SOCIEDAD DEL ACCESO A LA INFORMACIÓN
Estamos en la sociedad del acceso a la información, pero
no aseguraría que eso fuera un triunfo terminal o motivo
de autocomplacencia. Identificarse con ella apunta a que nos
hemos alejado de las coordenadas de Sócrates -que para
los más informados, está superado-, que hemos dado
una patada en el trasero de Kant, y que, después de ignorar
el guiño de Eucken o de Teilhard de Chardin, seguimos
haciendo lo mismo: identificarnos o erigir ismos, en nombre de
la mejor verdad o ilustración de la razón -declarada
o tácita- que nunca llegarán a ser istmos, aunque
se conecten por Internet.
II El prurito de la información dista del desarrollo de
las grandes utopías-motivaciones-movimientos, como la
coherencia de Confucio, la no-dependencia de Siddharta, la humildad
de Sócrates, el amor de Yeshua, la síntesis de
Fichte-Hegel, la complejidad de Teilhard de Chardin-Morin, la
lucha por un contenido espiritual de la vida de Eucken, la autoconciencia
uno-trina de Soldevilla-García Bermejo, etc.
III Somos, en general, malos aprendices de los grandes maestros/as.
En muchos casos nos los sabemos pero no les conocemos -por no
querer querer hacerlo-, ni practicamos la destilación
(¿alquimia?) de conocimiento a conciencia mediante la
coherencia, no las pretendemos llevar a la práctica ejemplarmente
o no nos interesa la autocrítica y aún menos la
rectificación, aunque sí practica el abanderamiento...
con lo que los traicionamos e invalidamos triplemente... Quizá
en todo esto radican los más urgentes aprendizajes gruyerianos
para el siglo XXI y sucesivos.
SOCIEDAD DEL EGOCENTRISMO (BIEN INFORMADO)
I Sobre todas las posibles cualificaciones de sociedades quisiera
subrayar que, muy por delante de otros reflejos y refracciones,
estamos en la sociedad del egocentrismo, característica más destacada
de la vida humana sobre la tierra. En ella los sistemas (personas,
grupos, instituciones, naciones, comunidades internacionales
y sociedades en general) tienden a anudarse más y más para centrarse
cada cual en su reducto en el sentido de lo propio, desatendiendo
expresamente otros anhelos, conocimientos y realizaciones que
pudieran incidir en la posible mejora de la evolución humana.
II En mi opinión, formamos parte de una sociedad poco culta (cultivada)
-aunque muy autocomplaciente-, que tiene a su disposición un
océano de información deteriorada. La información sirve, de hecho,
para mirar, refrescarse, chapotear, nadar o navegar -según las
posibilidades- pero no para orientarse. Pese a que sus aguas
encauzadas no son muy profundas, se corre el peligro de agotarse
y de ahogarse. Además el medio está turbio: sus corrientes colectan
toda clase de vertidos, que discurren a merced de los mercados,
que la arrastran a un bienestar miope, progresar a toda costa
sin evolucionar.
III Para todo esto -además de para contribuir a la humanidad
anude su noosfera- Internet es necesario. Y ya lo decía F. Mayor
Zaragoza (2000c), al recibir uno de los II Premios "Educación
y Libertad" [ Nota 1 ]: Se nos dice
¡qué bien, ya tenemos todos estos sistemas de información! Está
bien, está bien, es igual a como tener libros, pero lo que es
importante es que después se lean y que se mediten y que no seamos
exclusivamente estos espectadores del mundo de la información,
espectadores que ya no tenemos tiempo para pensar, y por tanto
no tenemos para existir, y por tanto no tenemos para sentir,
y por tanto actuamos al dictado, no somos libres [...]. José
Saramago ha dicho algo que me parece muy importante, ha dicho,
corremos el peligro de tener tecnología 100 pensamiento 0. Este
sería realmente el cambio más importante desde un punto de vista
de valor de civilización y de identidad cultural, de defensa
de la unicidad de cada ser humano que ya se ha producido en los
últimos siglos. Yo espero que no. Yo espero que no tenga razón
(p. 79).
IV Por tanto, no estamos aún en la sociedad del conocimiento.
No tanto porque información y conocimiento sean incompatibles,
sino porque éste ha sido enterrado por una estrato de aquélla
información, cuyos residuos aumentan. Si estuviéramos en la sociedad
del conocimiento, la información importaría menos, y la persona
y su razón importarían mucho más.
V Dicho de otro modo: en la
autodieta humana, sobran datos sobre sabores y falta cultura
sobre nutrición. Este esquema nos ha sumido en una época de espíritu
frágil, de debilidad intelectual, de voluntad descafeinada, de
ausencia de compromisos sociales serios, y en cambio polarizada
en objetivos que no van más allá de los propios sistemas y deseos.
VI Por eso, con datos escalofriantes sobre el estado mundial
(A. de la Herrán, y J. Muñoz, 2002), todo indica que el mundo
se desmembra, que se abandona a una entropía informativamente
estimulada pero huérfana de conocimiento y reflexión, acicateada
desde dentro por una importante carga de miopía.
DIAGNÓSTICO Y TERAPÉUTICA DE LA HUMANIDAD
I ¿Existe alguna causa o foco común a la mayoría de problemas
y debilidades sociales interiores? La respuesta a mi juicio es
afirmativa, y podría calificarse como inmadurez o egocentrismo
generalizado. Radicaría en lo que hemos denominado ego humano
(A. de la Herrán, 1997), entendido como la parte o costra inmadura
del yo [ Nota 2 ].
II ¿Y la esperanza, alguna capacidad humana,
acaso poco contemplada, capaz de contrarrestarlo? Análogamente
contesto que sí, y que no ha de ser otra que la conciencia humana
(A. de la Herrán, 1998), que vincularía conocimiento y espiritualidad,
desde la destilada intuición que otorga el bien sentir y el buen
pensar.
III Como corolario a lo anterior, un deseo, en la medida
en que se aceptase el postulado de que la evolución humana transcurre
del ego a la conciencia: si la educación avalase e impulsase
expresamente el vector ego-conciencia como eje de la formación
individual y colectiva, podría favorecer a varias generaciones
vista, el surgimiento de seres humanos significativamente menos
polarizados en lo propio y cada vez más conscientes (capaces,
generosos, éticos e inteligentes).
IV Y ese norte formativo tendría
como sistema de referencia la posible evolución humana, pero
percibida en parte inversamente; o sea, con la mirada deshollinadora
puesta en sus descosidos y roturas egoicas y contemplando en
primer plano lo que esencialmente la lastra, evita o sobra. Será
el momento de considerar "didácticas negativas" (A. de la Herrán,
e I. González, 2002, pp. 333,334), articuladas sobre capacidades
egógenas, con cuya pérdida se gane ser y con ello se mejore esencialmente.
DEL BIENESTAR AL MÁS SER
I Cruzamos el atrio de la sociedad del acceso a la información
y el bien estar. Lejos están la sociedad de la conciencia y del
más ser, pero podemos orientarnos hacia ella trabajando por una
sociedad de la educación. En este transitar la persona se difumina
y se pierde de vista su naturaleza.
II Mantovanni escribía en
"Educación y plenitud humana": la educación es "un riguroso proceso
de formación humana que parte del individuo (ser psicovital)
y concluye en la persona (ser cultural)" (B.S. Calvo, 1997, p.
54). A pesar de que Platón y Aristóteles ya destacaban que la
esencia y el fin de la república y la democracia era la educación,
hoy ésta no siempre nace para el individuo, y mucho menos se
pretende su plenitud. "En una democracia, educar es cultivar
la diversidad, la riqueza y la participación humanas" (J. Bruner,
1988, p. 207). Dicho de otro modo: el individuo, como dice A.
Sobral, no es un "medio" para fines sociales o estatales, sino
también, un "fin", que se configura conforme a sus posibilidades,
a sus energías potenciales y a su particular destino (B.S. Calvo,
1997, pp. 67, adaptado).
III Desde la conciencia de ser hijos
de Kant, centramos las mayores esperanzas iniciales en la atención
y la educación de la "capacidad de soberanía personal" (F. Mayor
Zaragoza, 2000b, p. 9), contemplada tanto durante el proceso
como en el resultado, denominamos base de la diversidad. Y, como
afirma E. Vera Manzo (1997b): "La riqueza de la humanidad se
encuentra en la diversidad y no en la homogeneidad o reducción
cultural. Debemos respetar a las personas, culturas y comunidades
existentes y enriquecernos con lo mejor de cada una de ellas"
(p. 29), porque "La uniformidad es la muerte, la diversidad es
la vida" (M. Bakunin), hasta tomar conciencia del sentido del
caos [ Nota 3 ].
IV Desde esta perspectiva, nuestro estado actual
es embrionario, ilusivo, predemocrático y autocomplaciente. Pudiendo
ser así: "¿Por qué no todos los hombres pueden desarrollarse
y tornarse seres diferentes? La respuesta es muy simple. Porque
no lo desean. [...] para convertirse en un ser diferente el hombre
debe desearlo profundamente y durante mucho tiempo" (P.D. Ouspensky,
1978, pp. 14,15). Porque formar es autoformarse, como diría Gadamer,
autoeducarse. Y he aquí que, desde este punto de vista, la educación
de la humanidad, depende por entero de cada uno de nosotros
COORDENADAS DEL SINSENTIDO SOCIAL
I A la luz de lo anterior, podemos cuestionarnos: ¿Qué
estamos haciendo? ¿Qué estamos construyendo? G.
Bateson ya demostró en "Los efectos del Propósito
Consciente sobre la Adaptación Humana" que, desde
un punto de vista ecológico amplio, la sociedad no sabe
lo que está haciendo (W.I. Thompson, 1992, p. 165, adaptado).
¿Cabe alguna observación más grave? En los
umbrales de la primera gran guerra, R. Steiner (1991) declaraba:
"vivimos en medio de algo que podemos llamar una enfermedad
social cancerosa, un carcinoma del organismo social" (p.
69). V.E. Frankl (1965), que experimentó el dolor de la
segunda gran guerra desde cerca, también coincidió
en calificar el estado social como "neurosis noogénica
colectiva", alguno de cuyos síntomas eran: fatalismo,
ausencia de significación existencial en el día
a día, fanatismo y pérdida de identidad personal
en la masa social (pp. 16,17, adaptado). A. López Quintás
(1991) ha acotado que: "Desde la primera guerra mundial,
la sociedad de Occidente se halla carente de ideales firmes que
den sentido a su existencia y la impulsen hacia metas valiosas"
(p. 141). F. Mayor Zaragoza ha calificado como "catastrófico"
y "creciente" el panorama de desigualdad mundial. N.
Caballero (1979) ha calificado la nuestra como: "Una sociedad
de sonámbulos satisfechos". Mi percepción
es que el egocentrismo generalizado que caracteriza a los sistemas
que componen la humanidad define automáticamente las coordenadas
de su sinsentido.
II No hay norte en la sociedad, no hay norte en la vida. El timón
de la formación también se ha desorientado. Sin
hundirse, la escuela (desde el preescolar hasta la universidad)
chapotea en medio de la historia, sin nadar mar adentro o a la
orilla. Los límites entre los que el todo social se estanca
ayudan poco a trazar algún rumbo. En palabras de Dale
Mann [ Nota 4 ] (1999) éstos son la "democracia",
la tecnología y el capitalismo. Fin.
DE LA GLOBALIZACIÓN A LA CONCIENCIA
I Al área de esta nueva Trimurti (los nuevos Brahma, Vishnú
y Shiva) del primer mundo se ha denominado globalización,
para nosotros, sistema para el englobamiento. En un primer momento,
entiendo que la globalización debe considerarse, además
de "una fase del capitalismo" (P. Freire, 1996), una
estrategia más amplia centrada en la mayor ganancia de
los mejor situados. Siendo hija legítima de los anteriores
vértices obligatorios, unidos por obsesiones de crecimiento,
de expansión, de aumento de productividad y de conquista
material, es preciso desmitificarla, porque trata de la "generalización
del proyecto neoliberal, no de otra cosa" (L. Regueiro,
1997, p. 78). Quizá desde este enfoque lo negativo no
sea la globalización en sí, sino la comprensión
y desarrollo que de ella se hace desde el modelo neoliberal asociado
al capitalismo feroz que la acompaña. Porque el pensamiento,
mecanicista, simplificador, lineal y funcionalista, no está
a la altura de la verdadera globalidad del ser humano, esencialmente
compleja, transdisciplinar, dialéctica, espiral y evolucionista,
mucho más allá de la confusa y mediocre postmodernidad,
actual intersticio, introducido con calzador, de la sociedad
de la información.
II Todo lo anterior, percibido desde las coordenadas de la conciencia
humana, nos reta a la lucha por la humanización, más
allá de la hominización (Teilhard de Chardin),
por una mutación epigenética de la vida humana,
por una "rehumanización" (J.L. Cañas)
que no puede realizarse en nombre de nadie, por un "cambio
radical" basado en alguna clase de "terapéutica
del hombre" (J. Rof Carballo, y J. del Amo, 1986), porque
en un futuro gradual la globalización pueda tornarse en
proyecto de integración humana, necesariamente orientado
-quizá por considerarnos hijos de Kant- a redibujar la
persona y a potenciar la diversidad y el pensamiento propio pero
maduro, esto es, autocrítico, cooperativo, consciente,
transformador, universal..., apuntando siempre más allá
de Kant.
III Para ello, un primer paso puede consistir en reparar en los
brotes de la insensatez rectora que rigen de hecho al pensamiento
postmoderno. Me refiero a poner fin a ciertos absurdos existenciales,
que desde el neoliberalismo [ Nota 5 ] "ha puesto de moda
-o más bien, de la noche a la mañana, ha decretado-
un sinfín de fines: 'fin de la historia', 'fin de las
utopías', etc." (G. Santa María Suárez,
1997, p. 2), que invitan a "adoptar el día a día
como 'eternidad'" (A. Bolívar Botía, 1999,
p. 159) comunicando la certeza de la desesperanza y el convencimiento
de la imposibilidad de mejorar y de cambiar el mundo.
IV Estamos con P. Freire (1996) en que es urgente combatir el
modelo neoconservador y neoliberal, cuyas premisas fundamentales
son: "Se acabó la historia", "se acabaron
las clases sociales", "se terminaron las ideologías".
Pero ¿cómo? Un modo fundamental es no creerse en
el final del camino, como el mismo P. Freire (1994, 1996) ha
hecho, y refutar esas mismas premisas desde su raíz: "la
historia no se acabó, la ideología sigue viva,
las clases sociales están ahí, la explotación
no terminó y las cosas pueden cambiar". F. Mayor
Zaragoza (2000c) expresaba una reacción semejante: "yo
espero que no tenga razón Fukuyama [F. Fukuyama (1993)]
cuando nos dice ha concluido la historia. ¡Hombre, no!
Señor Fukuyama, ha concluido la historia de la fuerza
y de la dominación, y de la ley del más alto y
del más fuerte y ahora llegamos a la historia, ¡ojalá!,
a la historia de esa libertad que proporciona la educación"
(p. 79). Creo que éste es un problema educativo que, de
no resolverse, podría significar el comienzo de la cosecha
de la decadencia del primer mundo.
V En segundo lugar, se trata de intentar desarrollar un referente
orientador desde la propia educación, quizás comprendido
como eje ausente, para fundar la mutación de aquella figura
triangular en tetraedro. Evidentemente, esta reconstrucción
pasa por la crítica, pero se catapulta más allá,
no se queda con ella. La superficie de aquel triángulo
también ha saturado a la educación, que bombea
poco oxígeno para su renovación o complejidad para
su conciencia. Situación contextual y realidad interior
han conducido al hamburguesamiento social, y desde él,
al de la escuela [ Nota 6 ]. "La McDonalización de
la sociedad (Ritzer, 1996) nos introduce en un ritmo trepidante
que se preocupa poco de lo que sucederá pasado mañana"
(M.Á. Santos Guerra, 1999, p. 100), y que promueve la
inmersión en lo superficial. Además, entendida
como fagocitación "cultural" homogeneizante,
brutal y generalizada, se lleva por delante ecosistemas, biotopos,
especies, diversidades lingüísticas y a gran diversidad
del ser humano (nativos no-dominantes, culturas milenarias...),
que, sucumbe o se castra, o se extingue. La macdonalización
puede entenderse como un efecto y una aplicación de la
globalización política y económica en ámbitos
diversos. La tendencia al sesgo puede llegar a ser de tal calibre
que el sistema puede perder su autoconciencia (desde la percepción
de su imagen como sistema de referencia y actuación).
El modelo capitalista estadounidense-europeo es quien impone
los objetivos, los contenidos, los recursos, las actividades,
los ritmos, las excelencias, lo que vale, lo que puede o debe
prevalecer y lo que ha de cambiar, y quien dicta lo que se ha
de evaluar, para que los sistemas nacionales e institucionales
se aproximen más y más a este perfil.
GLOBALIZACIÓN Y EDUCACIÓN DE LA CONCIENCIA
I Al desarrollo de la globalización en la educación
es a lo que se ha denominado con sentido del humor educación
macdonalizada (superficial, exteriorizante, economicista, eficientista
e inminentista), que también podría interpretarse
como una forma de educación egotizada, inmadura, con conciencia
inhibida. El progreso humano necesita a la educación como
instrumento.
II Macdonalización y pretensión eficientista van
unidas, y esta combinación permea sus regiones menores
y expresiones: enseñanza, formación de profesores,
investigación, difusión y vida cotidiana. El planteamiento
eficacista-eficientista queda esencialmente definido por los
siguientes rasgos: Obsesión por los resultados, búsqueda
de buena imagen, idealización de la competitividad, personalización
de las instituciones, revalorización de la empresa y valor
de la propaganda (M.Á. Santos Guerra, 1999, p. 87, adaptado).
Este autor conceptúa el discurso de la eficiencia como
peligroso, tanto más en tanto que lógico, pragmático,
oficialista, obvio y fulminante (p. 86, adaptado). Es profundamente
criticable, en la medida en que sustituye los valores humanos
por el productismo, porque:
Lo que predomina en la sociedad, lo que se valora, es el hecho
de ser eficaz, de alcanzar unos logros, de conseguir unos resultados.
No se analiza tanto el esfuerzo, el proceso, la honestidad, el
dinamismo... Si no se han conseguido los resultados, se ha fracasado
(p. 89).
Además, es posible que los objetivos pudieron estar fijados
de forma pobre o deshonesta, que para alcanzar los objetivos
quizá haya que renunciar a la ética, que esos objetivos
pueden ser accesibles sólo para unos privilegiados sociales,
y que una vez alcanzados pueden ser referente de un mal uso (M.Á.
Santos Guerra, 1999, p. 89, adaptado).
III Este esquema no se corresponde con la verdadera educación,
universal y profunda. ¿Podría identificarse algún
factor (variable) causal, que por un lado explique el deterioro
educativo y que por tanto anide la esperanza? Científicamente,
"Comer mal atonta" [ Nota 7 ] (J.M. Bourre), refiriéndose
también a las hamburguesas. Y pareciera como si tanta
y tanta carne picada informativa nos hubiera afectado a la capacidad
de reflexión y a la conciencia. Quizá por esto
se ha optado por un filósofo como Jurgen Habermas, como
epicentro de la racionalidad didáctica, y no por verdaderos
gigantes como Eucken, Teilhard de Chardin, Krishnamurti, Panikkar,
Dürckheim, Rielo, Blay, etc. Pero las condiciones y los
elementos de entrada o de ingesta del ambiente egocéntrico
y psicodinerario imperante no invitan a ello.
IV Para la educación, el triángulo aludido no sólo
actúa como el más determinista de los currícula
cerrados, sino que contribuye a alimentar la ilusión de
apertura, basada en la superficialidad y en la uniformización.
Éste ha sido el regalo promocional por la compra de la
obligada globalización capitalista, inventada por quienes
en su casa cosechan tantos éxitos bolsistas como fracasos
educativos; fracasos tan grandes que el mismo D. Mann (1999),
expresaba que el sistema educativo de EE.UU. ya no respondía
a los intentos de mejora, porque casi se había inmunizado
a las reformas educativas. Casi está inmunizado contra
las dietas, los bienestares, la sensibilidad social altruista,
la empatía internacional, y otras virtudes aplicadas más
allá del ego. He ahí la paradoja bien denunciada
por la pedagogía crítica flotante de quienes tienen
más motivos y conocimientos para criticar: Latinoamérica,
el principal cuarto trastero de EE.UU., y, dentro de ella, los
países en proceso de fagocitación "dolarosa".
V Como posibles sujetos respondientes a esta actitud crítica,
se suele hablar de tres clases de mentalidad: la conservadora,
que no cambia, la idealista-ingenua, que lo hace compulsivamente,
y la realista, que así mismo puede optar por alguna clase
de movimiento consecuente. A mi juicio, estas tres mentalidades
receptoras están definidas por las dos dimensiones sistémicas
que definen el plano en que se inscribe el triángulo anterior.
O dicho de otro modo, constituyen la representación bidimensional
fotográfica de una realidad mucho más rica y esperanzadora.
Y esa realidad es de nuevo la conciencia, entendida como la capacidad
en la que cabe radicar la interiorización educadora, tanto
personal como colectivamente comprendida.
VI Éste podría ser un buen momento para comenzar
a hablar, sin reparos, de otra clase de mentalidad no excluyente
con las tres anteriores: la consciente o evolucionista cuya molécula
constituyente no sería la información objetal sino
el conocimiento, entendido como tejido bien ahormado de la madurez
personal y social. Y si nosotros no lo hacemos, otros lo harán,
porque, aunque en este discurso se lleva muchísimo retraso,
la evolución desde el ego a la conciencia es un proceso
imparable.
NOTAS
[1] Otorgados por Fundel (Fundación Europea Educación y Libertad).
[2] Atribuible tanto a personas como a colectivos
identificados, con independencia de su amplitud. [3]
No casualmente, un corazón saludable presenta un diseño caótico.
Sin embargo, cerca del infarto, su ritmo se muestra regular,
periódico, hasta que el sujeto muere. Con todo, ese caos está
profundamente "ordenado" y "matematizado".
[4] Department
of Organization and Leadership Teachers College de la Universidad
de Columbia.
[5] Es preciso, como hace F. Mayor Zaragoza
(2000), distinguir entre globalidad y globalización.
[6] Para G. Travé González (1998): la tendencia neoliberal,
de claro matiz conservador, se fundamenta en los posicionamientos
ideológicos del liberalismo de Adam Smith (1725-1790) y en su
versión actualizada, del monetarismo de Friedman. En estos momentos
es considerada la base del pensamiento único, una vez desaparecido
el socialismo real representado por la extinta URSS. y, cada
dia, está más interesada en destacar el papel que el sistema
educativo debería proporcionar en la búsqueda de la prosperidad
y competitividad económica (p. 205) [...] Este enfoque conservador
ha impulsado una propuesta educativa basada, por una parte, en
la orientación curricular hacia una determinada profesión; por
otra, en el gerencialismo, por el cual se pretende que los responsables
o gerentes de estos planes de estudio no sean docentes, sino
el propio mercado; y, en definitiva, en el consumismo, que traspasa
la planificación educativa del estado al individuo (p. 206).
[7] Por escuela entiendo el conjunto de establecimientos
de educación, desde la Educación Infantil hasta la universidad,
[8] En El País, del 17 de febrero de 1992.
Dr. Agustín de la Herrán Gascón (aherran@iieh.com)
http://iieh.com/autores/aherran.html
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SOBRE EL AUTOR
El Dr. Agustín de la Herrán Gascón es profesor titular del Departamento de Didáctica y Teoría de la Educación de la Facultad de Formación de Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha impartido conferencias y acciones formativas en todos los niveles educativos, tanto en España como en varios países de Latinoamérica, habiendo recibido varios premios académicos.