| Magnetismo La
"brújula" de las bacterias.
Autor:
Juan J. Borrego
El comportamiento de una amplia selección de organismos parece estar influenciado
por el campo magnético terrestre, incluyendo a abejas, peces, salamandras,
tortugas, aves, y algunos mamíferos acuáticos. Hace ya 23 años,
Richard P. Blakemore descubrió que algunas bacterias acuáticas poseían
un tactismo especial que les permitían "migrar" a lo largo de
las líneas del campo geomagnético, principalmente al geomagnetismo
Norte [Blakemore, Ann. Rev. Microbiol., 36: 217(1982)]. Las bacterias
magnetotácticas representan un grupo heterogéneo de procariotas
con una gran variedad de morfotipos, que incluyen a cocos, bacilos, vibrios y
espirilos. Sin embargo, todas estas bacterias poseen en común su movilidad,
la estructura y composición de su pared bacteriana (Gram-negativa), la
posesión de un aerotactimo negativo, y, lo más sorprendente de todo,
la presencia de estructuras u orgánulos citoplasmáticos, que ahora
conocemos con el nombre de "magnetosomas". Estos orgánulos citoplasmáticos
son los responsables, en último término, del comportamiento bacteriano
ante los campos geomagnéticos. Las bacterias magnetotácticas
son ubicuas de los hábitats acuáticos y debido a sus requerimientos
de oxígeno, estas bacterias se concentran en la zona de transición
óxica-anóxica (ZTOA), también denominada "redoxoclina"
o más comúnmente "zona microaerófila". En los sistemas
dulceacuícolas esta zona corresponde a la interfase agua-sedimento; mientras
que en los sistemas estuarinos químicamente estratificados la zona ZTOA
se localiza en la columna de agua. El magnetosoma bacteriano está
compuesto por un cristal de un mineral magnético, magnetita (Fe3O4) o greigita
(Fe3S4), rodeado por una membrana [Bazylinski et al., Nature, 366: 218 (1993)].
Tanto la magnetita como la greigita se encuentran estructuradas cristalinamente,
lo que indica la existencia de procesos de biomineralización muy controlados
por la bacteria, implicando a unos enzimas especiales denominados "bacterioferritinas"
[Gorby et al., J. Bacteriol., 170: 834 (1988)]. Las partículas
magnéticas del magnetosoma presentan un rango de tamaño muy determinado,
de 35 a 120 nm, y este estrecho rango conlleva consecuencias físicas importantes,
ya que las partículas magnéticas comprendidas entre estos tamaños
establecen dominios magnéticos simples estables. Partículas menores
de 35 nm son "supermagnéticas" a temperatura ambiente y, por
tanto, no poseen magnetización permanente; por el contrario, las partículas
mayores de 120 nm tienden a formar dominios múltiples, reduciendo la magnetización
permanente. En la mayoría de las bacterias magnetotácticas,
los magnetosomas están ensamblados en una o pocas cadenas, en las que las
interacciones magnéticas de las partículas individuales causan unos
momentos dipolares magnéticos que les permiten su orientación paralela
a lo largo de toda la longitud de la cadena. El momento dipolar magnético
total de la célula, en este tipo de ensamblamiento o estructuración,
es el sumatorio de los momentos dipolares de las partículas individuales,
lo que permite a la célula maximizar su momento dipolar magnético.
Por consiguiente, la magnetotaxis resulta del alineamiento pasivo de la célula
a lo largo de las líneas del campo geomagnético mientras se mueven.
Sin embargo, las células ni sufren fuerzas de atracción ni de repulsión
por cualquier polo geomagnético. Y además, las bacterias magnetotácticas
muertas se alinean a lo largo de las líneas del campo geomagnético,
al igual que las células vivas, pero no se mueven. Estos microorganismos
pueden tener una de las dos polaridades magnéticas, norte o sur, dependiente
de la orientación del dipolo magnético en la célula. Las
bacterias magnetotácticas con polaridad norte predominan en el hemisferio
norte, y al contrario. El componente vertical del campo geomagnético inclinado
parece seleccionar la polaridad predominante en cada hemisferio, favoreciendo
a aquellas células cuya polaridad les conduzca a los sedimentos, y fuera
de las concentraciones potencialmente tóxicas de oxígeno presentes
en las aguas superficiales. En el Ecuador, donde el componente vertical del campo
geomagnético es 0 y el campo es horizontal, se detectan iguales números
de ambas polaridades. La mayoría de las bacterias magnetotácticas
solo se mueven bidireccionalmente, a diferencia de las bacterias sin magnetosomas
que se mueven en todas direcciones, migrando a través de las líneas
inclinadas del campo geomagnético hacia arriba o abajo de la ZTOA hasta
alcanzar las condiciones óptimas de su requerimiento en oxígeno.
Bazylinski (1995) (ASM News, 61: 337) ha propuesto un modelo que explicaría
cómo una bacteria con morfología cocácea y con una polaridad
norte se mueve a través de las líneas inclinadas del campo geomagnético
(Fig. 1). Así, cuando las concentraciones de oxígeno y/o el potencial
rédox son mayores que las óptimas y/o las concentraciones de sulfuros
son menores que las óptimas, la bacteria migra hacia abajo. Cuando las
células alcanzan las condiciones donde las concentraciones de oxígeno
y/o el potencial rédox son demasiado bajas y/o las concentraciones de sulfuros
son demasiada altas, las bacterias migran en dirección contraria a la dirección
del campo magnético. Fig.1.
Cuando las células están encima de la ZTOA en un sistema vertical
de gradiente de concentración, tanto de oxígeno como de sulfuro
(flechas verticales), nadan hacia abajo (pequeñas flechas) a lo largo de
las líneas inclinadas del campo geomagnético (líneas discontinuas).
cuando se encuentran debajo de la ZTOA, cambian de dirección, posiblemente
por reversión de la rotación flagelar, y nadan hacia arribe (pequeñas
flechas) a lo largo de las líneas del campo. La dirección de la
rotación flagelar podría ser regida por un sistema sensorial que
respondiera a una concentración química (¿ quimiorreceptor?)
o al potencial redox. Finalmente reseñar que las partículas
magnéticas de dominios simples encontrados en la magnetita de organismos
superiores, como el atún, salmones, tortugas verdes e, incluso, el hombre
son muy similares a los detectados en las bacterias magnetotácticas. Por
consiguiente, el entendimiento de la magnetotaxis y el proceso de biomineralización
en estas bacterias puede proporcionar un modelo útil para conocer cómo
y por qué forman estas partículas los organismos superiores, incluso
asumiendo que los procesos biomineralizadores y la función de estas partículas
en los organismos superiores deban ser más complejos que en las bacterias.
Juan José Borrego es Profesor Titular de Microbiología.
religiosa y en la propia religión.
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