| Cientificos
argentinos
Desarrollan
una mezcla de aromas que atrae a las vinchucas Hallazgo
de investigadores argentinos
Autor:
Nora Bär Fuente:
La Nacion Line Web:
http://www.lanacion.com.ar
 El
compuesto resulta tan atractivo para estos insectos como un animal vivo "
Las vinchucas son el principal vector del mal de Chagas, que afecta en América
a 18 millones de personas " El descubrimiento podría utilizarse
para diseñar trampas Se calcula que en el continente americano
hay unos 18 millones de personas afectadas por el mal de Chagas, una parasitosis
descubierta en 1909 y que en el 80% de los casos es transmitida por la picadura
de la vinchuca.
Dado
que la presencia del parásito es endémica en las zonas más
pobres de la región y frecuentemente los afectados no saben que lo están
ni acceden a los tratamientos, esta tragedia silenciosa se cobra todos los años
alrededor de 43.000 vidas. En
este escenario, el hallazgo de los biólogos argentinos Claudio Lazzari
y Romina Barrozo adquiere una relevancia nada desdeñable: ellos desarrollaron
una mezcla de compuestos capaces de atraer a estos insectos hematófagos.
"Durante
el desarrollo de su tesis doctoral en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales
de la UBA, que dirigí, Romina analizó el comportamiento de las vinchucas
ante un gran número de sustancias y combinaciones de sustancias, y logró
desarrollar una mezcla de compuestos tan atractiva para estos insectos como un
animal vivo", explica el profesor Lazzari desde Tours, en Francia, donde
reside desde que en 2003 ganó un puesto de profesor en la Universidad François
Rabelais a través de la revista Nature. El
trabajo, realizado íntegramente en la Argentina, se publica ahora en una
de las revistas internacionales mas prestigiosas de la especialidad, Chemical
Senses, y deja abierta la posibilidad de contar con nuevas herramientas de control
de los vectores del mal de Chagas. Hace
muchos años que Lazzari trata de entender cómo hacen las vinchucas
para encontrar alimento. "Primero
descubrimos que usan el calor emanado del cuerpo de los animales de sangre caliente
como una señal a la hora de buscar comida -cuenta Lazzari durante una comunicación
telefónica desde Francia-. Pero, lógicamente, el cuerpo también
emite olores que los insectos aprovechan. Sabemos que la piel libera más
de 350 sustancias volátiles, aunque las vinchucas no las usan todas, de
modo que la pregunta que teníamos que contestar era cuál era la
efectiva en este caso." Barrozo
tomó el tema en sus manos y empezó a estudiar qué compuestos
les resultaban atractivos. "Nuestros
grupo ya había identificado algunos receptores sensoriales de las vinchucas,
ubicados en las antenas, que podían responder -explica el científico-.
En este estudio se trataba de reproducir una situación real que nos permitiera,
por ejemplo, producir una trampa para estos insectos." La
tarea, basada en el método de ensayo y error, no fue fácil. "Tuvimos
que controlar muy bien las condiciones de trabajo -cuenta Lazzari-, porque había
que verificar que la vinchuca estuviera respondiendo a las condiciones que le
presentábamos y no a otros elementos del ambiente." Una
condición importante fue que los investigadores estuvieran bien separados
del "campo de operaciones", para evitar que los aromas y el calor que
despedían sesgaran los resultados. Fue así como tuvieron que diseñar
un dispositivo que les permitiera sostener a la vinchuca, estimularla de manera
controlada y medir su comportamiento. Para
hacer las observaciones, hacían circular dos corrientes de aire exactamente
iguales, en una de las cuales se agregaban cantidades conocidas de una sustancia
con un determinado olor. "Medimos la reacción frente a la sustancia
y el umbral de respuesta para ese olor -dice Lazzari-. Si con el compuesto A medíamos
cierta sensibilidad, para el B otra más alta y para ambos juntos la respuesta
se disparaba, eso significaba que el animal estaba integrando esa información
como si se tratara de una fuente de alimento potencial. Vimos que ciertos compuestos,
cuando eran presentados individualmente, resultaban indiferentes para el insecto.
Pero cuando se presentaban juntos daban una respuesta importante." Los
investigadores utilizaron más de una docena de sustancias, entre ellas,
octenol, ácidos propiónico y valérico, dióxido de
carbono... "Algunas tienen olores familiares -concluye Lazzari-, otras no
somos capaces de olerlas, pero constituyen una señal química importante
para los insectos hematófagos, porque se liberan en grandes cantidades
con la respiración y ellos aprendieron a utilizarlas a lo largo de la evolución."
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