste concreto no permite
que otra alternativa prospere, pero en
vez de neutralizarla, la “guarda” en espera
de que pueda ser utilizada más adelante.
En cierta forma es posible que cada célula
guarde un acervo de alternativas incorporando
las nuevas que le proponen sus vecinas.
Resumiendo, el mecanismo priónico
es un procedimiento cuyo fin es actualizar
y renovar las funciones del organismo con
el fin de adecuarlo a una nueva situación
ambiental, que afecta a más proteínas
que la del prión y que es “inteligente”
(un azar controlado): acepta aquella propuesta
que le es útil y si le llega otra
no la destruye sino que la almacena. Además,
de igual forma que se inicia, si las condiciones
vuelven a ser las anteriores el organismo
tiene la opción de revertir el proceso
(algo que ya comprobó Susan Lindquist
con su prión artificial).
Después de ver como el funcionamiento
de los priones es un mecanismo perfectamente
coordinado y controlado por el organismo,
resulta lógico preguntarse cómo
y por qué han podido surgir las
enfermedades de origen priónico
llamadas en conjunto EET’s. En realidad
su aparición es un fenómeno
más frecuente en la naturaleza de
lo que pensábamos: junto al conocido
“mal de las vacas locas”, la enfermedad
de Creutzfeld-Jakob, el scrapie y el kuru
se han catalogado otras afecciones como
la enfermedad del agotamiento crónico
de mulas y ciervos en cautiverio, múltiples
síndromes similares al CJ en humanos
y otras variantes en antílopes,
felinos y visones. De hecho hasta se ha
encontrado la PrPsc en animales tan distantes
de los mamíferos como son los peces.
Las Encfalopatías Espongiformes
son debidas a que la conformación
PrPsc de la proteína del prión
humano pierde su función original
y precipita formando con otras semejantes
largos filamentos que destruyen las neuronas.
A excepción de la bovina, no se
ha intentado dar explicación a la
aparición de estas encefalopatías.
En general se ha aceptado que tiene su
origen en el consumo por parte de las vacas
de piensos hechos a partir de ovejas contaminadas
de scrapie. Aunque la normativa impone
que para la elaboración de éstos
se debe tratar la carne a 133º durante
20 minutos, el encarecimiento de los combustibles
en los años 80 hizo que para ahorrar
costes se descuidara el proceso calentando
solo hasta 120º, temperatura a la
que los priones no son desactivados. Fue
entonces cuando saltaron la barrera de
la especie detectándose el primer
caso de “vaca loca” en 1987. Aunque sea
una explicación plausible, se aleja
mucho de ser la única observando
los datos que hoy tenemos.
Ya de entrada, en 1966 existía un
informe en el que se daba a conocer la
enfermedad y la posibilidad de su transmisión
a nuestra especie (extraído de:
Brock. Biología de los Microorganismos)
con lo cual se ve que no era una enfermedad
precisamente nueva). A raíz del
primer contagio en humanos que acabó con
la muerte de un joven de 18 años
en Inglaterra en 1996 y ante la psicosis
mediática resultante, las autoridades
sanitarias de todo el mundo prohibieron
la elaboración de harinas alimentarias
a base de ovejas que más tarde se
ampliaría a la de otros muchos animales.
Aunque el número de vacas afectadas
ascendía a cifras más que
alarmantes se esperaba que el mal se erradicara
en 5 años (pues los síntomas
pueden manifestarse 5 años después
del contagio) y que las vacas nacidas de
otras sanas tras la medida no presentaran
la afección. Sin embargo no han
parado de aparecer nuevos casos todos los
años, las nacidas en el 97 (y años
posteriores) de madres sanas siguieron
presentando la enfermedad y a fecha del
2001 se habían dado 180.557 casos
sólo en Inglaterra con un balance
de 86 contagios humanos: las previsiones
fallaron estrepitosamente.
Pero es que hay un caso todavía
más elocuente y al que absolutamente
nadie ha prestado atención: el de
Suiza. Allí se prohibió alimentar
en 1990 al ganado vacuno con ninguna clase
de harina animal. Pese a esta medida, de
las 363 vacas afectadas desde esa fecha
hasta el 2001, 121 habían nacido
tras la prohibición (Extraído
del informe de la Organización Panamericana
de la Salud del 2001). Aunque el interés
de la población por el asunto ha
desaparecido (llegó a ser junto
al terrorismo la mayor preocupación
de los españoles), no ha pasado
lo mismo con los casos de enfermedad: prácticamente
todos los países europeos han tenido
vacas locas en sus explotaciones apareciendo
cada año, sin motivo aparente y
sin ninguna conexión, un goteo constante
de casos aislados (salvo algunos casos
de contagios masivos) hasta el reciente
caso de Diciembre del 2003 de EEUU que
ha hecho saltar la alarma. Al respecto
de esto último Juan José Badiola,
especialista español en la enfermedad,
aseguró a principios de Enero en
una entrevista: “Van a tener una crisis
alimentaria. Usan un sistema rudimentario
y aun así detectaron un caso”.
Y es que lejos de ir disminuyendo el número
de casos tras la supresión de harinas, éste
no para de aumentar cada año pese
a las estrictas medidas de seguridad. Sólo
en España se diagnosticaron 2 casos
en el 2000, 82 casos en el 2001, 127 en
el 2002 (fecha en la que no debería
haber habido ni un solo caso por haber
acabado el periodo de incubación
de 5 años tras la supresión
de los últimos piensos infectados)
y 160 en el 2003. En la anterior entrevista,
el propio Badiola da por hecho que en el
2004 serán todavía más
las vacas infectadas y que la cifra seguirá en
aumento durante el 2005/06.
Desde 1996 las autoridades no han reparado
en gastos para vigilar el cumplimiento
de la ingente cantidad de normativas impuestas:
la Unión Europea ha practicado millones
de diagnósticos a reses y ha creado
un “taskforce” de vigilancia al tiempo
que España ha creado agencias para
el control de la evolución de las
EET’s. Se han gastado millones de euros,
se han derrochado medios y pese a ello
se han dado todavía más casos.
Si de verdad el único origen es
el de las harinas contaminadas, ¿no
debería haber mejorado la situación
por poco que fuera en vez de ir cada vez
a peor?.
Como se ve, el origen no puede estar tan
solo en la infección con scrapie.
Ciertos autores, como el del informe previamente
citado, hablan de 3 medios de transmisión:
la heredable, la infecciosa y la esporádica
“que aparece sin causa aparente y para
la que no hay explicación en la
actualidad”. Además hemos visto
que los priones participan en un mecanismo
en el que están implicados retrovirus
y retrotransposones. Por último
hoy día sabemos que muchas enfermedades
como cánceres están debidos
a elementos genéticos que saltan
y cambian de posición en el genoma
debido a estrés ambiental y sobre
todo psicológico. ¿Y si el
estrés hubiera hecho que genes implicados
en este mecanismo hubieran saltado descontroladamente
alterando el buen funcionamiento de éste?, ¿Y
si este estrés se debiera al hacinamiento
al que están sometidas las reses?
Hoy día se tiene a las vacas prácticamente
inmovilizadas en minúsculos habitáculos
junto a muchos cientos de congéneres
que emiten una “cháchara” feromónica
a la que jamás habían estado
expuestas. Les administramos muy alegremente
alimentos pensados nada mas que para el
engorde y para el aumento de su producción
de leche y además estamos alimentando
a herbívoros con piensos de origen
animal... No sé de que nos extrañamos
al ver surgir nuevas y extrañas
enfermedades en el ganado.
Una situación como esta debe estar
afectando fuertemente al metabolismo celular:
los elementos encargados de controlar cuándo
se produce un cambio en la proteína-prión
deben estar fallando, de forma que puede
activarse el procedimiento de actualización
ante una conformación sin sentido
de la PrP, pero que en este caso no solo
no tienen función biológica
sino que por desgracia polimeriza en filamentos.
Si estuviéramos en condiciones normales
la conformación PrPsc sería
rechazada, pues si no, si apareciera una
sola de estas variantes por accidente (choque
térmico, radiacción...) en
cualquiera de nosotros, desarrollaríamos
la enfermedad. En condiciones normales
el organismo no aceptaría tal conformación
no iniciando el cambio en cascada. Pero
algo ha salido terriblemente mal: los componentes
celulares que regulan este proceso han
dejado de funcionar como debían
debido a saltos de los elementos genéticos
que los sintetizan y han iniciado el procedimiento
de actualización ante una conformación
que no debían como se explica en
el siguiente diagrama:
Aunque esto es una especulación,
creo que se trata de una muy razonable,
pues de lo contrario tal y como ya he dicho,
ante cualquier conformación surgida
espontáneamente se iniciaría
el proceso descontroladamente.
Pero, ¿cómo se ha transmitido
a los humanos? Antes del salto de la enfermedad
a nuestra especie, la variante humana del
mal de las vacas locas era conocida como
síndrome de Creutzfeldt-Jakob (CJ),
una enfermedad que solo afecta a personas
de avanzada edad con un cuadro de sintomatologías
similar a la de vacas y otros mamíferos:
demencia senil, pérdida de memoria,
vacuolización del cerebro, pérdida
del habla... Sin embargo la variante transmitida
por la alimentación afecta a personas
de cualquier edad. Otro dato interesante
es que la PrPsc procedente de ovejas no
hace desarrollar la enfermedad en humanos
en contraposición a la de bóvidos.
Entonces, ¿qué es lo que
ha pasado para que ahora los jóvenes
desarrollen la enfermedad? ¿y por
qué unos priones si son infecciosos
y otros no? La respuesta está en
que se ha visto que las PrP de humanos,
ovejas y vacas son ligeramente diferentes
entre sí en su secuencia de aminoácidos.
Así, una célula humana al
encontrarse con un prión de origen
vacuno lo podría reconocer erróneamente
como humano por su semejanza (aunque sea
un plegamiento sin sentido) iniciando el
proceso mientras que a uno de oveja no
lo reconocería como propio desechándolo.
Los priones no son simples patógenos
o parásitos que provocan enfermedades,
no son moléculas “egoístas”
que pretenden replicarse a costa de otro
organismo vivo “compitiendo” con las del
“huésped”. Son los partícipes
de un complejo mecanismo que aporta gran
dinamismo a las células, pero como
en cualquier intrincada máquina,
el fallo de un engranaje puede tener consecuencias
desastrosas.
Ahora,
una vez que estamos entendiendo qué es lo que realmente están
haciendo los priones dentro de los seres
vivos es cuando llegamos al aspecto realmente
interesante de estas proteínas:
qué significan a nivel evolutivo
no solo como un mecanismo de adaptación,
sino también posiblemente como
un mecanismo de macroevolución
(o que cuanto menos nos sirva para entender
cómo funciona ésta a nivel
bioquímico).
Anteriormente apuntábamos la intervención
de los retrovirus durante la transmisión
del cambio, pero es que la implicación
de éstos va todavía mas allá.
Un estudio del equipo de Jean-Luc Darlix
y Caroline Gabus (2003) publicado en el
Journal of Molecular Biology indicaba la
asombrosa semejanza en su actuación
entre el dominio-prión de la PrP
y la proteína de nucleocápsida
Ncp7 del virus del SIDA (VIH-1). Ambas
proteínas eran capaces de plegar
determinadas secuencias de DNA correspondientes
precisamente a elementos transponibles,
eran capaces de actuar de promotores en
la síntesis de virus, inhibían
en determinadas circunstancias la actuación
de la transcriptasa inversa y hasta se
asociaban al genoma viral de una forma
semejante. ¿Qué concluyeron
los investigadores? Simplemente que hay
proteínas de membrana celular que
pueden asociarse a DNA’s. ¿Qué es
lo mas obvio que cualquiera puede deducir
de este descubrimiento y que los autores
por algún motivo ignoraron? Que
si se parecen tanto es porque tal vez vienen
del mismo lugar.
Lo que esto implica llega muy lejos pero
antes merece la pena hablar de qué es
lo que muy probablemente nos han traído
los virus. No voy a explicarlo y razonarlo
exhaustivamente porque de ello ya se ha
encargado el profesor Máximo Sandín
(2002 a,b), así que solo expondré la
línea de razonamiento: Sabemos que
las verdaderas diferencias entre unos organismos
y otros no se deben precisamente por la
diferencia entre sus proteínas codificantes
sino a los programas embrionarios los cuales
se encuentran “taquigrafiados” en el número
de repeticiones de cortas de secuencias
de DNA que forman el 95% del genoma (y
al que los evolutistas han dado por llamar
“chatarra genética” al no saber
para qué sirve). Además se
ha visto cómo esas repeticiones
son originadas por transposones: secuencias
que se duplican introduciéndose
una a continuación de otra. Por último
se está comprobando cómo
los retrovirus al perder la capacidad de
salir de la célula pueden pasar
a convertirse precisamente en transposones
y retrotransposones. Si mucha gente se
parara a penar en ello seguro que todos
concluiríamos que los programas
embrionarios han sido aportados por los
virus.
Pero volvamos a los priones y su a parecido
con la envoltura del VIH. Esta semejanza
no puede ser producto de la casualidad:
de alguna forma los genes env (los que
forman la cubierta viral) de nuestros virus
endógenos han pasado a convertirse
en los genes que sintetizan el dominio
alterable de los priones y que además
tiene facilidad para saltar a otros genes
codificantes de proteínas para añadirles
esta nueva propiedad actuando como un transposón
(lo que explicaría tal vez la presencia
de la desconcertante octarrepetición
de la PrP de la que hablábamos en
el segundo apartado). Así pues,
los virus no solo nos han traído
los programas embrionarios sino también
un mecanismo que aporta a ciertas proteínas
la capacidad de cambiar en respuesta al
ambiente y de inducir el cambio de todas
las demás del organismo. Ya Susan
Lindquist (2000) apunta su papel en la
herencia de caracteres y la posibilidad
de que los dominios sean transferibles:
“La presencia de módulos sugiere
que [...] otras proteínas podrían
haber tomado estos dominios de priones
y transformarse en elementos genéticos.
Si lo hicieron, esta clase de patrón
de herencia proteico podría haber
tenido un importante efecto en el proceso
de evolución”.
Pero para que se transmita el cambio que
ha experimentado el individuo, la característica
debe ser transmitida a la descendencia
o a otros individuos. Concretamente en
el caso de la PrP ya se ha demostrado su
transmisión transplacentaria al
feto. Si de verdad el mecanismo no estuviera
mediado por el individuo esta situación
no tendría sentido pues en ningún
experimento se han encontrado priones fuera
del sistema nervioso. ¿Cómo
entonces llega al feto si no es por colaboración
del afectado? La transmisión madre-hijo
posibilita entonces el transmitir el carácter
a la descendencia por un procedimiento
que, por cierto, es lamarckiano. No veo
difícil que incluso sea posible
que el padre pueda transmitir su carácter
a través los espermatozoides.
Pero la herencia vertical no es la única
posibilidad. Si en la transmisión
intervienen retrovirus para llevar nueva
información a otras células, ¿qué impide
a estos virus escapar del organismo y llevar
la nueva proteína a otros individuos
para transmitirles una propuesta? Si esto
es así, creo que es totalmente factible
la posibilidad de que, más que tratarse
de un procedimiento que funciona a escala
de individuo, estamos ante un mecanismo
que opera al nivel de población.
Para entender lo siguiente recordemos lo
referente a las cepas de priones: cada
una tiene una conformación distinta
y una vez se “escoge” una, el individuo
no da marcha atrás y aunque le lleguen
nuevas versiones no las acepta aunque sí las
conserva hasta la aparición de un
nuevo estímulo externo que las reactiva.
Al producirse un cambio adverso en el medio,
cada integrante busca una posible solución
(en cuanto a conformaciones de sus priones
se refiere) y transmite esa propuesta a
sus congéneres que también
han hecho lo mismo. Cada uno evalúa
las propuestas y elige la que mejor se
adapta a la nueva situación produciéndose
un intercambio de señales que, en
mi opinión, deben tener como fin
“consensuar” la mejor solución y
que será la que adopte toda la población
y que transmitirán a los descendientes.
Pero es que las posibilidades
de transferir priones horizontalmente
no acaban aquí.
Si se pueden transmitir a otros individuos
de la especie ¿por qué no
a otras especies también?. Y no
estoy hablando tan solo a través
de los virus. Una de las primeras propiedades
que se descubrieron de los priones y que
se ha visto que es común a todos
los conocidos es que son proteasa-resistentes,
es decir, resisten el proceso de digestión
lo que tal vez (y solo tal vez) podría
indicarnos que están diseñados
para ello con el fin de poder transmitirse
a través de las cadenas tróficas.
Además resulta intrigante que los
aborígenes neoguineanos tan solo
contrajeran el kuru al comer ritualmente
los cerebros de sus difuntos (¿no
deberían entonces estar enfermos
los que habían muerto?). Tal vez
sea algo demasiado aventurado de pronosticar
pero si fuera así, al transmitirse
las propuestas de productores a consumidores,
de consumidores primarios a depredadores,
de todos estos a descomponedores y de nuevo
al principio de la cadena alimentaria,
ya no las poblaciones, sino los ecosistemas
al completo tendrían una poderosísima
herramienta para adaptar a todos sus integrantes
con una modificación evitando que
la red entera peligre al cambiar bruscamente
la situación del medio.
No creo además, que todo este modo
de actuación en poblaciones y ecosistemas
sea exclusivo de los priones. De funcionar
tal y como propongo, genes, grupos de genes
y otros caracteres podrían transmitirse
a través de retrovirus que ante
una situación adversa capten la
parte del genoma de interés y lo
transmitan a los seres de su entorno produciéndose
un intercambio de propuestas y respuestas
al igual que antes comenté con el
fin de poner en común las modificaciones
que todos los individuos transmitirán
a la siguiente generación. Aunque
sea un modelo muy sencillo, tal vez sería
la forma en que se producen los grandes
cambios en las especies explicándose
así el hecho de que todos los individuos
cambien simultáneamente y en una
misma dirección como los datos del
registro fósil empiezan a demostrar.
En definitiva, los priones (y en general,
todo el mecanismo asociado) son un medio
de actualizar y transmitir caracteres heredables
confirmándose algo que ya se sospechaba:
que los genes no son los únicos
elementos partícipes en la herencia
y almacenaje de información, de
forma que mientras los genes lo hacen en
el genoma, los priones (y por qué no:
también otros tipos de proteínas
y factores) lo hacen a nivel de proteoma
y de metaboloma alterándolos durante
la vida del individuo y transmitiendo esos
caracteres adquiridos vertical y horizontalmente.
Pero éstos no son cambios suficientemente
grandes como para llamarles Evolución
pero, ¿y si pudieran desencadenar
la macroevolución en una especie?.
Los grandes cambios que originan nuevas
especies son debidos a reordenamientos
genéticos completos de los programas
embrionarios, y como hemos visto los priones
poseen la capacidad de asociarse y activar
elementos móviles. ¿Podrían
desencadenarse los cambios bruscos en las
especies por el mismo mecanismo que ya
hemos explicado?, ¿podría
un cambio del medio activar proteínas-prión
especialmente preparadas para ello haciendo
que desencadenasen reordenamientos genómicos
completos?. Es muy arriesgado atribuir
tantas funciones a una proteína
pero dada su interactividad con el DNA,
su estudio podría ayudarnos a modelizar
lo que de verdad ocurre en una especie
para que evolucione.
Un último apunte que quiero hacer
se refiere a algo que expliqué en
el apartado anterior al respecto de cómo
una conformación desconocida podía
confundir a los mecanismos de regulación.
Tal vez sea así, o quizá podría
ser que fuera correctamente reconocida,
pero que por algún motivo ahora
seamos más “permeables” a todo tipo
de propuestas. Hemos alterado nuestro mundo
y a nosotros mismos. Hemos cambiando los
hábitos del ganado y nos estamos
sometiendo a un estrés biológico
y emocional desconocido hasta la fecha.
Es por ello que tal vez estemos esperando
nuevas respuestas (hablando en el ámbito
de la bioquímica, por supuesto)
haciéndonos receptivos ante cualquier
atisbo de cambio. Los organismos atraviesan
fases de exploración de alternativas
y explotación de lo que ya tienen
y así, ante una situación
tan diferente, hemos entrado en una fase
de exploración arriesgándonos
a aceptar a ciegas una conformación
de prión que es completamente errónea
y fatal.
Los priones, como se ve,
son un interesantísimo
campo de estudio que hoy por hoy está poco
explorado y bastante mal interpretado.
Entender los priones nos ayudará a
entender qué hacen los organismos
para adaptarse y cambiar, y por supuesto
nos ayudará a comprender qué es
lo que ha fallado para que hayan aparecido
las EET’s y lo que debemos hacer para evitar
su aparición. También podría
ayudarnos a curarlas, aunque esto último
con muchísima cautela: atacar un
prión es también atacar a
una proteína endógena o a
una una red de señalizaciones al
completo de la que aún no entendemos
su funcionamiento. Dados los escasísimos
conocimientos que tenemos un paso en falso
podría traer unas consecuencias
totalmente desastrosas y sobre todo imprevisibles.
No juguemos con algo que no comprendemos.
:: Brock Biología de los Microorganismos
:: Darlx, Jean-Lux,
Caroline Gabus y otros. The prion protein
has DNA strand
transfer properties similar to retroviral
nucleocapsid protein. Journal of Molecular
Biology volume 307 Issue 4 (2003)
:: Deleault, Nathan R. y colaboradores.
RNA molecules stimulate prion protein conversión.
Nature 425, 717 - 720 (Octubre 2003)
:: Jones, Ian. “Prions
shows their metal”, (http://www.chemsoc.org)
:: Lindquist, Susan
L. A yeast prion provides a mechanism
forgenetic variation
and phenotypic diversity, Nature vol. 407,
(28 Spetiembre 2000)
:: Manuelidis, Laura y Zhi Yun Lu.
Virus-like interference in the latency
and prevention of Creutzfeldt–Jakob disease.
PANS. vol 1000. nº9 (Abril 2003)
:: Pearson, Helen.
“Prions get fishy” Nature (2003)
:: Sandín, Máximo.
Hacia una nueva biología. Arbor,
Nº 677, pp.167-218 (2002)
:: Sandín, Máximo.
Una nueva biología para una nueva
sociedad. Política y Sociedad (UCM)
Nº 39, pp, 537-573. (2002)
:: Sánchez Huertas, Carlos.
Las enfermedades Prion o Encefalopatías
Espongiformes Transmisibles (http;//www.ergonomix.com)
:: Vallat, B. La situación
actual de la Encefalopatía Espongiforme
Bovina (EEB) (del informe de la XII Reunión
a nivel Interministerial en salud y agricultura
de la Organización Panamericana
de la Salud. Sao Paulo) (Mayo 2001)
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