|
Olfato
Autor: Pedro Morales Paiva
Fuente: Neuropsicoanalisis. Web: http://neuro-psicoanalisis.blogspot.com
Apego y Olfato.
Una
de las grandes virtudes de la teoría del apego es que no
requiere de grandes teorizaciones. El sustento mayor proviene de
la observación empírica de las relaciones humanas,
a lo que se suman experimentos y pruebas que se han ido enriqueciendo
con los cada vez mayores conocimientos en el terreno de la neurobiología
y la etología.
Más
allá de la natural inquietud por conocer cada vez más
sobre los misterios del cerebro y de la mente humana, está
el acicate que representan los crecientes problemas de adicción
o las dificultades en el establecimiento de vínculos equilibrados.
Ni qué decir de la literal pandemia de trastornos borderline,
de ansiedad y de depresión con la que convivimos; y, cómo
entender profundo arraigo de las modalidades de corrupción
que han cobrado dimensiones inconmensurables, haciendo tambalear
al colectivo social y a sus organizaciones más emblemáticas.
Es
muy probable que uno de los determinantes de este estado de cosas
tenga que ver con el paulatino alejamiento de nuestras pautas básicas,
naturales, de comportamiento relacional. La civilización
actual ha logrado seducirnos con modas y prácticas que han
ido mermando nuestro funcionamiento natural, fisiológico,
en desmedro de una adecuada experiencia de apego.
La
mecanización de las prácticas médicas, su deshumanización,
ha ido convirtiendo en una práctica de rutina, en una situación
"normal" la separación del bebé y su madre.
La manipulación del parto desvirtúa los tiempos biológicos,
a lo que se suma la creciente apelación a cesáreas,
muchas veces como consecuencia de la asincronía biológica
provocada.
Felizmente,
hay un creciente movimiento, en el mundo, tendiente a reinstalar
el mandato biológico de encuentro entre la madre y su bebé.
Es
necesario remarcar que el período de apego temprano gravita
de manera crucial en el desarrollo futuro de la funcionalidad cerebral,
en particular de la capacidad para vincularse y enfrentar situaciones
de estrés. El exceso de estrés temprano es desastroso
para el futuro vincular del bebé.
El
encuentro entre la madre y su bebé está lleno de detalles
trascendentes. Toda una programación genética se echa
a andar en ambos, apenas el bebé llega al mundo.
Uno
de los primerísimos retos a resolver es el de generar una
impronta de reconocimiento mutuo entre la madre y el bebé.
Para tal fin, la naturaleza ha previsto que, en esas circunstancias,
el sentido del olfato se encuentre particularmente sensible.
Al
momento de nacer la capacidad olfativa del bebé se encuentra
en su máxima expresión. Con el tiempo, irá
decreciendo, pero, en estos momentos le resulta indispensable para
detectar la presencia de la madre y orientar su búsqueda
de cercanía protectora.
Si,
luego de nacer, se le coloca sobre el pecho desnudo de la madre,
el bebé reptará hasta encontrar el pezón materno,
guiado por su olfato. El pezón tiene ese olor particular
a la madre que el bebé no olvidará jamás. Pero,
no nos equivoquemos, no es el olor a leche. Es la "marca personal"
extensiva del olor amniótico con el que ya está familiarizado:
el aroma materno, ya inconfundible, que se va reencontrado en cada
cercanía, en cada contacto con su piel.
Por
su parte, la madre, también, percibe los olores de su bebé,
entremezclados con aromas amnióticos, generando memorias
olfativas básicas que perdurarán por siempre y que
permiten a la madre encontrar a su bebé usando el olfato,
aún en medio de un grupo de otros olorosos bebés.
A lo largo del embarazo, la madre va teniendo una serie de transformaciones
en su anatomía funcional. Una de estas transformaciones se
da en el bulbo olfatorio, en donde se produce un incremento de hasta
un 60% de las células mitrales*, asegurándose (la
naturaleza) de que la madre cuente con la sensibilización
olfativa necesaria para el reconocimiento y estímulo de encuentro
con su bebé.
En
el bebé, el reconocimiento del olor de la madre se da casi
de inmediato, basta permitir que la experiencia sensorial se produzca
(no separarlo de la madre), pronto se asocia con otros olores provenientes
de la madre, como la leche, la sudoración, sus variaciones
humorales, etc.
La
percepción del olor materno tiene un efecto sedante para
el bebé; es el olor a cercanía, a seguridad protectora.
Observaciones realizadas al respecto, muestran que el bebé
no se tranquiliza con el olor de prendas que no sean las de la madre,
aún tratándose de prendas de otras parturientas.
Una
investigadora, la Dra. Ma. Rosa García Medina***, en Argentina,
encuentra que las madres tardan un poco más en establecer
el reconocimiento olfativo de sus bebés y que mucho depende
del tiempo que los tengan consigo luego de nacidos. En un test aplicado
a un grupo de madres, observó que aquellas que los habían
tenido menos de nueve minutos, no tuvieron significativos aciertos
en el reconocimiento de prendas entre las que estaba la de su bebé.
El reconocimiento iba in crescendo hasta un 90% en aquellas que
los habían tenido a solas, entre 10 y 60 minutos. Aquellas
que los tuvieron más de una hora, no tuvieron errores al
distinguir las prendas de sus bebés entre las alternativas
presentadas.
Con
el tiempo, el olfato guía a la madre en el reconocimiento
de cada circunstancia por la que esté pasando su hijo, comenzando
por las naturales y propias de su fisiología, hasta alteraciones
del olor que pueden corresponder a alteraciones o enfermedades,
lo que las puede orientar hacia la necesidad de una mayor atención
y cuidados o, acaso, la oportunidad de hacer una consulta médica.
Diferentes
autores observan una perturbación en el desarrollo del registro
olfativo del bebé respecto a su madre, debido a la ausencia
de contacto en los instantes posteriores al parto. Esta interferencia
en el encuentro temprano deriva en que estos bebés muestran
dificultades para amamantarse en forma adecuada.
En
las madres, la separación precoz de sus bebés, a más
de no instalar el registro del olor de su bebé, deriva en
una baja puntuación en el registro de actitudes cariñosas.
Kennel, (98), citado por Gomez Papí***, dice que en Tailandia,
Rusia, Filipinas y Costa Rica, la incidencia de abandonos maternos
disminuye en proporción directa al contacto precoz entre
madre y bebé y al hecho de compartir la habitación.
El
olfato sigue teniendo una crucial importancia a lo largo del período
de lactancia. Es notorio cómo el bebé prefiere la
teta que no ha sido lavada a la que sí lo ha sido. Posteriormente,
el bebé encuentra posibilidades de desplazamiento de la relación
olfativa, en presencia de la madre, hacia objetos que huelan a ella,
con lo que logra igualmente un efecto tranquilizador.
Es
interesante recordar que en la configuración del llamado
"objeto transicional", (aquel osito o pedazo de trapo
al que se aficiona el bebe como elemento vivo y acompañante),
tiene un rol importante el olor, en este caso a "sí-mismo-en-ese-objeto",
que adquiere paulatinamente las mismas propiedades sedativas del
olor materno. Por cierto, puede resultar muy perturbador que los
padres no comprendan la importancia del olor y laven solícitamente
su prenda querida.
Volviendo
a los inicios, a la impronta olfativa necesaria, es imprescindible
tomar conciencia, especialmente por parte de los neonatólogos,
que es sumamente perjudicial separar a la madre de su bebé
en los momentos iniciales de la vida. Más aún si esta
separación es prolongada. Es un desencuentro que deja huella.
El estrés que se origina puede dejar marcas que distorsionan
la organización neural del bebé, en particular en
lo que respecta a su expresión vincular afectiva y a las
posibilidades de confianza en sí mismo y en el entorno.
Las
fallas que se producen en el apego temprano con la madre son la
matriz de todos esos desencuentros consigo mismo y con los demás,
que mencionábamos al principio. El otro no llega a existir
como tal, apenas alcanza a ser aquéllo que podemos usar,
pero sin los lazos propios de un vínculo sensible, solidario
y empático.
Sin
un buen apego temprano puede llegar a ser imposible ponernos en
el lugar del otro. Y lo más probable es que un vacío
inexplicable nos impida encontrarle sentido a la vida
Notas
y bibliografía
* Vargas,
Adriana... Chaskel, Roberto... Neurobiología del Apego. En:
Avances en psiquiatría biológica. Vol. 8, 2007.
**
García Medina, María Rosa... En artículo publicado
por el Diario la Nación "Los recién nacidos reconocen
a su madre por el aroma". http://www.genaltruista.com/notas/00000015.htm
***
Gómez Papí, Adolfo... Contacto precoz. http://www.quenoosseparen.info/articulos/documentacion/doccastellano.php
|