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Biología
Darwin, las ideas
dominantes y los que dominan.
Autor: Maximo Sandin.
Trabajo enviado en colaboración.
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DARWIN, LAS IDEAS DOMINANTES
Y LOS QUE DOMINAN
Sexta entrega: LOS CUENTOS DARWINISTAS Y EL PRINCIPIO DE AUTORIDAD
Máximo Sandín
Los grandes hombres fingen ser
sabios
y hablan demasiado alto, como los sordos.
Bertolt Brecht
El tema
de esta "entrega" estaba previsto para más adelante,
con el fin de narrar la historia que nos ocupa según un orden
más o menos cronológico. Pero no tengo paciencia para
esperar a transmitir al lector una información tan esclarecedora
sobre la verdadera condición de Darwin como la que sigue.
Entre el incontenible derrame de quimeras con respecto al personaje
que nos ocupa, destacan con luz propia algunos de los adornos complementarios
con que se nos ha presentado su figura. La de "un gran científico"
en el que destacaban "su decencia y ansia de justicia"
así como su "rigor intelectual". Sin duda, estas
afirmaciones emitidas por las más altas autoridades en la
materia resultarán muy convincentes para el desprevenido
lector. Pero posiblemente se sorprendería si tuviera información
sobre las fuentes originales de estas verdades. Por la machacona
repetición literal de frases hechas en "las historias
sobre la Historia" de los darvinistas se podría aventurar
que podrían estar copiadas literalmente de las narraciones
"oficiales" que figuran en los textos canónicos
sobre "la" teoría de la evolución. De hecho,
he podido comprobar directamente que artículos y conferencias
sobre "la revolución darvinista" de los más
prestigiosos especialistas en el tema son una especie de traducción
del inglés de la introducción convencional de un libro
de evolución. Pero la habitual condición del autor
de "Archiprócer del esplendor" o similares le dota
de una autoridad indiscutible. Sin embargo, los que no tenemos la
ventaja de que la autoridad nos conceda un crédito incuestionable,
no tenemos más remedio que apoyar nuestros argumentos de
alguna forma. Y en este caso, consiste en una estrategia tan inconcebible
como revolucionaria: ¡Leer los libros de Darwin! Porque los
encendidos elogios sobre su obra sólo pueden explicarse por
el absurdo de que hablen de ella sin haberla leído. Hay otra
alternativa. Pero es peor.
La historia oficial que se narra para resaltar el "ansia de
justicia" de Darwin es la, mil veces repetida, de su pesar
al contemplar el maltrato a un esclavo en Brasil durante su viaje
del Beagle. Sin embargo, parece una base un tanto limitada para
elaborar, a partir de ella, toda una saga. Acerquémonos,
pues, a los pensamientos de Darwin mediante un método que
parece más fiable: leer los que él mismo plasma en
su segunda gran obra, "The Descent of Man, and Selection in
Relation to Sex" traducida como "El origen del hombre".
No creo necesario analizar o glosar los textos que siguen porque
supongo al lector capacitado para valorarlos por sí mismo.
La presencia de un cuerpo de hombres bien instruidos que no necesitan
trabajar materialmente para ganar el pan de cada día, es
de un grado de importancia que no puede fácilmente apreciarse,
por llevar ellos sobre sí todo el trabajo intelectual superior
del que depende principalmente todo progreso positivo, sin hacer
mención de otras no menos ventajas. Entre éstas, hay
algunas no despreciables: Los ricos por derecho de primogenitura
pueden, de generación en generación, elegir las mujeres
más hermosas, las más encantadoras, dotadas por lo
general de bienes materiales y de espíritu superior. Pero,
este "espíritu superior" hay que considerarlo en
proporción al nivel de las mujeres, ya que, Está generalmente
admitido que en la mujer las facultades de intuición, de
rápida percepción y quizá también las
de imitación, son mucho más vivas que en el hombre;
mas algunas de estas facultades, al menos, son propias y características
de las razas inferiores, y por tanto corresponden a un estado de
cultura pasado y más bajo. / … / Por consiguiente podemos
inferir de la ley de la desviación de los tipos medios -
tan bien expuesta por Galton en su obra sobre "El Genio hereditario"
- que si los hombres están en decidida superioridad sobre
las mujeres en muchos aspectos, el término medio de las facultades
mentales del hombre estará por encima del de la mujer.
En cuanto a los trabajadores y los pobres, que él denominaba
las clases entragadas a la destemplanza, al libertinaje y al crimen
su concepción "científica" era la siguiente:
Con respecto a las cualidades morales, aun los pueblos más
civilizados progresan siempre eliminando algunas de las disposiciones
malévolas de sus individuos. Veamos, si no, cómo la
transmisión libre de las perversas cualidades de los malhechores
se impide o ejecutándolos o reduciéndolos a la cárcel
por mucho tiempo. Porque, como señala a continuación:
En la cría de animales domésticos es elemento muy
importante de buenos resultados la eliminación de aquellos
individuos que, aunque sea en corto número, presenten cualidades
inferiores. /…/ Mas en estos casos parecen ser igualmente hereditarios
la aptitud mental y la conformación corporal. Se asegura
que las manos de los menestrales ingleses son ya al nacer mayores
que las de la gente elevada. Aquí me voy a permitir interrumpir
estas apasionantes "aportaciones científicas" para
señalar que Darwin acrecentó sus considerables rentas
de origen paterno y las de su prima y esposa, con la que se casó
tras un meticuloso cálculo de las rentas que le correspondía,
con la actividad de prestamista para los pobres. Una actividad que,
según los historiadores que han cometido el pequeño
desliz de documentarla, eran "muy comunes" entre los victorianos
acomodados, lo que quiere decir que no era "general",
porque posiblemente, entre ellos habría personas "decentes"
que tuvieran escrúpulos sobre la práctica de semejante
vileza, y más, teniendo en cuenta la situación de
los pobres de la época.
Para finalizar (por el momento), pasemos a su otra gran aportación,
a la de "situar al Hombre en su lugar en la naturaleza":
Llegará un día, por cierto, no muy distante, que de
aquí allá se cuenten por miles los años en
que las razas humanas civilizadas habrán exterminado y reemplazado
a todas las salvajes por el mundo esparcidas / ... / y entonces
la laguna será aún más considerable, porque
no existirán eslabones intermedios entre la raza humana que
prepondera en civilización, a saber: la raza caucásica
y una especie de mono inferior, por ejemplo, el papión; en
tanto que en la actualidad la laguna sólo existe entre el
negro y el gorila.
Sería necesario un largo tratado para glosar "el rigor
intelectual" de este libro (y merecerá la pena volver
sobre él), lo que resulta divertido es cuando se mencionan
aportaciones como éstas a alguno de los devotos: la respuesta
suele ser "que era la forma de pensar de la época",
lo que es otra falacia, porque en esa época había
personas que pensaban de una formas muy diferente. Pero teniendo
en cuenta la condición de "hombre providencial que trajo
La Verdad" a que se ha elevado a Darwin, no perece muy fructífero
enfrascarse en un debate con sus creyentes. Lo que me permitiría
recomendar al lector (y, con el debido respeto, a las autoridades
que nos aleccionan) es que se tomaran la molestia de leer sus libros.
FUENTE: Darwin, Ch.R. (1871): "The Descent of Man, and Selection
in Relation to Sex". Versión española: "El
Origen del Hombre". Ediciones Petronio. Barcelona. 1973.
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