|
Tema:
Neurociencia
Somos lo que nuestro cerebro
es, ni mas ni menos.
Autor:
Entrevista al Dr. Juan Lerma. Por Elena Sanz.
Fuente: Ciencia
Digital
Pregunta. Sus trabajos de investigación
prestan especial atención a los
aspectos moleculares de la plasticidad
neuronal, base del aprendizaje... ¿En
qué consiste exactamente esa "plasticidad" de
las células nerviosas?
Respuesta.
Las células nerviosas
son capaces de recordar gracias a que durante
su activación existen mecanismos
que modifican la estructura especializada
con la que las neuronas se comunican entre
sí. Tal modificación de la
estructura es, en esencia, un mecanismo
plástico. Una neurona es capaz de
transmitir un mensaje a otra porque libera
una sustancia transmisora, llamada neurotransmisor.
Esta sustancia porta el mensaje y es detectada
por la otra célula a través
de una serie de receptores de membrana.
Como consecuencia de la activación
repetida con determinados patrones de actividad,
la efectividad con las que las neuronas
se comunican en cada uno de estos contactos,
llamados sinapsis, se ve alterada; en unos
casos aumenta y en otros disminuye. En
consecuencia, la transmisión de
la información se ve favorecida
hacia unos lugares e impedida hacia otros,
activándose redes de neuronas de
una manera particular. Se piensa que este
mecanismo representa la base celular del
almacenamiento de la información.
P. ¿Entonces,
nuestras experiencias dan forma a las
neuronas?
R.
Efectivamente, la experiencia modifica
la estructura neuronal y cambia
la morfología
de nuestras células nerviosas. Cajal
dejó escrito que el hombre, si se
lo propone, puede ser el escultor de su
propio cerebro. Numerosas evidencias experimentales
con técnicas modernas demuestran
que Cajal llevaba razón. No hay
nada mejor para enriquecer la estructura
cerebral, y por ello las capacidades intelectual
y cognitiva, que hacer gimnasia. Como en
el músculo, la gimnasia cerebral
desarrolla las neuronas, las mantiene activas
y receptivas. Es experiencia general que
cuantos menos cálculos se hacen,
tanto más difícil es calcular,
y que cuanto menos se piensa tanto más
cuesta pensar.
P. ¿Ejercitar el cerebro?
R.
Sí. El cerebro, como el cuerpo,
no se puede abandonar; al igual que se
reconoce bueno para la salud física
hacer ejercicio, aunque sea moderado, es
necesario hacer ejercicio cerebral. Este
no es nada costoso, basta con leer, hablar
y relacionarse. Podría asegurar
a nuestros mayores que mantenerse al día
informativamente hablando y pensar y razonar
con otras personas los problemas cotidianos
de nuestra sociedad les ayudará definitivamente
a mantener sus cerebros activos y a sentirse
mejor.
P.
Cajal, de cuyo nacimiento se cumplían
en mayo 150 años, fue el pionero
del estudio neuronal y quien sugirió las
primeras ideas sobre comunicación
entre neuronas, regeneración y plasticidad
en el sistema nervioso. ¿Se puede
hablar de "tradición" en
la investigación española
en este campo?
R. Efectivamente, Cajal está considerado
como el fundador de la Neurociencia moderna.
Es increíble la clarividencia que
Cajal demostró en el estudio de
la estructura del sistema nervioso y las
conclusiones mayoritariamente acertadas
que extrajo acerca del flujo de la información
y la función de los circuitos neuronales,
así como de sus capacidades plásticas.
A la sombra de Cajal, se fueron aglutinando
científicos de diversas nacionalidades
y, en este sentido, se puede hablar de
una escuela. A mi modo de ver, esta escuela
sufrió el desastre de nuestra guerra
civil debilitándose tanto que se
puede decir que no sobrevivió como
tal a la misma. Lamentablemente, en España
no podemos hablar de "tradición" en
investigación científica,
ni en neurociencias ni en ninguna rama
de la ciencia, puesto que nunca, ni en
la época de Cajal ni después,
ha existido un entramado de ciencia. Si
bien, hemos de reconocer individualidades
notables que han mantenido a trancas y
barrancas más o menos viva la ciencia
española. Afortunadamente, la actualidad
es ciertamente diferente y España
presenta ya un panel de grupos de investigación
de excelente nivel, no sólo en neurociencia,
que gozan de gran prestigio internacional.
No quiero decir con esto que seamos muchos;
más bien lo contrario. Para producir
un Cajal o un Ochoa es preciso una legión
de investigadores estimables y la ciencia
sólo es productiva si se realiza
con cierto nivel de masa crítica.
P. ¿Cómo valoraría
la aportación de la ciencia española
a la neurociencia actual?
R.
Como decía, en nuestro país
existen una serie de grupos de gran nivel.
La actividad de de los mismos se hace notar
en los foros internacionales, pero estamos
a años luz de otros países.
De todas formas hay que decir que es difícil
competir en este y en otros campos sin
las herramientas adecuadas. Un colega y
amigo suele ejemplificar este problema
con una carrera de coches: nosotros competimos
con un "seiscientos" mientras
que otros lo hacen con un "Ferrari".
Es sorprendente que a pesar de ello, muchas
veces lleguemos a la meta al mismo tiempo,
y algunas otras veces incluso antes. No
se si nuestros gobernantes y la sociedad
en general se da cuenta de esto y del esfuerzo
personal que ello supone. Ciñéndome
a su pregunta, existen estudios bibliométricos
que indican que el factor de impacto medio
de las publicaciones en Neurociencia está por
encima de la media europea. Creo que si
bien ello define nuestra posición
de una forma objetiva, lo cierto es que
todavía no ocupamos la posición
en los foros de decisión internacionales
que en principio nos correspondería.
Y, la verdad, es que no se a qué se
debe.
P.
Me consta que ha participado y participa
en diversos cursos y seminarios
de formación.
Desde su experiencia, ¿qué interés
despierta la neurociencia en las jóvenes
generaciones de científicos españoles?
R.
Personalmente soy bastante pesimista
en este punto. Creo detectar
una falta
de vocación para la actividad científica,
sin apellidos, que contrasta con la avidez
que la gente en general tiene por los temas
científicos y la ciencia en general.
Esto parece ser un contrasentido porque,
por una parte las revistas de divulgación
científica presentan tiradas enormes
y, por otro, nuestros jóvenes no
parecen estar dispuestos a dedicar (debería
decir "sacrificar") su vida a
hacer ciencia. Yo creo que nos deberíamos
plantear cual es el problema.
P. ¿Y cuál es, en su opinión?
R. En mi opinión, la carrera científica
no está aun bien estructurada en
España. Descansa en demasía
en el aspecto vocacional del científico.
Los puestos intermedios en la escala existen
escasamente. Creo que las aspiraciones
de dirigir un grupo de investigación
y llevar a cabo las propias ideas nace
de la vocación. Sin embargo, no
todas las personas que quieren dedicarse
a la actividad científica han de
ser jefes de grupo y dirigir sus propios
programas de investigación. Los
hay que podrían ocupar puestos intermedios
a la perfección, desarrollando una
actividad investigadora valiosísima
dentro de un grupo. Pero esta actividad
profesionalizada no está bien contemplada
en los escalas oficiales: o se es jefe,
estabilizado, etc, o se es becario. Resulta
que llegar a ser "jefe" requiere
una periplo demasiado largo para realizarlo
sin vocación. Por poner un ejemplo,
es como si para tener un puesto profesional
digno y vivir de él, a todos los
abogados les exigieran prepararse para "notarías".
Habría una desbandada en la carrera
de Derecho. A mi modo de ver, esta falta
de puestos intermedios es el origen en
gran medida de la traída y llevada
endogamia.
P. Volviendo a la neurociencia, uno de
los temas actualmente más preocupantes
en relación con el cerebro y sus
patologías es la neurodegeneración
y el envejecimiento. ¿Cómo
describiría sobre el estado de la
investigación en este campo?
R. Las enfermedades neurodegenerativas
y el envejecimiento ocupan parte de la
atención investigadora en la actualidad.
Estos problemas son tremendamente importantes,
pero más por el impacto económico
y social que tienen que por el interés
científico en sí mismo. Es
un tema preocupante, pero yo no diría
el más preocupante. Una preocupación
similar, en las sociedades desarrolladas,
la representa las enfermedades mentales,
de las que se conoce aun menos que de las
neurodegenerativas. Aunque habrá excepciones,
para los que nos interesa el cerebro, la
patología cerebral es un aspecto
más. Para mí es más
interesante entender el funcionamiento
normal del cerebro que el patológico,
porque tengo el convencimiento de que una
cosa lleva a la otra. Entiendo que los
focos de atención a nivel social
se centren en aspectos que nos afectan
el día a día como son los
enfermos de Alzheimer, etc., pero a mi
modo de ver, las patologías cerebrales
hay que abordarlas desde el estudio del
funcionamiento cerebral. Estamos en una época
en la que la dedicación del esfuerzo
investigador a este tipo de enfermedades
se está priorizando como una acción
de política científica y
conviene aclarar que todos los neurocientíficos
que trabajan en cualquiera de los aspectos
de la estructura y la función cerebral
están involucrados muy directamente
en la solución de estos problemas.
Pero yendo un poco a su pregunta, hemos
de reconocer que en la actualidad sabemos
bastante de los mecanismos neurodegenerativos
principalmente, insisto, debido al conocimiento
básico de diversos aspectos tanto
de la estructura como de la fisiología
celular y molecular adquiridos a lo largo
de la investigación fundamental
realizada durante el último siglo.
Encaramos el siglo XXI con una gran variedad
de herramientas tanto celulares y moleculares
como de la nueva psicofisiología
o biología cognitiva, que van a
determinar el éxito en el diagnóstico,
tratamiento y ojalá en la prevención
de las enfermedades neurodegenerativas,
sean crónicas o no. Como digo, ello
se debe fundamentalmente a la inversión
y el esfuerzo investigador realizados por
nuestros padres. Es nuestro turno; si no
apoyamos decididamente la investigación,
toda la investigación, corremos
el riesgo de que nuestros hijos paguen
la factura en un futuro no tan lejano.
P.
Los trasplantes de células nerviosas
son una de las soluciones que se plantean
para reparar los cerebros dañados... ¿Cuáles
son los principales escollos a superar
en este campo?
R.
La regeneración del sistema
nervioso es probablemente uno de los temas
de mayor apasionamiento en nuestros días.
Clásicamente se ha pensado que las
neuronas no se pueden dividir y por tanto
que la capacidad regenerativa del sistema
nervioso es nula. En la actualidad, existen
diversas y rotundas evidencias que demuestran
que esto no es así. La década
pasada ha estado llena de descubrimientos
que permiten ser bastante optimista respecto
a la capacidad de promover la regeneración
del tejido nervioso dañado. Uno
de los hallazgos que han cautivado mi atención
en los últimos años por lo
importante que puede ser a la hora de diseñar
estrategias regenerativas ha sido la identificación
y clonaje de un factor que impide el crecimiento
neuronal. Esta proteína es conocida
como "nogo"y se encuentra en
las células que forman la mielina
que envuelven los nervios. Este factor
ayuda en condiciones normales a que las
conexiones nerviosas se establezcan correctamente.
Tras una lesión, este factor impide
igualmente el crecimiento de las fibras
lesionadas. He aquí un ejemplo claro
de la importancia de conocer los mecanismos
normales para entender los mecanismos preponderantes
en condiciones patológicas, en el
sentido que antes hacía referencia.
En la actualidad hay esperanzas que actuando
farmacológicamente sobre el receptor
de este factor se pueda promover la regeneración,
no sólo de daños medulares
sino también en enfermedades neurodegenerativas.
Pero en la actualidad también se
están evaluando numerosas estrategias
adicionales que pueden, tal vez en combinación
unas con otras, ayudar a la reparación
y regeneración del tejido nervioso.
P.
Por ejemplo, las células
madre...
R.
En efecto, uno de los campos que parecen
muy prometedores es
el uso de células
pluripotentes, las tan polémicas "células
madre". Personalmente, no entiendo
la polémica pues creo que los niveles
de actuación deben estar bien diferenciados.
Dejemos las creencias religiosas -respetables
todas- en casa y veremos cuantos problemas
nos evitamos. Que por convicciones religiosas
de los legisladores se impida el progreso
en estos temas, de exclusividad científica,
es equiparable a que la comunidad árabe
más fundamentalista nos obligara
a vivir según el Corán dicta.
Total, esa es una creencia religiosa tan
sublime como cualquier otra. Al margen
de polémicas, hay que añadir
que si bien las esperanzas son claras,
todas estas estrategias están en
fase de experimentación animal y
no sabemos en cuanto tiempo los hallazgos
se podrán aplicar al tratamiento
de lesiones en humanos. Tarde o temprano
llegará. Naturalmente, ello requerirá un
esfuerzo de lo que se denomina en inglés "translational
research" y que podríamos definir
como el desarrollo de aplicaciones de los
datos de investigación básica
a problemas concretos. Ojo con entender
que este tipo de investigación ha
de sustituir a la investigación
básica; sería un error imperdonable.
Si ahora estamos en condiciones de aplicar
algo, es porque se ha generado el conocimiento
suficiente. Este tipo de investigación
la ha de hacer quien la tenga que hacer,
pero no el investigador básico,
quién ha de seguir haciendo lo que
sabe hacer bien: profundizar en los campos
del conocimiento.
P.
Otro aspecto de interés, hasta
hace muy poco sólo propio de la
ciencia ficción, son los intentos
combinar la neurociencia con la informática,
creando implantes cerebrales electrónicos
para su aplicación en las minusvalías
más severas. En este ámbito,
el logro más reciente corresponde
al investigador americano Andrew Schwartz,
que ha implantando unas pocas decenas de
electrodos en el cerebro de dos macacos
Rhesus. ¿Cómo valora estos
avances?
R.
Antes que el trabajo de Schwartz, existían
otros estudios indicando que esto era posible.
Concretamente, hace tres años John
Chapin y asociados publicaron un trabajo
que no ha tenido toda la transcendencia
que yo auguraba cuando lo leí. En
este trabajo, los autores registraron con
electrodos la actividad de muchas neuronas
de la corteza motora de ratas, que habían
sido entrenadas a apretar una palanca para
obtener unas gotas de agua. Tras determinar
qué neuronas se correlacionaban
con la intención de realizar el
movimiento para apretar la palanca, se
generó un sistema robotizado mediante
el uso de un ordenador que al detectar
estos patrones premotores activaban un
brazo robotizado que dispensaba el agua,
igual que si los animales realizaran la
tarea completa de apretar la palanca. Tras
unas pocas experiencias, se consiguió que
una máquina realizara la tarea motora
de conseguir agua simplemente con el deseo
del animal de hacerlo. El trabajo del grupo
de Schwartz es muy parecido, sólo
que está realizado en monos a los
que se permite refinar sus predicciones
dejándoles ver como lo van haciendo.
Estos estudios lo que demuestran es que
es posible extraer información del
registro de poblaciones neuronales más
o menos amplias o, en otras palabras, señales
cerebrales, la cual puede ser usada para
manejar dispositivos externos en tiempo
real. Ello presenta diversas implicaciones
porque de inmediato surge la pregunta si
acaso este tipo de acercamiento podría
ser utilizado para que personas paralizadas
pudieran comandar a través de sus
ondas cerebrales sistemas que les posibilitaran
el movimiento. En este sentido, esta era
la hipótesis de un macroproyecto
financiado por la Unión Europea,
que no se como habrá acabado. De
todas formas, creo que es un campo que
hay que explorar detenidamente porque con
la ayuda de algoritmos específicos
en ordenadores y de patrones de actividad
cerebral, que se pueden aprender a generar,
un individuo inmovilizado podría
manejar sin dificultades artilugios específicamente
diseñados que aumentaran su calidad
de vida de forma significativa.
P.
En el terreno del cerebro normal, no
patológico, son muchas las áreas
de interés y estudio científico:
emoción, percepción, inteligencia,
memoria, aprendizaje, lenguaje, consciencia,
sueño y vigilia, ritmos biológicos,...
En este amplio horizonte de la neurociencia, ¿qué avances
y descubrimientos recientes destacaría?
R.
Tras un siglo de investigación
neurobiológica, hay una cosa clara
que hemos aprendido y es que las alteraciones
en los mecanismos de comunicación
neuronal resultan en problemas de aprendizaje,
de integración y en definitiva en
diversos desarreglos comportamentales.
La conclusión es que ya se han desentrañado
muchas de las bases necesariamente complejas
de las funciones del sistema nervioso.
Sería difícil relatar una
serie de hallazgos o descubrimientos, pero
citaré algunos ejemplos. La teoría
iónica que para explicar la generación,
conducción y propagación
del potencial de acción se emitió hacia
la mitad del siglo XX por Hodgkin y Huxley,
ha resultado de capital importancia para
el entendimiento del funcionamiento neuronal.
En poco menos de medio siglo, se han descrito
con todo detalle las estructuras moleculares
que hacen posible ese funcionamiento, los
canales iónicos. En la pasada década
hemos asistido a numerosos hallazgos concernientes
a los mecanismos moleculares que están
en la raíz de los procesos del aprendizaje,
así como de varias de las enfermedades
del cerebro más devastadoras. Se
ha avanzado enormemente en el entendimiento
del desarrollo del sistema nervioso, en
las reglas que regulan la formación
de las conexiones nerviosas, etc. Por todo
ello, podemos asegurar que, si bien el
avance en el conocimiento del cerebro en
el último siglo ha venido de la
mano de disciplinas clásicas, como
la anatomía, la fisiología,
la biofísica y la bioquímica,
la Neurociencia actual forma parte de la
biología moderna gracias a la incorporación
a ella de genéticos y biólogos
moleculares. Por ello, creo yo, estamos
al comienzo de una nueva era en el entendimiento
del sistema nervioso, su función
y su disfunción.
P.
Hay quien afirma que el siglo XXI será al
cerebro lo que el siglo XX ha sido a la
genética...
R.
Como decía, el progreso de la
Neurociencia durante el siglo XX no ha
sido nada trivial. Pensemos que hace unas
pocas decenas de años, y aun todavía
lo es un poco, el cerebro era algo intocable,
encerrado en su caja. Si algo ha quedado
claro es que el cerebro es "tocable",
modificable e incluso, en algunos casos,
operable. Sin embargo, es posible que el
nivel de entendimiento del cerebro y sus
enfermedades en el siglo XXI pueda tener
una proyección nueva, precisamente
por la plétora de nuevas técnicas
que se han desarrollado ya. Por ejemplo,
los acercamientos usando como base técnica
la genómica y la proteómica
han de resultar determinantes en este menester.
En mi opinión, donde se ha de producir
una explosión en el entendimiento
es a dos niveles extremos. Por un lado
a nivel molecular y genómico y por
otro, a nivel de sistema. En este sentido
podemos decir que el reto de la investigación
neurobiológica actual es desentrañar
la capacidad del cerebro de entender y
procesar la información para generar
una respuesta coherente; es decir, la percepción
y el comportamiento. Naturalmente que para
comprender la percepción necesitamos
conocer la estructura, la fisiología
y demás procesos del sistema nervioso,
pero sobre esto sabemos bastante. La facilidad
con el que el genoma puede ser manipulado
en animales de experimentación ha
de permitir generar buenos modelos experimentales
en los que determinar el papel jugado por
diversos complejos proteicos en estas tareas.
De hecho, la ciencia cognitiva ha sufrido
un desarrollo notable en los últimos
años, precisamente porque se ha
valido de los conocimientos disponibles
tanto a nivel molecular y celular como
de sistema para plantearse adecuadamente
preguntas fundamentales. Ello está permitiendo
rozar la ilusión de contestar las
preguntas que plantean cómo sentimos,
pensamos o reaccionamos, en definitiva
de cómo somos y porqué. Con
esto en mente, es de esperar que durante
el siglo XXI se aborden experimentalmente
el estudio de las funciones superiores
del cerebro.
P. ¿Logrará la mente comprenderse
a sí misma?
R.
Sin duda, ser capaces de entender nuestro
propio cerebro es
el reto por antonomasia
de la neurociencia moderna. Como anteriormente
hemos comentado, las funciones superiores
del cerebro son, en la actualidad, problemas
experimentalmente abordables. Por tanto,
la esperanza de que este desafío
sea soluble tiene cierto fundamento. Si
además analizamos el progreso de
los conocimientos científicos en
torno al cerebro que ha tenido lugar en
un tiempo relativamente corto, no cabe
duda de que hemos de ser optimistas. El
progreso en el conocimiento puede ser lento,
pero imparable, lo cual me lleva a pensar
que seremos capaces de definir y comprender
en detalle las funciones superiores de
nuestro cerebro.
P. ¿Cómo nació su
interés por estudiar el funcionamiento
del cerebro?
R.
Esta pregunta tiene una respuesta bien
sencilla. Cuando cursaba
cuarto año
de la carrera de Biología empecé a
plantearme por qué se producían
las enfermedades mentales, en aquella época
consideradas, de algún modo, enfermedades
del alma. Tras razonar que debía
existir una base física, valorable,
analizable, resolví dedicar mi esfuerzo
a estudiar como era eso. Entré a
formar parte del equipo del Dr. Rodríguez-Delgado,
quien había vuelto a España
tras una larga estancia en Estados Unidos,
como asistente voluntario. Y aquí estamos,
nunca he trabajado en enfermedades mentales
directamente, pero no me arrepiento de
lo que he hecho porque el estudio de cualquier
aspecto relacionado con el funcionamiento
del cerebro es un tema apasionantes, quizá de
los más apasionantes que pueden
existir. No olvidemos que somos lo que
nuestro cerebro es, ni más ni menos.
|