| Magnetismo
Efectos
del campo geomagnético en insectos sociales.
Autor:
Darci M y colaboradores E-Mail: darci@cbpf.br Fuente:
Ciencia Hoy. Web: http://www.hhmi.org
RESUMEN La
orientación magnética en los insectos sociales, como las hormigas,
avispas, abejas y termitas, ha recibido considerable atención en los últimos
años. Sin embargo, aún se conoce poco sobre los mecanismos relacionados
con la transformación de la información magnética en alguna
señal útil para la sobrevivencia de estos insectos. Una de las hipótesis
más populares es que la magnetita, un imán natural que ha sido encontrado
en abejas (Apis mellifera) y hormigas (Solenopsis sp. y Pachycondyla marginata),
puede desempeñar el papel de sensor magnético involucrado en el
fenómeno de magnetorecepción. Aquí presentamos un breve panorama
de la investigación en el área de magnetorecepción en abejas
Apis mellifera y en diferentes especies de hormigas. Incluimos nuestros estudios
sobre las propiedades magnéticas de los nanomagnetos biomineralizados por
estos insectos, realizados utilizando Resonancia Paramagnética Electrónica
(RPE), Magnetometría SQUID y Microscopía Electrónica. Seres
vivos y medio ambiente, medio ambiente y seres vivos: ¿quién altera
a quién? Los seres vivos se adaptan al medio ambiente que, por su cuenta,
se va modificando por la acción de los seres vivos. Esta interacción
que vivimos en la Tierra es una experiencia única, que no se repite con
el tiempo. Sin embargo, poco se sabe de la diversidad de los seres vivos que habitan
este planeta, o de la de aquellos que ya se extinguieron, al igual que sobre los
procesos de adaptación. Se trata de una interacción compleja donde
pequeñas alteraciones en el medio ambiente pueden ocasionar grandes desequilibrios
entre las diferentes poblaciones, llevándolas a nuevos caminos evolutivos. Todos
los seres vivos son sensibles a señales del medio ambiente, lo que posibilita,
por ejemplo, la navegación y la orientación, responsables en parte
de la sobrevivencia de la especie. Una de esas señales, presente desde
el surgimiento de la vida en la Tierra, es el campo geomagnético. La hipótesis
de que la Tierra se comporta como un enorme imán (dipolo magnético)
(Fig. 1) fue presentada por primera vez en Inglaterra, en 1600, por el médico
de la corte W. Gilbert. Sin embargo, desde el siglo II los chinos ya usaban los
imanes para su orientación en la navegación. Los polos del campo
geomagnético no siempre han estado en el mismo lugar. A veces ellos invierten
su posición. Se ha descubierto que cuando esto ha sucedido, grandes grupos
de seres vivos se han extinguido entre cada período de inversión,
como por ejemplo, varias familias de animales diminutos, conocidos como radiolarias,
que viven en la profundidad del océano (Harrison, 1968; Hays, 1971).
Figura
1. Comparación de las líneas de fuerza del campo geomagnético
con las de un dipolo magnético (o un imán). Nótese la inclinación
entre los ejes N-S magnético y geográfico. Las líneas negras
discontinua y continua representan a los ecuadores geográfico y magnético,
respectivamente.
A pesar de relatos bastante antiguos sobre la migración
de ciertas aves, sólo desde la segunda mitad del siglo XX se realizan estudios
sistemáticos sobre la capacidad migratoria de éstas, y en particular,
sobre su capacidad de orientarse detectando el campo geomagnético.?Pero,
¿qué significa detectar el campo geomagnético? ¿Existe
algún sensor especializado en la detección de campos magnéticos
en estos animales? Hasta hoy sólo se conoce bien la magnetotaxia, que es
el mecanismo de interacción entre este campo y algunos microorganismos.
Las bacterias magnéticas y algunos organismos unicelulares producen partículas
magnéticas suficientes para orientarlas siguiendo las líneas del
campo geomagnético. Esta es una respuesta pasiva, funcionando como una
brújula, donde la aguja gira alineándose con la dirección
de este campo (Farina et al., 1990). En el caso de los animales superiores, como
abejas, moscas, mariposas, tortugas, salamandras, salmones, atunes, ballenas,
delfines, tiburones, palomas, etc., los diferentes mecanismos de detección
del campo magnético son poco conocidos. En varias de estas especies se
han encontrado partículas de material magnético biomineralizado,
en general magnetita, que es el óxido de hierro magnético más
común en la naturaleza, con tamaños de aproximadamente cuatro a
diez millonésimos de centímetro. El mecanismo de detección
del campo magnético en estos animales (conocido como magnetorecepción
[1]), es mucho más complicado que en los microorganismos.
Entre
los animales superiores, los insectos constituyen la clase dominante (en número
de especies y biomasa). Abejas, hormigas, avispas y termitas pertenecen al grupo
de los insectos sociales y viven en colonias, formando sociedades organizadas
en tres castas básicas: obreras, soldados y reinas. La orientación
magnética en estos insectos ha sido estudiada (Vácha, 1997), y el
insecto en el cual se han hecho más estudios, demostrando su capacidad
de detectar el campo geomagnético, es la abeja Apis mellifera (Fig. 2).
La presencia de magnetita en el abdomen de esta especie de abejas ha estimulado
la aplicación y el desarrollo de la hipótesis ferromagnética
para explicar su magnetorecepción (Gould et al., 1978).
Figura
2. Abeja Apis mellifera.
Se sabe que las abejas ejecutan una
danza en la colmena, tomando como referencia el campo gravitacional de la Tierra.
Las abejas forrajeras, cuando regresan de una exitosa búsqueda de alimento,
ejecutan una danza cuya orientación en relación a la dirección
vertical de los panales de la colmena indica, a las otras abejas, la localización
de la fuente de alimento. El ángulo entre la dirección de la danza
y la vertical indica el ángulo entre la fuente de comida y el Sol (ver
Chittka & Dornhaus, 1999). En esta danza, han sido observados ciertos "errores"
de hasta 200 a la izquierda o a la derecha de la dirección "correcta",
variando con la dirección del campo geomagnético. Estos "errores"
no son "ruidos del sistema", pues todas las abejas, danzando en un instante
dado cometen el mismo "error", tanto en intensidad como en dirección
(ver Wiltschko & Wiltschko, 1995).
Por otro lado, cuando un enjambre
de abejas deja la colmena original, abejas obreras de este enjambre construyen
nuevos panales en la misma dirección magnética de la colmena anterior.
Son necesarios campos magnéticos relativamente fuertes (" 10 veces
el de la Tierra, el que en Rio de Janeiro, Brasil, es de apoximadamente 0.25 Oe)
para destruir esta orientación de los panales. Las preguntas, aún
sin respuesta, son: ¿Cómo hacen esto las abejas? ¿Cuál
es la naturaleza de su sensor magnético? Como ya fue mencionado, la hipótesis
más probable para la magnetorecepción, en el caso de la abeja Apis
mellifera, esta basada en la presencia de nanopartículas de magnetita en
su abdomen. Las propiedades magnéticas de estas partículas dependen
de su tamaño y forma, y pueden ser catalogadas como: multidominios magnéticos
(donde la configuración total de los momentos magnéticos de cada
dominio da lugar a una baja energía magnética en toda la partícula),
monodominios magnéticos (caracterizadas por tener un momento magnético
estable) o superparamagnéticas (magnéticamente inestables debido
a la energía térmica del medio externo). En general, estas partículas
tienen un comportamiento magnético diferente, ya que mientras las de mayor
tamaño (multidominios y monodominios) están permanentemente magnetizadas,
las menores (superparamagnéticas), con tamaños por debajo de un
cierto tamaño crítico, pueden modificar su vector de magnetización
y aún perder la magnetización por variaciones en la temperatura,
sin que estas partículas se muevan. Así, estas últimas responden
rápidamente a variaciones del campo magnético, pudiendo de esta
forma, desempeñar el papel de sensor de la variaciones magnéticas
del medio ambiente durante el vuelo de las abejas (Wiltschko & Wiltschko,
1995).
Nuestros resultados (aun no publicados) con Resonancia Paramagnética
Electrónica confirman la presencia de partículas superparamagnéticas
aisladas de magnetita, así como de agregados de las mismas en el abdomen
de abejas Apis sp. ¿Y las hormigas? Con respecto a las hormigas,
el número de especies existentes en el planeta es superior a 12,000 y en
Brasil, debido al clima y a las selvas tropicales, pueden encontrarse una gran
parte de estas especies. Todos nosotros mantenemos un contacto diario con las
hormigas. Basta dar una mirada a la cocina de nuestro apartamento, o en el patio
de nuestra casa, para que nos encontremos con estos insectos buscando alimento
u organizando el nido donde viven. En general, los hormigueros debajo de la tierra
están formados por varios túneles subterráneos en completa
oscuridad, los cuales irradian a partir de un punto central y terminan en salidas
por donde ellas llegan a la superficie. A pesar de las diferencias de cada especie
en cuanto al proceso de descubrir y transportar alimento a la colonia, lo que
ellas tienen en común es que dejan el nido y exploran las áreas
alrededor del mismo, dando vueltas en un patrón aleatorio hasta encontrar
alimento, momento en el cual regresan al nido, marcando el camino de vuelta con
feromonas características de cada colonia. Este camino de regreso es recto
en la dirección de la salida del túnel, independientemente de lo
azaroso del camino empleado en la búsqueda de alimento (Hölldobler
& Wilson, 1990). Es bastante claro que ellas deben ser sensibles a las diferentes
fuentes de información existentes en la naturaleza, como la posición
del Sol, la polarización de la luz celestial, el patrón geométrico
que las ramas de los árboles forman en el techo celeste, el paisaje del
horizonte cercano y el campo geomagnético, entre otras. Uno de los primeros
estudios hechos para mostrar la sensibilidad de las hormigas a campos magnéticos,
fue hecho por Kermarrec en 1981. En su laboratorio, colocó imanes intensos
cerca de nidos artificiales de hormigas Acromyrmex octospinosus. Kermarrec observó
consistentemente que ellas evitaban las regiones que quedaban cerca de los imanes.
Este comportamiento de "repulsión magnética" es una evidencia
de la sensibilidad de las hormigas a campos de fuerza alterados en su entorno.
En
1993, Anderson y Vander Meer hicieron un estudio de laboratorio con la hormiga
Solenopsis invicta, conocida en EEUU como "hormiga de fuego" (fire ant)
por el dolor agudo que causa su picada. El experimento consistió en lo
siguiente: un nido de hormigas artificial fue colocado dentro de un artefacto
que genera campo magnético, conocido como bobina de Helmholtz, para poder
manipular el campo geomagnético. Fue colocada una cucaracha como alimento
para las hormigas: desde el momento que una hormiga exploradora encontraba la
cucaracha, el tiempo de reclutamiento y formación de columna era medido.
Dos situaciones básicas fueron estudiadas: el tiempo con el campo geomagnético
inalterado y el tiempo con el campo geomagnético alterado a partir de que
la exploradora encontraba a la cucaracha. La alteración consistia en una
inversión del componente del vector de campo geomagnético paralelo
al suelo. Lo que se observó es que el tiempo en el caso del campo alterado
fue el doble de aquel tiempo con campo inalterado. Esto demostró la sensibilidad
de las hormigas al campo geomagnético, pero no demostro que las hormigas
puedas orientarse usando el campo geomagnético.
El trabajo de Çamlitepe
y Stradling, en 1995, demostró que las hormigas pueden usar la información
direccional del vector de campo geomagnético como una referencia espacial
para la orientación. Ellos hicieron estudios en el campo y en el laboratorio
con hormigas de la especie Formica rufa. En este estudio, las hormigas fueron
condicionadas a buscar alimento en la dirección Norte magnética.
Cuando esta dirección fue alterada, la mayoría de las hormigas fueron
a buscar alimento en la nueva dirección del Norte magnético. Esto
significa que las hormigas son capaces de usar la dirección y el sentido
del campo para regresar a un lugar específico. Estos estudios realizados
en diferentes especies de hormigas han servido para determinar su capacidad para
sentir y usar el campo geomagnético en diversas situaciones. Sin embargo,
son necesarios más estudios para verificar esta hipótesis. Nuestras
investigaciones en diferentes especies de hormigas han confirmado la presencia
de material magnético en las mismas (Esquivel et al., 1999; Acosta-Avalos
et al., 1999). Una especie interesante es Pachycondyla marginata (Fig. 3) que
muestra un comportamiento migratorio. Ellas se encuentran al sudeste de Brasil
y sólo se alimentan de termitas de la especie Neocapritermes opacus. Un
análisis nuestro de las rutas anuales de migración de varias colonias
muestra una preferencia para escoger rutas de migración en un eje desviado
aproximadamente 12º del eje Norte-Sur magnético (resultados no publicados).
Estos resultados sugieren la capacidad de esta hormiga para utilizar la información
del campo geomagnético durante el proceso de migración. Al igual
que con la abeja A. mellifera, se pensamos que la hipótesis ferromagnética
de la magnetorecepción también podría ser aplicada a esta
hormiga. Para demostrarlo aislamos nanopartículas de óxidos de hierro
magnéticos de su abdomen, y usando microscopía electrónica
las identificamos como partículas de magnetita o maghemita. Además
del abdomen, la cabeza también puede estar involucrada en el proceso de
magnetorecepción, debido a la presencia de estas nanopartículas
en la misma (Acosta- Avalos et al., 1999).
Figura
3. Hormiga Pachycondyla marginata cargando una termita, su único alimento.
Medidas
de la magnetización inducida, hechas a través de magnetómetros
acoplados con SQUID, en abdómenes secos y machacados de estas hormigas,
mostraron la existencia de propiedades ferro(i)magnéticas en coexistencia
con un estado superparamagnético a temperatura ambiente (resultados no
publicados). Esto puede implicar la existencia de dos tipos diferentes de distribuciones
de nanopartículas magnéticas en el abdomen de estas hormigas. Complementando
nuestro trabajo, los estudios de RPE en estos abdómenes (Wajnberg et al.,
2000) revelaron la presencia de partículas aisladas con volúmenes
magnéticos compatibles con los que fueron medidos por microscopía
electrónica, y también de pequeños aglomerados. Una característica
importante de la magnetorecepción y de los sensores magnéticos biomineralizados
es que son específicos de cada especie. Aún existe un largo camino
por recorrer para la comprensión total de este tipo de mecanismo, tomando
en cuenta los pocos datos existentes y la enorme diversidad de especies. Aunque
se están estudiando comportamientos relacionados con campos magnéticos
aplicados en hormigas y abejas, es necesario que, paralelamente, se estudien las
características y las propiedades magnéticas del material biomineralizado,
para que modelos más adecuados sean propuestos. Siguiendo este último
criterio, nuestro grupo ha investigado hormigas y abejas que viven en Brasil.
Así, utilizando técnicas físicas aplicadas a estos materiales
magnéticos biomineralizados, será posible generar un conjunto de
resultados y contribuir a la compresión del mecanismo de percepción
del campo magnético.
NOTAS Para entender los mecanismos
de magnetorecepción, se han postulado tres mecanismos diferentes: la
hipótesis ferromagnética, que involucra la existencia de partículas
magnéticas como transductores del campo magnético. la modificación
del mecánismo de visión, a través de la creación de
radicales químicos por pares, la cual depende de la presencia de campos
magnéticos. la inducción electromagnética, en la cual
variaciones del flujo magnético pueden producir campos eléctricos
y corrientes de iones. Este mecanismo ya ha sido encontrado en algunos peces eléctricos.
BIBLIOGRAFÍA
Acosta-Avalos,
D., Wajnberg, E., Oliveira, P., Leal, I., Farina, M. & Esquivel, D.M.S. (1999).
Isolation of magnetic nanoparticles from Pachycondyla marginata ants. J. Exp.
Biol., 202: 2687-2692. Anderson, J. & Vander Meer, R. K. (1993). Magnetic
orientation in fire ant Solenopsis invicta. Naturwissenschaften, 80: 568-570. Çamlitepe,
Y. & Stradling, D. J. (1995). Wood ants orient to magnetic field. Proc. R.
Soc. Lond. B, 261: 37-41. Chittka, L. & Dornhaus, A. (1999). Comparaciones
en fisiología y evolución, y por qué las abejas pueden hacer
las cosas que hacen. Ciencia al Dia Internacional, 2 (2): http://www.ciencia.cl/CienciaAlDia/volumen2/numero2/
articulos/articulo5.html Esquivel, D. M. S., Acosta-Avalos, D., El-Jaick, L.J.,
Linhares, M.P., Cunha, A.D.M., Malheiros, M.G. & Wajnberg, E. (1999). Evidence
for magnetic material in the fire ant Solenopsis sp. by Electron Paramagnetic
Resonance measurements. Naturwissenschaften, 86: 30-32. Farina, M., Lins
de Barros, H. & Esquivel, D.M.S. (1990). Organismos magnetotácticos.
Investigación y Ciencia, 171: 70-78. Gould, J. L., Kirschvink, J. L.
& Deffeyes, K. S. (1978). Bees have magnetic remanence. Science, 201: 1026-1028. Harrison,
C. G. A. (1968). Evolutionary processes and reversals of the Earth's magnetic
field. Nature, 217: 46-47. Hays, J. D. (1971). Faunal extinctions and reversals
of the Earth's magnetic field. Geol. Soc. Am. Bull., 82: 2433- 2447. Hölldobler,
B. & Wilson, E. O. (1990). The ants. Harvard University Press. Cambridge. Kermarrec,
A. (1981). Sensibilité à un champ magnétique artificiel et
reaction d'évitement chez Acromyrmex octospinosus (Formicidae, Attini).
Insec. Soc. Paris, 28: 40-46. Vácha, M. (1997). Magnetic orientation
in insects. Biologia Bratislava, 52: 629-636. Wiltschko, R. & Wiltschko,
W. (1995). Magnetic orientation in animals. Springer-Verlag, Berlin, Heidelberg. Wajnberg,
E., Acosta-Avalos, D., El-Jaick, L. J., Abraçado, L., Coelho, J. L. A.,
Bakuzis, A.F., Morais, P. C. & Esquivel, D. M. S. (2000). Electron Paramagnetic
Resonance study of the migratory ant Pachycondyla marginata abdomens. Biophys.
J., 78: 1018-1023.
|