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Biologia
¿Cómo?
Se corta la conversación entre bacterias
Autor: Bonnie
L. Bassler
Fuente: Howard Hughes Medical Institute.
Web: http://www.hhmi.org
A pesar de que una multitud parlanchina de distintas especies de
bacterias es esencialmente una torre de Babel microbiana, ciertas
partes de su conversación química se entienden casi
universalmente. Investigadores del HHMI han encontrado que distintas
especies de bacterias pueden hablar entre sí con un lenguaje
común -y también que algunas especies pueden manipular
la conversación para confundir a otras bacterias-.
La interferencia e instrucciones falsas que se dan entre especies
podrían tener consecuencias importantes para la salud humana,
dijo Bonnie L. Bassler, investigadora del HHMI en la Universidad
de Princeton, cuyo estudio fue publicado en el número del
29 de septiembre de 2005, de la revista Nature. "La habilidad
de las células de comunicarse entre sí y la habilidad
de interferir con el proceso de comunicación podrían
tener consecuencias que afectan a los nichos que contienen especies
de bacterias que compiten o a nichos en los que las bacterias se
asocian con los seres humanos", dijo Bassler. "En el intestino,
uno se puede imaginar la forma en la que la microflora normal podría
interferir con la comunicación entre células para
detener a los invasores bacterianos".
"Las bacterias pueden comunicarse entre especies y han desarrollado
mecanismos para interferir con la comunicación. Probablemente
ésta sea una de muchas estrategias astutas que tienen para
manipular la comunicación química."
Bonnie L. Bassler
Mediante la utilización de un proceso químico de comunicación
llamado detección de quórum, las bacterias conversan
entre sí para saber cuántas son y para hacer que la
población actúe al unísono. Un grupo sincronizado
de bacterias puede imitar el poder de un organismo multicelular,
listo para enfrentar desafíos demasiado arriesgados para
un solo microbio. El incremento en el tamaño de las poblaciones
activa los aparatos de detección de quorum, que tienen distintos
efectos en distintos tipos de bacterias. Una especie podría
responder liberando una toxina, mientras que otra podría
desprenderse de un biofilm e irse a otro ambiente.
Cada especie de bacteria tiene un idioma privado, pero la mayoría
también comparte un vernáculo molecular que el laboratorio
de Bassler descubrió hace aproximadamente 10 años.
Una señal química llamada autoinductor-2 (AI-2), que
se origina en el mismo gen en todas las bacterias, es liberada por
la célula para anunciar su presencia. Las bacterias cercanas
realizan un censo local supervisando los niveles de AI-2 y se conducen
según justifiquen las circunstancias.
Los investigadores han especulado que el AI-2 es una lengua universal
y el nuevo estudio del laboratorio de Bassler es el primero en demostrar
que esas conversaciones -y las consecuencias que producen- tienen
lugar entre especies que se mezclan entre sí.
La estudiante postdoctoral Karina Xavier mezcló E. coli,
bacterias beneficiosas que viven en el intestino humano, con Vibrio
harve, una especie marina que brilla naturalmente en la oscuridad
en presencia de una muchedumbre. En el tubo de ensayo, la producción
del AI-2 por cualquiera de las especies encendió la luz de
las bacterias marinas y activó los genes de detección
de quórum en E. coli. Eso confirmó lo que los científicos
ya sospechaban: la flexibilidad lingüística del AI-2.
Pero los investigadores descubrieron que este lenguaje común
no garantiza que se transmita el mensaje correcto. En trabajos anteriores,
Xavier había encontrado que E. coli produce y consume el
AI-2. En este estudio, diseñó un experimento en el
que multitudes de E. coli primero producían y luego devoraban
suficientes cantidades del AI-2 para atenuar las luces de las bacterias
marinas, esencialmente haciéndole creer a la pandilla oceánica
que tenía pocos miembros, terminando así sus comportamientos
de detección de quórum.
En un encuentro más real, Xavier mezcló E. coli con
V. cholerae, bacteria que causa cólera que naturalmente se
mezcla con E. coli en el intestino humano. Cuando la bacteria del
cólera detecta un quórum, desactivan sus toxinas y
segregan una enzima para soltarse del intestino, de modo que pueden
salir del cuerpo para poder infectar a otra persona. E. coli arruina
gran parte de la respuesta de detección de quórum
de la bacteria del cólera, aunque el efecto no es tan dramático
como el que se observa con las bacterias marinas.
"La verdadera lección es la interferencia", dijo
Bassler. "La consumición de la señal podría
ser un mecanismo que permite que un tipo de bacteria evite que otra
clase de bacteria cuente cuántos vecinos tienen y, a su vez,
controle su comportamiento apropiadamente".
"Este estudio nos acerca más a la comprensión
real de la forma en la que estas interacciones suceden en la naturaleza",
dijo Bassler. "Las bacterias pueden comunicarse entre especies
y han desarrollado mecanismos para interferir con la comunicación.
Probablemente ésta sea una de muchas estrategias astutas
que tienen para manipular la comunicación química.
Se puede pensar que, en un nicho determinado, las bacterias que
consideramos buenas podrían estar utilizando el AI-2 y ganar.
Y desafortunadamente, en otro nicho, las malas podrían utilizar
el AI-2 y ganar".
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