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Biología
Los
mensajeros de las celulas.
JESÚS ADOLFO GARCÍA
SÁINZ
Fuente: Fondo de Cultura Económica
(México).
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08.04.2002
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A)
NECESIDAD DE LA COMUNICACIÓN CELULAR
UNA DE LAS CARACTERÍSTICAS ESENCIALES
de los seres vivos es su capacidad de ajustarse
a las condiciones que les presenta el medio;
a esta característica se la llama
plasticidad. Dicha plasticidad es vital
para las células, ya que, de no
existir, sus posibilidades de sobrevivencia
serían muy escasas. De hecho, la
extinción de una especie indica
que se sobrepasó su capacidad de
ajuste. Imagínese por un momento
a una célula o a un organismo sencillo
en un medio específico; ahora, lo
colocamos en otro de composición
diferente. ¿Qué sucederá?
En primer lugar, el organismo deberá percatarse
del cambio y luego realizar los ajustes
necesarios para continuar llevando a cabo
sus funciones fundamentales. Ello implica
que tiene la capacidad de "percibir", "escuchar" o "sentir" los
cambios que se producen y de "responder" a
ellos.
Si pensamos en organismos más complejos,
como nosotros, por ejemplo, se verá que
las células que nos forman se encuentran
rodeadas por un medio (el líquido
extracelular o medio interno), cuya composición
varía, aunque dentro de límites
relativamente estrechos. Estas células
también están "escuchando" y "respondiendo" a
dichos cambios. Ahora bien; si consideramos
al individuo como un todo, nos resulta
obvio que el conjunto de células
que lo forman debe responder en una forma
global, coordinada y armoniosa. Dado que
estamos pensando en millones de células,
dicha coordinación y armonía
sólo puede lograrse mediante un
amplísimo sistema de comunicación
celular. Pongamos un ejemplo: imaginemos
a un ilustre capitalino gozando de unas
merecidas vacaciones en una de las hermosas
playas de nuestra República Mexicana.
Nuestro capitalino está cómodamente
recostado disfrutando del Sol y las bellezas
del lugar; de repente, observa que el oleaje
aumenta y que va a ser cubierto por el
mar. Es evidente que no permanecerá tranquilo,
de inmediato parecerá que los ojos
se salen de sus órbitas; la frecuencia
y la fuerza de contracción de su
corazón aumentarán, así como
la amplitud de su respiración. Instantes
después, hará todos los movimientos
necesarios para poner "pies en polvorosa",
alejándose del peligro. Además,
le ocurrirán muchísimos otros
cambios, la mayoría totalmente imperceptibles
para él, pero sumamente importantes
para permitir la respuesta global de su
organismo: aumentará su tensión
arterial, su sudoración, la concentración
de combustibles (como los azúcares
y las grasas) en su sangre, etc. Se diría
que casi la totalidad de sus células
se enteraron del acontecimiento y respondieron
coordinadamente. Pero ¿cómo
se enteraron? Esto ocurrió a través
de una enorme, rápida y compleja
red de comunicación celular; que
se realiza y coordina por medio de dos
grandes sistemas: el sistema nervioso y
el sistema hormonal o endocrino. Ambos
operan básicamente por medio de
mensajes químicos.
B) ¿TODAS LAS CÉLULAS SE
COMUNICAN?
Cabe aclarar un aspecto importante. Podría
pensarse que sólo los organismos
complejos, pluricelulares, establecen comunicación,
pero no es así. Muchos organismos
sencillos, unicelulares, también
lo hacen. Como en el caso de algunos mohos
que pueden vivir tanto en forma unicelular
(amiboidea) como formando estructuras más
complejas (el moho propiamente dicho),
dependiendo de las condiciones que se les
presenten. En este ejemplo, las células
libres detectan los cambios en el medio
y secretan mensajeros. Estos mensajeros
llegan a otras células que, en respuesta,
se agregan y se van diferenciando hasta
formar las estructuras del moho.
Decíamos anteriormente que en los
organismos pluricelulares la comunicación
se realiza y coordina por medio de dos
sistemas:el nervioso y el endocrino u hormonal.
En realidad la interrelación entre
ambos es tan estrecha, que pueden considerarse
como uno solo: el gran sistema neuroendocrino.
Este sistema capta los cambios en el medio
externo, ajusta el medio interno y permite
la acción de cada célula
de forma tal que la respuesta global se
integre. Es éste, pues, el comunicador
y coordinador por excelencia. Sin embargo,
considerar que el sistema neuroendocrino
sólo interviene en la comunicación
sería un grave error. En realidad
hay comunicación celular entre todas
las células y en todos los ámbitos
como se verá más adelante.
Por ejemplo, cuando nos enfrentamos a una
infección hay una respuesta neuroendocrina
global, pero además los muy diversos
tipos de células de nuestro sistema
inmune realizan una enorme labor para combatirla.
En esta lucha participa una intrincadísima
red de comunicación celular.
C) FORMAS EN LAS QUE OPERA LA COMUNICACIÓN
CELULAR
Ahora se analizarán brevemente las
seis principales formas en que opera la
comunicación celular (ilustradas
en la figura I):
I) En el caso de la comunicación
endocrina u hormonal, las células
de las glándulas de secreción
interna (como la hipófisis, la tiroides,
los islotes del páncreas, las suprarrenales,
los ovarios y los testículos) vierten
su mensajero, es decir, las hormonas, al
torrente circulatorio. Una vez en la sangre,
estas hormonas circulan por todo el organismo
e interactúan con algunas células
que son "receptoras" para un
mensajero dado, las cuales se llaman "células
blanco". Ello indica que el mensajero
es selectivo, esto es, que va dirigido únicamente
a algunas células que pueden "escucharlo".
Más adelante se verá de qué depende
esta capacidad de "audición
selectiva" de las células.
2) En la neurotransmisión, es decir,
la comunicación química a
través de las células nerviosas,
las neuronas con sus largos axones están
muy cercanas a las células con las
que se comunican. La membrana externa de
la neurona está "casi en contacto" con
la membrana externa de la célula.
Este "casi contacto" es una estructura
especializada a la que llamamos sinapsis;
en ella hay un espacio (el espacio sináptico)
que separa a una célula de la otra.
El flujo o sentido de la información
es unidireccional y va de la neurona, o
célula presináptica (que
está antes de la sinapsis), a la
célula receptora o postsináptica.
En esta forma de comunicación, la
célula presináptica vierte
su mensaje (al cual llamaremos neurotransmisor)
al espacio sináptico, y éste
viaja e interacciona con la célula
postsináptica, la cual lo recibe
y responde.
3) Existe una variedad de comunicación
que es una mezcla de las dos anteriores:
la llamada secreción neuroendocrina
o neurosecreción. En este caso,
una célula formada a partir de tejido
nervioso secreta su mensaje a la circulación.
La neurohormona viaja en el torrente sanguíneo
para interaccionar con células receptoras
o "blanco".
4) La comunicación que se produce
entre células relativamente cercanas,
sin que para ello exista una estructura
especializada (como es el caso de la sinapsis),
recibe el nombre de paracrina. Esta comunicación
tiene un carácter netamente local.
Pongamos un ejemplo: imagínese que
ocurre la ruptura de un pequeño
vaso sanguíneo; inmediatamente se
produce la liberación de algunos
compuestos (mensajeros) que ocasionan una
agregación de plaquetas en el sitio
de ruptura. Las plaquetas, a su vez, secretan
una serie de mensajeros que van a producir
nuevos efectos: harán que otras
plaquetas se agreguen, favoreciendo la
formación de un coágulo,
y estimularán la contracción
de las células musculares del vaso
sanguíneo. Todo ello es un organizado
sistema de señales intercelulares
tendientes a un fin específico:
impedir la pérdida de sangre. Nótese
que se ha hablado de comunicación
entre varios tipos de células: las
que cubren la superficie del vaso sanguíneo
(endotelio), de las plaquetas y de las
células musculares del mismo vaso.
Hay muchas otras células que participan
en este fenómeno y que para simplificar
no se han mencionado. Es un proceso sencillo,
local, y también se ha hablado de
comunicación entre varios tipos
de células mediante diversos mensajeros.
Algunos de éstos son las llamadas
hormonas locales o mediadores locales;
se les ha dado el nombre de autacoides
(que proviene del griego autos = propia
y akos = remedio, y que pretende dar la
idea de que son sustancias que se producen
en el mismo organismo para su propia curación
o alivio).
5) Comunicación yuxtacrina es el
nombre que el doctor Joan Massagué ha
dado a una forma de comunicación
que existe entre células adyacentes,
donde hay moléculas andadas a la
cara externa de la superficie de una célula
que hacen contacto con sreceptores localizados
en la membrana de una célula contigua.
Es interesante que, a diferencia de los
otros sistemas, este factor esté anclado
y por lo tanto no difunde en el medio.
Quizá el mejor ejemplo para ilustrar
este tipo de comunicación es el
que ejerce el Factor de Crecimiento y Transformación
alfa (TGF-a) que como su nombre indica,
es un importante mensajero que regula el
crecimiento y la diferenciación
de muchas células.
6) Por último, existe la autocomunicación
o comunicación autocrina, en la
que una célula se comunica consigo
misma, es decir, establece una especie
de monólogo. Esta forma de comunicación
podría parecer extraña, pero
es muy importante. Véanse los siguientes
ejemplos: a) se comentó, algunos
párrafos arriba, que en la neurotransmisión
la célula presináptica libera
al mensajero para que actúe sobre
la célula postsináptica;
ahora bien, este mismo mensajero va a actuar
sobre la célula presináptica
(o sea aquella que lo liberó) para "avisarle" que
todavía hay neurotransmisor en el
espacio sináptico y así evitar
una nueva descarga de mensajero; b) algunas
células que liberan factores de
crecimiento y proliferación, que
actúan sobre ellas mismas, favoreciendo
que se multipliquen. En algunos tipos de
cáncer las células producen
estos factores en forma continua, no controlada,
lo cual hace que estas células se
reproduzcan desordenadamente.
D) ¿EXISTE UN TIPO DE MENSAJERO
PARA CADA VARIEDAD DE COMUNICACIÓN
CELULAR?
Vale la pena mencionar aquí que
las células son sumamente versátiles
y eficientes, de modo que una misma sustancia
puede participar en varias de estas formas
de comunicación. Analicemos, por
ejemplo, el caso de la adrenalina (o epinefrina).
Esta sustancia es una hormona producida
por la médula de la glándula
suprarrenal (comunicación endocrina),
pero también es un neurotransmisor
que actúa sobre células postsinápticas
(neurotransmisión) y sobre la misma
célula que la liberó (comunicación
autocrina en un sentido general).
Otro caso interesante es el del Factor
de Crecimiento y Transformación
alfa al que ya me he referido en un párrafo
antenor. Decíamos que este factor
se encuentra anclado a la membrana de algunas
células para realizar la comunicación
yuxtacrina; sin embargo, existen condiciones
en que la célula lo libera para
que actúe no sólo sobre la
célula inmediata adyacente, sino
que difunde por el medio extracelular para
actuar sobre otras células cercanas
(comunicación paracrina). Se podría
pensar que la célula ha usado una
misma sustancia para realizar diferentes
trabajos; de hecho así es, aunque
esencialmente es uno solo: servir como
vehículo de comunicación
celular.
Otro aspecto interesante es que una misma
célula puede ser sujeto de varios
de estos tipos de comunicación.
E) ¿CÓMO SON LOS MENSAJEROS
CELULARES?
Las sustancias que participan como mensajeros
celulares pueden tener una naturaleza química
muy variada; sin embargo, se pueden agrupar
en tres clases fundamentales: los lípidos
(entre los que se encuentran los esteroides
y las prostaglandinas) los de naturaleza
polipeptídica y las aminas.
Los esteroides son lípidos con una
estructura química semejante a la
del colesterol (véase la figura
2); de hecho, se sintetizan en las diversas
glándulas a partir del colesterol.
Entre los esteroides más importantes
tenemos los siguientes: a) las hormonas
sexuales masculinas y femeninas, b) los
esteroides producidos por la corteza de
las glándulas suprarrenales que
regulan el metabolismo de la glucosa (cortisol
y cortisona) y el manejo de iones como
el sodio y el potasio (aldosterona), y
c) una vitamina que es una prohormona:
la vitamina D o calciferol.
En la figura 2 se ilustran las estructuras
químicas del colesterol, de una
hormona sexual femenina y de una hormona
sexual masculina. Estas hormonas se encargan
de la maduración del organismo para
que pueda efectuar sus funciones reproductivas;
son en gran parte responsables de las diferencias
que se observan entre machos y hembras
de una misma especie, es decir, del dimorfismo
sexual. Un experimento sencillo que se
realiza frecuentemente en los laboratorios
de enseñanza media es administrar
hormonas sexuales masculinas a pollitos
de pocos días de nacidos. Lo que
se observa es que después de algunas
semanas se produce en ellos un desarrollo
precoz. No ocurre lo mismo si se administra
colesterol u otra hormona, lo cual nos
lleva a una consideración importante.
Si se observan las estructuras de la figura
2 se notará que existen muchísimas
semejanzas; de hecho, a primera vista,
las fórmulas son muy parecidas,
pero producen efectos muy diferentes, esto
es, llevan mensajes diferentes. Pensemos
en la sutil capacidad de reconocimiento
de las células para lograr diferenciar
estas substancias y que se produzcan los
efectos deseados.
Otro tipo de hormonas son los polipéptidos.
Estos compuestos están formados
por la unión de muchos aminoácidos,
los cuales se unen unos con otros mediante
un enlace que llamamos peptídico
(de ahí el nombre de polipéptidos,
muchos enlaces peptídicos); cuando
los polipéptidos son muy grandes
(es decir, que rebasan un cierto peso molecular)
se les llama proteínas. Dentro del
grupo formado por los polipéptidos
y las proteínas existen muchos tipos
diferentes de mensajeros, como la insulina,
el glucagon, la hormona antidiurética,
la oxitocina, la angiotensina, los factores
de liberación de las hormonas hipofisiarias,
las endorfinas, los factores de crecimiento
y de transformación, etc. Las células
también tienen la capacidad de distinguir
a todos estos mensajeros. Esta capacidad
puede llegar a ser tan exquisita como para
poder diferenciar el cambio en un solo
aminoácido. Hagamos una analogía
para hacerlo más claro; compárese
al mensajero con una pared formada por
múltiples ladrillos (los aminoácidos),
la cual tiene discretas diferencias en
color y forma; una célula puede
distinguir entre dos "paredes" en
las que la disparidad está en un
solo "ladrillo". Esta capacidad
de distinguir entre los muchos mensajeros
puede ser absoluta, como en los casos anteriores;
o relativa, es decir; en un caso dado,
una célula puede "confundir" a
un mensajero "A" con uno "B",
principalmente cuando las cantidades del
mensajero son grandes.
Otro tipo de hormonas son las aminas, compuestos
que contienen nitrógeno unido a
dos hidrógenos (-NH2). Dentro de
los mensajeros que son aminas hay algunos
aminoácidos como el glutámico,
el aspártico y la glicina, y productos
del metabolismo de aminoácidos,
esto es, de su transformación en
el organismo. Entre estos últimos
están las hormonas tiroideas, la
adrenalina, la serotonina, la histamina
y la dopamina, entre otros. Además
hay algunos compuestos sencillos como la
acetilcolina.
La mayoría de estos mensajeros fueron
descubiertos entre 1890 y 1930 en extractos
de glándulas. Al mejorarse las técnicas
bioquímicas pudieron ser purificados;
esto ocurrió entre 1920 y 1960,
y su estructura química fue determinada
entre 1930 y 1970. Por ejemplo, hace 100
años, en 1895, Oliver y Schäfer
descubrieron que un extracto de glándula
suprarrenal era capaz de incrementar la
tensión arterial; en 1899, Abel
bautizaba al principio activo, es decir,
a la sustancia responsable del efecto,
con el nombre de epinefrina (adrenalina),
y ya en 1901 su estructura era conocida.
Pero no todo esto es obra de un pasado
relativamente remoto; no fue sino hasta
1931 que dos ginecólogos estadounidenses,
Kurzrok y Lieb, descubrieron que el semen
producía la contracción de
tiras de útero. Años más
tarde, en 1935, Euler y Goldblatt reportaron
que esta actividad se observaba también
en el líquido de la próstata
(de allí el nombre de prostaglandinas
que recibieron estos compuestos). Su estructura
fue elucidada en 1962 y continúa
siendo un activísimo campo de estudio.
En los últimos 10 años, algunos
factores de crecimiento han podido ser
identificados y purificados, y su estructura
química ha sido determinada; sin
embargo, muchísimos más deben
estar aún por identificarse. Esta
es un área muy joven y en plena
expansión. Apenas nos estamos asomando
a los secretos de la comunicación
celular y, por tanto, muchos mensajeros
están por descubrirse. El lector
verá más adelante que lo
que sabemos ahora es sólo una minúscula
fracción de lo que quisiéramos
saber, y que, contrariamente a lo que se
pudiera pensar, no todo está hecho;
hay miles de cosas por descubrir, por lo
que este campo de la ciencia se vuelve
más interesante cada día.

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