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Humanidad
Los
genes que compartimos. Gusanos sociales versus gusanos solitarios.
Autor:
Maya Pines.
Fuente: Howard
Hughes Medical Institute.
Web: http://www.hhmi.org
¿Debemos preocuparnos
por la vida social de un gusano?
Gusanos sociales versus gusanos solitarios
Una investigadora de California descubrió recientemente que
a los gusanos de una cepa particular de Caenorhabditis elegans no
les gusta comer solos. Cuando se los coloca cerca del alimento,
corren en búsqueda de compañía. Sin embargo,
los gusanos de otra cepa prefieren claramente la soledad. Luego,
ella y sus colegas identificaron una pequeña mutación
genética que determina esta diferencia.
Otro científico, también en California, notó
que algunos gusanos redondos machos actúan claramente de
forma distinta cuando se acercan a las hembras. Localizó
una anomalía genética que explica este extraño
comportamiento.
Uno se puede preguntar si algo de esto, en realidad, es importante.
¿Debemos preocuparnos por la vida social de un gusano?
Bueno, sí. Después de todo, podríamos tener
genes similares, y aunque no se esperaría que mutaciones
en estos genes humanos produjeran la misma clase de aislamiento
social o de incompetencia sexual que en los gusanos, las vías
genéticas involucradas también podrían existir
en seres humanos. Así que lo que podríamos aprender
de los genes del gusano podría aplicarse a varios trastornos
humanos.
Los gusanos solitarios provienen de una cepa de C. elegans llamados
N2, cuyos progenitores fueron aislados de un abono vegetal en Bristol,
Inglaterra, hace muchos años.
"Al igual que casi todas las personas que trabajan con gusanos
pueden rastrear su linaje hasta Sydney Brenner, quien comenzó
a estudiarlos en Cambridge, Inglaterra", explica Cornelia Bargmann,
investigadora del HHMI en la Universidad de California, en San Francisco,
"la mayoría de los experimentos en gusanos se realizan
con la cepa de C. elegans que Brenner comenzó a estudiar
originalmente -N2-.
"Estos gusanos N2 son antisociales", dice Bargmann. Si
se los coloca en el tipo de alimento que más les gusta -una
capa de bacterias-, en la superficie de una placa de petri, se dispersarán
lentamente hasta que tengan una porción completamente para
sí mismos. Entonces permanecen allí, solos, masticando.
Lo mismo sucede con aproximadamente un tercio de todas las cepas
"salvajes" de C. elegans.
En cambio, los gusanos de otras cepas salvajes desean compañía.
Tan pronto como detectan el alimento, se enjambran o se agrupan,
formando clubes de comida en ciertas áreas de la capa bacteriana
(generalmente alrededor de los bordes), dejando el resto vacío.
Ciertos gusanos mutantes N2 también se comportan de esta
manera. "Las observaciones originales sobre esta diferencia
habían estado dando vueltas en boletines de noticias y en
el saber popular por alrededor de 20 años", dice Bargmann.
Hace algunos años, ella y Mario de Bono, estudiante posdoctoral
en su laboratorio, decidieron que valía la pena investigar
la diferencia. "Nos interesó porque estudiábamos
comportamientos sensoriales", explica Bargmann, "y claramente
estos gusanos detectaban algo sobre los otros, posiblemente a través
de feromonas".
Sin embargo, el comportamiento es notablemente difícil de
definir. "Cuando varias cepas salvajes distintas de gusanos
estaban involucradas, no se podía saber si una forma particular
de comportamiento dependía de muchos genes o de un solo gen",
dice Bargmann. "Otra dificultad era que se veía a la
diferencia entre estas cepas observando el comportamiento de poblaciones
de gusanos -no de individuos-. En realidad, no se podía registrar
el comportamiento de una cepa observando a sólo un gusano;
se tenía que tener todo un plato lleno de gusanos -al menos
50 gusanos- para tener idea de cuál era el efecto. Tener
que registrar el comportamiento ya es lo suficientemente difícil
sin tener que registrar a 50 gusanos". Además, los investigadores
nunca podían estar seguros si un comportamiento particular
era el resultado de características propias de los gusanos
o si un individuo estaba siendo influenciado por el comportamiento
de los otros gusanos, explica Bargmann. "Es realmente complicado",
dice.
Experimentos más limpios se hicieron posibles cuando de Bono
descubrió algo que se podía medir con precisión
en un solo gusano y que servía como muestra de que el gusano
buscaría compañeros de almuerzo: la hiperactividad.
Los gusanos sociables eran hiperactivos -se mantenían en
movimiento rápidamente por todo el plato con alimento, sin
disminuir la marcha hasta que encontraban compañeros de comida-,
observó. Por el contrario, los gusanos solitarios se movían
muy lentamente todo el tiempo, comiendo el alimento desde el comienzo.
Cuando los investigadores empezaron a buscar diferencias genéticas
entre los gusanos hiperactivos y los de movimientos lentos, encontraron
una diferencia en sólo algunos pares de bases de ADN que
correlacionaron con la hiperactividad en todas las cepas de gusanos.
Esta diferencia en el ADN producía un cambio en un solo aminoácido.
"Todos los gusanos solitarios -cinco cepas diferentes de Europa
y América- tienen una valina en una posición particular
en la proteína producida por el gen npr-1, mientras que todos
los gusanos sociales tienen una fenilalanina en la misma posición",
dice Bargmann.
- Maya Pines
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